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[T4] Save Yourself - Arthur Soriz - 02-01-2025 ![]() [ · · · ] 3 de Invierno
Año 724 La madrugada te acompaña en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el suave murmullo del viento que se cuela por una rendija de la ventana mal cerrada. La oscuridad lo cubre todo y el frío se infiltra en tus escamas intensificando la incomodidad de estas noches interminables.
Estás tumbado en la cama girando sin cesar, como si el simple acto de moverte pudiera aliviar el peso que se ha instalado en tu pecho y mente. Pero no hay descanso. El calor de tu cuerpo choca con el aire helado, atrapándote en un ciclo sin fin de pensamientos que se resisten a despejarse. Lo ocurrido el día anterior... la conversación con los niños, las palabras que dijiste, las que dejaste sin decir... Todo eso parece lejano pero al mismo tiempo sigue latente, persistiendo como un tatuaje fresco. Y entonces, la imagen regresa. Ese individuo, el lagarto blanco. Esa figura en la calle tan parecida a ti... tan idéntica. No puede ser, no tiene sentido pero ahí estaba. No importa cuántas veces lo pienses la conexión es clara. La mariposa dorada volando a su lado... todo eso está fuera de lugar, fuera de lo común. Y ahí estaba en plena luz del día, frente a ti con un descaro que dejó un sabor amargo. Cierras los ojos y el recuerdo se despliega ante ti. Los detalles se mezclan borrosos, como si todo hubiera ocurrido demasiado rápido. Recuerdas el cruce de miradas, esa profunda conexión como si te conociera por completo... y el gesto. Ese gesto de silencio tan enigmático, que no comprendiste en su momento pero que ahora te golpea con fuerza. ¿Por qué? ¿Qué intentaba decirte? Un suspiro se escapa de tus labios exhalando el aire caliente para regular tu temperatura y de repente, algo dentro de ti se desborda. Ese gesto… te sigue perturbando. Estás seguro de que es la clave para entender todo. Recuerdas cómo te quedaste inmóvil, incapaz de apartar los ojos de su figura. La sensación de que algo no encajaba, de que el mundo te estaba jugando una broma se amplifica ahora. ¿Por qué no lo viste antes? ¿Por qué recién ahora todo parece cobrar sentido? Y entonces como un destello, una chispa de entendimiento ilumina tu mente. Algo más, algo enterrado en el tiempo. La memoria te transporta meses atrás, al calor sofocante del verano, al rastro de sangre que seguiste entre las sombras, al túnel oscuro que apareció ante ti. Te ves de nuevo en ese callejón siguiendo el rastro, las gotas rojas cayendo al suelo. Pero un instinto te detuvo... como un muro invisible. Observas el pasadizo, esa entrada hacia la oscuridad, y sientes que algo grande te espera al otro lado. Decidiste dar la vuelta, dejarlo todo atrás, y seguir el camino seguro... informar a la base y seguir con tu deber. Lo justificaste en su momento, pero ahora lo ves de manera diferente. Las mismas preguntas vuelven ahora, golpeándote con más fuerza... ¿Qué hubiera pasado si hubieras seguido? ¿Qué hubieras descubierto si hubieras cruzado ese umbral? El eco de esas preguntas te acompaña como una verdad no revelada, una clave olvidada. Y cuando piensas en el lagarto blanco, cuando conectas los recuerdos... todo empieza a tener sentido. La figura en Loguetown, el rastro de sangre, las sombras, la mariposa dorada… todo parece entrelazarse como un destino común que te llama. El pasado y el presente se conectan, y la verdad que tanto has evitado ahora se despliega ante ti, esperando ser desentrañada. El silencio en la habitación es absoluto. Nada te rodea pero dentro de ti todo está en caos. Vuelves a exhalar lentamente, el calor saliendo de tus labios mientras te incorporas. No puedes dejar de pensar en lo que has recordado, en lo que has descubierto. El gesto del lagarto blanco, esa mirada… todo se conecta, todo tiene sentido. El aire frío te golpea la cara mientras te levantas. El sol aún no ha salido, pero eso ya no importa... ¿Verdad? RE: [T4] Save Yourself - Ares Brotoloigos - 02-01-2025 Otra noche sin casi pegar ojo. Cuando esto sucedía, Ares solía solventarlo saliendo del cuartel, a veces casi a hurtadillas, para pasearse por los bajos fondos de Loguetown. A veces solo para despejar la cabeza, otras veces para calmar lo que, en ocasiones, se gestaba dentro de sí. Ese apetito vorazo que no siempre era capaz de controlar. ¿Quién iba a echar de menos, al fin y al cabo, a un puñado de ladronzuelos o violadores? Era una forma tan eficaz como otra de limpiar la calaña que, a veces, asolaba la ciudad. Pero en esa ocasión tampoco tenía ese descanso que tanto buscaba en otros momentos. Tenía la cabeza llena de lo que había vivido y visto en los últimos días. Sobre todo aquella mariposa dorada y, más importante: aquel tipo encapuchado. Tras otro par de hora de dar vueltas y más vueltas, Ares se terminó levantando de la cama con un gruñido incómodo y de mal humor. Se pasó una garra por el hocico y los ojos, para espabilarse y terminó por vestirse con ropas más civiles, dejando atrás cualquier uniforme o símbolo de la Marina. Necesitaba tomar aire fresco para intentar pensar con claridad. Demasiados recuerdos, demasiados pensamientos se habían agolpado en su mente, demasiadas conexiones que había ido haciendo a lo largo de toda esa noche o, al menos, el rato que llevaba con los ojos como platos, sin poder dormir. En