Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Aventura] [Aventura T4] Crimen bajo la luz de la luna
Vance Kerneus
Umi no Yari
Los sucesos acontecidos en el Reino de Oykot hace unas semanas han cambiado por completo la isla. El lugar, antaño gobernado por una clase aristocrática dirigida por el rey y la reina que basaba su poder en su dinero y mantenía asfixiado al pueblo llano, es ahora una democracia. O al menos algo que se parece mucho a ella. Las historias sobre las hazañas llevadas a cabo por un grupo de valerosos miembros del Ejército Revolucionario se han extendido como la pólvora, narrando cómo ayudaron a los balleneros a prevalecer sobre la armada real, destruyendo la presa y alterando el curso del río para dejar el palacio desprotegido. Cómo una vez allí derrotaron al prestigioso y temido General Kudthrow, el más alto cargo del ejército del reino, y permitieron que la plebe entrase en el palacio. El rey abdicó y se fue al exilio mientras su esposa, negándose a abandonar su posición, fue juzgada y encerrada en prisión por sus antiguos súbditos. 

La valiente líder de los balleneros, quien les había dirigido en aquella desesperada revuelta, fue elegida como primera alcaldesa de Oykot. Karina, en quien todo el pueblo llano confía tras la enorme capacidad que había mostrado para ejercer de líder en momentos difíciles, gobierna de una forma muy diferente a la que aquel lugar había conocido hasta este momento. El poder real reside en el pueblo, que participa de cada decisión mientras la reconstrucción de las zonas afectadas por la fugaz guerra civil.

Alistair regresa a la isla en la que tuvo el placer de llevar a cabo su primera misión de importancia como miembro del Ejército Revolucionario, ayudando al resto de los llamados Héroes de Oykot a liberar el antaño Reino. Allí visita la rebautizada como "Taberna del Largo", la antigua taberna del puerto en la que se gestaron muchas de las acciones llevadas a cabo durante la rebelión y que hubo de ser reconstruida tras la misma. Nombrada así por la generosidad de Tofun, que financió dicha reconstrucción, es ahora más que nunca un paraíso para los balleneros y otras personas humildes que busquen tomarse una cerveza o comer algo entre camaradas.

No obstante, su visita no es mera casualidad. Han llegado noticias al alto mando del Ejército Revolucionario de que los antiguos poderes fácticos que gobernaban esta isla están comenzando a moverse, conspirando para intentar recuperar lo que siempre ha sido suyo y siguen considerando como tal. Esto aún no se ha confirmado, pero es lo suficientemente preocupante como para que hayan decidido enviar a uno de los responsables de la liberación del país a investigar.

Al salir de la taberna, el Den Den Mushi negro que porta el lunarian comienza a captar algo. No se entiende muy bien, no queda especialmente claro quién habla ni qué es lo que dice, pero sí que el revolucionario es capaz de escuchar tres conceptos con cierta claridad entre las interferencias y las expresiones crípticas que parecen en clave: y esas tres expresiones son "mañana" "puerto" y "Gran Ballena Blanca". Las dos voces resultan por completo desconocidas, pero se dirigen el uno al otro por lo que parecen nombres en clave: "León", quien parece ser el jefe o, al menos, quien da indicaciones a la otra persona, y "Ahorcado".

¿Qué harás con esta información? No parece nada claro lo que está sucediendo, pero desde luego esa conversación ha sido cuanto menos extraña.

Off
#1
Alistair
Mochuelo
Personaje


Día 39 de Verano, año 724

Estaba de vuelta en la isla que había renacido de entre sus cenizas, con sus cadenas rotas y sus dirigentes previos en el exilio o encarcelados por sus acciones. Un lugar que, por fin, podía experimentar unas bocanadas de aire fresco de las opresiones que la monarquía les imponía para tenerlos mansos y desordenados. Aquella época había acabado, y Oykot veía un nuevo amanecer. Claro, se habían presentado... improvistos que habían redirigido el curso de la operación en mas de una ocasión, y los daños que los enfrentamientos habían causado a lo largo de Oykot les había dado un nuevo río pasando por el medio del sector mas pudiente. Nada que no pudiese repararse.

Pero no todo eran risas y celebraciones por la liberación del reino, al menos no para los revolucionarios. Dejando las reparaciones de lado, había una razón todavía mas grande por la cual habían dado vuelta a sus separadas expediciones que se habrían cortado abruptamente en Momobami o en el Baratie. El mas pequeño pero con el corazón mas grande, Tofun, había sustentado una cantidad peligrosa de heridas en un altercado que había ocurrido a bordo de la embarcación-restaurante, y tras varios días de luchar contra los extensivos daños de proyectiles sobre su pequeño cuerpo, la lucha del Tontatta finalmente había concluído cuando la sombra de la muerte acabara de cobrarse una valiosa alma de la revolución. Ese día, una voz había sido silenciada sin misericordia. O quizá... O quizá era quien había recibido la mayor misericordia del grupo, siendo libre de un mundo que solo veía violencia, esclavitud y guerra como pan de cada día. Eran pensamientos filosóficos que no se atrevía a darle demasiadas vueltas, o se arriesgaba a perder la cabeza. Era mejor acallar esos susurros antes de que fuesen poderosas voces. 

