¿Sabías que…?
... el famoso anime One Piece, del año 1999, está basado en el también famoso manga One Piece. Otra curiosidad es que el autor de ambas obras es Eiichiro Oda.
[Común] [C- Pasado] ¿Criminales? ¿En Kilombo? ¡Imposible!
Manon S. Du Soleil
Mao/Drine
12:45. Día 21 de Verano, Año 724.

Era mi segundo día en la isla. No había logrado recorrer mucho de la misma debido al encontronazo que tuve con la mujer de mi misma especie, la “oniki” como ella me llamaba y, por extensión, como comenzaría a llamarla a ella, aunque de todos modos no es a lo que había llegado a Isla Kilombo. Por supuesto, antes de tal encuentro me había presentado en la base G-23 para dejar mis cosas, conocer a algunos de mis compañeros correctamente, y conocer de reojo a los miembros de más alto rango que dirigían la base, o que se hacían cargo de su gestión según su rango. Muchos de ellos se encontraban fuera por lo que no tuve la suerte de presentarme con ellos, de todas formas tampoco podría quedarme mucho tiempo de la base, no es que no me gustase, pero habitualmente los únicos momentos en los que me encerraba eran aquellos en los que quería trabajar en mis bebés.

Bebés, léase, mis inventos.

Y, aunque me encantaría intentar continuar con algunos de ellos, la mayoría tenía una tendencia a ser altamente… Inflamables. Explosivos. Incendiarios ¡Bum! No era la primera vez que asustaba a algún recluta con ese tipo de onomatopeyas, claro que eran reclutas que ya me conocían, conscientes de los destrozos que podía llegar a causar. Por suerte se me daba bien reparar todos los daños que producía, así que, a menos que hubiera heridos, no tenía problemas con el resto de los marines… Bueno, excepto problemas a nivel orden y desorden que provocaba en el proceso de creación. Con los años, por supuesto, este problema se había reducido poco a poco, pero todos tenemos nuestros momentos menos gloriosos y tenía muchas ideas en mente que quizás, en más de una ocasión, sabía que no debía llevar a cabo, pero era lo suficientemente impulsiva como para hacerlo.

¡Cierto! Mis pensamientos se iban por las ramas.

Retomé la línea de pensamiento que me había traído hasta aquí, conocer más de Isla Kilombo, familiarizarme más con el lugar por el tiempo que estaría allí, no tenía un mapa de la isla, pero sería muy complejo perderse, considerando que solo había tres destinos, por lo que había averiguado ayer: El Faro, Pueblo de Rostock y la Base G-23. Era muy diferente al Archipiélago Conomi, donde me arraigaba hasta el momento y al lugar que regresaría después de que mi estadía aquí se diera por cumplida. La diferencia no solo radicaba en el tamaño sino también en la concentración de crímenes que parecían estar asolando la isla, que, por algún motivo que escapaba de mí, se había convertido en sede de actividades ilegales varias, así como de organizaciones criminales múltiples. Bueno, eso es lo que solía suceder cuando los marines tienen demasiada compasión con aquellos que solo tienen intención de lastimar a los demás o sembrar el caos, después de todo ¿Quién sabe cuál es el tipo de voluntad que mueve al otro?

No es como si pudiéramos meternos en la mente de las personas para poder averiguarlo y, a veces, era mejor cortar la cabeza de la serpiente que dejar que continuase creciendo para causar pánico.

Solté un suspiro mientras caminaba tranquilamente por las zonas más transitadas de Pueblo de Rostock: El mercado. ¿Qué mejor forma de encontrar criminales que en el mercado de Rostock? Y ¿Qué mejor forma de no causar caos en la base que saliendo y recorriendo la isla para reconocer la mayoría de sus entresijos mientras buscaba delincuentes? Si, tenía más de una intención al salir de la base, como dije anteriormente, quería mantener el orden, al menos por unos días, esperaba que ninguno de mis bebés hubiese decidido hacer combustión espontánea, pero tenía la confianza de que no era el caso, la mayoría de los objetos en los que estaba trabajando estaban en etapas finales, excepto un par de guantes que no podrían incendiarse aunque lo deseen, ya que estaba trabajando en ellos con algo menos comburente. Quienes me conocían estarían agradeciéndoles, desafortunadamente no estaba en casa. El bullicio de las calles empedradas de Rostock era un sonido de fondo agradable, las personas vendiendo sus productos atraían mi atención cada tanto, los aromas a especias, florales y afrutados me agradaban, aunque siempre estaba más presente el olor del pescado.

