Desconocido
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
28-11-2024, 01:10 AM
Las Islas Gecko, concretamente Isla Kolima era el destino de nuestra protagonista. Más concretamente un pueblo pequeño rodeado de bosque. Claro que ese bosque ha visto días mejores. Antes el bosque ahogaba a la población, delimitando perfectamente el pueblo e impidiendo que creciera a su antojo. Pero ahora había bastante distancia entre los árboles y las casas. Y es que la actividad económica principal del lugar era la tala de árboles. Tenían plantaciones de ellos creciendo en otros sitios, pero le había tocado el turno a esa arboleda desde hacía unos años.
El pueblo era acogedor, y su líder/representante/alcalde/jefe o cualquier otro sinónimo que quieras, una persona afable y justa que salía a recibir a cualquier forastero que entrara en el pueblo si no estaba ocupado. Pero justo ese día estaba reunido en un intento más por mejorar la calidad de vida de los habitantes de la isla. ¿No lo había mencionado? Kolima es una isla más bien pobre y su explotación maderera es la principal y casi única fuente de ingresos de sus habitantes, abasteciendo a los grandes astilleros de Syrup. Igualmente, el objetivo de Diana, el cliente de su madre, vivía en una casa algo alejada del núcleo del pueblo a pesar de no ser una granja, si pide indicaciones, cualquiera le indicaría la ubicación la casa de los Kazma, con mala cara con casi toda posibilidad.
El clima de ese día amenazaba tormenta en cualquier momento, lo que impedía apreciar por completo la belleza de aquella casa. Aunque no parecía más grande ni más lujosa que el resto, parecía mucho más cuidada, pintada de tonos vivos que resaltaban contra el fondo boscoso. Roja y blanca, ambos colores impolutos, sin una mancha que los oscureciera. Rodeada de un parterre con flores y otras plantas pegadas a la casa por todas partes y que se extendían un poco por los bordes del camino para dar la bienvenida a las visitas. ¿Quién viviría en una casa como esa?
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- No es necesario un resumen del post en esta aventura.
- Cualquier duda, pregunta.
- Aunque no es necesario en una T1, fija los stats con el comando Personaje.
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Diana Kari
Wild Huntress
29-11-2024, 06:03 PM
Personaje
Estadísticas de Diana Kari:
35 FUE | 20 RES | 30 DES | 0 PUN | 20 AGI | 25 REF | 10 VOL | 0 CA
Vitalidad: 480
Energía: 215
Haki: 50
Nivel: 4
50 de verano del 724
Un nuevo día había llegado, y ya tenía trabajo. Mi madre acababa de finalizar un arma en la que había estado trabajando toda la noche anterior y como necesitaba un merecido descanso, además de que la entrega era en otra isla y le atrasaría bastante el ir a entregarla personalmente, la elegida fui yo. No sabía qué tipo de arma era el que había forjado pero me quedaba claro de que se trataba de un pedido especial ya que el arma se encontraba dentro de una caja bien decorada cubierta con tela de seda dedicada solo para los clientes más adinerados o aquellos a que mi madre les tenía un verdadero aprecio.
Apenas terminé mi desayuno me dirigí a los muelles para conseguir un transporte que me llevara hacia las Islas Gecko. Por lo general trataba de pagarle una suma moderada a cualquier barco mercante que tuviera el mismo destino que yo para que me permitieran viajar con ellos sin complicarme mucho la vida, aunque de vez en cuando hacía uso del servicio especial de transportes de un empresario cuyo servicio era nada barato pero cuya eficacia parecía irreal. Tan solo había que darle una importante suma de dinero a una de las gaviotas para que un barco motorizado con la apariencia de un pez viniera a recogerte. El servicio era tan caro como bueno entonces llegar a una de las islas cercanas tomaba tan solo un par de horas en vez del par de días que le tomaría a un navío normal. Esta parecía ser mi mejor opción ya que si dejaba Goza por más de cinco días la cantidad de criminales con recompensa disminuirían haciendo que mis cacerías fueran más difíciles en el peor de los sentidos pues en vez de encontrar presas más fuertes me encontraría con presas más insignificantes y escurridizas.