Por otro lado, había estado dándoles vueltas una y otra vez a otros pensamientos como, ¿Cuáles habían sido sus errores que junto a la sirena no habían conseguido salvar al cervecero tontatta? ¿O simplemente se trataba de uno de esos escenarios en los que la sanación de una persona estaba completamente por encima de sus capacidades, o de las de cualquier otro? El pensamiento no era tan simple de disipar como ignorarlos sin mirar hacia atrás, y que la personalidad del lunarian rechazara cualquier razón para excusar su incapacidad para realizar una tarea tan solo hacía que le saliera el tiro por la culata limpiamente. No tenía escapatoria a la culpa, pero al menos la ceremonia funeraria que habían montado a su regreso había ayudado a alivianar el sentimiento. 

El destino era cruel, y no quedaba más que seguir adelante con fuerza. Por Tofun. Por la revolución. Por un mejor futuro en el que todos pudieran saludar el mismo sol cada mañana, como un derecho y no como un privilegio escaso. 

En la Taberna del Largo, el lunarian soltaría un suspiro de satisfacción seguido de una sonora carcajada, dejando de lado un pequeño recipiente de comida que había dejado limpio del gusto. ¡Una buena porción de apetitosa comida era una excelente medicina para olvidar temporalmente todos los problemas del mundo, y el salteado de pollo no era ninguna excepción! — ¡Eso ha sentado fantásticamente! Nunca dejes de cocinar, tienes un don de los que hay pocos. El mundo perdería una estrella brillante en el firmamento. — Palabras que dedicó al chef que habían asignado para la atención del lugar, una persona bastante capaz con unas manos que le provocaba besarlas por las preparaciones que hacía. 

[consumir=CHF002]

Satisfecho, el emplumado salió del lugar. Buscó un momento a solas, un instante para reflexionar pensamientos y sacarse otros tantos de la cabeza, una práctica que rara vez hacía en presencia de otros. No es que no confiase en ellos, sino todo lo contrario, pero eran cosas que requerían de su propio proceso mental para lidiar, además de tratarse de ideas errantes que iban y venían a diario por incluso las mas mínimas tonterías; no quería parecer el crío que pedía a sus padres pasar la noche con ellos cada vez que veía la esquina de una sombra cambiar de forma, y confundirlo con una bestia salvaje viviendo bajo la cama.

Al salir, el Den Den Mushi negro en la muñeca del revolucionario emitió el sonido característico de haber interceptado una señal sin antecedente previo, algo a lo que atendió por mera curiosidad pero pronto descubrió ser mucho mas grande que una llamada de buenas noches entre los locales. Difusa, poco entendible y... Claramente, estaban hablando en clave. Las dos identidades se mantenían en perfecto anonimato, utilizando nombres en código para referirse entre ellos, pero era dolorosamente obvio que uno de ellos era un jefe dando órdenes a su subordinado, el receptor de la llamada al otro lado. ¿Quienes narices eran y qué tramaban?

De la extraña comunicación pudo sacar tres palabras clave: Mañana, puerto y... ¿Gran Ballena Blanca? La repetición que habían usado con esa tercera le hacía intuir que se trataba de algo importante, pero se habían encargado de cubrirlo tan minuciosamente que no podía relacionar una palabra así con algo conocido. ¿Una embarcación? ¿Algún lugar? ¿Quizá... una persona? Las posibilidades bordaban la infinidad, y dar vueltas al tema solo le produciría un dolor de cabeza.

El camino mas rápido estaba en preguntarle a la persona involucrada directamente, por los medios que fueran necesarios. 

Anticipándose por medio de la información que había interceptado, el lunarian se dirigió al puerto a la mañana siguiente en espera a lo que sea que estuviera a punto de suceder. De hecho, tuvo que conversar de manera clandestina con uno de los trabajadores del puerto en la madrugada del día siguiente, a horas de empezar su turno, para que acercara uno de los barriles vacíos con algunos agujeros a la altura de sus ojos que usaría como escondite, en donde pudiera camuflarse con los demás objetos presentes pero tuviera linea directa de vista hacia una amplia parte del lugar; descartó un disfraz porque, con la fama que había ganado, sus extravagantes características físicas como su cabello y sus alas de ébano lo delatarían en un instante. Y quien quiera que había utilizado esa comunicación tenía experiencia en su campo, ocultando información incluso siendo interceptada. El lunarian a duras penas tenía espacio para respirar, y que tuviese sus tres katanas con él lo hacía todavía mas difícil. Quien quiera que fuera... Solo esperaba que desmintiera sus sospechas, o que las confirmara, pero que hiciera su aparición pronto. 

Fuese por ver algo inusual, o interceptar una nueva comunicación con su DDM negro, estaría preparado para lo que viniera y reaccionaría en un parpadeo.

