One Piece Gaiden - Foro Rol One Piece
[Aventura] A un superior no se le reprocha nada [T2] - Versión para impresión

+- One Piece Gaiden - Foro Rol One Piece (https://onepiecegaiden.com)
+-- Foro: El mundo (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=10)
+--- Foro: East Blue (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=16)
+---- Foro: Loguetown (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=48)
+---- Tema: [Aventura] A un superior no se le reprocha nada [T2] (/showthread.php?tid=2781)

Páginas: 1 2


A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ragnheidr Grosdttir - 27-12-2024

2 de Invierno del 724

Piratas recién llegados del East Blue se mezclaban con comerciantes, cazadores de recompensas y marines en Logue. Era un lugar donde los sueños nacían y morían bajo la atenta mirada de la sede local de la Marina. Entre los marines apostados allí estabas, Todo un hombre lagarto de mas de tres metros de altura, con un cuerpo cubierto de escamas que relucían bajo el sol del mediodía. Esa tarde, mientras patrullabas el mercado principal, el Capitán Darius Falk, un marine superior, decidió que era el momento perfecto para "romper el hielo"… a su manera. Darius era conocido por ser un hablador compulsivo, con una sonrisa burlona y una forma de caminar tan exagerada como su ego. Desde que llegas al destacamento, Darius no pierde oportunidad para lanzarte pullas.

¡Ares! —Gritó mientras se acercaba con las manos en los bolsillos y una expresión confiada. — Vaya, qué suerte tengo de encontrarte. Justo estaba pensando que necesitamos a alguien como tú para… ¿qué hacen los lagartos, eh? ¿Atrapar moscas?— Lo peor de todo es que era tu superior y no podías pelearle casi nada. Algunos marines cercanos rieron nerviosamente, aunque sabían que Darius siempre se pasaba de la raya. Darius no se detuvo. Se colocó frente a ti, cruzándose de brazos mientras te daba una mirada de arriba abajo. —Aunque pensándolo bien, ¿qué haces en la Marina, grandote? Este es un trabajo serio. No un zoológico, ¿sabes? Aunque claro… siempre viene bien tener una mascota.— Un grupo de civiles que pasaba se detuvo para observar. Las pullas de Darius no solo eran innecesarias, sino que empezaban a llamar demasiado la atención. Un susurro comenzó a extenderse entre los marines y civiles cercanos. Las palabras de Darius eran tan afiladas como imprudentes. Aunque no podías responderle directamente por su rango, la tensión comenzaba a crecer. Sabías mantener la calma, pero tu cola se movía lentamente, como si reflejara la irritación que escondías.

Te inclinaste ligeramente hacia él, dejando que tu sombra lo cubriera por completo. Tus ojos reptilianos lo observaron sin pestañear, y por un instante, el bullicio del mercado pareció detenerse. Darius trató de mantener su compostura, pero su sonrisa burlona se tambaleó cuando notó el peso de tu mirada. Dio un paso hacia atrás de forma casi instintiva, aunque intentó disimularlo. —E-eso es lo que me gusta de ti, Ares, —Dijo, esforzándose por mantener el tono despreocupado. — Tienes carácter, ¿sabes? Pero recuerda quién está al mando aquí. Tú solo haz lo que te ordenen y mantén esas garras lejos de los problemas.

Mostrar Contenido



RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ares Brotoloigos - 29-12-2024

Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario


Lo que pintaba para ser una tarde tranquila, y aburrida, se había tornado al revés cuando recibió una llamada o, más bien, un acercamiento que no le resultaba agradable. No pudo, ni quiso, disimular, el poner los ojos en blanco durante un par de segundos a medida que el capitán Falk se acercaba a él, llamándole. Conocía a ese hombre, al menos parcialmente. Era un hablador y un bocazas compulsivo. A ver, el mismo lagarto también lo era. Pero es que lo de ese tipo era de traca. Por costumbre, el diablos se cuadró cuando Falk llegó a donde él estaba. Ares tuvo que mirar ligeramente hacia abajo cuando el capitán de la Marina comenzó a soltar pulla tras pulla.

Capitán. — Saludó de manera formal, aunque los ojos rojizos del diablos se iban entornando casi de manera peligrosa. En un helado y cortante silencio a medida que el otro hombre iba soltando palabras por la boca como si de una metralleta descontrolada se tratase. — No me gustan las moscas, capitán. Prefiero la carne cruda. Recién arrancada. — Lo dijo con la mayor deferencia posible, aunque también mostrando casi todos los dientes.

