¿Sabías que…?
... existe una tribu Lunarian en una isla del East Blue.
[Común] [Pasado] Hoy por mi mañana por ti
Ares Brotoloigos
A medida que avanzaban el ambiente cambiaba casi de manera drástica, sobre todo cuando comenzaron a adentrarse por ciertos callejones. A medida que lo hacían, se podía percibir la dejadez y la suciedad. El lugar olía a humedad y a orín, mientra algunas tabernas de mala muerte permanecían abiertas en pos de aumentar todavía más la decadencia de eses lugares. Aparte, también en algunas esquinas, Ares pudo contemplar algunas mujeres que ofrecían sus cuerpos a cambio de unas monedas. Esas zonas eran la parte más oscura de Loguetown. Donde la pobrezay los abusos reinaban por doquier.

Los ojos rojizos del diablos se iban fijando en todas y cada una de estas escenas. Estaba en guardia, aún así y podía escuchar el caminar de Iris a su lado. Hubo un momento en el que el mismo marine se distrajo, frunciendo levemente el ceño cuando un par de hombres borrachos se caían sobre un charco de... algo. Barro o mierda, no estaba seguro y tampoco quería saberlo. Esa gente era la peor de toda, a sus ojos. Piratas, maleantes, borrachos. Personas que no deberían de seguir vivos y todavía continuaban campando a sus anchas por ahí. ¿Qué era lo que estaba haciendo la Marina? Rascarse los cojones, a sus ojos. Si fuese por él, los habría mandado a todos eses al cadalso, por despojos. O, mejor aún, los habría matado con sus propias manos de ser posible.

Todavía no tenía el rango, todavía no tenía el poder. Pero tiempo al tiempo. Estaba cansado de ver como “personas” como esas terminaban abusando de otros y de como, a veces, la justicia parecía hacer oídos sordos o mirar hacia otro lado porque no le convenía. Sí, la justicia era ciega, pero en el mal sentido.

No te separes. — Mencionó con voz ronca a Iris. Pero la chica ya no se encontraba a su lado. — ¿Iris?

El enorme ser escamado se dió la vuelta solo para contemplar la decadente escena. De inmediato se le escapó un gruñido gutural mientras intercambiaba miradas entre la chica y el desgraciado aquel que intentaba manosearla y la trataba como si fuese una simple puta.

¡Oye, tú! — Dió un par de pasos al frente. Ya estaba mostrando los colmillos y cerrando uno de los puños para romperle la cara cuando fue Iris quien, en realidad, le dió la sorpresa. Una grata sorpresa, todo sea dicho.

Ares se detuvo en su amenaza viendo que, efectivamente, la chica se había valido muy bien por sí misma. Aún así, contempló de reojo, y con mala mirada, hasta que el otro se terminó perdiendo por el callejón aledaño.

¿Estás bien? — Preguntó, al momento de recibir el par de palmaditas y mirándola de soslayo desde su altura.

La cola del diablos se movió ligeramente, en un gesto casi acechante, antes de asentir a las palabras de la chica.

Esa gente debería estar muerta, las cosas como son. No seguir al amparo de la ley, como quien dice. — Era lo que más le molestaba de todo aquello. — Tendrías que haberle pegado el tiro.

Y lo dijo tan ancho, con toda la tranquilidad del mundo.
#11
Iris
La bala blanca
— No sería la primera vez que lo hago, pero no quería dar una mala impresión a un Marine. — Respondió al chica con toda la naturalidad del mundo— Cuando te crías en ambientes como estos tienes que saber apañártelas por ti misma. 

Y era verdad, desde que tenía uso de razón había tenido que sacarse las castañas del fuego ella sola. Suspiró, apartando aquellos pensamientos intrusivos que empezaban a formarse en su mente. Tenía que estar al tanto de lo que le rodeaba o sino aquel viaje no habría servido para nada. Iris siguió a Ares procurando mantenerse a su lado, no porque tuviera miedo de que la escena volviera a repetirse sino porque era un coñazo tener que aguantar a babosos. 