Resumen general

Info bélica & Inventario

Virtudes y Defectos relevantes
#2
Vance Kerneus
Umi no Yari
El ballenero no pone ningún problema para ayudar a Alistair, al fin y al cabo el rostro del muchacho es ya conocido en aquella isla tras su implicación en los vitales acontecimientos ocurridos apenas dos semanas atrás. Los tambores de la liberación resonaron con fuerza en aquella jornada, y el eco de su estruendo aún se puede escuchar por todo el país de Oykot, así como en los corazones de todos los que colaboraron con la causa de la libertad. Así, cuando el alba llega descubre al lunarian embutido en el interior de un barril, incapaz de moverse porque apenas cabe en él pero aún así aguantando estoicamente en una situación que, vista desde fuera, podría fácilmente resultar extremadamente ridícula. 

Por suerte la energía que le dio el delicioso salteado que se había tomado en la Taberna del Largo, el local nombrado en memoria de su difunto compañero tontatta, aún le dura, porque de lo contrario aguantar ahí dentro parecería una tarea realmente dura. Apenas sí puede respirar, pues su propio cuerpo no está lejos de tapar por completo los pequeños agujeros que ha hecho el ballenero que le prestó el barril para que Alistair pudiera respirar.

Las horas pasan, y no es mucho lo que sucede. Alrededor del extraño barril, que no llama la atención de nadie, pasan muchas personas pero sus conversaciones no son especialmente interesantes. La gran mayoría de ellos son simplemente habitantes de la isla que van de un lado a otro realizando sus tareas habituales, trabajando o haciendo compras por el puerto. Incluso parece que un tipo en algún momento ha dejado algo sobre la tapa del barril. No sabes qué es, pero da la sensación de pesar bastante. No obstante, cuando ya el sol casi ha llegado a su punto más alto, dos personas pasan a su lado hablando entre sí. Sus palabras llaman rápidamente la atención del muchacho, aunque no sean especialmente explícitas. 

- Así que la reunión será esta tarde. - Dice una de las voces, que suena grave y con un curioso acento que sin duda es extranjero. Pronuncia las erres con gran fuerza, prácticamente cargando el peso de las palabras sobre ellas. Al revolucionario le resulta ligeramente familiar, aunque no consigue en un primer momento identificarla.

- Si, a las siete en el muelle número tres. Para entonces ya estará vacío. - Contesta una segunda voz, mucho más suave y con un acento que parece oriundo de Oykot. - La Gran Ballena Blanca ha aceptado reunirse con nosotros. Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

- Sí, no te preocupes. - Responde de forma cortante la otra voz. - Tengo el arpón preparado

A través de los pequeños agujeros es difícil ver mucho, y mientras ambas personas se van alejando el revolucionario solo consigue ver que las dos figuras parecen hombres de constitución normal o delgada, vestidos de forma elegante. Uno de ellos, con las piernas sensiblemente más largas que su interlocutor, lleva lo que parece un traje negro liso, sencillo, y unos zapatos negros sin cordones. El otro lleva un traje gris con cuadros azules más llamativo, y parece más bajito por la longitud de sus piernas. 

Contenido Oculto

Resumen
#3
Alistair
Mochuelo
Aquella experiencia era el perfecto enemigo de una persona claustrofóbica, que si hubiese sido el caso del lunarian, seguramente no habría tenido reparo alguno en romper a pura fuerza y adrenalina la madera que conformaba aquel pequeño barril. Constrictivo, de aire húmedo -ayudado todavía mas por la cercanía con el mar- y con tan poco espacio que tomar una calada de aire le hacía sentír cómo el preciado recurso lentamente disminuía dentro de su propio escondite. La altura del revolucionario no ayudaba a nada, a falta de decir que directamente jugaba en contra, pero para la tarea que tenía en mano, esto era lo mejor que podía conseguir; no tenía el lujo de ser quisquilloso. 

Sucesos ocurrieron, fueron y vinieron durante el sostenido escondite de Alistair, quien hace su mejor esfuerzo por mantenerse quieto en su sitio para evitar despertar sospecha alguna; en un punto resultó mucho mas fácil, pues el peso que alguien había colocado en la parte superior del barril acabó por no solo retener el barril en su sitio sino de impedir que cualquier movimiento instintivo de querer salir fuese cortado en el acto; la única manera de escapar de allí era con un esfuerzo consciente y perfectamente visible que destaparía su improvisado escondite, un pensamiento que suprimía cualquier impulso por salir de allí y tomar la bocanada de aire mas grande que había tomado en su vida. 

Hasta que, finalmente, toda su paciencia dejó ver frutos a la vista. O algo mucho mas valioso, si tuviese una mejor palabra para describirlo.

El cruce de dos personas que, aunque inicialmente parecían no llamar demasiado la atención, consiguieron volverse llamativos a los ojos del revolucionario cuando parecía que hablaban sin, precisamente, querer llamar demasiado la atención. 

Una confirmación de una reunión que sonaba clandestina, una hora y un lugar. Aunque por misterioso que sonase, no podía solo asumir que cada personaje de apariencia misteriosa pasando por el muelle era la persona que buscaba. O eso fue el pensamiento que pasó por su cabeza, hasta que escuchó unas palabras que llamaron mucho mas su atención: La Gran Ballena Blanca. Una palabra que, a pesar de las pocas veces que las había escuchado hasta ahora, le resultaba tremendamente intrigante. No solo eso sino que por la forma en que lo había pronunciado, había conseguido confirmar que la gran ballena blanca era un término que utilizaban para referirse a una persona. Insuficiente para relacionarlo a una personalidad en concreto, pero suficiente para deducir que tal nivel de secrecía solo podía asignarse a un VIP. 

