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RE: Limpieza profunda [T4] - Lemon Stone - 04-12-2024 GRUPO NORTE: Avanzan por un túnel húmedo y oscuro (iluminado gracias a Masao-kun), secundario al camino principal obstaculizado por una gigantesca puerta de aspecto diabólico. Antena-man (Ray), consigues sentir una serie de presencias relativamente poderosas más adelante. Ninguna es tan fuerte como tú, de eso puedes estar seguro, pero la cantidad es algo… preocupante. Hay dos en particular que llaman tu atención y, de acuerdo con la Voz que escuchas, diría que son bastante problemáticas. El resto se compone por entre diez y quince Vocecillas más débiles, casi juguetonas y pícaras que revolotean por aquí y por allá.
A medida que transitan por el túnel todo hecho de rocas basálticas comienzan a escuchar sonidos. El rítmico golpe del tambor, el endulzante sonido de la flauta, el rasgueo de la guitarra… Y, finalmente, después de caminar por casi doscientos metros acaban frente a una gigantesca galería, bien iluminada con antorchas en cuyo centro se alza una enorme hoguera. Grandes pilares de piedra conectan el suelo con el techo y también hay un montón de bolones rocosos, incluso algunos más grandes que Octojin.
Los protagonistas de semejante musical son dos hombres… peculiares. Uno de ellos es gordo, quizás el hombre más gordo que hayan visto, y se alza por sobre los cuatro metros. Es completamente calvo, tiene una nariz larga y grotesca que, sumado a su horripilante hilera de maltrechos dientes amarillos, le otorgan una apariencia feísima. Sobre su prominente barriga descansan dos bongós que siguen el ritmo de la música. Por otro lado, a unos pocos metros del barrigón, se ubica un cuarentón de contextura delgada que supera por poco los dos metros. Tiene orejas largas, recordándoles el aspecto de un murciélago, y sus brazos parecen dos auténticos fideos cuyos dedos acabados en afiladas garras rozan el piso. Junto a estos dos característicos personajes hay al menos quince figuras pequeñas, de entre un metro veinte y metro sesenta, que acompañan la música y bailan al ritmo de esta.
Por el momento no se han percatado de su presencia, así que tienen el factor sorpresa a su favor. Ahora bien, ¿realmente les servirá de algo…?
GRUPO CENTRAL:
Miau. Miau. Miau… Camille, los tortuosos maullidos de un gato resuenan en tu cabeza como si proviniesen desde el interior de esta. Debido a la actitud de tus compañeros debes tener seguridad de que no han oído lo mismo que tú.
Por otra parte, Atlas, comienzas a escuchar el chirrido de una espada raspando la fría piedra y, de pronto, este chirrido se transforma en una voz que bien conoces. Te suplica ayuda, te suplica que te detengas, que ya no quieres más elatrinina. ¿Te recuerda a algo o a alguien? ¿A una bestia maltratada en las profundidades de una isla corrompida? Por la expresión de tus compañeras, creo que eres el único que la escucha.
Algo está sucediendo dentro de sus cabezas, me pregunto qué.
Ya habrá tiempo de respuestas, pues han decidido usar una astuta estrategia para distraer a los bandidos que están más allá del agua en una posición aparentemente ventajosa. Camille, tu artimaña consigue el efecto deseado y notas cómo los hombres se aproximan hacia el sonido, preguntándose los unos a los otros qué diablos está sucediendo, qué es ese ruido. Mientras, Alexandra y Atlas tienen la oportunidad para atravesar el charco de agua poco profundo y ubicarse en una posición segura. Camille, una vez tus compañeros cruzan el charco y se posicionan, tienes una ventana de tiempo para alcanzarlos.
Luego de que los tres cruzan el charco, se encuentran en una especie de meseta completamente plana en lo alto, que conduce a una puerta de hierro bien custodiada. Los bandidos continúan buscando el origen del sonido, pero de pronto se detienen. ¿Por qué el agua habría dejado de sonar…? Parece que tienen las neuronas suficientes para sospechar que algo está sucediendo, pues desenvainan sus espadas y preparan sus fusiles. Dejando de lado a los bandidos, que han comenzado a moverse por el interior de la caverna en busca de intrusos, a pocos metros de la hoguera un cofre de madera llama la atención.
GRUPO SUR:
Un poderoso temblor sacude la isla y cientos de afiladas esquirlas de piedra caen sobre ustedes y… Nah, es broma. Por el momento, todo lo que está unido al techo sigue en su lugar. Por el momento.