cuanto a sus prendas, Ares eligió algo sencillo, una especie de pantalones con una toga larga y con capucha que se terminó echando sobre la cabeza. Casi parecía un ladronzuelo para cuando abandonó la base de la Marina de Loguetown y se perdió entre las callejuelas y las sombras nocturnas. Caminaba a buen paso, siguiendo las rutas que conocía, contemplando, observando. Acechando. Por inercia, quizás movido por algún tipo de instinto, fue recorriendo aquellas rutas y zonas por las que ya había pasado antes. Concretamente donde habían sucedido las desapariciones, donde había visto por primera vez aquella mariposa dorada. Los almacenes, la zona de la sastrería... Y, por último, aquel callejón perdido de la mano de los dioses donde se había encontrado con aquel otro lagarto blanco. Casi casi con su mismo reflejo. El sol todavía no había salido. Seguramente faltasen unas cuantas horas. Pero eso no le importaba, estaba todavía más cómodo bajo el manto de la noche. Al exhalar un suspiro breve, algo de vaho se terminó escapando de entre sus labios escamosos. Los ojos rojizos del diablos viajaban acechantes, como un depredador,por cada lugar por el que pasaba. Por cada gente que veía. Y no era mucha, tan solo algunos maleantes o borrachuzos que todavía quedaban por las calles. Pero no era eso lo que, ahora mismo, Ares estaba buscando. Su cabeza se había obsesionado de tal manera que sus ojos rojizos solo buscaban, de nuevo, ese rastro dorado de la mariposa. Intuía que si volvía a ver una de esas, volvería a encontrarse con ese tipo. RE: [T4] Save Yourself - Arthur Soriz - 02-01-2025 La ciudad de Loguetown parece jugar con tus pasos, Ares. Cada callejuela... cada esquina se desdibuja como si el concreto de las paredes contorsionara para hacerte sentir perdido en lo que pensabas era un lugar que conocías casi como la palma de tu mano a estas alturas. Los edificios se alzan como sombras indiferentes, como si no quisieran ser vistos. Caminas con una determinación inquebrantable, el peso de lo que has presenciado en los últimos días todavía aún fresco en tu mente. La mariposa dorada, el encuentro con aquel ser que te miró como si te conociera... y el eco de todo eso retumbando en cada paso que das.
Paseas por las mismas rutas que ya conoces, pero algo no cuadra. La ciudad parece transformarse... volverse un laberinto que se va cerrando sobre ti. Las calles que una vez parecían familiares ahora se sienten extrañas, distorsionadas, como si la memoria misma estuviera cambiando a medida que avanzas. Los caminos que tomaste con seguridad ya no te llevan a lo mismo, como si la ciudad hubiera decidido borrarlos de tu mente. Cada esquina se convierte en un espejo reflejando lo que ya has visto pero al mismo tiempo ocultando algo crucial... algo que se niega a ser revelado. No es la primera vez que sientes esta desconexión. Aquella pared, ese callejón... El ardor del calor del ladrillo que tocaste, ese camino cavernoso que se abrió ante ti... una oportunidad que se te escapó entre los dedos. Pero ahora mientras recorres la ciudad bajo el manto de la noche esa misma sensación te embarga de nuevo. Como si estuvieras dando vueltas pero sin llegar a ningún lado. El viento frío te hace sentir como si estuvieras siendo observado. Cada paso que das, cada resquicio de sombra que cruzas tiene la sensación de un ojo invisible que te sigue. No puedes dejar de mirar a tu alrededor, aunque sabes que no hay nadie cerca... al menos nadie que puedas ver. Es una presencia que se filtra en la quietud de la noche. ¿Es paranoia? ¿Es tu instinto más animal jugándote una mala broma? Por un momento el pensamiento del lagarto blanco regresa, una figura que se te aparece en la memoria como un reflejo distorsionado de ti mismo. ¿Era realmente él? El encuentro fue tan breve, tan impactante. Ese ser... ese ser que parecía tan familiar pero a la vez completamente ajeno. Esa mariposa dorada volando junto a él, esa mirada que se cruzó con la tuya. Te despierta algo que no logras comprender del todo. Un recuerdo difuso, un rastro de tu infancia, esa sensación de haber sido arrancado, de ser alguien que nunca tuvo un lugar. Pero justo cuando el recuerdo empieza a hacer presa de ti una sensación de alerta te sacude. Hay algo aquí. Y justo cuando estás a punto de perderte en esos pensamientos, cuando la oscuridad de la noche amenaza con engullirte por completo, algo te detiene. Frente a ti una figura emerge como si hubiera surgido de la nada misma o tal vez siempre estuvo allí... esperando que escaparas de tus propios pensamientos para que te dieras cuenta de su presencia. No es una sombra más, no es un eco del pasado. Es real, tangible, y se encuentra frente a ti... inmóvil. Un joven lagarto albino de tamaño diminuto en comparación con aquel que viste antes, pero igualmente familiar. Su piel es casi translúcida, sus escamas blancas resplandecen bajo la tenue luz de la luna, y su mirada carmesí es profundamente intensa, como si fuera capaz de ver a través de la coraza dura que te cubre y leer tu alma. Su rostro transmite inocencia a primera vista pero su sonrisa, esa maldita sonrisa... Es incómodo, lo detestas. Parece que se burlara de ti, de tu ignorancia y sentimiento de confusión absoluta. Lleva puesta una capa negra con capucha, adornada con detalles dorados que se asoman tímidamente bajo la tela. No hay duda, el