Algo que dejó en segundo plano, pero no ignoró, eran los acentos en las voces. Uno de ellos extranjero mientras que un segundo perteneciente a la isla. ¿Qué narices podían tener entre manos un foráneo con un nativo de Oykot? 

Su mirada se mantuvo cuanto pudo en las figuras mientras se alejaban, intentando definir cuanto detalle pudiera de ellos sin más suerte que las siluetas corporales y la vestimenta que portaba, disonantemente elegantes para la ocasión. Al final de todo, tan solo pudo achinar los ojos mientras su cabeza intentaba sacar sentido de todo lo que había escuchado y observado sin mayor éxito que lo que había conseguido. 

Esperó a que estuviesen a una distancia lo suficientemente alejada y, varios minutos después de asegurarse de tener tanta distancia de cada uno como para que fuese imposible para ellos notarlo o escuchar cualquiera de sus acciones, empujó la parte superior del barril para mover la tapa junto con el contenido pesado encima a un lado, dejándolo sobre otra superficie con el cuidado necesario para que hiciese tan solo el mínimo ruido posible. Salió del barril y, queriendo pasar al próximo paso de tan extraña reunión de acontecimientos, se dirigió inmediatamente hacia el muelle numero tres con unas cuantas horas por delante del momento del encuentro. Un poco de preparación por adelantado siempre venía maravillosamente. Aunque primero haría una parada rápida en su lugar de vivienda pasajera con el fin de reunir el resto de su equipo. 

Una vez llegó hasta el mencionado muelle numero tres -y si nadie le impedía el paso-, el primer paso sería analizar cuanto pudiera del lugar con un primer vistazo. Espacios por los cuales escapar -o alguien mas intentara perderle la pista-, edificios, simbología que pudiera parecer particularmente llamativa y sospechosa, cualquier cosa que pudiera darle una mínima ventaja; si se trataba de algo tan peligroso como sospechaba su instinto, lo mejor era proceder con una aproximación metódica y precavida. 

Tan pronto estuviese satisfecho y, si no encontraba nada que demandara su urgente atención y mente, el paso inmediatamente siguiente sería tomar cobertura. Específicamente, tomar una buena elevación en algún edificio alto desde el que pudiera observar a otros transeúntes desde arriba mientras él pasaba mayormente desapercibido; si tenía suerte, para la hora del encuentro, el sol caería lo suficiente para que su plumaje negro sirviera a su favor y podría cubrirse con éste -además de alguna estructura presente en el sitio, detrás de la cual cubriría su presencia-, siempre que se mantuviera alejado de cualquier fuente de luz que lo delatara fácilmente. Desde allí, incluso podría saltar -técnicamente volar, usando sus alas- de un punto a otro mientras burlaba la atención de ojos que quisiera evitar. 

Resumen general

Info bélica & Inventario

Virtudes y Defectos relevantes
#4
Vance Kerneus
Umi no Yari
El lunarian trata de salir del barril, pero no parece ser capaz de abrir la tapa del mismo. Sea lo que sea lo que alguien ha colocado encima, pesa lo suficiente como para que, en una posición tan estrecha y de tan escasa movilidad como la que tiene, el revolucionario no pueda reunir la fuerza necesaria para desplazarlo hacia arriba. Sus esfuerzos, por intensos que sean, resultan completamente vanos ante aquel peso que, impertérrito, soporta todos sus intentos. Y es que cuando uno está doblado de una forma tan incómoda y tiene tan poco espacio para maniobrar, poder mover algo que tenga un peso mayor de unos pocos kilos puede llegar a resultar una quimera. 

El tiempo pasa, y el joven sigue sin poder abandonar su ingenioso escondite. Por suerte para él, los pequeños agujeros a través de los que podía ver el exterior hacen que el aire en el interior del barril no se agote, porque de lo contrario Alistair estaría viéndose en problemas considerablemente serios. En momentos como estos es normal que la impaciencia y la frustración puedan invadir los pensamientos de cualquiera, viendo como el tiempo se le va echando encima mientras se encuentra atrapado como una mosca en una telaraña. De nuevo por fortuna, pues cuando los dos hombres misteriosos pasaron a su lado hablando de la Gran Ballena Blanca apenas el sol estaba llegando a su cénit, da la sensación de que hay tiempo más que suficiente para encontrar una forma de salir de allí antes de que den las siete de la tarde, pero aún así el lunarian no debe confiarse. Aunque no lo parezca, el tiempo juega en su contra, pues es probable que si la hora establecida llega y no ha descubierto nada más no consiga impedir lo que sea que está por suceder.