No tardaron en llegar a aquel almacén de poca monta. Le sorprendió que en una ciudad como esa estos negocios estuvieran en plena vista, ¿Qué pasa que los Marines no trabajaban en esa ciudad o que?  Hacía poco que había caído la noche así que el lugar estaba atestado de gente dificultando la movilidad de la chica, que no dudó en propinar algún que otro codazo o pisotón a aquel que se cruzara en su camino. 

— ¿Quieres algo de beber? — Le preguntó a Ares — Te invito. 

Acto seguido la Solarian se dirigió a la barra pidiéndose un calimocho — que por suerte tenían— y la bebida que el Diablos prefiriera. Aprovechó ese viaje para analizar el lugar, sí estaba lleno pero cualquier local de Jaya era mucho mejor que ese sitio: La organización brillaba por su ausencia, sí había una mesa de apuestas pero estaba todo el mundo apelotonado enfrente de esta, haciendo que los pobres trabajadores no tuvieran ni espacio para moverse. El ring estaba delimitado por unas vallas las cuales tenían manchas de sangre, al igual que el suelo de este. De momento no había nadie peleándose y parecía que iban a abrir dentro de poco las inscripciones. Iris miró a su acompañante, con una sonrisa picara. 

—¿Te hace una pelea, grandullón? No te preocupes que si te encuentras en peligro puedo ayudarte. 

Iris nunca rechazaba la oportunidad de ver una buena pelea y por lo que había podido presenciar hacía dos días en el casino aquel chico sabía como darlas. Además sería una buena oportunidad para saber hasta donde llegaban sus habilidades. Por si tenia que salir corriendo.
#12
Ares Brotoloigos
¿Me ves pintas de marine habitual? — El más alto esbozó una media sonrisa afilada. Era obvio que no lo era. No estaba cortado por el mismo patrón que por la mayoría de reclutas comunes y más genéricos, como quien dice. — No me habría importado verlo.

Pero quizás había sido mejor así. Ahora mismo lo que menos necesitaban era llamar la atención porque, de lo contrario, todo el asunto de ir de incógnito se habría ido al garete. Y no era plan joderlo por un baboso que no sabía controlar lo que tenía bajo los pantalones.

Aunque estoy de acuerdo. — Mencionó mientras continuaban caminando. — Hay que saber apañárselas por uno mismo, nunca se sabe con lo que te puedes encontrar. — El mismo Ares no había tenido la mejor vida de todas. Y las calles de Arabasta tampoco eran mejores que las de Loguetown. Siempre había mierda de ese estilo en todos lados, por desgracia.

Cuando llegaron a la zona en concreto, fue un chasquido de lengua, disconforme, lo que brotó de entre los labios reptilianos del más alto. Habían llegado al almacén en sí. Totalmente a la vista, sin vigilancia de la Marina ni tan siquiera de camino a dicho lugar. Por una parte, no le sorprendía. Y, por la otra, le decepcionaba en gran medida. Para él eso solo significaba una cosa: O que la Marina no estaba enterada de tales actividades ilícitas, lo cual solo confirmaba que eran unos inútiles mayoritariamente. O que, simplemente, pasaban del tema, lo que le confirmaría que eran una panda de corruptos. Fuese cual fuese el caso, la Marina no terminaba bien parada a ojos de uno de sus más recientes reclutas.

Una cerveza bien fría. — Fue lo que le dijo a Iris cuando la chica mencionó de invitarle y ambos se acomodaron en la barra. En lo que esperaba su bebida, Ares echó un vistazo analítico por el lugar. Estaba lleno de gente de la peor calaña, la mesa de apuestas también abarrotada de personas y una organización que brillaba por su ausencia.

Escuchó, poco después, el tintineo acristalado de la jarra cuando se la pasaron, y sin quitar la mirada de encima del ring, le dió un buen trago a la fría espumosa que bajó, agradablemente, a través de su garganta. Los ojos rojizos del diablos se entornaron y sonrió afiladamente con la propuesta de Iris.

Nunca le digo que no a una buena pelea. Pero espero que apuestes por mi. — Matarían dos pájaros de un tiro.

