¿Cómo había acabado así?
Kovacs consideraba que su brigada era fuerte, que estaba bien entrenada, disciplinada, y aún así habían sufrido una derrota terrible. ¿Quizás habían tenido también algo de suerte? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran topado con piratas, en lugar de revolucionarios? La piedad, la empatía y la humanidad que mostró aquel Escuadrón no era lo que le enseñaron sobre los criminales en la base de la marina. No eran asesinos sanguinarios y sin honor, de hecho, habían demostrado ser todo lo contrario. Puede que dentro de todos los malos caminos que pudieron haber tomado, hubieran corrido la suerte de toparse con el menos malo de ellos. Resultaba muy fácil dejarse llevar por el ego cuando se vencía una batalla; lo complicado era saber mantener la cabeza templada. Era algo que
Kovacs aprendió desde una edad muy temprana.
Escuchó las palabras de
Ragnheidr, que resonaron en su cabeza como el retumbar de un tambor. ¿Rey? ¿Qué estaba diciendo de un rey? El suboficial no entendía a lo que se estaba refiriendo, porque ni siquiera entendía el poder que había despertado hacía unos momentos. Sus miradas se cruzaron un segundo, en el que
Ragnheidr podría detectar la confusión del marine ante sus palabras. A lo que sí pudo responder fue a lo siguiente que dijo, una vez ya rompió el contacto visual con él y comenzó a elevarse en el aire. —
No os hemos seguido... habrá sido cosa del destino. — Y se le escapó una risa empapada en sangre. Estaba tumbado sobre los restos de madera astillada, al final de un agujero tremendo por el que asomaba ligeramente el sol. Sentía que si movía un músculo más de la cuenta, acabaría muerto. O desmayado, pero él se sentiría como muerto, prácticamente.
Sobre la cubierta,
Sully no solo se encargaba de curar las heridas físicas de
Chenai, sino también de calmar su desasosiego, su frustración.
Airgid interrumpió en la escena, apuntando con su temible minigun al buccaneer y pidiéndole que le entregara cualquier tipo de botín.
Sully sintió en su interior las ganas de pelear. Él aún no había sufrido daño alguno, cosa que le avergonzaba en parte. Pero sabía que sería una locura, ahora que las cosas se encontraban más o menos en calma. Tampoco es como si pudiera enfrentarse a
Airgid, lo sabía, pero a
Ubben... no, era mejor si se quitaba esas ideas de la cabeza. —
Dinero y armas es todo lo que tenemos. Y tampoco es que haya mucho. — Respondió con sequedad en su voz, sin siquiera girar su cabeza hacia ella.
Airgid sería capaz de sentir lo mismo que le había dicho, una especie de cofre con monedas en su interior, y lo que parecía ser un almacén con varias armas de repuesto.
Pero entonces apareció su ángel, su sirena. Solo la observó de reojo, tratando de mantenerse concentrado en
Chenai, a pesar del rubor de su rostro, convenientemente oculto tras sus cabellos aún mojados. No le dijo nada, pero ella se acercó, y se siguió acercando, con aquellos peculiares saltitos a los que ya estaban acostumbrados gracias a
Netary. Sentir su proximidad le provocó un repentino temblor en la mano derecha, una vibración que
Chenai sintió al estar tratando sus heridas. La oni se encontraba en un estado bastante pésimo, pero aún así no se le escapaba una, y supo distinguir lo que aquel tembleque significaba. Le clavó la mirada a
Asradi, intentando mostrarse menos vulnerable que hace un momento. Estuvo a punto de soltar una pequeña bordería al escuchar la crítica hacia su compañera, pero
Sully habló antes que ella. —
Por amor se hacen grandes imprudencias. — Una verdad como un templo que se le escapó desde lo más dentro de su ser. Se refería a
Netary, por supuesto, y a su amor por sus compañeros y su Brigada. Pero era consciente de que existían muchas formas de interpretar aquel mensaje, de que cada uno podía verse reflejado, incluso él. Tomó los ungüentos que
Asradi le dejó y se puso en pie, dispuesto a hacerle caso, a dejarla a cargo de
Chenai mientras él acudía a atender a su suboficial. Antes de dejarse caer por el agujero, la miró una última vez, tratando de grabar aquella visión en su mente. Pronto se separarían, puede que para siempre, pero
Sully trataría de no olvidar esa imagen.
Acercándose a la ubicación de
Kovacs, pasó inevitablemente cerca de
Ragnheidr. Eran casi de la misma altura.