Takahiro, gracias a tu habilidad con el Haki puedes determinar que, al menos, todos los hombres allí presentes son más débiles que tú. Notablemente más débiles, aunque la fuerza, en muchas ocasiones, roza los límites de la subjetividad. Junto a tu compañero consiguen avanzar por el sinuoso camino separado por dos negros precipicios que parecen no tener fin. A medida que avanzan los primeros metros, piedrecillas ruedan por los escarpes hasta perderse en la infinita oscuridad, y hay cierto brillo ceroso en el suelo a escasos centímetros de ustedes. Suerte que ninguno de los dos ha caído, pues es una muerte segura.
Por otro lado, Octojin, a medida que recorres el camino y, si aguzas la mirada, notarás que nada brilla dentro de los carromatos, cuyas paredes están separadas por tablas. Por el contrario, consigues ver a un humanoide de piel azulada y rasgos de animal. Puedes estar cien por ciento seguro de que se trata de uno de tus congéneres, de un hermano del mar. Seguramente la sangre te hierve y quieres arremeter, pero quisiera que recordaras algo: están tratando con bandidos astutos y sin ninguna clase de moral, son ellos los que tienen a los rehenes.
RE: Limpieza profunda [T4] - Atlas - 06-12-2024 Todo había ido a las mil maravillas, o lo habría ido de no ser porque ese extraño sonido comenzó a rodearme. Inicialmente era tan solo un sonido agudo que no sabía distinguir del todo. Poco después se convirtió en algo similar a un cubierto arañando un plato o una uña siendo arrastrada sobre una placa de pizarra. Poco después, su similitud con el acero al deslizarse sobre la fría piedra fue sorprendente. Aquel sonido no vino solo, sino que acudió acompañado de recuerdos directamente salidos de un pequeño pueblo costero: Ushu. No hacía demasiado que había estado allí, en teoría ayudando a un alcalde a cuya familia habían secuestrado. Al menos esa era la versión oficial e inicial, porque ese degenerado acabó siendo uno de los seres más despreciables, crueles y merecedores de un duro castigo que había conocido en mi vida. El llanto del metal casi me transportaba en frente de la trastornada cara de la pobre Lisa, la hija del alcalde, quien se había convertido en una suerte de chivo expiatorio de los pecados de su madre. Ida, desorientada, perdida y sola, era manipulada y utilizada como la mujer demente en la que la estaban convirtiendo poco a poco. Esa maldita sustancia, la elatrinina, en teoría había nacido como algo concebido para ayudar a la gente, pero se había convertido en la perdición de la pobre Lisa. ¿Cómo estaría? Pensamientos como aquél, así como una nueva evocación de la frustración a la que me había llevado la manipulación de Lautaro, se mantuvieron en mi mente al tiempo que dirigía mi atención al grupo de tipos al que habíamos conseguido engañar. Al menos por unos instantes, claro, porque no había que ser el más listo para atar un par de cabos. En una gruta totalmente silenciosa había comenzado a resonar un eco procedente del agua. Se habían puesto en guardia, todo correcto, pero apenas un rato después se había detenido por completo. Manejar la posibilidad de que fuese algún tipo de estratagema era lo más lógico, y eso hicieron. No tardaron en desenvainar sus armas y preparar sus rifles para, acto seguido, comenzar a rastrear la planicie en la que nos encontrábamos. —Parece que nos están buscando —susurré a mis compañeras al tiempo que me aseguraba de mantenerme lo mejor oculto posible—. Hay una gran puerta de hierro detrás de ellos; a lo mejor tendríamos que intentar ver qué hay detrás... No creo que nos vayan a dejar pasar así como así, ¿no os parece? Aquella pregunta se respondía prácticamente por sí sola, pero siempre era buena idea tener presentes todos los puntos de vista. No sería la primera ni la última vez que un enfoque nuevo y diferente, completamente apartado de lo que la intuición inicialmente podía señalar, cambiaba por completo un curso de acción. En cualquier caso, saqué mi arma de su soporte y me mantuve alerta. En caso de que ni a Camille ni a Alex se les ocurriese alguna idea para desviar su atención y continuar pasando inadvertidos, era cuestión de tiempo que el proceso de rastreo de los sujetos les llevase hasta nosotros. En ese caso no habría otra salida diferente al enfrentamiento. De suceder, en cuanto viese las facciones del primer tipo a una distancia lo suficientemente cercana, trazaría un corte oblicuo ascendente en dirección a su pecho blandiendo mi naginata. ¿Mi intención? Herirle lo suficiente como para dejarle fuera de combate y poder continuar atacando a sus compañeros, pero bajo ningún concepto matarle. Afortunadamente, después de un tiempo y varias misiones a mis espaldas creía tener la habilidad