Pero el tono, el aviso implícito estaba ahí también. Que Falk se lo tomase como le viniese en gana. Al fin y al cabo, no estaba siendo irrespetuoso con su superior. Solo le estaba mostrando sus preferencias. Durante un momento dado, la atención de Ares se posó no solo en marines cercanos o que podían estar acompañando al capitán, sino también en los civiles que pasaban por ahí y que miraban a Darius Falk como si le hubiese crecido una segunda cabeza. O como si estuviese loco de remate. No podía culparles, en verdad.

El de escamas albas, dió un par de pasos hacia el susodicho, apenas inclinándose de manera breve. Ares tenía un porte intimidante para la media de marines humanos que había por ahí y lo sabía. Y se aprovechaba buenamente de ello en cuanto tenía la oportunidad, como ahora. El notar, y escuchar, como el capitán comenzaba a titubear y a balbucear, fue como lamer deliciosa sangre fresca y saborear su fuerte sabor. Ese momento de satisfacción, más bien.

Me ha llamado para algo, capitán Falk. — Comentó, sin alzar la voz, pero recalcando tal hecho puesto que había sido el susodicho quien se había aproximado hacia él sin disimulo alguno. — ¿Para qué me necesita concretamente? — Porque no le gustaba perder el tiempo, por mucho que el otro fuese su superior.

Y eso se podía notar tanto en su mirada, como en el movimiento rítmico de la punta de su cola, impaciente.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ragnheidr Grosdttir - 29-12-2024

Darius Falk tragó saliva, ocultando como podía el leve temblor en sus piernas. A pesar de su postura arrogante y su bocaza incontrolable, no era completamente idiota. Tu porte intimidante y la forma de inclinarse hacia él eran suficientes para encender una alarma en su cabeza, aunque jamás lo admitiría en voz alta. Intentó recomponerse, cruzándose de brazos para recuperar algo de autoridad mientras ajustaba el tono de su voz, como si nada hubiera pasado. —No pierdas los estribos, lagarto. Es una simple broma. —Dijo, aunque su tono sonaba menos seguro de lo habitual. Algunos de los marines cercanos intercambiaron miradas entre sí, tratando de no reírse abiertamente ante el repentino cambio de actitud del capitán. Falk carraspeó y dio un paso hacia atrás, colocando algo de distancia entre ellos mientras desviaba la mirada hacia los civiles que aún observaban con atención. Su ego herido comenzaba a mezclarse con una sensación de vergüenza. —¿Que para qué te necesito? —Repitió, tratando de sonar firme. — Bueno, ya que lo preguntas… Me gustaría que vigilaras el perímetro del mercado. Con tu… habilidad natural para rastrear, seguro que puedes asegurarte de que no haya piratas escondidos entre la multitud.

El capitán intentó devolverle la mirada al hombre lagarto, pero tus ojos rojizos, brillando como brasas encendidas, lo hicieron dudar. Falk rápidamente desvió la vista hacia su equipo de marines. —¡Vamos, dispersaos! Tenemos trabajo que hacer. —Ordenó en voz alta, como si tratara de recuperar algo del respeto que había perdido en esos minutos. Mientras tanto, tú permaneces en tu lugar, con tu cola todavía balanceándose lentamente con un ritmo casi hipnótico. No necesitabas responder con palabras, la simple presencia era suficiente para recordarle a Falk quién dominaba realmente ese momento. El capitán, molesto consigo mismo y con el lagarto, terminó alejándose, soltando susurros ininteligibles. Pero aunque intentó mantener la cabeza en alto, la atención de los civiles y la sonrisa contenida de algunos marines hicieron evidente que, en ese breve intercambio, había salido derrotado. Por tu parte ojeas cómo Falk desaparecía entre la multitud, antes de girarte con calma hacia el mercado. Como siempre, no había necesidad de palabras grandilocuentes ni de movimientos bruscos. El Capitán Falk avanzó entre la multitud del mercado con paso acelerado y el rostro rojo de rabia contenida. No podía dejar que ese lagarto, con su sola presencia y actitud impasible, lo humillara delante de civiles y marines. Era un capitán, y un capitán no podía perder la autoridad. Tenía que actuar… aunque fuera de forma mezquina.