Sully no había conocido a mucha gente de su raza. Lamentó no poder enfrentarse a él, menos después de ver cómo había dejado a su suboficial. No le dijo nada, solo le miró con cierto respeto, antes de lanzarse al agujero con
Kovacs, con cuidado de caer a su lado. Ninguno de los dos dijo nada al principio, sumidos en un silencio que hablaba más que cualquier palabra,
Sully comenzó a tratar sus heridas, a usar su botiquín y también las medicinas que tan amablemente
Asradi le había prestado. Pronto se dio cuenta de que la naturaleza de la mayoría de sus heridas eran de origen interno, de que
Ragnheidr se había dedicado a destrozarle por dentro. Huesos fracturados, extremidades entumecidas... resultaba terrorífico, y tardaría bastante más en sanar.
Albert no hizo intento alguno de impedir que
Ubben llegase hasta él. No quería pelear ni generar más problemas después de lo que acababa de ver. Sin embargo,
Ubben no le resultaba demasiado amenazante. No porque no fuera poderoso, había demostrado con creces que así era, pero
Albert no solía experimentar mucho miedo cuando se le amenazaba a él en concreto, sino más bien cuando se dirigía a sus compañeros. Era silencioso, callado, y con una continua expresión de que no parecía interesarle ni importarle nada en concreto. Cuando le pidió un único motivo por el cual no debería matarle...
Albert lo tuvo claro. Habló con calma, como la persona inexpresiva y analítica que solía ser. —
Habrías hecho igual. — Fue su única defensa posible, la más sincera de todas. Fue capaz de mantener la compostura, a pesar de la presión del revolucionario. De poco le sirvió, pues el golpe se lo llevó de todas maneras, un puñetazo en el estómago que se hizo encogerse ligeramente sobre sí mismo debido al punzante dolor.
Albert sabía que estaba en lo cierto, que de haberse encontrado
Ubben en su lugar, habría hecho lo mismo que había hecho él. Pero eso no quitaba que cada acto tenía sus consecuencias, y él acababa de ganarse un bonito moratón que permanecería unos días decorando su piel.
No llevaba demasiadas cosas encima, pero aún así, no dudó demasiado en hacer lo que
Ubben le había pedido, dejando caer al suelo las monedas que llevaba consigo. Un buen puñado de berries, nada más y nada menos, además de su propia arma y su mochila, que solo contenía útiles de cocina y algunos cuadernos, nada demasiado interesante o de mucho valor monetario, aunque sí que eran importantes para
Albert. Con un poco de suerte, solo tomaría el dinero.
Tras desvalijarle,
Ubben se deslizó por las cuerdas del barco hasta llegar de nuevo a la cubierta, encontrándose con
Ragnheidr,
Airgid,
Asradi, y por supuesto,
Chenai. Se acercó a las dos últimas, mostrando una repentina amabilidad al tenderle su botiquín a la médica del grupo, después de haber actuado como verdugo.
Chenai le miró con desprecio, sintiendo el impulso de tomar su espada del suelo y rebanarle el cuello según él recortaba distancias frente a su rostro. No solo le dedicó aquella frase completamente humillante para una mujer orgullosa como ella, sino que también osó acariciarle la mejilla, como se le hacía a un animal indefenso, domado. Puede que
Chenai no tuviera las fuerzas necesarias para hacerle frente con su espada, pero sí con sus palabras. —
La próxima vez... haré que me supliques por piedad... es lo que debe hacer todo aquel que quiera una cita conmigo. — Habló con completa sinceridad, a pesar de su tono sarcástico. Se podría decir que a
Chenai le gustaba que los hombres se sometieran un poco a su voluntad.
Bajo el agua,
Netary y
Umibozu seguían enzarzados en una contienda que tenía un claro vencedor desde el principio. Llegados a este punto, era solo el orgullo lo que seguía peleando. El ataque acuático de
Netary no supuso un reto para
Umibozu, que no solo lo bloqueó, sino que también usó la rotación de su propio cuerpo para redirigir parte del ataque hacia la sirena, un movimiento que no se esperó y que acabó recibiendo de lleno. A pesar de lo decidida que estaba, cargando incluso el puño para dar un nuevo golpe, el daño que sintió fue demasiado como para ignorarlo y continuar con la ofensiva. El cuerpo de
Netary se sintió débil, muy débil, demasiado como para seguir prolongando con aquel combate, por mucho que le doliera.