suficiente como para traducir mis pretensiones en la forma en que blandía mi arma. Por otro lado, habría que tener cuidado de no destruir el cofre de madera que parecía presidir la zona. Cualquier cosa que pudiese constituir una prueba de lo que sospechábamos esas personas hacían allí debía ser cuidada y conservada con el mayor esmero posible. RE: Limpieza profunda [T4] - Octojin - 06-12-2024 Octojin se detuvo un instante, ocultándose detrás de uno de los imponentes pilares de roca que sobresalían en la galería. Durante unos segundos se preguntó desde cuándo esa cueva estaría ahí, y cómo se habrían formado esas estalactitas que veía. Pero pronto se dio cuenta que eso no tenía mucha relevancia en el momento en el que se encontraban. Sin duda intentaría informarse de esos fenómenos naturales cuando volviesen a la base. Las grietas que partían el suelo como cicatrices parecían descender hasta las entrañas mismas de la tierra, y cada pequeño ruido —el crujido de una piedra cayendo, el roce de su pie contra el suelo— se sentía amplificado en el silencio sepulcral del lugar. Respiró profundamente, intentando controlar la furia que empezaba a encenderse en su interior tras vislumbrar lo que había dentro de los carromatos. El rostro de aquel humanoide de piel azulada, uno de sus hermanos del mar, destellaba en su mente, preguntándose qué diablos estaba haciendo. Con cuidado, levantó ligeramente el dial lumínico que llevaba consigo. Lo cubrió con ambas manos, asegurándose de que la luz no se filtrara de manera llamativa, y lo dirigió hacia el suelo. La débil iluminación era suficiente para distinguir las irregularidades del terreno sin alertar a los bandidos al otro lado. O eso creía él. Giró la cabeza hacia Takahiro, que estaba justo detrás de él, y le susurró con un tono grave y contenido: —Creo que debemos avanzar. Mantente detrás de los pilares y usa las sombras. No podemos dejar que nos detecten… no todavía. Si el humano veía bien su sugerencia, ambos comenzarían a moverse, deslizándose entre las columnas de roca como sombras vivientes. Octojin avanzaba con pasos firmes pero lo más sigilosos que podía a pesar de su gran envergadura, que convertía aquello en un desafío para pasar desapercibido en el terreno angosto. A pesar de su tamaño, su experiencia en combates y situaciones de sigilo le permitía moverse con sorprendente agilidad. Cada vez que se aproximaba a un nuevo pilar, detenía su avance y alzaba la vista, escudriñando a los hombres armados que se reunían cerca de las fogatas. Contó al menos diez figuras. Un número que no sería complicado de enfrentar, pero sabía que subestimarlos sería un error. Y que atacarlos sin un plan también, al fin y al cabo no era un combate común, sino que había más vidas en juego. Cuando llegaron a un punto intermedio entre su posición inicial y los carromatos, Octojin se inclinó hacia Takahiro nuevamente, con la voz voz reducida a un susurro casi inaudible. —Hay alguien dentro de esos carromatos. Personas —Se tomó un momento para observar el rostro de Takahiro antes de continuar—. Vi a uno de los míos, Takahiro. Un gyojin. La última palabra salió cargada de veneno, con una ira contenida que le costaba dominar. Cerró los ojos por un momento, intentando calmarse antes de que sus emociones comprometieran la misión. Había aprendido, con dolor, que el corazón caliente podía llevarlo a errores costosos. Aun así, no podía ignorar lo que significaba aquello. —Pero no podemos apresurarnos —añadió, aunque su tono dejaba entrever lo mucho que le costaba seguir su propio consejo—. Si nos detectan, podrían huir o matar a los prisioneros. Necesitamos una estrategia. Mientras hablaba, Octojin dirigió nuevamente el haz de luz controlada hacia el suelo frente a ellos. Las grietas y el brillo ceroso del terreno eran trampas constantes, pero se aseguraba de mantener un paso firme. A cada movimiento sentía el peso de la responsabilidad. No solo estaba en juego la vida de quienes estaban dentro de los carromatos, sino también la oportunidad de desmantelar una operación que, claramente, traficaba con vidas ajenas. Aquello parecía no tener fin. Avanzaron unos metros más, deteniéndose cerca de una formación rocosa lo suficientemente grande como para ocultarlos. Octojin se apoyó contra la fría piedra y se inclinó ligeramente para observar mejor el campamento enemigo. Intentó ver si las figuras que rodeaban las fogatas estaban relajadas, hablando entre ellos con confianza o si por el contrario estaban tensas, como si estuvieran esperando una interrupción. —Takahiro —murmuró, sin apartar la vista de los bandidos—. Creo que deberíamos ser hostiles desde el principio. Si intentamos acercarnos y nos detectan, podrían tomar represalias