Apenas unos minutos después, un mensajero de la Marina llegó hasta Ares, entregándole una orden firmada por Falk. Los detalles eran escuetos, pero claros: había un reporte de actividad sospechosa en uno de los callejones más apartados de Loguetown. Al parecer, algunos piratas recién llegados estaban tramando algo. El lugar al que dedías dirigirte estaba en el límite entre el mercado y una zona conocida por su mala fama. Las tabernas oscuras, las tiendas clandestinas y los cazadores de recompensas que no se molestaban en ocultar su sed de sangre eran habituales allí. No era un área que los marines frecuentaran, salvo en casos extremos, y menos aún en solitario. Al llegar al callejón indicado, los primeros signos de una emboscada comenzaron a hacerse evidentes. Las sombras se movían de forma extraña, y el aire olía a alcohol barato y sudor, mezclado con la tensión de un lugar donde alguien esperaba saltar sobre su presa. Un pequeño grupo de hombres, fácilmente identificables como piratas, apareció desde los laterales del callejón, cerrándote el paso. Las cicatrices, los dientes podridos y las armas improvisadas que portaban daban la impresión de que no eran particularmente fuertes, pero sí desesperados. Y eso los hacía peligrosos.

¡Mirad qué tenemos aquí! —Gritó uno de ellos, empuñando un cuchillo oxidado mientras sus compañeros soltaron carcajadas. Otro pirata, más grande y con un garrote al hombro, se adelantó unos pasos, examinandote de arriba abajo.— No esperaba que la Marina nos enviara a un bicho. Pero bueno, una recompensa es una recompensa.— Lo que no sabíaa era que el Capitán Falk había exagerado la información de esa "actividad sospechosa". No era un grupo grande de piratas planeando un ataque, sino un puñado de criminales menores, ni siquiera lo suficientemente notorios para tener recompensas significativas. Sin embargo, Falk había omitido enviar refuerzos, asegurándose de que estuvieras solo frente al problema.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ares Brotoloigos - 31-12-2024

Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario


No soy yo el que está perdiendo los estribos, capitán. — Fue la respuesta, inmediata y sin alterarse, del diablos, quien no quitaba la mirada de encima hacia Darius Falk. Era su superior, sí, pero no se sentía intimidado por ese tipo que, más bien, actuaba como un ratón asustado. Había venido hacia él con ciertas ínfulas que Ares no toleraba.

Y, aunque era un bruto, podía contenerse. Aunque no tanto su lengua, la cual ahora sacaba a paseo, afilada y venenosa. Efectivamente, el que parecía más nervioso allí era Falk, y eso al soldado le parecía sumamente entretenido. A juzgar por la breve sonrisa que, durante un par de segundos, se dibujó en sus fauces. Por supuesto, los rumores y las habladurías no tardaron en subir un poco de tono, para bochorno del capitán, quien no tardó en intentar recomponerse y darle las dichosas órdenes.

¿El perímetro? Está bien. — Sin más, y con un breve saludo, contempló como poco después tanto el capitán con su grupo se dispersaron y se alejaron del lugar. Ares exhaló un suspiro resignado. — Menudo imbécil. — Soltó una vez estuvo a solas, volviéndose y dirigiéndose concretamente hacia el mercado.

No había ni bien llegado del todo a la zona, cuando un mensajero de la Marina le interceptó abiertamente. Ares frunció el ceño, miró el papel con absoluto desconocimiento y fue haciéndolo una bola arrugada mientras hacía que el chico le diese las órdenes en voz. Una vez con esto en mente, negó con la cabeza. ¿Ese tipo estaba idiota o estaba intentándo jugársela? Primero que vigilase el perímetro del mercado. Ahora cambiaba de idea y lo mandaba a los callejones de los bajos fondos de Loguetown, un lugar todavía más apartado de donde se encontraba.

Esto me huele a chamusquina... — Musitó para sí mismo a medida que se encaminaba, a buen paso, hacia la zona en concreto.

Conocía la zona, no tenía buena fama, y él había estado por allí en más de una ocasión. Ya fuese buscando pelea o bebiendo en alguna de aquellas tabernuchas de mala muerte. La Marina no solía preocuparse mucho de esa zona. Y era irónico porque aquello era, generalmente, un nido de ratas. Un agujero donde se juntaba lo peor de la sociedad. Y los marines lo ignoraban o pasaban deliberadamente de ello. Menudos héroes...

Tenía razón, la limpieza debía empezar por el mismo cuartel general. Los ojos de Ares se mantenían atentos a la zona. Oscura, con aquel hedor a alcohol, orines y humedad. Vamos, una maravilla. Y, a medida que avanzaba, ese escalofrío de que estaba siendo vigilado se acrecentaba. Efectivamente, una emboscada.