Y es que para un tipo tan grande y pesado como él, una misión de espionaje y escondites puede a priori no parecer lo más adecuado. Al fin y al cabo un hombre de su tamaño no cabe fácilmente en cualquier parte, lo que incluye para su desgracia barriles como en el que se encuentra embutido prácticamente a presión. Pero bueno, nunca es tarde para aprender una nueva lección, y es probable que Alistair saque alguna conclusión de esta situación. Como tal vez no meterse dentro de recipientes en los que a duras penas entra. 

En fin, que me voy por las ramas. El joven revolucionario, atrapado sin poder escapar de un simple barril encima del cual alguien ha colocado un objeto aparentemente muy pesado, lucha por escapar de su improvisada prisión, consciente de que cuanto más tiempo tarde en lograrlo más difícil le resultará descubrir a tiempo qué o quién es la Gran Ballena Blanca y qué significa eso del arpón. No es momento de entretenerse, urge encontrar una solución que permita continuar su investigación. ¿Será capaz nuestro querido lunarian de salir victorioso de su enfrentamiento con su enemigo natural el barril?

Resumen y Cosas
#5
Alistair
Mochuelo
... No cedió. Oh no. 

El escondite por el que se había decidido, antes increíblemente útil para la tarea que tenía en sus manos, ahora resultó jugar una muy mala pasada en su contra, colaborando desafortunadamente en su contra para retenerlo en el sitio, restándole posibilidades de escape y dejándole encerrado en esa pequeña "prisión" de madera que seguramente contendría pesca fresca hasta hace no más de unas cuantas horas. Tenía suerte de que el aroma ya hubiese abandonado la madera hace tiempo -o se aferraba con más fuerza de la que hacía posible impregnarse en otro sitio-, y solo permanecía detectable en el lugar gracias a desarrollada nariz. Caso contrario, sería una repetición de sus primeros días en Oykot antes de la operación: Ir de un lado a otro por unas cuantas horas con un poderoso hedor que provocaba y ameritaba un rechazo instantáneo.

Calma y piensa, revolucionario. Salir de un barril no podía ser tan complicado, ni mucho menos un impedimento (tontamente autoimpuesto, además) para frustrar un sospechoso complot cocinado por aquellos desconocidos. 

Alistair intentó nuevamente empujar la tapa del barril hacia arriba usando solo la yema de sus dedos, la única parte de su cuerpo que conseguía llegar hasta el lugar, y a medio estirar para empeorar las cosas; incluso en posesión de la fuerza para levantar un balandro y estampárselo en la cabeza a alguien, encontrarse en tan poco idónea posición hacía que fuese completamente incapaz de invocar cualquier mínimo ápice de fuerza, y por consiguiente aumentaba drásticamente la dificultad de una tarea que en otra estancia sería pan comido. En un punto, incluso intentó golpetear varias veces con las mismas yemas dactilares a ver si conseguía desplazar lo suficiente el objeto que le estaba bloqueando la salida, pero por la sensación que daba, como mucho le habrá dado un meneo que causaría un desplazamiento de unos centímetros nada más. 

Se estaba quedando sin tiempo y, a pesar de sus mesuradas emociones, sin paciencia. Si seguía desperdiciando valiosísimos minutos del día en tonterías como esa, acabaría no solo fallando en estar presente para el evento que estaba a punto de suceder, sino además de asumir todas las consecuencias del mencionado fallo. Tal secrecía rodeaba las posibilidades de tal manera que el emplumado ni siquiera conseguía aproximar la gravedad de éstas. Como todo buen paranoico ante una situación excepcional, lo mas adecuado era asumir lo peor y prepararse en base a eso; era mejor para él ir vestido en exceso que en carencia. 

Intento tras intento pasó, dejando salir más de un sonido de frustración hasta que finalmente fue su cuerpo el que se movió como divinamente pudo, sacudiéndose de un lado a otro en el poco espacio disponible como una persona intentando resistirse a un agarre. Sintió el tambaleo, y con ello, una idea. 

Repitió el movimiento, cada vez mas fuerte, utilizando cada fibra muscular que pudiera disponer de movimiento para sacudir el barril hasta que finalmente... ¡Era libre! Con una ligera sacudida en la cabeza y un mareo provocado por el golpe, que se disipó muy pronto, pero libre de cualquier manera tras haber tumbado el barril de lado y que el peso sobre la tapa cayera irremediablemente como consecuencia, "saliendo" del barril cual sardina resbaladiza y derramada en el suelo. No contaba con el lujo de conseguir todo perfectamente, estaba apresurado. Tan solo sacó un momento para observar el contenido que había arrojado al suelo, y observar si había algún trabajador a su alrededor. Si lo había, comentaría. — ¡Lo siento, te pago cualquier daño mañana mismo! — Comentó, antes de salir apresurado por su lado (pero siempre atento a sus alrededores e intentando realizar poco ruido, procurando no cruzar caminos con ningún individuo de traje).

Por fin libre de su aprisionamiento auto-provocado, se dirigió nuevamente hacia su lugar de estadía para reunir todo el equipo que necesitase e, inmediatamente después, hacia el muelle numero tres del que habían hablado. Su perdida de tiempo no había sido menor, pero tampoco se trataba de nada demasiado malo. Aún tenía suficiente tiempo encima como para compensarlo.