inmediatas contra los prisioneros —Se giró ligeramente hacia su compañero—. Pero si los sorprendemos, quizá podamos desarmarlos antes de que puedan reaccionar. No sé, ¿cómo lo ves? Sabía que no era una decisión fácil, pero los riesgos de no actuar con rapidez eran demasiado altos. La seguridad de los prisioneros, especialmente del gyojin que había visto, era su prioridad absoluta. El recuerdo de las historias de su pueblo, de aquellos que fueron vendidos como esclavos y tratados como objetos, era un motor que impulsaba cada una de sus decisiones. Y a veces, nublaban su vista en exceso. El escualo esperaba que esta vez no fuese una de ellas, y si lo era, Takahiro pudiese poner algo de razón a sus decisiones. Octojin volvió a dirigir la mirada hacia los carromatos, esta vez con mayor detalle. Intentaba identificar si había algo más que pudiera usar en su estrategia. Quizá ver si las tablas que formaban las paredes eran endebles, lo que probablemente sería una señal de que los prisioneros estaban encerrados bajo llave. En ese caso, si lograban acercarse lo suficiente, quizá pudieran abrirlas rápidamente. Sin embargo, todavía había un largo camino por recorrer antes de llegar a ese punto. —Sigamos avanzando, pero con cuidado. Cubrámonos y esperemos el momento adecuado para atacar. Si los dos aparecemos de la nada, no nos podrán contrarrestar. Somos un buen equipo —su voz era firme, con un matiz de liderazgo que intentaba no dejar espacio para dudas—. Si tienes alguna idea, no dudes en decirla. Esto es un trabajo de equipo. Con eso dicho, Octojin se preparó para el siguiente movimiento. No importaba cuán oscura fuera la galería ni cuán profundas las grietas que la atravesaban; él no descansaría hasta liberar a los prisioneros y asegurarse de que esos bandidos no volvieran a comerciar con vidas nunca más. RE: Limpieza profunda [T4] - Ray - 08-12-2024 La idea de Masao de encender una luz le pareció excelente, pues aquel camino tan estrecho y oscuro resultaba el lugar ideal para perderse o caer en una trampa pese a los sentidos avanzados del joven marine. Gracias a la iluminación que proporcionaba pudieron transitar por él sin mayores incidencias hasta llegar a un lugar donde parecía haber un concierto. Varios hombres, que tenían pinta de ser los esclavistas, se encontraban reunidos en torno a una enorme hoguera. Dos de los hombres emitían presencias fuertes, aunque menos que las suyas, y el resto eran considerablemente más débiles, probablemente apenas una pequeña molestia. Uno de ellos era tremendamente obeso, con una altura descomunal de casi dos veces la de Ray y unos rasgos faciales que sería generoso describir como poco agraciados. El otro era más o menos de la misma altura que el peliblanco y aún más delgado que él. Pero lo que llamaba la atención de su aspecto eran sus orejas, muy alargadas y que recordaban a las de un murciélago, y sus brazos. Eran tan delgados que daban la sensación de que podían romperse en cualquier momento, pero mucho más largos que los de un ser humano promedio y acabados en unas larguísimas y aparentemente afiladas garras. Todo esto hacía suponer al joven de cabellos plateados que podía tratarse de un usuario de los poderes de alguna fruta del diablo como él mismo era. - Ten cuidado, Masao. - Advirtió a su compañero. - El gordo y el de las garras parecen fuertes. Vamos a tener que pelear. La idea de su compañero de comunicarse durante un momento con los demás le pareció muy buena, por lo que cogió su Den Den Mushi y llamó primero a Camille y después a Takahiro. Les puso al tanto de sus descubrimientos y les preguntó por los suyos con el objetivo de unificar información. Después se volvió hacia Masao y le propuso un plan: - Masao, ¿qué te parece si me deslizo sigilosamente hasta detrás de ellos mientras tú te identificas como marine y exiges saber quiénes son? De esa forma si se muestran hostiles o intentan huir podré interceptarles sin que me detecten y acabaremos con ellos mucho más fácilmente. Si el devoto marine aceptaba, Ray adoptaría de nuevo su forma híbrida y se desplazaría en el más absoluto de los silencios, aprovechando sus habilidades como ninja para caminar incluso por las paredes y los techos con tanta facilidad como si del suelo se trataran para colocarse en algún sitio cercano a los músicos, oculto y preparado para atacar ante cualquier eventualidad. En caso de que estos huyeran, atacar o admitiesen ser los esclavistas cuando Masao hablara con ellos, se lanzaría a por el delgaducho que parecía un murciélago con un poderoso salto, veloz cual gacela, recortando en apenas un instante la distancia que los separaba de forma totalmente silenciosa para, aprovechando el impulso, concentrar en su puño