Un grupo de hombres le cerraron el paso en uno de los callejones y la vista de Ares pasó por todos y cada uno de ellos. No iba a tener ni por donde empezar. Aunque lo que le llamó la atención fue otra cosa en sí.

¿Oh, la Marina, has dicho? — Contempló más fijamente al que había dicho eso. — ¿Y por casualidad quien en específico? — Tenía a cierto imbécil en mente, pero no iba a dar nada por seguro de momento. — Porque la única recompensa me la voy a llevar yo cuando os arranque los brazos.

Les miró desde su altura, sin intimidarse tan siquiera por las armas que pudiesen portar.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ragnheidr Grosdttir - 03-01-2025

El grupo de piratas intercambió miradas rápidas, y sus risas nerviosas comenzaron a apagarse. Uno de los hombres, el más grande del grupo y evidentemente el líder, avanzó unos pasos con su garrote al hombro. Su expresión se endureció, aunque un destello de duda cruzó su mirada al observar las imponentes escamas y la imperturbable presencia del marine. —No importa quién te mandó, bicho. Lo único que importa es que nos haces un favor al venir hasta aquí tú solo. —Gruñó el líder, escupiendo al suelo para enfatizar sus palabras. Miró de reojo a sus compañeros, como buscando refuerzos en su falsa confianza. Otro pirata, más delgado y con una cicatriz que le cruzaba el rostro, se adelantó también, aferrando con fuerza un cuchillo oxidado. Señaló a Ares con un movimiento brusco.

¡La única recompensa aquí será la que nos den por tu cabeza! ¡Seguro que vales algo, monstruo! —Vociferó, aunque sus palabras sonaban más como un intento de convencerse a sí mismo que como una amenaza real. El grupo comenzó a cerrar el círculo a su alrededor, las armas en mano reflejando la escasa luz del callejón. Había desde cuchillos hasta cadenas y garrotes, pero ninguno de los hombres parecía profesional. Más bien, eran oportunistas desesperados que buscaban ganar algo de oro rápido. Desde la esquina más lejana del callejón, una figura encapuchada observaba la escena con interés. No se unía al ataque, pero sus ojos brillaban en la penumbra como si estuviera evaluando tanto a los piratas como al marine. No parecía ser parte del grupo, pero tampoco un civil común.

El líder del grupo golpeó el suelo con su garrote, haciendo saltar algunas astillas de madera podrida. —Venga, chicos. ¡Acabemos con esto rápido! Así ese marine nos dará la recompensa.—Dijo el bocazas, aunque su voz dejó entrever algo más que agresividad: ansiedad. Los piratas se lanzaron hacia adelante en un movimiento desordenado, una mezcla de gritos y pasos torpes que llenaron el callejón. Desde las alturas, en un tejado cercano, Falk observaba la escena con una sonrisa torcida y los brazos cruzados. Aunque no podía escuchar del todo el intercambio de palabras, el caos en el callejón era suficiente para satisfacerlo. "Veamos cómo te las arreglas ahora, lagarto", pensó para sí, mientras un pequeño brillo de satisfacción cruzaba sus ojos. El líder se lanzó.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ares Brotoloigos - 04-01-2025

El lagarto, en concreto, ladeó ligeramente la cabeza mientras era increpado. No parecía ofendido, tampoco preocupado. Mucho menos cuando su mirada fue observando a los maleantes uno por uno. No le interesaba el estado físico o cuántos era, aunque esto último también lo tenía en consideración. Sino los gestos y las reacciones que había provocado en cada uno de ellos. Dudaban, no confiaban del todo en sus posibilidades a juzgar por lo nerviosos que algunos parecían, buscando casi la aprobación o la seguridad de su líder.

La cola escamada de Ares se movía de manera muy suave, como de manera rítmica. Como si estuviese tanteando también la situación. Luego, observó las armas que llevaba cada uno. Cuchillos, alguno oxidado, alguna que otra cadena y el llamativo, pero medio podre garrote que llevaba el que parecía ser el líder de aquella cuadrilla de apestados.

Los ojos de Ares viajaron desde dicha arma hasta el rostro del que dominaba aquel cotarro de despojos.

Vosotros no me importáis lo más mínimo. — Dijo con un tono tajante, pero despectivo, mientras les dedicaba una mirada de la misma índole. — Pero si me servís para saber quién está detrás... — Dejó caer. Efectivamente, no le importaban más allá de darles su merecido. Pero si había alguien corrupto en la Marina capaz de usar eses métodos, la cosa cambiaba.

