![]() |
[Autonarrada] [T2] Navidad en el Baratie - Versión para impresión +- One Piece Gaiden - Foro Rol One Piece (https://onepiecegaiden.com) +-- Foro: El mundo (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=10) +--- Foro: North Blue (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=15) +---- Foro: Baratie (https://onepiecegaiden.com/forumdisplay.php?fid=42) +---- Tema: [Autonarrada] [T2] Navidad en el Baratie (/showthread.php?tid=2807) |
[T2] Navidad en el Baratie - Raiga Gin Ebra - 29-12-2024 1 de Invierno de 724
La cubierta del Baratie estaba tranquila, casi desierta. El invierno había llegado con toda su fuerza, cubriendo el East Blue con un aire helado que parecía colarse hasta en los huesos de una manera que te dejaba completamente helado el resto del día. Raiga, sin embargo, estaba sentado en el borde de la barandilla, con las piernas colgando hacia el mar. Su mirada estaba fija en el cielo, donde pequeños copos de nieve comenzaban a caer con delicadeza, como si dudaran si posarse sobre las olas o volver al cielo de donde habían venido. —¡Vaya movida! —murmuró el mink, con las orejas alzadas y los ojos muy abiertos— Es como si el cielo se hubiera vuelto loco y estuviera tirando algodón. Los copos bailaban en el aire, retorciéndose con el viento antes de aterrizar en el agua salada, donde se deshacían al instante. Raiga no podía apartar la vista. La nieve era algo completamente nuevo para él. Cada vez que un copo caía cerca de su nariz, intentaba atraparlo con la lengua, riéndose como un niño cada vez que fallaba. El suelo de la cubierta comenzaba a cubrirse con una fina capa blanca que crujía bajo sus patas, pero Raiga estaba tan absorto en la escena que no se daba cuenta de lo heladas que estaban sus manos y pies. Un niño no tenía la culpa de entretenerse con cualquier cosa, ¿no? Pronto, un escalofrío recorrió su cuerpo. Su nariz empezaba a gotear, y sus dedos, que sobresalían de las mangas de su desgastado kimono, estaban completamente rojos. —¡Joder! ¡Qué frío! —gruñó, frotándose las manos y metiéndolas bajo las axilas para calentarlas un poco. Pero el aire helado seguía golpeándolo sin piedad, colándose por cada rincón de su ropa y haciéndolo temblar. Finalmente, y no sin algo de orgullo herido, decidió que era hora de buscar refugio en el interior, en busca de alguna estufa que le diese ese calor que tanto necesitaba. Se puso de pie, sacudiendo la nieve de su cola con un par de manotazos, y se dirigió hacia el interior del Baratie, donde esperaba que al menos no le castañetearan tanto los dientes. Al entrar, lo primero que notó fue el cambio de temperatura. El calor del interior era como un abrazo bienvenido tras el frío cortante del exterior. Raiga se detuvo un momento, inhalando profundamente el aroma que lo envolvía: una mezcla de madera quemada, especias dulces y el inconfundible olor a comida recién hecha. ¿Había una mezcla de olores mejor que aquella tras un rato de frío? Pero lo que realmente lo dejó boquiabierto fue la decoración. El Baratie estaba completamente transformado. Las paredes estaban adornadas con guirnaldas verdes y doradas que colgaban como serpentinas. En cada mesa, pequeños candelabros sostenían velas que parpadeaban con una luz cálida y acogedora. Los camareros habían cambiado sus uniformes habituales por unos más festivos: chalecos rojos con botones dorados y gorros de Papá Noel que, para sorpresa de Raiga, parecían no molestarles en absoluto. —¡Pero qué coño! —exclamó, deteniéndose en seco en medio del salón principal mientras sus ojos se paseaban por el techo. Arriba, una serie de luces navideñas formaban un arco iris resplandeciente que cruzaba de un lado a otro. Era un espectáculo de colores: rojos, verdes, amarillos, azules, todo parpadeando al ritmo de una suave melodía que sonaba en el fondo. En una esquina, un enorme árbol de Navidad se erguía imponente, decorado con esferas brillantes, lazos y una estrella dorada que parecía hecha de puro oro. Bajo el árbol, había montones de cajas envueltas en papel brillante, con lazos enormes que casi parecían reales. ¿Por qué se decoraba todo así? El mink no entendía nada. —Esto sí que es una pasada —dijo, acercándose al árbol para tocar una de las esferas. Al verse reflejado en ella, hizo una mueca y sacó la lengua antes de reírse solo. Cerca del árbol, una chimenea falsa estaba decorada con calcetines de todos los tamaños y colores. Sobre la repisa, había un par de figuras que representaban a un reno y a un Papá Noel regordete. El fuego artificial que simulaba arder en la chimenea parpadeaba, pero Raiga casi podía jurar que sentía su calor. —¿Y todo esto para qué? —se preguntó en voz alta, rascándose la cabeza—. ¿De verdad la gente se pone así solo porque está nevando? ¿O es que celebran algo? Le tengo que preguntar a alguien esto porque no lo entiendo. Raiga se movió entre las mesas, observando con detenimiento cada detalle. Le encantaban las luces. Había algo hipnótico en la forma en que parpadeaban y cambiaban de color, y le encantaba ver cuando un patrón parecía que iba a ir a un lado y de repente cambiaba la intensidad de la luz o la velocidad a la que cambiaba. Cada vez que veía una combinación nueva, su cola se agitaba de emoción. Pasó junto a una mesa donde un grupo de niños estaba abriendo galletas navideñas y bebiendo chocolate caliente. Uno de ellos lo miró y le ofreció una galleta con forma de estrella. —¿Para mí? —preguntó, sorprendido. El niño asintió, y Raiga no se hizo de rogar. Se la metió en la boca de un bocado y dejó escapar un suspiro de satisfacción. —Esto sí que está bueno. Gracias, chaval. —Le guiñó un ojo antes de seguir su recorrido. Se detuvo frente a una mesa llena de postres navideños: tartas de frutas, galletas decoradas, y algo que parecía una montaña de crema coronada con una cereza. Raiga se lamió los labios, pero decidió no tentar demasiado a la suerte. Ya había aprendido a las malas que los camareros del Baratie tenían ojos en la nuca y que intentar robarles comida era una mala decisión. Finalmente, encontró un rincón junto a una ventana y se sentó en una silla, mirando cómo la nieve seguía cayendo fuera. Las luces del interior se reflejaban en los cristales, creando un espectáculo que parecía mágico. —No está mal —murmuró para sí mismo, frotándose las manos para calentarlas—. Aunque sigue sin quedarme claro por qué tanta movida con estas fechas. A pesar de su incredulidad, había algo en la atmósfera del Baratie que le resultaba cálido y acogedor. Quizá, pensó, no todo el mundo estaba tan mal como parecía. Tal vez, en lugares como ese, la gente realmente encontraba un poco de alegría, aunque solo fuera por unos días. —Bueno, pues que sigan con su fiesta. Yo me quedo a ver cómo acaba esto. —Se recostó en la silla, observando cómo las luces seguían bailando sobre su cabeza, perdiéndose en el brillo y la calidez del momento. RE: [T2] Navidad en el Baratie - Moderador Doflamingo - 29-12-2024 ¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!
Usuario Raiga Gin Ebra
|