Cuando vi un puesto de carne en un pincho decidí que podría darme un descanso, y comer algo, después de todo había caminado un buen trecho, sin mencionar que era mediodía y necesitaba comer algo. Busqué con la mirada un bar, porque aún no había conocido ningún bar local y encontré un restobar que tenía un aura cálida, tenía mesas en el exterior, algunas cubiertas por sombrillas, las sillas eran bancos o barriles, había una zona techada, mientras que la otra, que no lo estaba, se encontraba más cerca del bar, el cual estaba cubierto de botellas de diferentes vinos y licores. Había una puerta en el fondo del bar y, allí, tenía enmarcado un cartel que indicaba “Cocina: Solo personal autorizado”. No tardé en ocupar una mesa, una con sombrilla, sombrilla que era lo suficientemente alta como para permitirme caber debajo de ella, agradecía que tuvieran en cuenta que algunas especies eran demasiado grandes.

La moza que se acercó para tomar mi pedido me sonrió y, al ver la insignia de la marina; porque no tenía la tendencia a llevar nada más que la insignia o la chaqueta; parpadeo curiosa.

. – ¡Un gusto! Soy Evelyn ¿Qué le gustaría ordenar?

Mi sonrisa fue tan radiante como la de la chica– Vaya, es un placer Evelyn, me llamo Manon, pediré ternera en salsa, pimientos rellenos de carne y filete tártaro.

Esto último le sacó una mueca a la muchacha, ah, entonces sabía que era, a muchos les disgustaba, pero era una exquisitez para mí.

. – Y también quisiera saber ¿Qué tal van las cosas por aquí? Hace poco llegué a Kilombo y sé que los problemas abundan.

Evelyn puso una mueca nuevamente, esta vez compungida y bajó la libreta.

. – En realidad… Hace unos días tuvimos problemas con una banda que suele pasar por aquí y causar destrozos. Todo se ve bien porque cerramos por una semana para reparar lo destruido, pero no sabemos cuando van a regresar… Quisimos darles el dinero que habíamos generado esa semana, pero parecía que solo tenían inquina contra el dueño del local. –Ella suspiró profundamente, desviando sus ojos hacia el segundo piso del restobar– Él no suele estar aquí hasta el final de la semana, así que somos los trabajadores los que tenemos que enfrentar los problemas.

Apoyé mi mano enguantada en el brazo de la chica, sonriéndole de forma tranquilizadora, ella me miró y esbozó una sonrisa pequeña.

. – Por suerte la marina se está encargando de buscarlos, aunque aún tenemos algo de miedo, por si regresan.

. – ¿Sabes sin son locales o solo están de paso? –Supuse que si vivía aquí, tendría una idea de si la banda era del lugar.

Ella negó con la cabeza– Desafortunadamente cubren sus caras. Aunque gracias por intentar involucrarse en esto.

Claro, no podría ser tan fácil.
#1
Galhard
Gal
Galhard permaneció atento mientras Manon relataba los detalles de su encuentro en el restobar. Su expresión se mantuvo serena, aunque sus ojos denotaban interés por los detalles que ella compartía. Cuando terminó de hablar, el marine se acomodó su coleta, un gesto habitual cuando estaba procesando una situación, y respondió con calma, introduciéndose en la conversación de forma repentina pero con un tono que transmitía seriedad y reflexión.

—Manon, creo que has hecho más de lo que podrías pensar al escuchar a esa chica. Para muchos civiles, saber que alguien de la Marina se interesa por sus problemas ya significa mucho. Pero esa banda… —dijo mientras descruzaba los brazos y miraba hacia la ventana como si estuviera planeando su próximo movimiento — no parece ser un grupo que actúe al azar. Si rechazaron el dinero, hay algo personal o estratégico detrás. Tal vez intentan intimidar al dueño, hacerse con el control del lugar o enviar un mensaje.—

Hizo una pausa breve y apoyó las manos en su cintura, inclinándose un poco hacia adelante, como si hablara más para sí mismo que para Manon.

—Cubrirse el rostro puede ser una táctica común, pero también puede indicar que no quieren ser reconocidos porque viven cerca. Los forasteros no suelen preocuparse tanto por ser identificados. Quizás deberíamos enfocarnos en los movimientos que han hecho antes o en los lugares donde podrían esconderse. ¿Mencionaron si estos ataques ocurren solo en el mercado o también en otros puntos del pueblo?—

Galhard giró la cabeza para mirar a Manon, sus ojos mostrando una curiosidad genuina.