estilo, los adornos… todo parece un reflejo exacto del lagarto blanco que viste hace días, pero en un tamaño mucho más pequeño, infantil. El aire parece volverse más denso como si el mundo entero se hubiera detenido. Rompiendo el silencio que te rodea su voz resuena en la quietud de la noche, suave pero clara. — ¿Nos buscabas, hermano...? La pregunta te sacude tanto por la intriga como por la forma en que esa figura diminuta parece conocer la razón de tu presencia sin haber dicho ni una palabra antes. Una ráfaga de emociones te recorre, la ansiedad se mezcla con la curiosidad, el pasado con el presente. ¿Por qué te ha llamado 'hermano' con tanta naturalidad? No puedes evitar la sensación de que el laberinto que estás recorriendo ahora se está abriendo, pero lo que encuentres en su interior... quizás no te guste. RE: [T4] Save Yourself - Ares Brotoloigos - 03-01-2025 Con cada paso que daba se sentía cada vez más desconectado y, al mismo tiempo, más en guardia. Como si algo dentro de sí comenzase a removerse y se estuviese conteniendo todavía. Pero que, en cualquier momento, terminaría por liberarse de la peor manera posible. Era su hambre. Sus ansias. Estaba hambriento y, en ocasiones, le costaba controlarse. Pero ahora mismo y gracias a esa obsesión que tenía en la cabeza, la de encontrar algún rastro de esas mariposas doradas y, por ende, de aquel tipo, estaba logrando contener esa acuciante sensación. Con pasos seguros y casi automáticos, Ares fue recorriendo todos y cada uno de los callejones de Loguetown que conocía, como un sabueso en busca de algo. P ero no había absolutamente nada, ahora mismo, que le guiase hacia lo que su cabeza y su instinto clamaba. El viento frío golpeando su rostro, sus escamas, le hacen fruncir el ceño. No le gustaban las temperaturas bajas. Aunque llevaba una temporada en el East Blue, se había criado en Arabasta, un lugar mucho más cálido y desértico. Algo de vaho se le escapó de entre las fauces, así que apuró el paso para no enfriarse. Aunque no era tanto esto lo que más le molestaba, sino esa acuciante sensación de que estaba siendo observado. Sus ojos rojizos, aunque parecían puestos hacia el frente, miraban también de soslayo. Tenía esa sensación recorriéndole la espalda y la nuca, pero era incapaz de discernir, ahora mismo, dónde y cuántos. ¿Podría ser su propia paranoia? Podría, sí. O también podría ser ese instinto depredador. Fuese como fuese, era incapaz de bajar la guardia a medida que caminaba. Y, mientras esto sucedía, de nuevo en su mente se agolpaba la imagen de aquel momento. La de la presencia de aquel otro lagarto blanco. Con aquella mariposa dorada. Obviamente, tenía que tener alguna especie de conexión, sobre todo con lo que había acontecido en aquellos callejones meses atrás. Tras aquel pasadizo el cual nunca había atravesado por haber decidido ir a informar. — Panda de inútiles... — No pudo evitar mascullar con un gruñido casi gutural. Había informado de aquello al respecto. ¿Y habían hecho algo? No. O, si lo habían hecho, habían sido total y completamente ineficientes. Definitivamente la Marina necesitaba una vuelta de tuerca, desde su punto de vista. Por inercia, el puño diestro de Ares se apretó a medida que notaba como aquella sensación se le iba haciendo más lúcida, más física. Definitivamente, no estaba solo. Y, justo cuando esa sensación le hizo ponerse más alerta, algo saltó delante suyo. Algo que le hizo tensar los músculos por inerci ay fijar su mirada, casi hambrienta y afilada, sobre la figura que acababa de aparecer delante de sus narices. Lo que vió le dejó sin aliento durante unos momentos. No lo estaba soñando, no lo estaba imaginando. Estaba ahí, tangible, delante suya, mirándole a través de unos ojos tan carmesíes como los suyos. Pero no era exactamente a quien buscaba, sino que la criatura que tenía delante, otro lagarto de escamas albas como las suyas, era de mucha menor estatura. Más pequeño. Más endeble. Lo que le hizo fruncir el ceño no fue eso, sino lo que dijo. — ¿Quién eres tú y de dónde has salido? — Fue lo primero que le preguntó. Claro que le chocó que le llamase “Hermano”. No tenía hermanos de sangre propiamente dicho, que él supiese. Y tampoco le importaba a estas alturas. Lo que le chocó fue el hecho de que, de alguna manera, pareciese conocerle. El hecho de que pareciese saber qué, efectivamente, estaba buscando algo. RE: [T4] Save Yourself - Arthur Soriz - 03-01-2025 El viento helado de la noche arrastra su filo por las calles de Loguetown azotando las ventanas y susurrando por los rincones silbidos incómodos. Pero a tu alrededor y especialmente cerca de esa pequeña figura albina frente a ti... parece detenerse, como si la brisa misma no se atreviera a tocarlo. Sus ojos de un carmesí vibrante no se apartan de los tuyos. Hay algo profundamente perturbador en esa mirada... en la forma en que te examina como si pudiera ver no solo tus pensamientos, sino también los secretos que guardas incluso de ti mismo.