Primero, una buena pelea le abriría el apetito, aplacaría un poco sus ansias y, con suerte, podría arrancar un par de manos. Ya casi se estaba relamiendo con ello. Y, por otro lado, les serviría para meterse más en el meollo de la cuestión. Para pasar más desapercibidos.
#13
Iris
La bala blanca
—Entonces lo mejor será que no me hagas perder dinero— Fue la respuesta de la chica a la sugerencia que le había hecho Ares. Seguidamente le hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera—¿Vamos?

Iris sabía como moverse en esos ambientes y no era algo que pretendía ocultar, así que la peliblanca se deslizó con soltura entre las personas que esperaban a que el espectáculo comenzara y apartando a aquellos que hacían cola para apuntarse a la pelea. 

—¡Quítate del medio, gilipollas!— Le soltó a un hombre que se había tropezado con ella, empujándola y haciendo que perdiera un poco el equilibrio. 

Aquel desgraciado iba tan borracho que ni se percató del comentario de Iris y siguió su camino. La peliblanca chasqueó la lengua en una clara señal de desaprobación. El asco se reflejaba en su cara. 

—En fin...— Se giró a su compañero— Espero que se te den bien las peleas, porque parece ser que tienes buenos contrincantes. 

La gente que estaba delante de ellos en la cola parecía dura de pelar, algunos tenían cicatrices y sus musculos eran el triple que la cabeza de la chica. Pero bien sabía ella que a veces todo eso era una fachada, sólo hacía falta un poco de cerebro para encargarse de la mitad de ellos. Espero durante unos minutos, junto a Ares, hasta que casi le toco el turno de insribirse. Mirando al Diablos le lanzó una bolsita con el dinero que necesitaba para la inscripción. 

—Te esperare por ahí, suerte, grandullón. 

Con un guiño y un gesto con la mano la Solarian se despidió de su acompañante y se entremezcló entre el gentío. Aprovechando que había perdido de vista a Ares sacó una pequeña libreta y empezó a apuntar las cosas que le parecían de interés para sus planes de futuro, mientras iba intercalando tragos de su bebida y caladas del cigarro que se había encendido segundos antes. 

El agudo pitido que indicaba el inicio de las peleas le sacó de su ensimismamiento, llevaba un rato ya echando cuentas de lo que le costaría montar un local mejor que ese, la competencia no era la mejor que digamos. Iris se movió entre el gentío hasta que se pudo colocar en primera fila, delante del Ring. Buscó con la mirada a su compañero pero no le encontró y encogiéndose de hombros se apoyó con los brazos en la barra que delimitaba el campo de lucha. Por unos Den den mushi que servían a su vez de altavoces anunciaron el inicio de las peleas. 

La Solarian sonrió, expectante, siempre le había encantado ver una buena batalla.
#14
Ares Brotoloigos
Un bostezo sonoro se le escapó al diablos a medida que avanzaban, tras asentir a la chica. Ahora mismo, daba un aire despreocupado, casi perezoso a juzgar por como se rascaba el cuello con una de sus garras, sin mirar a ninguno más con el que se pudiese cruzar. Iba atento a Iris. De hecho, en cuanto uno de muchos borrachos que había en aquel garito ilegal se chocó con ella, la chica ya dió buena cuenta del pobre desgraciado. Al grandullón escamado se le dibujó una breve sonrisa cuando, al final, la fémina se giró hacia él.

Me aburriría bastante si no diesen un poco la talla. — Se inclinó, entonces, hacia la chica. Sus labios repitilianos apenas rozando el oído ajeno, pero sin tocarla tan siquiera. — Las apariencias engañan la mayoría de la veces.

Fue el único susurro que le dedicó antes de separarse de ella, con la bolsita de dinero para la inscripción y metiéndose en la larga fila que había para apuntarse. Delante y detrás de él había gente de todo tipo, la mayoría con cicatrices o tatuajes. Muchos extra musculados. Eso no parecía importar o echar para atrás al de la Marina. Cuando llegó su turno, dejó el dinero de la inscripción, se mordió un dedo, clavando los afilados dientes hasta que brotó un hilo de sangre y con eso firmó. No sabía escribir, así que solo haría garabatos extraños. Eso era mucho mejor. Ignoró la mirada del que estaba tomando nota de las inscripciones y regresó a su lugar.