Se tomó unos segundos para respirar, sin preparar ninguna nueva ofensiva, sin lanzarse corriendo a por él, aunque sin perderle de vista. El "contraataque" del wotan la arrastró unos tres metros más allá, y por algún extraño motivo que desconocía, sintió un dolor interno bastante agudo al moverse. Aguardó en silencio, tomándose ciertas confianzas. Siendo sincera consigo misma, sabía que no era rival alguno para
Umibozu, pero se aprovechó de que no parecía que él tuviera planes de atacarla directamente. Al menos no había dado señales de ello. —
Sí que lo sois. — Discutió, sin miedo, ante la afirmación de
Umibozu. —
Matasteis a personas en Oykot. Puede que ahora estéis siendo más... selectivos, pero eso no borra el destrozo que hicisteis en la isla. —
Netary tenía unos valores muy claros y marcados, entendía que no estaba en mano de nadie el poder de arrebatar una vida, ni siquiera en las de la justicia. A pesar de sus palabras contundentes, el tono que utilizó no fue agresivo ni sarcástico, habló desde el interés de mantener un buen debate.
—
No soy estúpida, sé que no tengo posibilidad de vencerte. — Sintió que, sin sus compañeros escuchándola, en aquella especie de intimidad que les ofrecía el fondo del océano, podía sincerarse. —
Tengo la sensación de que si me muevo más de lo debido, caeré al fondo del océano como un ancla... — Dijo en un tono un poco más bajo, sintiéndose realmente mal físicamente. Su cola apenas daba ligeros aletazos para poder mantenerse a la altura. —
Es penoso, ¿no crees? Podrías haber acabado conmigo desde el primer momento, pero me autoengañaba a mí misma pensando que igual, si me esforzaba lo suficiente... — Decidió no seguir por ahí. —
¿Por qué no lo has hecho? ¿Por qué no te has librado de mí aún? ¿Es compasión, o una humillación? — Sonrió, aunque su rostro denotaba más tristeza que cualquier otra cosa.
¿Notáis eso? Puede que la situación a bordo fuera tan tensa que nadie se parase a otear bien el horizonte, pero los hakis de percepción no engañaban: cuatro navíos de la marina se desplazaban por el mar a una velocidad sorprendente, aproximándose cada vez más al barco de la Brigada A-90. Ya se encontraban rondando esas aguas próximas a Oykot, después de lo que sucedió en la isla, y cambiaron su rumbo al recibir la llamada de auxilio de Albert.
Los navíos vienen todos desde el sur, encontrándose ahora mismo a unos quinientos metros del galeón de la Brigada. A simple vista, se puede notar que son de un tamaño bastante considerable, y si aquellos que poseen el haki de observación quisieran, podrían también notar que había personas poderosas a bordo de los cuatro, igual o incluso más ellos mismos.
Tanto
Umibozu como
Netary, a pesar de que la última no tenía el poder del haki de la observación, serían capaces de notar las vibraciones del mar revuelto y embravecido, los peces asustados.
Netary sabía lo que significaba, embarcaciones grandes y lo suficientemente numerosas como para llamar la atención de aquella manera. —
Se nos acaba el tiempo, cuando estaba empezando a disfrutar un poco... — Estaba calmada, irónica, pero sincera. Puede que fuera por las heridas de su cuerpo, tanto externas como internas, que le impedían moverse, o quizás se debía a que ya había asumido su derrota. Había cierta tranquilidad en eso, aunque sonase extraño.
Airgid corroboró las palabras de Sully con el propio poder de su akuma. La habilidad de detectar el metal le indicó que efectivamente, guardaban un buen almacén lleno de armas varias. Aunque ninguna parecía especialmente diferente, o poderosa... al menos en cuando a materiales se refería, claro. También detectó aquel cofre con dinero. —
Las arcas del estado, ¿eh? — Bromeó para sí misma en voz baja. "
Bingo", pensó mientras se centraba en dicho cofre, usando los campos magnéticos a su antojo para elevarlo en el aire y atraerlo hacia ella. Que hubiera un agujero en mitad del barco lo cierto es que lo facilitaba todo mucho más.
Dejó el botín frente a sus pies, dedicándose a observar la escena a su alrededor. Estaban todos allí, en buen estado, menos Umibozu. No dudaba de que se encontraría perfectamente, pero no le gustaba haberle perdido de vista. No obstante, no le quedó otra más que confiar en que solo estaba disfrutando de un buen baño casi nocturno. Decidió acercarse a donde se encontraba Ragnheidr. El buccaneer había hecho un buen destrozo en el barco, uno que no olvidarían en mucho tiempo. Estaba levitando, preparado para volver a la Alborada. —
¿Me llevas? — Le preguntó con cierto aire de coqueteo, aunque no era esa solo su intención, la verdad es que se encontraba todavía algo cansada e indispuesta.
Escuchó y observó el medio coqueteo que se llevaba el otro buccaneer con la sirena, igual que el de Ubben con la oni, pero no dijo nada, solo sonrió con picardía, "
está claro que aquí nadie pierde el tiempo", pensó para sus adentros. Parecía que todo había salido bien, que el asunto se había resuelto con relativa facilidad, y que ahora tendrían vía libre para volver a la Alborada y terminar el día con un buen sueño reparador.