No es solo su apariencia lo que te inquieta. La sangre fresca que mancha sus dientes en esa sonrisa que parece inocente a primera vista pero que, cuanto más la observas más te llena de incomodidad. Su presencia no encaja en ningún molde lógico. Es pequeño, endeble, un contraste físico absoluto contigo. Pero aun así su mera existencia te llena el pecho con un peso que te hunde el estómago al mismísimo Averno de tu cuerpo. Da un paso adelante... lento, deliberado, y su capa negra ondea levemente revelando los bordes dorados que brillan con la tenue luz lunar. Esos detalles no son casuales... los reconoces. Es el mismo tipo de vestimenta que llevaba el lagarto con el que te cruzaste días atrás. Sin embargo, él no parece tener ninguna prisa por aclarar tus dudas. — ¿De verdad necesitas saber quién soy? —pregunta, su voz ligera... casi despreocupada pero con un filo oculto que hace eco en tu mente. No es solo una pregunta, es una burla velada... una afirmación disfrazada de curiosidad. Te observa con una intensidad casi molesta mientras se lleva una de sus garras a la boca y lame la sangre con una lentitud exagerada, como si quisiera que cada movimiento te perforara los nervios. Luego suspira como si estuviera agotado por un juego que solo él entiende. — Siempre haces las mismas preguntas, ¿verdad? ... —continúa ladeando la cabeza mientras sus ojos carmesí brillan con un destello peligroso—. "¿Quién eres? ¿De dónde vienes?" Hace un gesto amplio con sus manos como si estuviera señalando todo a su alrededor... como si el mundo entero fuera irrelevante. — ¿De verdad importa? Sabes que no soy nadie. —su voz se hace más baja, casi un susurro y esa sonrisa vuelve, más afilada que antes—. ¿Cuánta importancia quieres ponerme...? Se detiene un momento dejando que sus palabras se hundan y luego da otro paso hacia ti. La distancia entre ustedes ahora es tan pequeña que sientes la presión invisible de su presencia en tu pecho. — Nos buscaste antes... ¿lo recuerdas? —pregunta con un tono casi canturreante, como si te hablara desde dentro de un sueño. Sus palabras despiertan algo en el fondo de tu mente, un eco que habías intentado silenciar—. Aquel verano... ese momento en el que estuviste tan cerca de encontrarnos. Su risa resuena en la noche... suave y ligera, pero con un matiz oscuro que hace que se te ericen las escamas si acaso eso era posible. — Eras tan curioso en ese entonces... como ahora, pero también tan cobarde. La palabra golpea con fuerza... cargada de intención, y su tono juguetón solo la hace más incisiva. — Viste el pasillo, oliste la sangre... ¿y qué hiciste? —se inclina hacia adelante, sus ojos perforándote, su sonrisa ahora casi triunfal—. Nos dejaste atrás. Ignoraste lo que estabas a punto de descubrir. De nuevo esa lengua bífida se desliza por sus labios, saboreando el aire, saboreándote aunque sin tocarte. Hay algo depredador en ese gesto, algo que te golpea en lo más profundo de tu ser. — Pero aquí estás otra vez, hermano. Buscándonos. —la palabra “hermano” se desliza de sus labios con una familiaridad que te enferma. Su tono cambia de pronto, adoptando un matiz de falsa preocupación—. ¿Por qué? ¿Qué cambió? Olfatea el aire alrededor de ti cerrando los ojos como si pudiera captar algo más allá de lo físico. Luego su sonrisa se ensancha aún más... mostrando todos sus dientes, y su voz baja a un susurro cargado de malicia. — Ah... ya veo... —dice, y su lengua vuelve a pasar por sus labios, lenta y deliberadamente—. Es ese hambre, ¿no? Ese fuego que arde dentro de ti. Su risa suave y burlona llena el aire una vez más y sus ojos se estrechan, examinándote con una intensidad casi insoportable. — Hace tanto tiempo que lo ocultas. Su postura cambia, más relajada, pero no hay nada casual en ella. Parece un depredador jugando con su presa disfrutando del momento antes de dar el golpe final. — Dime, hermano... ¿Cuánto tiempo llevas mintiéndote a ti mismo? ¿Cuánto tiempo llevas fingiendo que eres diferente a nosotros? El peso de sus palabras es innegable. No hay miedo en él, ninguna duda, ningún atisbo de preocupación por lo que pueda suceder. Habla como alguien que conoce su destino, como alguien que está tan seguro de su lugar en este juego que las reglas ya no le importan. Mientras te observa su sonrisa nunca vacila. Y en su mirada ves algo que no puedes ignorar, una verdad que has intentado negar por demasiado tiempo... No estás solo. RE: [T4] Save Yourself - Ares Brotoloigos - 04-01-2025 No es que el ambiente se hubiese vuelto incómodo, raro. Casi parecía haberse vuelto irreal. El sonido del viento que, hasta ahora, azotaba y silbaba a través de aquel callejón oscuro y perdido de la mano del hombre, en Loguetown, parecía haberse detenido por unos momentos. En el preciso instante en el que ambas criaturas entrecruzaron miradas. Tan rojas y tan iguales que parecía una mala broma. O una jugada demasiado guarra del destino. Pero Ares estaba convencido, totalmente seguro, de que no conocía a aquella criatura. Y mucho menos disimuló la mueca de desagrado que le produjo. Era pequeño, endeble, al menos a primera vista y a sus ojos. Era un contraste total con él, que era alto, de músculos marcados y de fauces y cola poderosa. Pero la sangre también manchaban aquellas pequeñas y afiladas fauces, finas como agujas. ¿Necesitaba saber quien era? No, no realmente. En verdad la pregunta, la verdadera pregunta Ares siempre la había sabido, porque siempre flotaba en lo más hondo de su cabeza, como una sanguijuela succionándole el raciocinio. Necesitaba saber quién era él. Sí, lo necesitaba saber desde que tenía uso de razón. Desde el momento en el que había visto los ojos de su madre apagarse delante de sus narices. Desde el momento en el que él mismo