Ares no estaba ahí solamente también para disfrutar de una buena pelea, sino también para vigilar e investigar. Iris le daba mala espina en cierto sentido, así que prefería tenerle un ojo puesto, seguirle un poco el juego y saber qué era lo que pretendía con todo aquello. No solo eso, sino que eso también le servía para tomar nota de ese lugar y, sobre todo, para memorizar las caras de esa gente. Se había memorizado la ruta. Eso serviría para, luego, dar aviso en el Cuartel y que se dedicasen a detener y a desmantelar ese lugar lo más prestos posible.

El sonido del inicio de las peleas terminó llamando, posteriormente, la atención del público. No era, todavía, el turno del diablos, así que esperó con cierta paciencia mientras contemplaba la primera pelea. No era muy llamativa. Eran dos más bajitos que él, más delgaduchos, pero se estaban dando unas buenas ostias, eso sí. Ares anotó mentalmente sus movimientos y sus rostros, como se movían, sus rasgos, sus formas de expresarse. Todo. Quizás no supiese leer o escribir, pero era un muy buen observador cuando algo le interesaba.

El combate terminó poco después con el KO del más grandullón. Alguien le hizo una señal.

Era su turno.

Ares se subió al ring de pelea, crujiéndose ligeramente uno de los puños, solo para calentar las manos. Tenía ganas de pelea, eso era más que obvio a juzgar por la mirada. Una que le había cambiado a medida que se acercaba a su puesto en el cuadrilátero. Aquel rojizo aburrido se había encendido como la mirada de un depredador que buscaba un pedazo de carne el cual desgarrar.

En una esquina, Lorcan, un peleador local conocido por su fuerza bruta, se estiraba, ajustando los vendajes en sus manos. Era la estrella del barrio, un guerrero que había crecido entre peleas callejeras y retos en la ciudad. La multitud se alzó en vítores en cuanto subió al ring. Ares lo miró con una mezcla de interés y algo más oscuro. Apenas una sonrisa se asomó en sus repitilianos labios, dejando ver la hilera de dientes afilados. A lo mejor tenía un momento para divertirse. Cuando la campana de inicio sonó, la pelea comenzó.

Ambos eran más o menos de la misma estatura, quizás Lorcan un poco más alto que el diablos. ¿Era un humano? Eso no le importaba en lo más mínimo. El grandullón comenzó con una lluvia de puñetazos hacia el diablos que éste esquivó con bastante agilidad. No era una masa de músculos, eso era verdad, pero eso le servía para ser más ligero a pesar de su estatura y para su estándar. Y también porque tenía experiencia. Ares no devolvió ni un solo golpe por el momento, lo que le ganó algún que otro abucheo del público. ¿Le importaba? No, le daba reverendamente igual. No estaba ahí para ganarse al gentío. Pero su plan inicial iba funcionando, desgastar y cansar al otro. Aunque eso también le aburría a él.

De hecho, era mejor terminar cuanto antes. La mirada de Ares se tornó, de repente, más peligrosa, y en cuanto vió una abertura no dudó en ser él quien pasó a la ofensiva sin previo aviso. Fue directamente a golpear en los puntos vitales. Primero, un golpe con las garras en el cuello, justo en la garganta. Lo suficiente como para dejar al otro sin aire. No le daría tiempo a reaccionar, continuando con un puñetazo en el estómago y un zarpazo considerable en el rostro.

A la altura de los ojos. La sangre ajena no tardó en salpicarle, relamiéndose brevemente, mientras se escuchaban los alaridos contrarios.

No estaba ahí para juegos, en realidad. Y, al fin y al cabo, nadie podría decirle nada. No había reglas en un combate ilegal como era aquello.
#15
Iris
La bala blanca
—Todo al reptil. 