Cuando llegué al puerto identifiqué a la gaviota con corbata y le di una pequeña bolsa en donde guardaba doscientos mil berries, todos en billetes de la denominación más grande para que el pobre animal no tuviera que ir cargando mucho peso antes de llegar con sus empleadores. No pasó mucho tiempo para que un pequeño bote motorizado que asimilaba a un bagre, conducido por un navegante que nunca había visto. –Hacia la isla Kolima.- dije antes de que el hombre pudiera soltar una sola palabra. Y tomé asiento, volteando a ver a los otros navíos que también emprendían el viaje hacia otras islas. El trayecto comenzó enseguida y con la velocidad a la que nos movíamos dejamos atrás a los navíos a los que antes había prestado mi atención en un abrir y cerrar de ojos. La llegada a mi destino fue más rápida de lo que esperaba así que las instrucciones que me había dado mi madre seguían frescas en mi memoria.
Kolima no era un lugar demasiado grande, al menos no él área de viviendas aunque parecía que buscaban expandirse al dedicarse a talar solo los árboles de alrededor, aunque también podría ser un signo de que preferían solo hacer uso de los recursos naturales que tenían a su alrededor tal vez un tema de comodidad o tal vez la respuesta era tan sencilla como decir que era más barato hacer la tala por ahí. De igual manera mi objetivo no era en el centro de la civilización de Kolima, si no por las afueras. Me dirigí a la casa del gobernante del poblado, o al menos así me lo había explicado mi madre, para pedir indicaciones de la residencia de la familia Kazma. La cara de todos los presentes cuando ese apellido fue mencionado fue cuando menos de desagrado y si no tuviera en mis manos un paquete con un empaquetado especial podría haber llegado a verme influenciada por esa reacción pero si mmi madre sentía el suficiente aprecio por esa gente entonces estaba segura de que quienes se equivocaban eran los locales.
Seguí las indicaciones que me dieron para llegar a aquella residencia y apenas llegué me hizo sentido que no estuviera junto a las demás residencias. Todo en aquél lugar me indicaba que los residentes eran demasiado distintos a la demás gente, para bien. A pesar del clima de mierda uno podía llegar a sentirse celoso de la individualidad que emanaba aquél lugar. Toqué la puerta esperando que no pasara mucho para que me abrieran ya que el clima amenazaba con dejar caer una cantidad de lluvia que seguramente me impediría dejar la isla el mismo día. –Buen día. Tengo una entrega para la familia Kazma de parte de Jocasta Kari.- diría mientras tocaba la puerta avisando el motivo de mi presencia en aquella residencia.
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
01-12-2024, 06:16 PM
En el pueblo se había corrido la voz de que alguien buscaba la casa de la familia Kazma. Era algo inevitable, pues la relación del pueblo con esa familia era… complicada. Sí, complicada era la palabra. Podríamos decir que toleraban su existencia pero no se relacionaban con ellos más allá de lo puramente comercial. La casa era florida y colorida, tal vez precisamente para enmascarar lo gris que era su vida debido al aislamiento que sufrían. No relacionarse con nadie era duro. La puerta la abrió una pareja de minks conejo de pelaje blanco y ojos rojos. Los dos no eran especialmente altos, ella medía metro cincuenta y él un poco más. La mujer vestía ropas sencillas de estar por casa y una especie de bata fina que hacía las veces de mandilón para no ensuciar la ropa mientras hacía tareas de campo como trabajar en las flores o en la pequeña huerta que había tras la casa. Hanta Kazma, el nombre al que iba dirigido el paquete, tenía un atuendo más profesional, de cazador. Por sus expresiones se notaba que no estaban acostumbrados a recibir visitas, ella escondida parcialmente detrás de él con mirada preocupada mientras que él traba de aparentar ser estoico pero a la vez conciliador.