tanta cantidad de ondas de choque como fuera capaz e intentar impactar con todas sus fuerzas sobre el rostro de su adversario antes de que este fuese capaz de reaccionar siquiera. De su puño saldría disparada una onda de choque que se extendería hacia delante, dañando también probablemente al gordo y a alguno de los enemigos más débiles. RE: Limpieza profunda [T4] - Camille Montpellier - 30-12-2024 Siguió lanzando un guijarro tras otro, siguiendo el plan que había urdido momentos antes para ayudar a sus compañeros a mantenerse ocultos mientras cruzaban el charco. Había seguido así en todo momento, escondida en el manto de penumbra que les proporcionaba la caverna. Sin embargo, poco a poco, el ritmo al que iba lanzando las pequeñas piedras comenzó a volverse una constante. Los misteriosos maullidos que dedujo como obra de su propia imaginación habían vuelto a hacer acto de presencia, esta vez mucho más evidente y clara, como si vinieran del interior de su propia cabeza. Inconscientemente, cada piedra que lanzaba salía despedida justo en el momento en que sonaba un nuevo maullido, y al final cada uno de estos iba seguido del sonoro chapoteo sobre el charco. «Miau. Chof. Miau. Chof. Miau. Chof...». Tardó apenas unos segundos en volver en sí, dándose cuenta de lo que estaba haciendo, y al final tan solo pudo detenerse con una horrible sensación de malestar en el cuerpo. ¿De dónde demonios venían aquellas llamadas? La primera posibilidad que se le cruzó por la mente fue que los esclavistas tuvieran alguna mascota; un gato. Dada la acústica de la caverna, sus maullidos podrían estar extendiéndose por esta como un eco y llegando hasta la posición de la oni. Esta teoría fue descartada de manera casi inmediata. Si estuviera escuchando un eco, se habría dado cuenta de ello. Y no solo ella: sus compañeros también lo habrían escuchado y no parecían hacerlo. Cada vello de su cuerpo se erizó y sintió un escalofrío ascendiendo por la espalda hasta la nuca. ¿Y si era un fantasma? Había escuchado rumores entre los marineros que atracaban sus naves en Loguetown: grutas marítimas en las que habían fallecido diversas personas con el paso del tiempo, quedando varados en aquellos rincones remotos del mundo sin posibilidad de recibir ayuda alguna. Sus espíritus desvalidos vagando por toda la eternidad en aquellos lugares malditos. «No seas tonta, Camille. ¿Cómo va a haber espíritus aquí? Esas cosas no son reales». Pero, ¿no lo eran? No estaba tan segura realmente, por más que intentara convencerse a sí misma. Su voluntad empezó a flaquear, sintiendo la imperiosa necesidad de salir por patas de aquellas cuevas y volver por donde habían venido, alcanzar el barco y marcharse tan rápido como les fuera posible. Aun así, no podía dejar tirados a sus compañeros, ni mucho menos ceder a sus miedos. Hizo de tripas corazón y, en cuanto percibió la señal de Atlas, asintió y se movió tan sigilosamente como pudo hasta reunirse con ellos en la otra orilla. Eso sí, las manos no dejaron de temblarle en ningún momento. Una vez se unió a Alexandra y Atlas, Camille se tomó unos instantes para observar el lugar. Junto al pequeño campamento secreto había un cofre y, más allá de su posición, una enorme puerta de roca maciza que les cortaba el paso. Debía de ser la entrada al refugio de los esclavistas... O algo peor, visto lo visto. Quizá fuera la entrada al mismísimo infierno. Fuera como fuese, si querían encontrar la llave que la abriera, esta debía estar en poder de aquellos bandidos. —No se me ocurre ninguna forma de evitar el combate. Supongo que... no nos queda otra —admitió, con la voz un tanto temblorosa, como si tuviera miedo. Pero este no nacía de los bandidos, claro estaba—. Alex, síguenos a Atlas y a mí. Prepara tus armas. Aguardó a que estuvieran lo suficientemente cerca y, justo después de que su compañero se lanzara a por el primero de los bandidos, Camille lo imitó y cargó contra el siguiente más cercano. Buscó golpearle con fuerza utilizando la parte roma de su espada, intentando infligir daño no letal pero suficiente como para dejarle fuera de combate. Si el ataque sorpresa funcionaba, intentaría intimidar al resto. No con palabras, pues sentía que su voz volvería a salir temblorosa y resultaría más cómica que imponente. Lo haría con su sola presencia y tamaño, irguiéndose cuanto pudo antes de desplegar su enorme odachi en todo su esplendor para que quedase bien a la vista. Si no se rendían, tendrían que lidiar con su brutalidad. RE: Limpieza profunda [T4] - Alexandra - 05-01-2025 El plan parecía funcionar. Los bandidos parecían haberse distraído con los pequeños guijarros que Camille estaba tirando. Alexandra aprovechó entonces para escabullirse junto con Atlas para, finalmente, llegar a una pequeña meseta en la que había una gran puerta de hierro. Segundos más tarde Camille se unió a ellos. Fue entonces cuando la chica se dio cuenta de que sus compañeros presentaban claros rasgos de... ¿Confusión? Camille llegó a donde ellos más pálida de lo normal y sus manos presentaban un ligero temblor. Hacía poco tiempo que la Hafugyo conocía a la Oni pero intuía que era una persona que no se acobardaba con facilidad. Debería haber visto algo bastante traumático en su camino hacía aquí. Eso o se estaba volviendo loca. —¿Os encontráis bien?