le dió la espalda y salió al mundo por su cuenta, sin deberle ya nada a nadie. Quizás de una manera egoísta, pero eso le había marcado desde la más tierna infancia. ¿De dónde venía él exactamente? Esas y muchas otras preguntas que siempre habían estado sin respuesta. La mirada carmesí del diablos se fue entornando a medida que el pequeño lagarto albino también iba hablando, a medida que su tono variaba a uno de burla y seguridad. Como si no temiese que, en cualquier momento, Ares pudiese revolverse de mala manera, agarrarle y partirle el cuello como quien se lo parte a un simple pollo. Había una amalgama de profunda seguridad en aquel renacuajo al que, ahora, Ares miraba con desprecio. — Ten cuidado con esa lengua, enano... — No pudo evitar sisear. Le había dado fuertemente en el orgullo. Nunca había sido un cobarde. Jamás. Durante toda su vida había tenido que salir adelante por su propio pie. No había tenido el amor o el apoyo de sus padres. De hecho, desconocía quien era su progenitor o si seguía vivo. Tan siquiera si valía la pena. Nunca había pensado en él, tan siquiera y, a estas alturas, no le importaba. Pero le molestaba en sobremanera que le tachasen de aquello. Sí, era verdad que no había continuado el descenso a aquel pasadizo. Y no había sido por cobardía precisamente. El puño diestro del lagarto albo más alto se cerró y crujió cuando sus dedos se apretaron entre sí, casi clavándose las afiladas garras en la tierna carne de la palma de dicha mano, dejando que algunas gotas apenas brotasen de la pequeña herida. Acto seguido, la siguiente interacción pareció ocurrir al mismo tiempo, pues Ares también olfateó el ambiente, a él. Las narinas abriéndose y cerrándose en un par de ocasiones mientras podía sentir, perfectamente, ese delicioso aroma fuerte y ferroso. Sangre. Y, aún así, aquella palabra seguía rechinándole en su cabeza. Como las uñas deslizándose por una pizarra que le hacía fruncir notoriamente el ceño. — Deja de llamarme así. No sé quien eres, no me importa. Y tampoco soy tu hermano. Me da igual el parecido físico que tengamos. — De sangre o no o, simplemente, se tratase de alguna alegoría. No le importaba. Desde hacía mucho tiempo que se había desligado de cualquier tipo de relación similar. Y le crispaba tanta seguridad que el otro mostraba. Movió apenas la punta de la cola un par de veces. — Pero estoy aquí en busca de respuestas. Y si tú las conoces... — Tomó aire, entornando los ojos carmesíes. — Estoy dispuesto a escucharte. ¿Tenía algo que perder a estas alturas? Realmente no. Y estaba ávido, hambriento de respuestas. Unas que buscaba a través de la mirada contraria, como si se estuviese hundiendo en un cálido lago de sangre. RE: [T4] Save Yourself - Arthur Soriz - 04-01-2025 El pequeño lagarto albino mantiene su mirada fija en ti mientras hablas... defendiéndote de aquellas palabras que se clavan en tu orgullo como un puñal envenenado. Arden como la mismísima lava que fluye en el infierno, como esa sed que te carcome por dentro poco a poco. Esa sonrisa afilada se ensancha aún más al oír tus palabras con esa admisión que, aunque cargada de desdén, revela tu disposición a escuchar. Él se relame los últimos vestigios de sangre de entre sus dientes afilados... como si saboreara una victoria y asiente ligeramente con la cabeza antes de bajarse la capucha.
Ahí está, frente a ti, un reflejo más joven y más pequeño de ti mismo con los mismos rasgos que te distinguen, la misma variante de Diablos que has creído única durante tanto tiempo. Con la capucha ahora no siendo un impedimento sombrío que dejaba sus rasgos disimulados Su semejanza no solo es física... hay algo en su presencia, en su manera de mirarte que parece perforarte el alma. — Es la mejor decisión que has tomado, hermano —dice con su voz cargada de una seguridad que solo incrementa tu malestar—. Por fin empezarás a vivir. Ya no tendrás que esconderte. La soledad que sentiste durante todos esos años… pronto entenderás por qué fue así. Sin esperar respuesta da media vuelta y te indica que lo sigas. Sus movimientos son fluidos, casi etéreos... como si el suelo bajo sus pies apenas lo tocara. Se desliza por los callejones y entre los edificios con una agilidad que raya en lo sobrenatural, como si fuera una extensión del viento mismo. Tú sigues sus pasos, los ecos de sus palabras resonando en tu mente. El recorrido es corto pero cada paso parece cargar un peso que se acumula en tu pecho. Y entonces allí está, esa pared de ladrillos que recuerdas perfectamente. La misma pared que tocaste una vez, cuya superficie quemó tu mano para abrir un camino. El joven lagarto se detiene frente a ella, tocándola con familiaridad. La pared responde casi de inmediato revelando el túnel descendente que conoces muy bien. Humedad, oscuridad, y el olor inconfundible de sangre vieja y fresca se entremezclan en el aire. — Vamos. —te invita, su voz ligera pero cargada de una autoridad implícita mientras comienza a descender. Sus pasos son firmes, seguros, y a cada tanto te lanza una mirada de reojo, su sonrisa confianzuda intacta. La atmósfera se densifica con cada paso que das tras el lagarto albino. El aire se vuelve más pesado, cargado de humedad y de un aroma metálico que no puedes ignorar... sangre. La humedad del túnel se adhiere a tu piel escamosa, y cada crujido de los escalones bajo tus pies suena