—Parece que tú tienes un don para los detalles. Si has notado algo más en el comportamiento de los trabajadores o en cómo describieron a la banda, podríamos empezar a trazar un perfil. Además… —añadió con un leve gesto de complicidad— tus inventos pueden ser un recurso más valioso de lo que piensas. ¿Tienes algo en mente que podríamos usar para rastrear a este grupo? Sé que tienes un talento para la innovación, y tal vez podríamos aprovecharlo.—

Galhard se permitió una leve sonrisa antes de continuar.

—Por mi parte, puedo hablar con los oficiales de la base para organizar una patrulla en el mercado. No creo que necesitemos intervenir de inmediato; a veces, solo mostrar nuestra presencia ayuda a disuadir a los grupos que buscan imponer su control. Pero también podríamos establecer una estrategia más larga. Quizás colocar señuelos o incluso coordinar con los trabajadores para que nos avisen si notan algo extraño.—

Su tono se tornó más cálido mientras apoyaba una mano suavemente sobre el hombro de Manon.

—Manon, sé que acabas de llegar, pero esta isla necesita gente como tú. Tu forma de pensar, tu creatividad, y sobre todo, tu empatía por los demás son invaluables. Si decides tomar este caso, yo estaré aquí para ayudarte. Resolver problemas como este es la esencia de lo que hacemos, ¿no? Proteger a quienes no pueden protegerse por sí mismos.—

Retrocedió un paso, enderezando su postura, y miró a Manon con un leve toque de admiración.

—Por ahora, ¿qué te parece si investigamos juntos? Tal vez incluso podamos conocer a más personas en el pueblo que tengan información sobre esta banda. Y si nos cruzamos con algún civil que necesite ayuda, siempre podremos dar una mano. Kilombo es más pequeña que otros lugares, pero creo que tiene su encanto. ¿No crees?—
#2
Manon S. Du Soleil
Mao/Drine
Siempre me había caracterizado por ser una persona particularmente enérgica y despreocupada en cuanto a lo que figuras de autoridad se refiere, al menos si no conozco a esas figuras en particular, pero cuando entré en la marina me volví capaz de reconocer a aquellas personas de mayor rango que muestran diversos tipos de actitudes, personalidades, características, aunque no podía comparar a mi versión pequeña con mi versión actual, a fin de cuentas la visión de los niños, por muy perspicaz que sea, no deja de contener una menor gama de detalles que los adultos si notamos, claro que no desacredito o infravaloro la opinión de los niños, pero la percepción se va ampliando a medida que crecemos ¡Vaya! Me fui por las ramas. El caso es que hablar con Galhard generaba un sentimiento de serenidad, al mismo tiempo que provocaba cierta tensión, como a cualquier persona que se encuentre hablando con su superior.

Aunque, la verdad, cuando comencé a hablar con el hombre ni siquiera estaba enterada que era un alférez, simplemente quería la opinión de otro marine respecto a la situación. La tranquilidad y reflexión con la que Galhard, así se había presentado a sí mismo, procesó todo lo que le dije; lo cual fue bastante, a decir verdad, podía llegar a hablar demasiado e irme por las ramas; fue curiosa, no se trataba de indiferencia, sino que parecía sosegado por la experiencia de años en la marina, lo cual no me sorprendía, sinceramente, también llevaba una cantidad de años significativa en la marina, pero no me había cruzado con nadie de Kilombo, ya que la isla nunca fue un lugar que frecuentase demasiado, prefería quedarme en Conomi a menos que llamasen a más activos desde las demás bases. Elevé una ceja ante sus palabras ¿Realmente lo había hecho? Sabía que para la chica sería catártico saber que la marina estaba involucrada.

Pero últimamente las personas no se fiaban demasiado de la marina, considerando la cantidad de crímenes desplegados por la isla. Al menos eso había averiguado de Sowon.

. – Supongo, hay un límite de alivio que uno puede obtener al saber que la ley se está ocupando del caso, por decirlo de alguna forma. –Coloqué una mano sobre mi cintura, dejando el brazo izquierdo en jarra mientras el otro estaba laxo– No, realmente no parecen actuar al azar, quizás sea alguna de sus opciones, o el dueño esté metido en algún negocio turbio.

Deslicé los dedos por mi cuerno derecho, pasando la almohadilla del pulgar por la parte posterior de este, pensando en las palabras de Galhard con detenimiento, en realidad… Había hablado otro poco con la mesera del restobar, ella se puso nerviosa cuando el lugar comenzó a llenarse y el personal escaso tuvo que movilizarse con rapidez, por lo que solo podía cruzar unas pocas palabras con algunos de los meseros antes de que tuvieran que ocuparse de sus tareas, recordaba que Evelyn mencionó algunos detalles en cuanto a la banda que atacaba el lugar…

. – Evelyn me comentó que tenían especial inquina con el restobar, pero también con otros comercios que son de la misma área… No aparecen sino es en momentos determinados del mes, a veces para amenazar a los dueños de los locales, en otras para causar destrozos como el que hicieron en donde estuve. –Crucé los brazos, tirando de las mangas acampanadas de mi mono– Pasé por los otros comercios, pero los empleados estaban menos dispuestos a hablar, parecían un poco atemorizados.