En esencia, intentaría los mismos pasos que hubiese hecho si no hubiese enfrentado esa accidental demora: Revisión del perímetro en busca de escanear el lugar y de encontrar cualquier cosa que pudiese llamar la atención. Tan pronto estuviese satisfecho y si nada ameritaba un desvio, elevarse hasta el punto mas alto de algún edificio mediante el cual pasar desapercibido (oculto detrás de algún obstáculo cercano presente) y, finalmente, una constante atención tanto a los caminos por debajo como a su Den Den Mushi negro en caso de que alguno de los desconocidos intentara establecer nuevamente comunicaciones, y con ello pudiera rascar cualquier deje de pistas adicionales sobre dónde estar y cómo actuar. 

Resumen general

Info bélica & Inventario

Virtudes y Defectos relevantes
#6
Vance Kerneus
Umi no Yari
Finalmente el intrépido revolucionario consigue sobreponerse a los nervios que surgieron fruto de su incapacidad para levantar la tapa del barril para poder salir de su escondite, convertido ahora en prisión, y comienza a intentar zarandearlo. Sacude su cuerpo tanto como puede en tan reducido espacio, lo que inicialmente es muy poco, pero que poco a poco va acumulando efectos hasta que el barril empieza a moverse de verdad, inclinándose cada vez más hasta que, finalmente, cae al suelo junto a lo que le habían colocado encima. El estruendo es ensordecedor, y un par de transeúntes que pasan cerca de la posición del lunarian le miran entre desconcertados y asombrados. Y es que, ¿qué puede estar haciendo uno de los Héroes de la Revolución de Oykot atrapado dentro de un barril? Desde luego, la escena es cuanto menos llamativa. Al levantarse puede ver cómo lo que impedía su salida por la fuerza eran cuatro cajas de madera de un tamaño bastante importante que, por cómo habían caído al suelo al caerse el barril, parecían haber sido colocadas una encima de la otra, formando una inestable pero pesada torre que sorprendentemente el barril era capaz de soportar sin ceder. 

El joven recorre las calles hasta llegar al muelle número tres. El camino era largo, por lo que le lleva en torno a una hora llegar a su destino. Durante el trayecto no observa nada raro a priori en las calles de la ciudad. Visto desde fuera todo parece normal, un día cualquiera en el que aparentemente nada de lo común está sucediendo. O al menos todo lo normal que puede ser una jornada en un lugar que acaba de sufrir un cambio radical en su sistema social y político al que todavía se está acostumbrando, y con los nuevos gobernantes aún asentando su poder y ganándose día a día la confianza que las buenas gentes de la isla han depositado en ellos. No obstante, puedes apreciar que se respira optimismo en las calles. Los ciudadanos de a pie parecen contentos, o al menos eso muestran sus rostros sonrientes mientras charlan entre ellos o compran o venden distintos productos en los puestos callejeros y tiendas. 

Cuando por fin arriba al muelle número tres nuestro protagonista puede ver que se trata de un largo saliente de cemento que se adentra en el mar. En torno a él permanecen ancladas múltiples embarcaciones de todos los tipos y tamaños. Desde humildes botes pesqueros hasta enormes buques de grandes comerciantes, pasando por los veloces barcos de los balleneros. También hay dos o tres barcos que parecen considerablemente más lujosos que el resto. Uno de ellos es de un blanco brillante, tremendamente moderno y adornado y con espacio para unos ocho o diez viajeros. Otro de ellos es considerablemente más pequeño, apenas con sitio para tres personas o a lo sumo cuatro, y de un color negro mate, aunque aparenta ser igualmente tecnológico. Tiene los cristales tintados de forma que no se ve nada en el escaso espacio que tiene en su interior. El último es de un color verde botella bastante bonito, con los cristales reflectantes cual espejos, lo que también impide que se vea nada de su interior desde fuera. Tiene un tamaño intermedio entre los dos anteriores, con hueco probablemente para unas seis personas, y en su superficie tiene dibujados varios patrones geométricos a los que a priori Alistair no encuentra un claro sentido.

Hay un edificio que parece una pequeña nave industrial en el centro del muelle de apenas un piso de altura, por lo que el lunarian no tiene muchas dificultades para subir a su tejado. Desde allí no aprecia demasiada actividad, más allá de algún que otro empleado del puerto que entra y sale de la nave para dejar o sacar cajas de la misma. Sin embargo, cuando ha pasado en torno a una hora desde su llegada al muelle, su Den Den Mushi negro empieza a captar una señal que parece no provenir de muy lejos. Debido a esto es algo más clara que la captada anteriormente, y puede entender un par de frases completas de forma continuada.

- Aquí Dragón Furioso. Ya en posición y a la espera de que la Gran Ballena Blanca haga su aparición. - Escucha que dice una voz que al revolucionario le suena muy familiar. Es la misma voz que escuchó antes desde dentro del barril, la que pronuncia las erres con mucha fuerza. 

- Perfecto, aquí Gran Venado Coronado. - Responde otra voz que no suena reconocible. - Aguarda allí hasta que contacte de nuevo contigo. Nadie debe enterarse de tu presencia aquí.