Antes de que pudieran siquiera abrir la boca para decir nada, una voz llegó desde detrás de Diana. Acercándose a la casa y pisando algunas de las flores del borde del camino había un grupo de tres chavales que no debían tener los veinte años cumplidos. – Oioioi. No sé qué habrá en esa caja, pero parece demasiado caro como para que esa “gente” pueda haberla pagado. Mi padre siempre le compra la caza a mitad de precio. – Dijo el más avanzado de ellos y que parecía el líder del trío con una sonrisa que revelaba que le faltaban un par de dientes, probablemente de alguna pelea pasada. – Mejor dámelo a mí, preciosa, y luego podríamos pasar un buen rato juntos. ¿Qué dices? A ellos no les importará, apenas si son capaces de hablar. – Aunque lo cierto era que rara vez hablaban delante de los demás pueblerinos, los Kazma no eran tontos, no eran animales pese a su aspecto y poseían una inteligencia promedio igual a la de los humanos. Pero querían evitar confrontamientos, así que normalmente no decían nada para que no pudieran acusarlos de nada. ¿Qué hará nuestra protagonista? Puede honrar el trabajo y la reputación de su madre así como la posible relación que tuviera con esos minks, o también podía acceder a lo que le decía Mark, el hijo del carnicero.
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Diana Kari
Wild Huntress
02-12-2024, 06:13 AM
La pareja que me abrió la puerta no era lo que esperaba, creía que me encontraría con una señora mayor de apariencia pacifica cuyo hijo acababa de hacer un gran gasto para comprar un arma de calidad ejemplar. En cambio me encontré con un par de minks conejo que parecían tener una apariencia bastante tímida y que no soltaron ni una sola palabra, como si estuvieran expectantes a lo que yo estuviera por decir o hacer a pesar de ya haber dejado en claro mis intenciones al presentarme en su hogar. De igual manera me aseguré de sonreírles, a pesar de no conocerles mi madre me había enseñado a tratar con amabilidad a todos aquellos que confiaran en nosotros para forjar sus armas. Estaba a punto de encender el interruptor de vendedora amigable para agradecerles por su compra cuando una voz a mis espaldas me hizo girarme.
Un grupo de tres buenos para nada se acercaba a la propiedad pisando las flores mientras que quien parecía ser el cabecilla de esos tres se encargaba de ser quien se dirigía a mí. -¿Y por qué tu padre les compra a mitad de precio?¿Son buenos amigos?- alcancé a responder en un tono molesto, haciéndome una idea de qué tipo de situación es la que vivían los clientes de mi madre. Por esa misma razón me imaginaba las respuestas a las preguntas que acababa de hacer y sin importar la respuesta que me diera mi pensamiento no iba a cambiar. –Pero si con tan solo verte puedo darme cuenta de que eres tú quien no tiene para pagarlo.- le respondí insultándolo. –Tengo un trato mejor, ¿por qué no regresas con tu padre y le pides que de ahora en adelante pague lo justo a esta pareja? O será una mujer de Goza quien se encargue de tumbarte el resto de dientes que te quedan para masticar.- le dije, amenazándolo para después dejar el paquete a los pies de la pareja de minks.
Después de eso me aseguré de tronar mis nudillos, preparándome para darle la golpiza de sus vidas a los imbéciles en caso de que siguieran intentando intimidar a la pareja. Demonios, incluso estaba dispuesta a quedarme más tiempo del esperado para tener una seria “conversación” con los habitantes del poblado para que la opinión pública de los minks cambiara o se comerían un par de nudillos que les ayudarían a “ablandar” sus ideas. –Además la única manera en la que yo podría pasar un buen rato contigo sería con tu cara en el piso mientras me pides que perdone tu insolencia. Mientras lágrimas salen de tus ojos y un sollozo sale de tu boca al verte superado por la situación. Así que dime imbécil, ¿por qué no te largas de aquí y haces lo que te pedí?- le diría al lidersillo de cuarta mientras me acercaba a él, marcando mis pisadas una por una de manera firme y lo más amenazante que pudiera. Por lo general, pocas palabras bastaban para alejar a los bravucones que carecían de la fuerza suficiente para respaldar sus palabras con acciones.
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
04-12-2024, 03:54 AM
Claramente aquel chaval, Mark, no estaba acostumbrado a no salirse con la suya. Era hijo del carnicero, una profesión muy respetada en un pueblo pequeño con poca riqueza y cuyo medio principal de vida era la madera. Proporcionar comida solía conllevar un respeto y un estatus entre las gentes del pueblo. Claro, salvo que fueras un mink conejo, entonces sólo te soportaban. Siendo hijo de quien era sumado a su personalidad, no era de extrañar que siempre viviera rodeado de gente que le hacía caso, que lo elogiaba por los logros más pequeños, que le seguía adonde quisiera, y… en el caso de las chicas, que se peleaban por ser la afortunada que pondría un anillo en su dedo anular y compartiría con él una cama que siempre olería a carnicería.