Aunque quizás tuviese una idea o, al menos, alguna que otra sospecha. Porque era demasiada casualidad el hecho de que le mandasen vigilar aquella zona y de repente se viese emboscado por un grupo “contratado” por un marine. Y, seguramente, tendría que tener un rango considerable o, al menos, superior al suyo. Sobre todo económico o de poder.

Ni siquiera iba a molestarse en sacar las nudilleras. Y tenía ganas de una pelea a puño limpio. En cuanto se abalanzaron contra él, las pupilas del diablos se afilaron hasta casi formar una fina línea. En cuanto el primero llegó a su altura, estiró con fuerza una de las garras. No era un puñetazo propiamente dicho, sino que no dudó en agarrar del cuello al desgraciado clavando las uñas hasta sentir la carne caliente recorrer parte de su mano.

No retuvo ese cuerpo durante mucho tiempo, sino que lo lanzó con fuerza hacia otro de los tipos. Al mismo tiempo, tampoco se estuvo quieto o esperó. En un visto y no visto, Ares se lanzó hacia delante contra otro de los tipos. Su garra derecha, en una postura determinada, se topó contra el mencionado. Todo aquello le estaba dando apetito. Pero no el común de una persona normal y corriente, sino otro. Le sujetó de las ropas y, posteriormente, del cuello. Los ojos rojizos del diablo se posaron, inclementes, sobre los contrarios, antes de hundir los dientes en la tierna carne entre el cuello y el hombro. La sangre no tardó en llenarle la boca, espesa y de un fuerte sabor. Con un movimiento seco y brutal desgajó un buen trozo que no escupió. Se tragó mientras su morro se manchaba de la misma vitae.

La lengua violácea asomó levemente solo para relamerse las fauces. Y, acto seguido, se giró al que parecía ser el lider de todos aquellos.

¿Todavía dices que no me importa quién os mandó? — Dió un par de pasos hacia él, amenazante y con un porte seguro. — Te puedo ir arrancando los dedos a mordiscos hasta que hables. — Abrió la boca, mostrando un hilo de saliva entre los afilados dientes que se relamió posteriormente.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ragnheidr Grosdttir - 06-01-2025

El callejón, ya oscuro y hediondo, se sumió en un silencio opresivo, roto solo por los jadeos erráticos de los piratas y el sonido sutil de las botas de Ares avanzando sobre el suelo húmedo. Los hombres, que al principio habían mostrado un atisbo de bravura, ahora se tambaleaban, incapaces de apartar la vista de las fauces ensangrentadas del hombre lagarto. El primero en reaccionar fue el que había recibido el ataque inicial, quien todavía yacía en el suelo, retorciéndose y apretándose el cuello con ambas manos, incapaz de detener el flujo de sangre. Los demás no hicieron amago alguno de socorrerlo. El terror había sembrado sus raíces en sus corazones.

¡E-Este tío está loco! —Gritó uno de los piratas más jóvenes, dejando caer su cuchillo y retrocediendo hacia la pared como si quisiera fundirse con ella. Su rostro estaba pálido como la cera, y los ojos se movían frenéticamente entre sus compañeros y el imponente marine que avanzaba con pasos lentos pero seguros. Otro, el de la cicatriz en el rostro, no pudo evitar dar un paso hacia atrás. Las cadenas que sostenía en sus manos tintinearon al ritmo de sus temblores, hasta que finalmente cayeron al suelo con un estruendo metálico.

¡N-No sabemos nada!—Balbuceó, con las manos levantadas como si eso pudiera detener a la bestia que tenía delante. Sus piernas flaquearon, y antes de que pudiera continuar, se desplomó de rodillas, incapaz de sostener el peso del pánico. El líder del grupo, que hasta entonces había intentado mantener una fachada de valentía, comenzó a retroceder lentamente, con el garrote alzado de manera torpe. Sus ojos, antes desafiantes, ahora estaban fijos en la sangre que goteaba de las fauces de Ares. Tragó saliva con dificultad y dio un paso en falso, tropezando con los restos de una caja rota detrás de él. —E-Está bien, está bien... ¡Por favor, no me mates! —Exclamó, dejando caer el garrote con un golpe sordo. Levantó ambas manos en señal de rendición, pero su voz se quebró cuando Ares dio otro paso hacia él. —¡N-No sé quién fue exactamente! ¡Solo recibimos un mensaje, juro que no sé más!