La conversación finaliza en ese momento. Ha sido corta, pero intensa, y ha dejado una cosa clara. Sea lo que sea lo que tienen pensado hacer esa tarde ya está todo listo y solo tienen que aguardar a que llegue el momento. En esta ocasión la señal que ha interceptado el Den Den Mushi negro ha sido de una calidad excelente, lo que habla de que probablemente al menos una de las dos personas que se estaban comunicando se encuentra muy cerca de la posición del revolucionario. Son ya algo más de las dos y media de la tarde, apenas faltan poco más de cuatro horas para que lo que tiene que ocurrir suceda, por lo que el tiempo es escaso. El lunarian ha de moverse con presteza si quiere descubrir aquella trama antes de que sea demasiado tarde.

Resumen
#7
Alistair
Mochuelo
El tiempo avanzaba sin esperar a nadie, y este caso no era la excepción. Aunque el suceso con el barril había conseguido quitarle parte del muy necesario tiempo con el que contaba, no había sido suficiente para ubicarlo en una mala posición para resumir sus planes. O, al menos, no que el propio emplumado estuviese al tanto de ello.

El arribo del mochuelo al muelle se vio recibido con una calma que, mayormente por el contexto en el que se encontraba, le producía una intranquilidad que no conseguía sacarse de la cabeza sin importar desde qué ángulo intentara abordarla. Mayormente aportada por los recientes eventos de restructuración en el gobierno local que cambiaba no solo a sus dirigentes sino a la dinámica con la que se aproximaban a la población general, los comportamientos afables que exhibía la gente en cualquier otro contexto hubiese sido una fuente de alegría y sosiego para Alistair. Todo lo que podía hacer era llegar hasta el fondo del misterio que se había encargado de echar raíz en sus pensamientos, pasar página hacia un día mejor  y convertirse en parte de la celebración pasiva que Oykot festejaba en relativo silencio.

Desde la entrada del muelle en cuestión, Alistair pudo escanear el ambiente con detenimiento, una actividad que consiguió realizar con mayor precisión cuando el emplumado se elevó hasta el tope de una estructura presente en el lugar y contó con la vista "privilegiada" que ésta le brindaba, aunque ésta solo fuese de un piso más de lo que tendría a nivel del suelo; no contaba con el beneficio de poder ser quisquilloso en la situación presente en sus manos, y tomaría todo lo que pudiera conferirle una ventaja por mínima que esta pudiera ser. 

Si la situación no demandara cautela de su parte, seguramente ya habría estirado su par de alas y divisado la totalidad del área desde una vista de pájaro tras elevarse varias decenas de metros por encima. El problema era que, si la situación era tan delicada como su instinto dictaba, llamar la atención y revelar su presencia prematuramente sería un contratiempo mayor que pondría en riesgo a quien quiera que fuera su objetivo, y a las personas en el lugar. En el peor escenario, incluso Alistair podía estar en peligro.

No era tan despistado como para actuar con prisas cuando tenía tiempo... Pero cuando este recurso se empezara a agotar, una decisión sería necesaria. Y tendría que actuar, además de asumir sus consecuencias.

Sin consumir mas tiempo en sus propios pensamientos, sería una transmisión peculiar interceptada por su Den Den Mushi la que lo sacaría de su trance. En ella, dos presencias -tan solo una de ellas familiar- realizaron un corto intercambio de palabras que, a pesar de cuán reveladora fue, le dejó aún mas perdido de lo que había empezado. Nombres claves, informes de naturaleza militar y órdenes... ¿Qué era lo que estaba pasando realmente? Chistó con los dientes, dejando que un ligero sentido de frustración se apoderara de él. Incluso con dos orejas encima de su Den Den y sus ojos encima del camino, no conseguía encontrar nada fuera de lugar.

Quienes quiera que fueran, eran buenos en lo que hacían.

Entre sus opciones, podía visualizar dos caminos principales. El primero era utilizar el tiempo que aún le quedaba para analizar mas detenidamente el lugar, preguntar furtivamente a los trabajadores presentes en busca de rascar información por mínima que pudiera ser, pero que fuera lo suficientemente esclarecedora como para poner la próxima piedra que indicase el camino, y abordar el problema resultante desde allí. Mientras que el segundo era mucho mas extremo, una técnica increíblemente agresiva en la que revelaría su presencia de manera increíblemente obvia y vistosa, buscando así sonsacar una reacción en alguno de los presentes para poder resaltar sospechosos y poder vigilarlos minuciosamente, al menos en lo que el tiempo designado transcurría. 

O quizá... Podía optar por un punto medio, aunque tendría que andar con ojos en la espalda. Era su mejor apuesta, y si de algo tenía que servirle la reputación que había amasado era que consiguiera sacar a una sombra de su escondite por medio de la atención que pudiera llamar. Si había una vida en riesgo, atraer atención al lugar en el que los desconocidos actuarían tendría un efecto adverso en sus planes, como mínimo retrasándolos para darle tiempo al emplumado.

A falta de una mejor idea, iría con esa de momento. 