Pero entonces lo vio. No hacía falta fijarse demasiado para verlo: cuatro barcos ondeando velas azules que se dirigían a su posición. —
Esto no me gusta... — Susurró la rubia. Si ya no se había encontrado lo suficientemente bien como para pelear contra aquella brigada, no quería imaginarse lo que sería tener que enfrentarse a cuatro barcos más. Miró a Ragn, de reojo, mordiéndose la lengua con inquietud. No quería ser la primera en decirlo, pero estaba claro que tenían que irse. Y rápido. También, aunque no quisiera admitirlo, estaba empezando a sentir las ganas de un buen refresco entrar por su garganta. Putos vicios.
Datos Airgid
Resumen
Uso el poder de la jiki jiki para traerme el pequeño botín del barco, un cofre con dinero (esto podría representar la recompensa de berries por la aventura). Luego me acerco a Ragnheidr, y es entonces, cuando al observar el horizonte, veo los barcos acercarse. Va siendo hora de irse.
Bélico
Uso el dominio maestro para atraer el cofre hacia mi.
Cita:⏣ Dominio Maestro [50 Control de Akuma]
El usuario puede aumentar su alcance de manipulación a 4,5 metros por cada 10 de [CA], permitiendo atraer y repeler objetos metálicos más distantes. Coste de 20 puntos de Energía[/b].
Stats actualizados
Según la guía de embarazos, en el primer trimestre gano un +5 en VOL. -10 de VOL por el defecto Vicio.
50 FUE | 20 RES | 8 DES | 63 PUN | 1 AGI | 55 REF | 13 VOL | 85 CA
Gastos: -20 por uso de la akuma, +13 de energía por regeneración.
Indicaciones
¡MUY BIEN, VAMOS QUE NOS QUEDAN DOS RONDITAS!
A tener en cuenta: Se dirigen hacia el barco de la Brigada A-90 un total de 4 barcos que ya se pueden ver por el horizonte, por el sur. Se encuentran a unos 500 metros de distancia, vienen mú rápido. Con el haki de observación, los que lo tengan activo, podrán detectar que hay unas quince personas por barco, y que a nivel de fuerza, todos están más o menos al mismo nivel que el vuestro. Algunos incluso más.
La Alborada no está lejos, digamos unos 100 metros al oeste, por donde se encuentra Oykot.
También revelo un pequeño hide que oculté en el post anterior, ya no tiene mucha relevancia (?)
A todo esto, ya casi es de noche, no lo he roleado porque ya no me da la cabeza para más, pero podéis ver el comiendo de un bonito atardecer ponerse por el mar.
Mates de Kovacs
Kovacs sigue con [Fractura] en la cabeza, por lo que no puede moverse, de hacerlo le entraría daño verdadero. Le quedan 5 turnos de [Entumecimiento]. Recibe la curación por parte de Sully, que solo se traduce en puntos de vida, pues ni la Fractura ni el Entumecimiento se pueden tratar.
Sigue con el haki de observación activo.
Gastos: Reflejados en su hoja de personaje. -7 de haki. Regeneración de 100 puntos de vida, 8 de energía por turno y 8 de haki por turno al encontrarse fuera de combate.
Mates de Netary y Umibozu
Netary: Recibe el daño devuelto por la defensa de Umibozu, mitiga solo 5 puntos de daño por la naturaleza perforante del ataque, usando el haki armadura para cubrirse un poco mejor.
Cálculo de daño recibido: 164 - 5 (Defensa Pasiva tras la reducción de la perforación) = 159. Le entra daño Interno Medio, y el daño recibido hace que retroceda 3 metros, por lo que recibe 9 puntos más de daño = 168.
Gastos: Reflejados en su hoja de personaje. -168 de vida, -5 de haki. Regeneración de 5 de vida, 6 de energía y 6 de haki por turno.
Mates de Sully, Chenai y Albert
Sully: Invierte su turno en curar a Kovacs, usando el botiquín de su inventario.
Albert: Recibe el puñetazo de Ubben, pero lo trataremos como algo narrativo, sin entrar en números.
Chenai: Recibe la curación de Asradi, regenerando 50 puntos de vida.
Gastos Sully: Reflejados en su hoja de personaje. Regeneración de 6 de energía.
Gastos Chenai: Reflejados en su hoja de personaje. Regeneración de 50 de vida y 5 de energía.
Gastos Albert: Reflejados en su hoja de personaje. Regeneración de 5 de energía.