Uno de los piratas restantes, que hasta entonces había estado inmóvil como una estatua, simplemente dejó caer su arma y cayó hacia atrás, inconsciente, con los ojos en blanco y un hilo de espuma escapando de su boca. Los pocos que quedaban estaban paralizados, respirando con dificultad, como si el aire del callejón se hubiera vuelto demasiado espeso para inhalar. Incluso el líder, quien ahora se encontraba acorralado contra una pared, parecía incapaz de articular más palabras coherentes. Desde el tejado, Falk observaba la escena con una mezcla de asombro y desagrado. No esperaba que el lagarto desatara semejante espectáculo. Aunque disfrutaba viendo a los piratas siendo reducidos a poco más que despojos temblorosos, la brutalidad de Ares comenzaba a incomodarlo. — Maldita sea, se supone que era un maldito susto, no esto...— Pensó para sí mismo, mientras ajustaba su posición en las alturas, escondiéndose aún más entre las sombras.

El ambiente en el callejón era tan espeso que parecía que el tiempo se había detenido. Los últimos comentarios de los piratas se mezclaban con el sonido de un charco de sangre goteando desde la boca de Ares, mientras las miradas de los transeúntes más curiosos desde la distancia eran un testimonio de lo que acababa de suceder. Sin embargo, la pregunta seguía sin respuesta concreta. El miedo absoluto había hecho que el líder y su grupo fueran incapaces de proporcionar información útil, y ahora solo quedaba decidir qué hacer con los restos de aquella patética emboscada.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ares Brotoloigos - 07-01-2025

Carne humana y pirata. No era la mejor, pero era mejor que nada en momentos como ese. Por una parte, se medio satisfacía él y, por la otra, era suficiente como para amedrentar a una chusma como aquella. Era obvio que, si por ellos hubiese sido, no se le habrían encarado sin más. Solo eran perros callejeros azuzados por uno más grande. Pero no menos cobarde, probablemente. Ares torció el morro en un gesto de descontento cuando los que quedaron conscientes, inicialmente, comenzaron a clamar por su vida. ¿Acaso no tenían honor u orgullo? Eso era lo que más le asqueaba, al fin y al cabo. Tan arrechos y tan osados que se habían mostrado al principio, creyendo que su superioridad numérica les podría haber servido de algo, y ahora solo parecían un grupo de cucharachas especialmente molestas.

Claro que sabéis. — Dijo el marine, ignorando abiertamente a los que parecían más endebles. Su mirada se posó en las cadenas que habían caído al suelo. Con un movimiento casi grácil y seguro, Ares solo se agachó para cogerlas y sujetarlas en una de sus garras. El tintineo de las mismas volvió a copar el lugar, ahora de manera mucho más peligrosa que antes.

No golpeó a ninguno, como pudiese parecer, aunque ganas no le faltaban. Ahí había algo más que un grupo de matones asustados. No eran los ratones los que a Ares le interesaban, sino al gato que estaba detrás, azuzando. El diablos entornó la mirada unos segundos cuando, de repente, uno de ellos cayó inconsciente sin más. ¿Había sido por el pánico de la situación o había sido por algún otro factor externo? Por inercia, olfateó el ambiente del lugar, intentando captar algún aroma más allá del olor hediondo y a humedad del mismo callejón en el que se encontraba.

Fuese como fuese, luego también la mención del mensaje fue lo que llamó su atención.

¿Qué decía el mensaje exactamente? ¿Y quien o cómo se os fue entregado? — Fue ahora el líder de aquel cotarro el que obtuvo, para bien o para mal, toda la atención del marine de tres metros. Se acercó hasta quedase justo delante suya e incluso tuvo a bien agacharse un poco solo para que su rostro, su morro todavía manchado de sangre, se quedase a pocos centímetros del contrario.

Si no me lo dices, terminarás igual o peor que él. — Siseó mientras señalaba al desgraciado al que le había desgajado un trozo de hombro, como quien dice. Acto seguido volvió su mirada al líder, el cual parecía todavía más balbuceante, antes de volver a erguirse en toda su estatura y mirándole desde arriba.

Muertos no le servían de nada ahora mismo, por muy inútiles que fuesen. Todavía había algo de información que podía sacarles. Y si alguien de la Marina estaba implicado en toda esa mierda, era otra raíz putrefacta que había que arrancar de cuajo.