Iris había aprovechado la pequeña pausa entre peleas para acercarse a la mesa de apuestas. Habían anunciado que el siguiente combate sería el de Ares y, como le había prometido, dejó una bolsa que suponía su salario de dos meses a favor del Marine. La chica sabía perfectamente como funcionaba aquel mundo y se fijó en que el contrincante contra el que se enfrentaba era uno de los favoritos del público. Nadie con dos dedos de frente apostaría por el recién llegado, aunque sus dientes fueran igual de grandes y afilados que muchos cuchillos. 

Volvió a colocarse en primera fila justo cuando Ares salía al Ring y apoyándose contra la barandilla que delimitaba el borde del campo de batalla observó la pelea que se formó enfrente suya. En Jaya, junto con Angelo, habían conseguido reunir mucho dinero gracias a este tipo de combates así que Iris había aprendido a analizar las técnicas de combate cuerpo a cuerpo de lo demás. Era obvio que el contrincante sabía como moverse pero el Diablo no era malo. De hecho era bastante bueno. Se movía con soltura por el ring, esquivando todos los golpes que su rival intentaba atestar sin éxito, recibiendo abucheos por parte del público. La Solarian dejó escapar una risita al ver la reacción de los demás presentes. A diferencia de dónde venía ella, que lo más importante era dar una buena batalla, en aquella ciudad parecía que se buscaba más un buen espectáculo. 

En algún momento Ares se cansó de esperar a que su contrincante perdiera las fuerzas y atacó, con una agilidad bastante sorprendente para lo grande que era, acertando en todos sus puntos débiles. Si en algún momento tenía que enfrentarse a él iba a suponer un gran problema. En la distancia quizás podría igualarle e incluso conseguir algo de ventaja, pero si se le acercaba estaba jodida. Incluso Angelo, que llevaba tantos años peleando, se vería en problemas contra Ares. Iris notó como el público empezaba a enfadarse ante la posibilidad de perder el dinero apostado y los abucheos crecieron, ahora contra el rival del Diablo, que si salía vivo del Ring sería todo un milagro. 

En cuanto Ares se alzó victorioso la peliblanca se dirigió a la zona de apuestas a cobrar su premio, recibiendo el triple de lo que había dejado. Con una sonrisa de satisfacción se encaminó hacía la zona donde estaban los luchadores. Se fijó también que aquel sitio no cuidaba casi nada de ellos ya que no tenían equipo médico por la zona. No era algo raro ya que la mayoría de esos lugares no los tenían muy en cuenta y en el que se encontraban parecía ser uno de poca monta. Eso o no les importaba una mierda que les desmantelaran el lugar. 

— Tu premio. 

Se había acercado al Diablo por la espalda ofreciéndole así la bolsa de dinero que había ganado en las apuestas, aunque se había quedado algo para ella, y una pequeña toalla que había pispado a otro luchador. 

— Espero que me invites a cenar después de esto, que me muero de hambre.
#16
Ares Brotoloigos
No parecía importarle tener, ahora, algunas manchas de sangre en el rostro y en el hocico. De hecho, se relamió lentamente, degustando ese mismo sabor como si lo hiciese con cualquier tipo de salsa sobre una carne especialmente deliciosa. Mientras hacía esto, Ares mantenía la mirada carmesí fija sobre el que había sido su contrincante. Por llamarle de alguna manera, claro, ya que al final no le había llegado ni a la altura de los tobillos. Si ese era uno de sus peleadores fuertes, ¿en qué quedaban lo demás? Todavía sentía también la sangre goteando de la garra con la que había lanzado aquel zarpazo certero a los ojos del otro hombre, pero eso no pareció importarle. Su combate había terminado y, de momento, su parte estaba hecha ahí. A no ser que surgiese algo más o Iris tuviese más ideas de diversión. Fuese como fuese, eso también le había ayudado a localizar fácilmente uno de los garitos de peleas ilegales que tanto solían haber en Loguetown. No entendía como el resto de la Marina, o a los que les encargaban de esas cosas, no habían sido capaces de encontrar uno tan notorio como ese. Tenían que comenzar a espabilar más y aprender a trabajar mejor en los bajos fondos. No siempre se podía ir con el uniforme y el símbolo azul por delante. Eso pondría en guardia a cualquiera y la misión correspondiente se iría al traste. Pero claro, no aprendían.

