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[Diario] ¿Robo justificado? - Versión para impresión

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¿Robo justificado? - Lance Turner - 23-11-2024

Siempre creí que el aprendizaje venía de los grandes momentos, de los encuentros trascendentales o los eventos que marcan una vida. Pero hoy, en un pequeño mercado, aprendí que la sabiduría puede encontrarte incluso en los días más comunes, de la manera más inesperada.

La mañana comenzó como cualquier otra. Esta no era más que una parada en nuestro viaje. Nos quedamos para reabastecernos, buscar provisiones frescas y tal vez disfrutar de un rato lejos del mar. El mercado estaba lleno de vida, con puestos que vendían desde frutas tropicales hasta artilugios extraños que no sabía si eran decorativos o peligrosos. El aire olía a especias y pescado fresco, y el sonido de los comerciantes pregonando sus productos competía con las risas de los niños que correteaban entre los puestos.

Me había separado de Juuken, quien siempre era más eficiente que yo en estas tareas. Mientras él negociaba con un pescador sobre el precio de unas anguilas, yo me encontraba frente a un puesto de frutas exóticas, mirando una fruta que parecía un cruce entre un melón y un erizo. La vendedora me observaba con una mezcla de paciencia y diversión.

- ¿Va a comprar algo, muchacho, o sólo está aquí para decorarme el puesto? - preguntó, cruzándose de brazos.

- Depende. ¿Esto es comestible o un arma en potencia? - respondí, señalando la fruta con una sonrisa.

La mujer soltó una carcajada antes de retomar la conversación.
- Es una guándala, y sí, se come. Aunque algunos dicen que es tan ácida que podría matar a un hombre. -

- Perfecto, justo lo que Gretta entendería como algo un poco picante - Pensé sonriente.

Compré dos, aunque aún no estaba seguro de qué hacer con ellas. Mientras guardaba las frutas en mi bolsa, escuché un revuelo a unos metros. Un hombre robusto, vestido con ropas caras y una expresión de enojo que parecía permanente, gritaba a un niño que no debía tener más de diez años.

- ¡Ladrón! ¡Devuélveme mi bolsa ahora mismo! - Rugía el hombre, mientras el niño, con los ojos llenos de miedo, sostenía una pequeña bolsa de tela. Parecía demasiado asustado para moverse.

Me acerqué por instinto, no porque quisiera intervenir, sino porque la curiosidad siempre ha sido mi perdición. Antes de que pudiera decir algo, el hombre agarró al niño por el brazo, sacudiéndolo como si intentara arrancarle la verdad a la fuerza.

- ¡Oye! - Dije, colocando una mano en el hombro del hombre. -¿No crees que es un poco exagerado para un niño?

El hombre me miró con desdén, como si yo fuera poco más que una mosca molesta. - Este mocoso intentó robarme. ¿Qué sabes tú de justicia, forastero?

- Anda, si tenemos al sheriff no oficial, genial. - Me dije a mi mismo con una sonrisa desafiante en mi rostro.

- Sé que gritarle a un niño en medio del mercado no te hace parecer más justo, sólo más ruidoso. ¿Por qué no lo sueltas y hablamos como personas civilizadas?

El hombre pareció considerar mi sugerencia, aunque su expresión dejó claro que no estaba convencido. Finalmente, soltó al niño, que dio un paso atrás, todavía temblando. Aproveché la oportunidad para ponerme entre ambos.

- Escucha, amigo, no digo que lo que hizo esté bien. Pero míralo, ¿Realmente parece una amenaza?

El hombre resopló, pero antes de que pudiera responder, el niño habló por primera vez, con voz débil pero cargada de determinación.

- No iba a quedármelo. Sólo quería un poco de pan para mi hermana. Está enferma y no tenemos nada que comer. 

El hombre abrió la boca para replicar, pero yo levanté una mano para detenerlo.
- Déjame adivinar, la bolsa estaba llena de dinero, ¿no?

El hombre asintió, frunciendo el ceño.

- Entonces, ¿por qué no hacemos esto más fácil? Yo pagaré lo que el niño intentó tomar, y todos podremos seguir con nuestro día.

El hombre me miró con escepticismo, pero finalmente aceptó. Pagué al comerciante por la supuesta pérdida y, con eso, el problema parecía resuelto. O al menos eso pensé.

Cuando el hombre se marchó, el niño me miró con ojos grandes y brillantes. - Gracias, señor. No tenía intención de causar problemas.

- No me llames señor, chico. Sólo alguien que sabe que a veces hacemos cosas desesperadas por las personas que amamos. Pero dime, ¿es cierto lo de tu hermana?

El niño asintió, su expresión volviéndose más seria. Me ofrecí a acompañarlo a su casa para asegurarme de que su hermana estuviera bien. Caminamos hasta una pequeña cabaña al borde del mercado, donde encontré a una niña acostada en un colchón delgado, con el rostro pálido y los ojos cerrados. Era evidente que necesitaban ayuda.

Mientras buscaba algo que pudiera servirles de comida entre las compras que había hecho, el niño me miró y preguntó: - ¿Por qué me ayudaste? No me conoces. Podrías haberme dejado. 

Lo miré por un momento, considerando mi respuesta. - Porque todos merecemos una segunda oportunidad. Y porque creo que cuando podemos ayudar, debemos hacerlo.

Pasé un rato con ellos, improvisando una sopa con lo que encontré y contando historias de mis viajes para levantarles el ánimo. Cuando finalmente me despedí, el niño me agradeció de nuevo, esta vez con una sonrisa tímida pero genuina.

- Espero que algún día pueda devolverle el favor.

- Sólo asegúrate de cuidar a tu hermana. Eso será suficiente.

De vuelta en el puerto, encontré a Juuken esperándome con las bolsas llenas de provisiones. Me lanzó una mirada interrogante, como si supiera que me había metido en algo. Sólo le sonreí y le conté una versión resumida de lo ocurrido.