— Susurró a sus compañeros. No tuvo mucho tiempo para recibir una respuesta ya que fue en ese momento cuando pudo escuchar como los bandidos avanzaban hacia ellos, desenfundado sus armas. Les habían pillado, aunque tampoco era muy difícil percatarse de que algo iba mal ya que los "pasos" fingidos de Camille habían cesado hacía ya un rato. Alexandra asintió a la propuesta de Atlas, no parecía que pudieran salir por la puerta de hierro y lo mejor era poder analizar esa zona con tranquilidad, la puerta y el cofre y sin miedo a que los bandidos les pudieran atacar y pillarles desprevenidos. Era mejor tomar la iniciativa. Esperó a que sus enemigos se acercaran. Entonces observaría como sus dos compañeros atacarían a los bandidos y solo actuaria si fuera completamente necesario. Es decir en caso de que ellos se vieran en problemas o uno de los demás se acercara específicamente a ella. Cualquier otra cosa podría ser más un inconveniente que una ayuda. Era algo que le había quedado claro con aquel pedrusco, en ese momento fue cuando Alex pudo ver el nivel de sus compañeros. Camille lo había cortado por la mitad en tan solo un pestañeo. Sabía que si entrenaba sería mucho más fuerte pero en aquellos momentos lo único que podía hacer era esperar a pillar a alguien desprevenido. RE: Limpieza profunda [T4] - Masao Toduro - 05-01-2025 El albino le explico el plan, al parecer iban a aplicar la operativa de siempre. Uno entraba y el otro zasca, les pillaba con la guardia baja y pumba, enchironados. -Dale don, dale- le replicó a su jefe, vaya, parece que otra vez no estaba siendo todo lo profesional que debía. Aprovecho para apagar la luz y asomar, efectivamente había dos tíos más feos que pegar a un padre con calcetín sudado, había un gordo muy gordo, pero gordo, gordo, gordo, más gordo que el premio de la lotería de Navidad, ay mi niño, ¿Pero tú sabes lo gordo que era? Era la misma encarnación de aquella caricatura de te vas a comer esa silla, pero en carne y hueso. Y el otro compañero para lo alto, que era un fideo, estaba claro que allí el cocinero que repartía las raciones no tenía buen tino con las cantidades ¿Sería que el primero le robaba el almuerzo al segundo? Había escuchado que eso pasaba en algunas escuelas ¿Por qué no podía pasar lo mismo entre una red de maleantes? Una vez que su compañero le hiciera la señal, saldría a cuerpo descubierto a gritar un clásico: -QUIETO TODO EL MUNDO- grito como le habían enseñado aquel sargento retirado de tricornio particular y bigotillo nostálgico -Bueno que quedan usted detenidos por orden de la marina, la orden la tengo en el barco así que desfilando- agregó de forma tajante dando un par de palmas para llamar la atención de todo el mundo. En el caso de que nadie parara, ya que estaba acostumbrado a eso. Nunca le solían hacer caso, por lo que la gente se ponía rápidamente a correr y a moverse de un lado a otro, pero vamos la fiesta se acabó rápido, ya que en un suspiro y gracias a la intervención divina de aquel que protege a los justos, una onda del espíritu santo salió de mi disparada a toda la sala, todo el mundo estaba apelotonado por lo que supuso que pasaría lo que solía pasar, gente que se veía abrumada por aquella intervención divina y esas cosas. Si el gordo y el flaco se negaban, que era los que aparentemente desprendían más aura de villanía, se lanzaría a por uno de ellos y le trataría de propinar el golpe al mismo al que atacará su compañero abejorro, un primer derechazo, seguido de una patada con la pierna izquierda a la altura de la pelvis, si estaba tan gordo, esas piernas debían estar acostumbradas a aguantar buen peso ¿no? RE: Limpieza profunda [T4] - Takahiro - 06-01-2025 Los individuos que se encontraban en aquella sombría y lóbrega caverna, sin duda, eran más débiles que ellos, lo que implicaba que en una batalla tendrían la ventaja. Sin embargo, cabría la posibilidad de que alguno de ellos pudiera ocultar su aura al igual que él. Entonces, Octojin decidió bajar la luz de su dial, haciendo que todo sea más tenue. —Me parece bien, Octo —le dijo, mientras comenzó a avanzar entre los pilares, oculto entre las sombras.