como un eco de algo ancestral, algo que parece haberse ocultado en las entrañas de la ciudad por siglos. Las paredes de piedra del túnel están cubiertas de un musgo oscuro que brilla tenuemente bajo la luz de las antorchas colgadas de manera irregular a lo largo del pasillo. La luz parpadeante proyecta sombras que bailan en las paredes, creando figuras que parecen moverse por su cuenta susurrando secretos de un pasado olvidado. Cada antorcha, encajada en soportes de hierro forjado que llevan el desgaste del tiempo, ilumina apenas lo suficiente como para mantener a raya la oscuridad pero no para disiparla del todo. El lagarto albino se mueve con una fluidez inquietante, su figura se desliza por el túnel como un espectro, su silueta apenas visible entre las sombras. Cada tanto gira la cabeza hacia ti, su sonrisa confianzuda aún intacta, sus ojos rojos brillando con una mezcla de malicia y orgullo. Sus movimientos no muestran prisa sino una seguridad casi arrogante... como si supiera exactamente lo que está por venir, como si hubiera recorrido este camino miles de veces antes. Mientras avanzas los sonidos del mundo exterior se desvanecen por completo. La única compañía que tienes es el goteo constante de agua que resuena en algún lugar distante y el crujido ocasional de tus propias pisadas. El túnel parece estrecharse en algunos puntos, obligándote a rozar las paredes húmedas con los hombros. Finalmente, el túnel desemboca en una amplia cámara circular y al centro de ella se erige la puerta de piedra. Es inmensa, una estructura colosal tallada directamente en la roca. El lagarto pequeño se detiene frente a la puerta sacando una daga de su capa con movimientos meticulosos. El filo de la daga brilla bajo la luz de las antorchas, y sin vacilación, corta la palma de su mano. La sangre brota y cae sobre la piedra, corriendo a lo largo de los surcos de un diseño que al contacto con el líquido vital comienza a iluminarse. Un patrón de mariposa dorada emerge, sus alas extendiéndose como si estuviera a punto de alzar el vuelo pero está atrapada en la piedra. Con un rugido profundo la puerta de piedra comienza a abrirse, moviéndose con una lentitud imponente. El sonido de roca contra roca resuena en la cámara, reverberando como un lamento antiguo. Más allá de la puerta un pasillo largo se extiende hacia lo desconocido, iluminado solo por las antorchas que ya ves encendidas a medida que la puerta se abre. El resplandor dorado de las antorchas revela más grabados a lo largo de las paredes del pasillo, cada uno tan elaborado y críptico como los de la puerta misma. El lagarto joven se da la vuelta, quedándose en el umbral de la puerta recién abierta. Su figura está iluminada por la tenue luz dorada, y su sonrisa, esa sonrisa que nunca desaparece, se hace aún más pronunciada. — Este es el final de mi recorrido —dice con suavidad, pero con un tono que deja claro que no espera objeciones—, pero el tuyo recién empieza. Hace un gesto con la mano, invitándote a entrar. El aire dentro del pasillo es más denso, más cargado de ese aroma metálico que ya reconoces demasiado bien. — Bienvenido, Ares —sus palabras son casi un susurro, pero retumban en tu mente como un trueno cuando dice tu nombre... nombre que nunca le has dicho antes—. Adelante, ve por tus respuestas. Y así, te encuentras frente a lo que puede ser una promesa. La promesa de respuestas de un destino que se ha burlado de ti durante tanto tiempo. Con un último vistazo a la sonrisa del lagarto, tienes el camino frente a ti... ¿darás el primer paso, o seguirás viviendo en la dulce ignorancia? RE: [T4] Save Yourself - Ares Brotoloigos - 07-01-2025 Ares le clavó la mirada con una clarísima desconfianza y, al mismo tiempo, había un halo de hambrienta y oscura curiosidad que se evidenciaba en su interior, a pesar de que pareciese contenido o indiferente por todo aquello. No lo era. Por algún motivo, aquello le estaba agitando la sangre de una manera que nunca antes había sentido. No de manera explosiva o descontrolada, sino más bien pausada, como si estuviese saboreando lentamente lo que sea que estuviese por venir. El más alto de los lagartos se mantuvo en silencio durante un buen rato, mientras inspeccionaba no solo los movimientos, gestos y demás de su contraparte más pequeña, sino el camino por el que era guiado. Ares no tardó en recordar aquel sendero, aquella ruta. Era la misma que había continuado con anterioridad y que, al final y como ahora, le había llevado a aquel pasadizo por el que, antaño, no había descendido ni continuado. De nuevo esa oscuridad le abrazó y le dió la bienvenida una vez, y ahora sí, puso un pie en el interior y comenzaron a descender. No se sentía incómodo, a pesar de la sensación opresora y cada vez más negra. Quizás era el fresco aroma de la sangre que podía sentirse, casi saborearse y que copaba el tenso ambiente a medida que iban descendiendo por los empedrados y desiguales escalones y que, poco a poco, lo conducían todavía más a la profundidad de aquel abismo. Los sentidos del diablos iban agudizados, sus músculos tensos y dispuestos a atacar a la más mínima provocación. Y, al mismo tiempo, había una extraña relajación en sus facciones, como si de alguna manera supiese, o intuyese, que aquel no era un lugar totalmente extraño para él. Eso era lo curioso, porque podía jurar que nunca había estado en un