Miró las cadenas que todavía sujetaba, de reojo. Y con un movimiento plagado de soltura dejó que parte de ella se deslizase hacia el suelo, con el característico sonido metálico.

Era una amenaza en toda regla, pero esas cadenas le servirían, también, para amarrarlos y llevárselos al cuartel. Al menos a los que pudiese sonsacar información. De hecho, agarró al lider por el cuello, elevándolo solo lo suficiente como para comenzar a atarle.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ragnheidr Grosdttir - 08-01-2025

El líder del grupo, que ya estaba al borde del colapso, se quedó completamente rígido cuando sintió las garras de Ares cerrarse alrededor de su cuello. Su cuerpo temblaba como una hoja mientras el sonido de las cadenas deslizándose por las garras del marine resonaba con una ominosa gravedad. Tragó saliva con tanta fuerza que el sonido pareció amplificarse en el callejón, y las pocas palabras que intentó pronunciar quedaron atrapadas en su garganta como un nudo imposible de deshacer. —¡E-Era solo una orden! —Gimoteó, con la voz quebrada y el rostro pálido como un cadáver. —¡Llegó por un... mensajero! ¡N-No lo vimos, solo dejó un paquete con... dinero y la nota! ¡Eso es todo, lo juro! — El hombre buscaba aire desesperadamente, sus manos temblorosas aferrándose a las garras de Ares como si intentara aflojar su agarre, aunque no tenía la fuerza ni el valor para hacerlo de verdad. Su mirada se desvió por un momento hacia sus compañeros, pero encontró solo el vacío. Uno inconsciente, otro hecho un ovillo y el resto paralizados de terror, incapaces de ofrecerle siquiera un atisbo de ayuda. —¡E-El mensaje decía... decía que te... neutralizáramos! —Logró balbucear finalmente, cerrando los ojos como si esperara que esa confesión le valiera algún tipo de clemencia. —¡No había nombre, no había nada más, lo juro por mi vida! ¡Solo el dinero y esa maldita nota!

Un sonido sordo llamó la atención de los presentes. Otro de los hombres, incapaz de soportar la atmósfera de tensión, se desplomó inconsciente contra el suelo, sumándose al primero que había caído. El hedor del miedo era ahora más intenso que el de la sangre o la humedad del callejón, una nube opresiva que parecía aferrarse a la piel de los piratas como una segunda capa. —¡Por favor, por favor, no me mates! —Suplicó el líder, con los ojos anegados de lágrimas. —¡Te diré todo lo que sé, pero no es mucho, lo juro! ¡El paquete lo dejó un tipo con capucha en una taberna de los muelles! ¡N-No se quedó, solo lo dejó y se largó!— Suspiró. — Creemos que fue un marine, pero ni siquiera lo sé al cien por cien ...

El hombre comenzó a sollozar, su cuerpo temblando aún más mientras sentía las cadenas que Ares había comenzado a enrollar alrededor de él. Los pocos piratas que quedaban conscientes se mantenían completamente inmóviles, sin atreverse siquiera a respirar más fuerte de lo necesario, temerosos de que cualquier movimiento pudiese atraer la atención del marine. Desde algún rincón del callejón, un gato callejero maulló antes de desaparecer entre las sombras. Pero incluso ese pequeño sonido pareció hacer que los nervios de los piratas se tensaran aún más, como si el mismo aire del callejón conspirara contra ellos. El sonido de unas botas resonó en el callejón, firmes y pesadas, haciendo eco entre las paredes. Los piratas, que ya estaban al borde del colapso, se tensaron aún más, como si cada paso anunciara la llegada de algo aún peor que el hombre lagarto. Incluso Ares giró la cabeza hacia la figura que emergía de las sombras, alta y envuelta en el inconfundible uniforme de la Marina, aunque un detalle sobresalía: una máscara negra cubría por completo su rostro, con solo un par de agujeros para los ojos que brillaban con una frialdad inhumana. El silencio que trajo consigo era casi ensordecedor. El líder de los piratas, todavía con las cadenas de Ares alrededor del cuello, dejó escapar un gemido apenas audible, su mirada alternando frenéticamente entre el marine escamado y la figura enmascarada.