Cada paso era lento y firme, tratando de no hacer el más mínimo ruido. Debía ser sutil, silencioso y tranquilo, es decir, tenía que ser todo lo contrario a lo que solía hacer de normal en cualquier misión. Pero no tenía otra opción, ya que la vida de personas nocentes estaba en juego. Tras avanzar unos pocos metros, se podían observar personas dentro de los carromatos, concretamente se podía ver la cabeza de un habitante del mar, un gyojin. Eso sacaba de quicio al marine, que tan solo pudo apretar la empuñadura de su espada enojado. Miró fijamente a su compañero de natación y puso su semblante serio.
—Lo he visto —le dijo, casi susurrando—. Tenemos que tratar de seguir siendo invisibles… —continuó diciéndole—. Por tu tamaño habrá un momento en el que será imposible que no te vea. Llegado el momento, me gustaría que trataras de llamar su atención y yo intento desarmar a varios con mi serpentéo. ¿Qué te parece? Movimientos rápidos y eficaces. Una vez yo esté en medio, ya puedes encargarte tú de aplastar —concluyó, mirándole a los ojos.
RE: Limpieza profunda [T4] - Katharina von Steinhell - 15-01-2025 GRUPO SUR: Tanto Octojin como Takahiro se funden parcialmente con las sombras y avanzan sin aparentes problemas. Por suerte, los pilares pétreos son lo suficientemente grandes y numerosos como para que el avance sea rápido y relativamente seguro. Entre susurros, planifican una estrategia que, en principio, debería funcionar. Además, Octojin se da cuenta de un factor importante: los bandidos pueden tomar de rehenes a los gyojins capturados.
De pronto, uno de los bandidos que está sentado en una banca, frente a una pequeña hoguera donde están asando pollo, dirige la mirada hacia la entrada de la galería, hacia donde están ustedes. ¿Habrá visto la luz del dial de Octojin? Al parecer no, pues se encoge de hombros y le da unas vueltas más a la carne. Luego de un minuto o dos, saca el pollo del brasero y se lo lleva al hombre más fornido y grande del grupo. Entonces, comienza a haber actividad: algunos bandidos se desplazan en parejas a los flancos, aunque el grueso de los hombres se concentra en el centro.
Todos están bien posicionados a excepción del hombre grande, que parece ser el líder. Con la espada empuñada se dirige hacia uno de los carromatos. Anuncia que está aburrido y que los gyojins son mercancía de bajo valor a diferencia de las sirenas, y entonces ensarta su arma entre medio de las tablas. Se escuchan gritos y quejas dentro del carromato y, si alguno de los dos se fija, ha comenzado a fluir un líquido rojizo por el piso.
GRUPO CENTRAL:
Camille, tu carga contra el bandido más cercano consigue el efecto deseado. Impactas la parte roma de tu espadón justo en la cabeza del hombre, quien cae inconsciente al suelo. Sin embargo, la caída del bandido ha causado un sonido pesado y seco, lo que ha llamado la atención de los enemigos más próximos. Uno de ellos se voltea y silba, convocando al resto de los bandidos. Justo en este momento, dejas de escuchar los maullidos en tu cabeza; puedes centrarte por completo en el combate y poco a poco dejas de sentir miedo.
Uno de los bandidos está en el suelo, uno de los garrotes cerca de su cuerpo. Camille, el espadachín enemigo te clava sus ojos marrones en ti y te mira con cara de pocos amigos. Empuña una espada más pequeña que la tuya, pero bastante más gruesa, con dos ganchos en el extremo del acero. Se posiciona en la vanguardia, a diez metros de ti, y adopta una postura defensiva como si se estuviera preparando para tu siguiente ataque. Detrás del espadachín, dos tiradores se ubican a veinticinco metros de Camille y aún más lejos de Atlas y Alexandra. Uno de ellos, la pequeña gorda de cara infantil, tuerce su fusil de forma brusca y el proyectil disparado rota sorpresivamente en dirección a Camille. Al mismo tiempo, el otro tirador, un hombre bastante alto y delgado de aspecto sombrío, realiza un disparo curvo en dirección a Atlas. Luego, ambos realizan dos disparos: uno va al pecho y otro al abdomen de Camille; los otros van hacia Atlas.