lugar como aquel. Nunca antes había visto a otros como él, aunque fuesen de estatura o tamaño menor. No es que creyese que fuese único en sus especie, no era tan imbécil o tan soñador al respecto, tampoco. En algunos puntos el lugar pareciese estrecharse, a juzgar por como su cola o sus hombro se rozaban en las paredes laterales. Pero fuese como fuese, el descenso fue relativamente corto, hasta que llegaron a lo que parecía ser una cámara circular y una ominosa puerta de piedra, tallada en la misma roca. Como si llevase ahí siglos y siglos esperando, latente. — ¿Qué es este lugar? — Se atrevió a preguntar, intercambiando una inicial mirada con el pequeño lagarto antes de volver a hacerlo con la magnífica estructura. Los ojos del más alto recorrieron cada recoveco en la piedra. Cada claroscuro que la luz crepitante de las antorchas le mostraba, mientras esa misma iluminación hacía bailar las sombras que también les rodeaban, en formas dantescas y misteriosas. Pero no obtuvo respuesta. No más allá de ver como el más pequeño sacaba una daga y se inflingía una herida a sí mismo. Esa misma sangre tierna y fresca que brotó de la mano ahora recorría la piedra, uniéndose en eses mismos recovecos. Como si algo se hubiese activado a raíz de esto, mostrando aquel patrón de la mariposa dorada que había visto antaño. Eso le hizo entornar los ojos. ¿Cuánto tiempo llevaba eso ahí, bajo Loguetown? ¿Y qué era lo que todo esto significaba? Al parecer, iba a obtener respuestas más pronto de lo que creía. O eso esperaba. Atisbó el amplio pasillo que, ahora, continuaba hacia lo desconocido. Pero había algo en todo aquello que le llamaba de manera poderosa. Ignoró la sonrisa del otro, esa sonrisa petulante y plagada de seguridad que no parecía ser ningún tipo de fachada. Todavía estaba a tiempo de dar marcha atrás, pero, ¿lo iba a hacer? No. Necesitaba y quería respuestas. Y necesitaba entender porqué su sangre burbujeaba con una mezcla de ansia y excitación cada vez mayor en este momento. Lanzó una mirada de reojo al más pequeño. Estaba seguro que no le había dicho su nombre, pero él lo sabía. A estas alturas ya no le sorprendía tampoco. Sin dudarlo, retomó el camino hacia delante. Hacia sus respuestas. RE: [T4] Save Yourself - Arthur Soriz - 08-01-2025 Avanzas por el pasillo, tus pasos resonando en el eco de la penumbra. El aire se siente cargado, como si volver ya fuera opción del pasado; ya no había vuelta atrás. La luz tenue de las antorchas parpadea débilmente, lanzando sombras que bailan sobre las paredes de piedra, tu única compañía en este trayecto que te toma por lo menos unos minutos. A lo lejos un ligero aroma metálico a sangre te llega... cada vez más fuerte, y a cada paso que das se vuelve más intolerable. A pesar de que tu mente intenta entender lo que sucede, una parte de ti sigue ignorando la lógica y se deja llevar por la sensación inexplicable de lo que te espera.
Después de lo que parece una eternidad llegas finalmente a un arco que marca el final de este sendero. Frente a ti se extiende una sala que parece más pequeña pero no menos opresiva. La penumbra se vuelve más espesa, pero en cuanto tus ojos se ajustan comienzas a distinguir las figuras que emergen de las sombras. Una figura tras otra aparecen lentamente... lagartos albinos. Cada uno tiene su propia presencia y a pesar de compartir las escamas pálidas como la nieve, sus formas y rostros son únicos. Algunos tienen cuernos afilados que se retuercen como espirales, otros presentan facciones faciales más suaves como si sus rostros fueran una mezcla entre humano y monstruo. Cada uno de ellos parece observarte con una intensidad que te hace sentir pequeño, tan pequeño como el lagarto que te trajo hasta aquí. No ves la burla ni la sonrisa vacía que te había dedicado el joven lagarto antes, sino algo más cálido... algo que si bien nunca has experimentado, sí que lo has visto. Algunos dan un paso adelante evaluándote, escrutando cada detalle de tu figura mientras que otros con un rechinido de dientes de desaprobación, parecen decepcionados. Puede que ya sepan algo que tú aún no entiendes o simplemente creen que no eres lo que esperaban. Sin embargo, algo en el ambiente te dice que esta no es una bienvenida común. De entre las sombras una joven diablos albina aparece. Sus escamas brillan con un tono pálido similar al tuyo, pero sus ojos son de un azul tan claro que parecen inalcanzables. Su sonrisa es amplia... sincera, y su presencia llena la sala con una energía inesperada, positiva. Sin vacilar da un paso al frente acercándose a ti con una confianza que casi desarma, como si ya te conociera... como si fueras uno de los suyos. — ¡Estamos tan felices de que hayas aceptado al fin venir a vernos! — dice con una tanta efusividad que parece ser la antítesis del aura que sientes en el aire provenir de los demás. Aunque las miradas de los otros Diablos parecen no reflejar la misma emoción, ella no duda ni por un segundo. Su tono es cálido pero hay algo en él que no puedes evitar sentir como… forzado. Quizás tan solo sea tu parecer. Hace un gesto con la mano como si indicara a los demás que trajeran algo. En un parpadeo un par de miembros se acercan, trayendo una bandeja con trozos de carne roja, fresca, con la sangre aún brotando de las fibras musculares. El aroma de la carne fresca te invade los sentidos... casi