Hice un ruido pensativo mientras golpeaba suavemente la punta de mi zapato en el suelo.

. – Supongo que, como usted dice, deben ser locales, para poder pasar al menos una o dos veces al mes por los comercios. –Arrugué la nariz, molesta ante la idea de estos tipos intimidando a las personas del pueblo. Alcé una ceja cuando el alférez me miró y mencionó que era buena con los detalles– Detalles… Bueno, por la frecuencia con la que pasan y el comportamiento que mantienen, me recuerda mucho a los cobradores de impuestos, pero quizás del bajo mundo… Algunos de los trabajadores del restobar me dijeron que suelen llevar máscaras para cubrirse la cara, pero de especies distintas: Onis, Minks, Gyojin, Sirenas.

Resoplar divertida cuando su expresión cómplice se dirigió a mí, mientras hablaba de mis bebés– ¡Ja! ¡Me halaga! ¡Sería interesante crear algo que pudiera rastrear a las personas con tanta facilidad! Pero no dispongo de algo así, al menos no de momento, sí podría sugerir instalar varios Den Den Mushi de Vigilancia en Rostock, quizás modificándolos para que cubran una distancia más grande en lo que respecta a la señal, así se podría monitorizar el pueblo desde la base de la marina. –Niego con la cabeza– Pero eso sería una violación de la privacidad importante, aunque, en realidad, de instalarse en las vías públicas no lo sería, y quizás podríamos poner un lugar que se encargue de monitorear en el pueblo y transmita a la base en caso de que el alcance de los Den Den Mushi no se pueda modificar.

Me di toquecitos en la nariz– Lo que sí tengo es una muy buena nariz a mi disposición, así que podría rastrear el aroma de la banda en el último lugar que destruyeron.

Frunzo el ceño al pensar que personas de tal calaña quedarían en libertad, ah, aquí es donde solía topar con más de una persona, claro que cada quien tiene sus propias opiniones, pero la mía en particular es que aquellos que cometen un crimen deben ser castigados en base a la gravedad del mismo ¡No ser dejados libres a s sus anchas.

. – ¿Y usted cree que está bien dejarles libres? Quiero decir, puede que la marina tenga un efecto disuasorio, pero solo funciona hasta cierto punto, hasta que los grupos deciden que pueden volver a delinquir. –Apreté los labios, meditativa.

Desvié mi mirada hacia abajo hasta verle, él era más pequeño que yo, como muchas de las personas con las que me cruzaba, aunque últimamente la mayoría, a excepción de los niños, solían ser más altos, el cual no era el caso de Galhard, fácilmente le sacaba una cabeza y media, más o menos. Por un momento las palabras del hombre me recordaron al discurso motivacional de un superior a su subordinado, con el fin de hacerle sentir más seguro ¡Me sentía segura! De lo que no estaba segura es del repentino perfil que parecía haber hecho de mi persona, para habernos conocido hace poco tiempo, realmente se había hecho una idea de mí. Parpadeé antes de esbozar una sonrisa radiante, de esas que solían decirme era equivalente a mil soles.

. – ¡Por supuesto! Me alegra saber que tendré respaldo de usted, no esperaba que tome en cuenta el caso con lo atareados que están todos los marines en la isla. Entonces tomaré el caso. –Asentí con firmeza antes de levantar las manos, mirándolo apenada– Que sepa que lo tomaría de una forma u otra sino tenía intención de ayudarme. Después de todo me uní a la marina por lo que usted mismo dijo, proteger a quienes no pueden protegerse.

Incliné la cabeza con curiosidad ante la admiración ligera que se había manifestado en su rostro.

. – ¡Sería genial! Hace mucho no investigo con nadie, suelo tomar casos en solitario. Sino le quito demasiado tiempo, estaría muy bien salir a patrullar para encontrar más información o ayudar. –¿Kilombo era encantador? Si, en algunos aspectos– Bueno… Me gusta el ambiente festivo del lugar, parece que, a pesar de todo la gente de este lugar es bastante resiliente, aunque no tuve precisamente a alguien que me presente la parte más encantadora de Kilombo, si quiere ofrecerse para hacerlo, también se agradece la compañía.