Bajó desde su punto elevado y, persiguiendo al empleado del lugar mas inmediatamente cercano, buscó llamar su atención para hacerle algunas preguntas. — ¡Ah, disculpa! ¿Puedo ocupar tu atención un momento? — Preguntó, intentando mantenerse cortés. Mas allá de unos buenos modales y no querer molestar al hombre (o mujer, la vestimenta del puerto siempre era voluminosa y tampoco se molestó en fijarse demasiado), entablar conversaciones afables y con una sonrisa le garantizada una mejor probabilidad de llegar a la respuesta que quería.

Quería saber si han visto algo inusual entre ayer y hoy, cualquier cosa que puedan haber visto. — Esperó unos segundos a ver si le decía algo, o si pedía ser mas específico. — Algo como algún bote que nunca antes haya estado en el puerto, o estuviera una inusual cantidad de tiempo en el muelle sin que se supiera nada de su dueño. — Los tres barcos de apariencia lujosa llamaban su atención de sobremanera, pero intentaría no ser demasiado obvio; si resultaba que alguno de los desconocidos lo escuchaba, lo mejor era que pensaran que el revolucionario se encontraba sin pista ni sospecha alguna. — También me ayudaría si han visto a alguna persona de apariencia sospechosa bajo los mismos criterios: Que nunca le hayan visto antes por aquí, y que se sepa poco a nada de ellos. Esa clase de gente que tiene pinta de malo de película cantando de aquí hasta Kilombo. — Tenían que estar en las cercanías, la calidad de la llamada interceptada era su mejor prueba. El problema residía en dónde; no podía solo colarse en cada barco de pintas sospechosas y esperar no ganarse una reprimenda importante. 

Por supuesto, no se contentaría con tan solo uno. Si por alguna razón el empleado al que intentaba hacer preguntas no estaba en disposición de responder, o no tenía nada que le permitiera avanzar en la investigación de incluso la mas mínima forma, pasaría al siguiente hasta que encontrara algo de interés, o hasta que observara un comportamiento sospechoso en alguno. Prueba y error, con un acercamiento mucho mas radical

Resumen general

Info bélica & Inventario

Virtudes y Defectos relevantes
#8
Mayura Pavone
El Pavo Real del Oceano
La trabajadora del puerto, que detuviste para hacer tus preguntas, se sorprende de antemano al verte, un rostro reconocido entre los habitantes de Oykot, especialmente tras los eventos revolucionarios en los que fungiste como un héroe. Su expresión es un claro reflejo de admiración, timidez y nerviosismo, con las mejillas sonrojadas y miradas incapaces de verte a los ojos. Sin embargo, la chica que llevaba aquel moño recogido como un hombre accede a escuchar tus preguntas, prestando atención al más mínimo detalle, aunque su mirada se desviara hacia partes de tu cuerpo que definitivamente no eran tu cara.
 
¿Barcos inusuales? ¡Ah, sí! Claro, eh… — Tartamudea un poco mientras entrelaza sus manos con evidente nerviosismo. — Bueno, hay unos barcos lujosos ahora que lo mencionas… esos llegaron entre ayer y hoy. El de color blanco brillante y el negro mate llegaron por la mañana. Pero el verde, ese… llegó anoche. Nunca los había visto antes y se ven muy lujosos, no conozco a sus dueños, pero he escuchado algunos rumores entre los chicos. — Baja la voz, como si temiera ser escuchada, a fin de cuenta estaba a punto de chismear con un héroe nacional. 

Dicen que hay una reunión importante en este muelle… algo grande para impulsar el comercio del nuevo gobierno. — La joven alza la mirada por un momento, y luego la desvía de nuevo con rapidez, claramente avergonzada por haberte mirado directamente, viéndose obligada por los nervios a tragar saliva y proseguir con voz temblorosa. — Se habla de un tratado, algo grande… pero no sé mucho más. Solo eso y que todos parecen muy cautelosos. Quizá alguien con más autoridad podría ayudarte. Mi supervisor... está haciendo inventario en ese almacén. Él podría darte más detalles si investigas algo confidencial. Estoy segura de que, como héroe de la revolución, sabrá que puede confiar en ti. — Señala en dirección a la nave industrial central tras hacer una pausa, claramente reuniendo el valor para decir algo más. Sus mejillas parecen arder mientras aprieta las manos contra su delantal.
 
Yo… eh… gracias, señor, por todo lo que usted y sus compañeros hicieron por Oykot. — finaliza la joven dedicándote una última mirada furtiva antes de dar un paso atrás, visiblemente inquieta pero también genuinamente dispuesta a colaborar contigo en lo que necesites. Con la información obtenida y la posible ubicación de alguien con autoridad para confirmar o revelar más detalles, el próximo paso está claro.
 
Desde aquí puedes elegir cómo proceder Alistair. ¿Decidirás investigar el muelle con más detalle antes de hablar con el supervisor? ¿Investigaras aquellas embarcaciones lujosas que habías visto? ¿O directamente irás a buscar respuestas dentro de la nave, justo en la misma que estuviste en el techo, solo que ahora entablando una conversación en su interior con el supervisor? O quizás eres de esos… si esos que siempre me sorprenden tomando una de las vías que no le sugerí.

Off
#9


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