Vaya, vaya... qué desastre tienes aquí, Ares. —La voz resonó metálica y distorsionada por la máscara, pero no había duda: era el Capitán Darius Falk. Su tono era sarcástico, aunque bajo esa fachada se percibía una pizca de incomodidad. Sabía que estaba jugando con fuego. Los piratas parecieron congelarse en el acto. Uno incluso retrocedió un paso antes de recordar que estaba atrapado entre un muro y un depredador. No necesitaban más que un vistazo para reconocer la postura, la altura y la autoridad que emanaba de esa figura. Era él, el hombre que los había contratado. Y su presencia allí solo podía significar una cosa: estaban más hundidos de lo que pensaban. —Largo de aquí. Todos. —La voz del enmascarado se endureció, un filo cortante en cada palabra. —Antes de que pierda la paciencia.— Los piratas no necesitaron una segunda invitación. Los que aún podían moverse recogieron a los inconscientes con torpeza, tropezando entre ellos mientras intentaban escapar del callejón. El líder del grupo, todavía enredado en las cadenas, gimió una súplica, pero la mirada fija de la máscara lo hizo desistir. Ares notó cómo los ojos del capitán se clavaron en él por un instante, como si evaluara la situación. Finalmente, Falk habló —Déjalo ir, Ares. No nos sirven muertos... al menos no todavía.

Aunque era una orden, la tensión en su tono era evidente. Los piratas restantes aprovecharon el momento para desaparecer por completo, dejando atrás el hedor del miedo y una atmósfera cargada de preguntas sin respuesta. Cuando el último de ellos se perdió en las sombras, Falk permaneció quieto, sus ojos detrás de la máscara fijos en Ares. El sonido del callejón volvió lentamente, pero el ambiente seguía siendo opresivo. Finalmente, el capitán rompió el silencio, su voz todavía metálica pero con un deje de autoridad que intentaba ocultar su nerviosismo.

Volvamos al cuartel.


RE: A un superior no se le reprocha nada [T2] - Ares Brotoloigos - 09-01-2025

Estaba comenzando a hartarse de tanto balbuceo sin sentido por parte de eses despojos. Efectivamente, lo más fácil era matarlos y dejarlos ahí, para que las alimañas y las ratas diesen buena cuenta de ellos. Eran piratas, al fin y al cabo y nadie les echaría de menos. Pero a pesar de todo eso, Ares era consciente de que muertos no le servían de nada. No, al menos, la mayoría de ellos. Por eso, pretendía llevarse a ese vivo al cuartel para interrogarle o, al menos, para informar al respecto.

Si era quien creía que era, porque todo olía a chamusquina, necesitaba pruebas fehacientes. Lo peor de todo es que todo el tema de “papeleo” lo detestaba y se le daba fatal. Él era más de buscar la justicia por su propia mano cuando se trataba de asuntos similares. Y, lo peor de todo, era que pasase precisamente dentro de la Marina. Pero fue el sonido de unos pasos acercándose lo que le hizo elevar la mirada. Todavía mantenía uno de los extremos de la cadena en una de sus garras. El otro extremo sujetando al pobre desgraciado que seguía sollozando y balbuceando. Con un movimiento inquieto de su cola escamada, se le escapó un gruñido gutural a través de la garganta cuando sus ojos rojizos captaron la presencia de aquel enmascarado.

Y cuando comenzó a hablar...

Falk... — Siseó para sí mismo, con una mezcla de desconfianza y desaprobación. Así también como con ciertas ganas de arrancarle la yugular de otro mordisco bien dado. El diablos le miró de arriba a abajo, contemplando las pintas que llevaba ahora.

¿Qué pretendía? ¿Que no le reconociesen? Era verdad que aquella máscara distorsionaba su voz. Pero había algo allí implícito que le descubría. La forma de hablar, de dirigirse hacia él. Esa asquerosa altanería que tenía y que no le aguantaba. Ares miró de reojo como despachaba al grupo de piratas y, efectivamente, éstes no perdían el tiempo en salir por patas, poniendo pies en polvorosa. Todos menos el que el mismo lagarto tenía sujeto todavía por la cadena.

Tiene razón, no nos sirven muertos. — Por eso, ese mismo, estaba todavía ahí. Atado pero vivo. — Pero no tengo intención de dejarle ir. — Se estaba negando, rotundamente, a la orden que el capitán le estaba dando.

Por inercia, el diablos olfateó el aire un par de segundos, antes de volver a clavar la atención y por ende, su mirada en la máscara que cubría el rostro del otro hombre.

No, al menos, hasta recibir una explicación al respecto. — Una sonrisa afilada, suave, se cirnió en sus fauces. — Si lo que pretendía era deshacerse de mi, quizás tendría que haberlo intentado por sí mismo, y no mandarme unos cuantos ratones.

Comentó directamente, sin ningún tipo de tapujos.