Le di una palmada en la espalda a Galhard, que fácilmente podría sacarle el aire a quien no tuviera entrenamiento físico.

. – No me había cruzado con un marine así de agradable en bastante tiempo, aunque siento que está exagerando un poco mis cualidades.
#3
Galhard
Gal
Galhard escuchó con atención las palabras de Manon, sin interrumpirla, con una leve sonrisa en el rostro. Se notaba que la oni tenía una mente ágil y un entusiasmo contagioso, algo que el alférez no podía evitar encontrar refrescante en medio de la monotonía de la vida militar. Sus comentarios eran una mezcla de reflexiones serias y divagaciones impulsivas que Galhard encontraba bastante entretenidas, pero también veía el valor detrás de sus ideas.

Cuando Manon habló sobre la posibilidad de usar Den Den Mushis de vigilancia, Galhard asintió lentamente, pensativo.

—Tienes razón, Manon. La vigilancia en las vías públicas no necesariamente sería una violación de privacidad, y podría ser una herramienta útil para mantener el orden en un lugar como Rostock. Sin embargo —añadió, con un tono reflexivo — implementar algo así requiere delicadeza. No queremos que los habitantes sientan que la Marina está invadiendo su espacio personal. Ganarse su confianza siempre será más efectivo que imponer nuestra presencia.—

Cuando mencionó usar su sentido del olfato para rastrear a los criminales, Galhard arqueó una ceja, impresionado.

—Esa habilidad podría ser un as bajo la manga... de tener medios para aprovecharla como perros o algún mink marine... Si crees que puedes seguirles el rastro a partir de su último ataque, podría ser una forma directa de localizar su base o al menos acorralarlos en algún lugar donde no puedan escapar... habría que planificar bien cómo procedemos después de encontrarlos, después de todo cuanto más acorralado se siente alguien más violento tiende a actuar— Añadió mientras aún miraba como encajar el uso del olfato como medida inmediata.

El alférez percibió la molestia en Manon al hablar de la posibilidad de que los delincuentes quedaran libres, y su expresión se tornó más seria.

—Entiendo tu frustración, y créeme, compartirla no es fácil. A veces, las decisiones que tomamos en la Marina no son las que quisiéramos, sino las que debemos tomar en función de los recursos y las circunstancias. Pero te prometo algo: si atrapamos a esa banda, me aseguraré de que enfrenten las consecuencias. La justicia no es perfecta, pero nosotros podemos hacer que sea lo más efectiva y honesta posible.—

Cuando Manon le preguntó si dejaría a los criminales libres, Galhard negó con firmeza.

—No, no creo que esté bien. Pero el mundo no siempre nos da las soluciones ideales. A veces, tenemos que usar el miedo al castigo como un disuasivo temporal. A largo plazo, lo que realmente necesitamos es estabilidad y confianza entre la Marina y la gente. Si hacemos bien nuestro trabajo, les dejaremos menos margen para actuar, incluso si vuelven a intentarlo... Me gusta creer que hay segundas oportunidades de reinserción para ciertas personas sin poner en riesgo la integridad de los inocentes—

La pasión de Manon por proteger a los demás resonaba con fuerza en sus palabras, y Galhard no pudo evitar admirarla por ello. Cuando aceptó tomar el caso con su ayuda, el alférez asintió con una expresión de aprobación.

—Eso es exactamente lo que la Marina necesita: personas como tú, que no duden en actuar por el bien de los demás. Estoy seguro de que juntos lograremos resolver este caso y devolver un poco de tranquilidad a Rostock.— Añadió viendo en Manon una imagen de los sueños y voluntades que tenía desde que se unió a la marina y por suerte aún atesoraba.

Ante la palmada que le dio Manon, Galhard sintió un golpe que, aunque no lo derribó, dejó claro que la oni tenía fuerza de sobra. Rió levemente, ajustando la postura para disimular el impacto.

—Me alegra que te sientas cómoda conmigo, aunque estoy bastante seguro de que no exagero. Tienes habilidades que pocos pueden igualar, y tu entusiasmo es una ventaja en cualquier equipo. Además, si quieres conocer el lado más encantador de Kilombo, será un honor mostrarte algunos de sus rincones más interesantes. Hay mucho más aquí de lo que parece a simple vista.—

Finalmente, extendió una mano hacia ella, sellando la colaboración.

—Así que, Manon, pongamos manos a la obra. Empecemos a planear cómo rastrear a esa banda y devolverle la paz a este pueblo. Estoy seguro de que será una experiencia... interesante.— Finalizó llevando una de sus manos a su barbilla mientras seguía dando vueltas a lo del olfato.
#4


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