Toparse con las palabras de nuestra protagonista fue un golpe duro de realidad para Mark, que vio como su burbuja de realidad se deformaba, amenazando con estallar si aquella forastera continuaba por aquellos derroteros. Definitivamente no estaba preparado para enfrentarse al mundo fuera del pueblo, donde nadie lo conocía, donde no era nadie importante y su aspecto; por agraciado que fuera para los estándares locales, era bastante normalucho. Se llevó una mano a la boca y la mejilla cuando escuchó mencionar sus dientes, componiendo una mueca de desprecio, desviando la mirada hacia la pacífica pareja de minks que todavía esperaban en la puerta sin decir ni una sola palabra. – ¡Esos bichos todavía tienen que compensarme por estos dientes que perdí! Su hijo demostró ser el animal rabioso que todos sabíamos que era. – Espetó, su burbuja estabilizándose ahora que su atención estaba centrada en otra cosa. – A mí el brazo no me quedó bien después de que me lo rompiera. Apenas tengo fuerza en el pulgar y me duele. – Añadió otro de los presentes, un chaval más delgado y bajito que Mark. – No tengo por qué hacer nada de lo que me digas, pero sea lo que sea que haya en esa caja acabará siendo mío en pago por mis dientes perdidos. - ¿Qué hará Diana para resolver esta situación? Ni que decir tiene que por despreciable que sea Mark y su actitud, no es un criminal. ¿Podrá hacer uso de medios diplomáticos o recurrirá a la fuerza?
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Diana Kari
Wild Huntress
04-12-2024, 08:22 AM
Cada segundo que pasaba mi paciencia se iba agotando, lo que había empezado como un encargo rápido que solo sería entregar el arma y retirarme a casa antes del anochecer prácticamente gastándome las ganancias que me daría mi madre en el transporte para no perder mucho tiempo ahora se había convertido en una tarea de varios días en la que tendría que encargarme de ir al pueblo a convencer a los locales de que el trato con los minks debía mejorar o me encargaría yo de que se toparan con alguien mucho menos amigable a la hora de soportar ese tipo de actitudes.
Mis palabras parecían haber afectado en el estado de ánimo del líder de aquellos tres idiotas. Y no tardó en responder que el culpable de que su sonrisa se haya visto afectada de por vida era el hijo de aquella pareja tímida, algo que me hizo dudar por un segundo sobre la calidad de personas con las que estaba tratando al menos hasta que recordé que les había traído un pedido especial de mi madre así que no había manera que dudara de su juicio. Fue entonces en donde planteé la situación como si fuera algo que conocía a la perfección; la caza. Recordé las pocas veces en las que había capturado un pequeño ratón y este al verse totalmente acorralado soltaba una mordida con todas sus fuerzas en un intento desesperado por liberarse. Podía ser que el hijo de esa pareja hubiera llegado al punto de quiebre y se hubiera hartado de los maltratos de la demás gente. Si algo sabía de los minks era que destacaban mucho en los mejores atributos de las especies con las que compartían linaje y si el hijo de aquella pareja le había dado una patada en la cabeza a aquél desubicado tenía demasiada suerte de que no le arrancara la cabeza de un solo impacto.
-Entonces estás de suerte, lo que hay dentro de la caja es un cupón válido por un emparejamiento de cualquier malestar que les asole, como no puedo hacer crecer tus dientes entonces tendré que tumbarlos todos.- le diría con una sonrisa en el rostro y una mirada amenazante al líder. –Y cómo no soy doctora entonces tendré que romper el otro de tus brazos para que te duelan los dos.- le diría al que había abierto la boca para después lanzarme a toda velocidad contra este. –¡Deer Horn!- diría cuando le soltara un puñetazo directo en uno de los brazos, sin tener bien en claro si estaba golpeando al que ya estaba lastimado o al que tenía sano. Después de eso echaría una mirada al líder, no quería darle oportunidad alguna de que se acercara a la pareja de minks. No tendría reparo en atacarlo a traición si quería acercarse al paquete que había dejado a los pies de los clientes de mi madre, no me importaría recibir un golpe de lleno de uno de los dos seguidores del chimuelo mientras tuviera mi vista atenta a él ya que consideraba que era el más peligroso de los tres.