El diablos abandonó el ring improvisado y regresó con su compañera de aventuras en ese momento. Aunque, en realidad, fue ella la que le había encontrado antes a él. Ares miró por encima de su hombro cuando la voz de la chica se escuchó por detrás suya. La cola del ser reptiliano hizo un muy suave vaivén cuando se dió la vuelta para encararla.

Parece que ha ido bien la cosa. — Expresó en el momento en el que recogía parte del premio que él mismo se había ganado. No le dijo nada a Iris con respecto a lo que ella se hubiese podido quedar. Se lo había merecido también, por lo que en ese aspecto y, ahora mismo, al diablos no le importaba compartir.

De todas maneras, por él y se hubiese quedado ahí más tiempo. Ni tan siquiera le había dado tiempo a calentar con aquel amago de combate que había echado, aunque había sido bastante satisfactorio el haberle bajado los humos a aquel tipo.

¿Te ha dado hambre, acaso? Eres una mujer extraña. — Sonrió de medio lado apenas, divertido.

Por norma general, las mujeres que había conocido, de fuera de la Marina o del CP, no solían frecuentar ese tipo de lugares. Eran más delicadas. Más aburridas a ojos del diablos, aunque servían para desfogarse de vez en cuando.

Pero tienes razón, aquí no tengo ni por donde empezar. Vamos a buscar algo que valga la pena. — Con eso se refería a llenar el estómago como era debido. — Creo que vi algunas tabernas de camino. — Unas peores que otras, claramente. — Elige la que quieras y te invito. — Aunque él ya tenía buen apetito.

Mientras, ambos se dirigían hacia la salida. Se habían ganado un buen pellizco de dinero. Y, no solo eso, Ares ya tenía localizado uno de los galpones de peleas ilegales. Podría hacer unas cuantas detenciones ahora mismo, pero con él solo no sería suficiente. El lugar era grande y, a pesar del caos que pudiese haber, y de cierta desorganización, necesitaría, al menos, un número determinado de refuerzos. Así que solo memorizaría el lugar donde se encontraba ese sitio, lo vigilaría unos cuantos días más en lo que diese aviso en la base.

Al final, aquella salida no había sido tan mala.
#17
Iris
La bala blanca
— No voy a negar que una buena pelea se disfruta más con el estomago lleno. — Iris iba siguiendo los pasos de su compañero, mientras respondía a su comentario. — Aunque no eres el más apropiado para llamar extraña a la gente. Nunca había conocido a un marine como tú. 

Y era verdad, aunque en Jaya fuera una ciudad sin ley la mayoría de trabajadores que había podido encontrarse la Solarian durante su vida eran, o personas que su único propósito era ayudar a los demás, hacer el bien y todas esas cursiladas o, todo el contrario, corruptos que por una pizca de dinero hacían oídos sordos a cualquier tipo de injusticia que estuviera desarrollándose frente a ellos. Ninguno de estos dos arquetipos de personas le suponían una dificultad a la chica, había aprendido a manipularles y a poder sacarles la información que necesitaba. En cambio con Ares era distinto, no acababa de encajarle en ningún sitio concreto y cuanto más tiempo pasaba con él, más se iba dando cuenta de que era peligroso estar a su lado. Pero Iris se sentía con ganas de arriesgarse un poco.

— ¿Me invitas? Entonces escogeré un sitio que esté a la altura. 

Comentó la chica mientras seguía al Diablo fuera del establecimiento. Una vez en la calle Iris tomó la iniciativa y empezó a buscar algún bar medio decente. Ya se había hecho de noche y el ambiente estaba mucho más animado, lo que significaba que la calle estaba llena de borrachos. Descartando un par de bares en los que habían varías peleas al final se decantó por una taberna al linde de los bajos fondos. No era ninguna pijada ni un antro de mala muerte pero, por inercia gracias a Angelo, había acabado escogiendo aquel lugar porque su carta tenía imágenes. El peliverde no sabía leer y era una vieja costumbre que había adoptado a la hora de elegir donde iban a comer. 