irresistible. Aunque no puedes identificar qué tipo de carne es su fragancia es tan tentadora que tus instintos reaccionen de inmediato. La joven al notar tu mirada hacia la carne, sonríe aún más y responde con una suavidad que te desconcierta. — Nosotros somos los "Hijos de Heracles" —dice con orgullo—. Lamentablemente 'Padre Heracles' no está aquí para darte la bienvenida personalmente... ha tenido que salir al North Blue por un asunto urgente, pero estoy segura de que le habría estado encantado de conocerte. La mención de 'Padre Heracles' reverbera en la sala, se nota el respeto que le tienen a esta figura. — Sé que tienes muchas preguntas, Ares —su voz es ahora más tranquila, casi confidencial—. Pero no temas... todas tus preguntas serán contestadas. Ven, acompáñame, te llevaré a un lugar donde podremos hablar con más calma. Con un gesto suave te invita a seguirla, es tu decisión ahora si quieres hacerlo... o rechazar la invitación de esta gente que hasta ahora no ha hecho más que ser tan esquivos. Es raro, el encontrarte con tantos seres que parecen tener eso que consideraron muchos años una 'maldición' en tu sangre. Ese deseo de consumir, alimentado nada más cuando lo crees necesario. Es obvio lo que quieren hacer, lo supiste desde el momento en el que esta lagarto se adelantó entre los demás para hablarte... Quieren que formes parte de ellos. RE: [T4] Save Yourself - Ares Brotoloigos - 09-01-2025 La crepitante luz de las antorchas, que hacían bailar sombras por doquier, no era algo que le incomodase. Estaba habituado a moverse entre los claroscuros de la noche durante años, entre callejones y otros lugares de peor calaña. Pero ese lugar era muy distinto a cualquier cosa que hubiese visto con anterioridad. Era ominoso y había algo antiguo ahí. No solo antiguo, sino que era como si alguna bestia durmiese latente entre aquellos pasadizos de piedra tallada. A cada paso que daba, sentía el bombear de su sangre, el tamborileo pesado de su corazón y como si su adrenalina comenzase a burbujear. Había expectación, seguridad y una velada cautela y desconfianza, a la par, en su mirada que, ahora, iba descubriendo otras sombras que se iban alzando. Más reptilianos como él, de escamas albas y que parecían alguna suerte de espectrales luciérnagas en medio de la noche. Ares nota también las miradas expectantes, curiosas algunas y otras desconfiadas que se ciernen sobre él. Pero continúa descendiendo hasta llegar a una especie de sala. Pequeña, opresiva y que le hace soltar un gruñido bajo, gutural. Una mirada de advertencia, una velada amenaza, hacia el resto de lagartos que allí se encuentran. Le superaban en número, si aquello pudiese ser alguna especie de emboscada, pero no se iba a arredar ante ellos. Pero lo que sucedió fue que una se desprendió de aquel grupo que parecía contemplarle con avidez y con distintas emociones. Los ojos del marine se posaron, inmediatamente, en esta nueva figura. Una hembra más joven, de porte esbelto pero no por ello menos llamativo. La mirada rojiza entrecruzándose con aquella azul acristalada que parecía observarle con... ¿sinceridad? Y, aún así, la mirada que el mismo Ares le dedicó fue una de muda advertencia, aunque no pareciese tener iniciales ideas en atacar. Al menos por ahora. El varón la escudriñó de arriba a abajo. — Todavía tengo demasiadas preguntas. — Fue lo primero que aseveró antes de que su atención se centrase en otra cosa. En algo que acababan de traer por orden de ella. Con un apetito ávido su mirada se posó sobre la sanguinolenta carne. Un hermoso y dantesco manjar justo delante de sus ojos. Durante unos segundos toda la atención de Ares se fue ahí, no le importó nada más, no vió nada más que aquella tierna carne soltando y rezumando la sangre fresca. El aroma de la misma inundando sus fosas nasales, despertando sus instintos más primarios. Las pupilas de Ares se afilaron como las de un depredador hambriento. Notaba el interior de su boca comenzando a salivar, junto con un ligero gruñido, casi un gorgoreo hambriento, que comenzó a salir desde lo más profundo de su garganta. Pero es la voz de la joven lo que le distrae finalmente, a quien Ares, ahora, mira de reojo. Aunque todavía siente esa irrefrenable atracción por la carne que ha sido expuesta justo delante de sus narices. — ¿Los “Hijos de Heracles”? — Interrogó, ahora sí enarcando una ceja. No había escuchado hablar de ese grupo, secta o lo que fuese. Pero era meritorio y también preocupante, el hecho de que un número tan notorio de diablos, o mestizos de los mismo, estuviesen viviendo y haciendo a saber qué bajo las mismas calles de Loguetown sin que nadie pudiese percibirlo. O saberlo. La suavidad y la disposición de la hembra, de alguna manera, le hacía desconfiar y estar más en guardia. Al fin y al cabo, nunca antes había tenido un trato amable o realmente sincero. Aún así, sí es capaz de notar el silencio espeso, respetuoso, que se forma ante la mención de ese tal “Padre Heracles”. Lo que también le hizo entornar la mirada. Una secta, ni más ni menos. Ante la invitación de seguirla, Ares dudó ligeramente. O, más bien, sopesó un momento sus probabilidades. Finalmente, terminó por asentir y la siguió con todavía más preguntas en la cabeza. — ¿Cuánto tiempo lleváis pululando bajo las entrañas de Loguetown? — Se atrevió a preguntar al fin, mientras caminaba a su lado. |