Mientras sucede el despiadado asalto de los bandidos, puedes ver una silueta pequeña gateando junto al cofre, Alexandra. A juzgar por el tamaño y sus movimientos, podrías pensar que se trata de un bebé. Además, tiene algo en la mano; no puedes distinguir el objeto debido a la distancia y la penumbra, pero estás segura de que es delgado y largo. Ahora, ¿qué pintaría un bebé en un lugar como este? Por el momento, ninguno de los bandidos parece estar preocupado por ti, así que es seguro acercarse hacia la posición del cofre e identificar la extraña figura.
GRUPO NORTE:
¡Masao! ¡¿Se puede saber qué has hecho?! Lanzarte tú solo al peligro para detener la fiesta… Eres un hombre valiente, de eso no tengo ninguna duda. Puede que sorprender a los bandidos y anunciar que están detenidos no haya sido la mejor idea, pero solo alguien con una voluntad poderosa como la tuya podría hacerlo y salirle más o menos bien; lo suficiente para no morir instantáneamente. Las figuras pequeñitas han caído desmayadas, todas juntas.
Pero el hombre de los bongós y el bandido-murciélago no están contentos con la situación. Saben que eres un intruso, pero lo que les jode es que les hayas parado la fiesta. Puedes notar cierto atisbo de temor en sus miradas perturbadas, aunque están decididos a atacarte, a su manera, claro.
Entonces, atacas al hombre gordo. Tu primer derechazo lo pilla por sorpresa, pero ya para tu patada empuña un gran garrote y comienza a girarlo con violencia. La fuerza centrífuga del arma detiene toda la potencia de tu patada; es tal la fuerza, que supera la ofensiva y el garrote cae sobre ti con intención de darte en la cabeza. Luego, se aleja varios metros de ti y comienza a tocar con ahínco un ritmo movedizo y pegajoso. El hombre-murciélago se desplaza rápidamente hacia ti y ejecuta una especie de estocada con sus garras en dirección a tus vísceras. Enseguida, estando cerca de ti, intenta cercenarte sin piedad alguna con un ataque cruzado.
RE: Limpieza profunda [T4] - Takahiro - 15-01-2025 Sin embargo, como solía ocurrir la mayoría de las veces, su plan inicial se vio truncado por la realidad de los hechos que estaban ocurriendo frente a sus narices. En cuanto alzó la mirada, con la mano aferrada con la tela que envolvía la empuñadura de su ketana, un escalofrío recorrió su espalda por completo, desde su coxis hasta el cuello. Era como una señal de peligro que le había alertado inconscientemente. Ante sus ojos, un hombre de gran tamaño y belleza cuestionable estaba atacando a los cautivos sin piedad alguna, dando estocadas rápidas y, en muchos casos, mortales. Aquello era inhumano e inmoral, ¿quién en su sano juicio se divierte de esa forma? Era lo único que se preguntaba el peliverde. —Eso es deshonroso… —murmuró el peliverde, apretando con más fuerza aún la empuñadura de su arma, al escuchar los desgarradores gritos de dolor y miedo procedente del carromato. Ante aquella injusticia, el rostro de Takahiro, que hasta ese momento había estado sereno y alegre, casi indiferente, comenzó a cambiar. Su sonrisa relajada y despreocupada desapareció por completo. Ese sentimiento de incredulidad se transformó en una ira que comenzó a arder en su pecho, mezclada con la sensación de que si hubiera actuado antes, probablemente, no habría habido heridos, mientras sin darse cuenta su espada ya se tornaba negra como el azabache. Sí, instintivamente había cubierto su arma con la voluntad de acabar con aquel infame malnacido. Y entonces, sin tan siquiera pensárselo dos veces, fue reduciendo la distancia entre él y el sanguinario esclavista para, tras flexionar sus piernas durante un breve instante, impulsarse hacia él con la intención de pillar inadvertido a su contrincante, desenfundando su espada en cuanto estuviera frente a él y realizar una estocada ascendente apuntando a su cara. —Battojutsu… ¡Destello Glauco! —diría nada más atacar, para luego enfundar su espada y esperar la reacción de su enemigo, activando su haki de observación, retomando algo de terreno mientras Octojin hacía el siguiente movimiento. |