— Espero que te guste el sitio. No sabía tus preferencias, pero me ha parecido ver que tienen un poco de todo. 

Iris procedió entonces a sentarse en la última mesa vacía que había, quitándole el sitio a una pareja que se fueron rechistando. Por dentro estaba bastante más animado: el bar estaba a rebosar y contaba con una pequeña tarima en la que habían un par de músicos amenizando el ambiente, los camareros se movían entre las mesas con agilidad, sirviendo sobre todo cocteles y bebidas. La luz era tenue y cálida lo que generaba una sensación de intimidad. La carta era extensa y contaba, como había señalado antes, con una gran variedad de platillos. Y bastante bien de precio. 

— Tú dirás, ¿Qué te apetece cenar? ¿Quieres compartir?
#18
Ares Brotoloigos
Tampoco te pases, ¿hm? — Sí, lo de que estuviese a su altura podía entenderlo. Ares miró un momento de reojo a Iris. Era bonita, tenía estilo... Solo esperaba que no escogiese un lugar extremadamente caro, porque no estaba dispuesto tampoco a que le sablasen el bolsillo. Por mucho que acabase de ganar una pelea ilegal y se llevase un buen pico de la apuesta que Iris había hecho.

Fue Iris quien tomó la iniciativa una vez estuvieron en el exterior y Ares se dedicó a seguirla a buen paso, al lado de ella. Al haber caído la noche, las calles de aquella zona estaban un poco más caóticas sobre todo por el índice de borrachos que pululaban por ahi. A Ares no le importaba comer en una taberna de mala muerte, siempre y cuando tuviesen buena carne. Era lo único en lo que era exigente.

Esquivaron a un par de hombres con una cogorza considerable y terminaron entrando en la taberna que Iris había elegido. Parecía que conocía el lugar, de la manera en que se había dirigido y callejeado directamente hacia el establecimiento.

No está mal. — Mencionó en cuanto puso un pie en el interior. — No te preocupes, no soy tiquismiquis comiendo. — Eso era verdad. Había sobrevivido en las calles en el pasado, así que había tenido que comer de todo, para bien o para mal.

Iris eligió una de las mesas del fondo y ahí se acomodaron. Era gracioso porque, debido a la altura del diablos, la mesa le quedaba un poco baja. Pero como ya estaba habituado a ese tipo de situaciones, tampoco parecía molestarle, por lo que se adaptaba bastante bien. Ares echó un vistazo al ambiente. Había algo de música, también algo de bullicio del resto de clientes, pero eso no parecía tampoco importarle.

Entiendo que ya has venido aquí más de una vez. ¿Con el renacuajo aquel? — No podía evitarlo. No es que Angelo le cayese especialmente mal, solo que habían chocado de buenas a primeras. Mientras, Ares agarró la carta, casi con desgana. Aunque se sorprendió ver que tenía fotos, por lo que no necesitaba, tan siquiera, forzarse a entender aquel desbarajuste de letras.

Tendría que aprender a leer en algún momento. Quizás.

Es buena idea, pidamos varias cosas variadas y compartamos. — Aunque solía ser bastante celoso con la comida, esta vez podía hacer una excepción. — Pide lo que quieras, me fiaré de ti, pero si hay verduras o algo de eso, te lo comes tú todo. — Era bastante obvio, quizás, que por su fisonomía era una criatura completamente carnívora. — Pero que nos traigan una buena jarra de cerveza fría. Al menos para mi.

Era lo único que sí exigía en ese momento. Tenía sed.

Cuéntame, ¿qué es lo que estás planeando exactamente? Sabes que, en cuanto regrese a la base, tendré que informar sobre eses tugurios, ¿verdad? — Le explicó, en un tono en el que solo ella le pudiese escuchar.
#19


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