Impacto Directo
COM101
COMBATIENTE
Ofensiva Activa
Tier 1
15/11/2024
17
1
El usuario encarará de frente a su adversario propinándole un poderoso impacto directo con alguna de sus extremidades, aplicando un [Empuje] de 4 metros.
Golpe Básico + [FUEx2] de [Daño contundente]
TA, DAÑOS
-Impacto Directo (Deer Horn):20 TA, Daño: 35+70= 105
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Yuya Mirokuji
Handsome Hunter
06-12-2024, 11:59 AM
Nadie se esperaba la reacción de la protagonista de esta historia, ni siquiera yo. A riesgo de convertirse en aquello a lo que solía dar caza, Diana se abalanzó sobre el grupo de críos malcriados asestando un puñetazo a uno de ellos en un brazo. Su intención era romperle el brazo bueno, y lo consiguió, por puro azar, pero lo consiguió. El sonido de los huesos rompiéndose se pudo escuchar por todo el lugar con facilidad. Con un golpe tan fuerte, era lo esperado al fin y al cabo, el chaval no tenía la más mínima oportunidad contra una cazarrecompensas experimentada. En realidad, ninguno de los tres podría hacerle frente durante más de un segundo, ni siquiera yendo los tres contra ella. La ventaja numérica no iba a suponer ninguna diferencia en esa situación, al menos no con un número tan bajo.
Un grito llegó justo después del sonoro "crack" de los huesos, uno de dolor, uno de esos gritos que no se piensan pero que tardan unos segundos en producirse ya que se deben procesar antes el suceso y el dolor. Los ojos de Mark indicaban que estaba aterrorizado. Nunca hubiera pensado que una repartidora, por fuerte que fuera, se fuese a lanzar sobre él y sus amigos por tratar a los minks como él realmente creía que merecían. Le traía recuerdos, malos recuerdos, de cuando el hijo de esa pareja derrotó fácilmente a tres de ellos. A él le hizo saltar los dientes, y a su amigo le rompió el brazo, igual que había hecho ahora Diana. Aunque al final lograron someterlo porque eran más, bastantes más que el trío de ahora. Echó a correr despavorido mientras que sus amigos se quedaban rezagados, el que no había hablado, ayudando al del brazo roto a escapar con él de allí. No hubo palabras, no hubo amenazas, ni un simple "me las pagarás", ni una mención a las autoridades locales. Puro terror. Nunca contarían que habían perdido contra una chica, y mucho menos que había sido por tratar a los minks como siempre. Sencillamente querían olvidarse de todo.
El marido de la pareja mink salió por fin del umbral de la puerta y se acercó a nuestra protagonista con algo de timidez. - S-señorita... Le doy las gracias por defendernos pero... No tenía que haberlo hecho. Esto podría traerle graves consecuencias. - Y a ellos también, podrían empezar a tratarlos peor a raíz de ese asunto, pero eso era algo que él no iba a mencionar. Después, recogió la caja que había llevado hasta allí y la abrió, revelando una ballesta de caza con el estilo propio de la madre de Diana. Mientras tanto, la mujer depositaría un fajo de billetes en la mano de la joven cazarrecompensas. - Me parece que está todo. Cuidese y... bueno, si ve a nuestro hijo por ahí, dígale que no nos ha decepcionado, por favor. Se llama King. -
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Diana Kari
Wild Huntress
10-12-2024, 07:08 AM
Sabía que de los tres patanes no se hacía ni un solo de verdad, pero lo superior que era a ellos podría fácil ser un tema de estudio para los eruditos que viajaban por ahí recabando información de los sucesos importantes que sucedían en todas las islas. Ya hasta tenía nombre para el libro en donde se narrarían mis hazañas; “Ni una solo presa se escapa”. La de dinero que podría hacer con las regalías era un tema de otro mundo. En fin, de manera obvia mi golpe impactó directo en el brazo del seguidor del hijo de ¿alguien del pueblo? La verdad, aunque fuera una interacción que había pasado hace unos segundos, no recordaba si ellos habían dado alguna información de quienes eran sus padres o si alguno ostentaba un cargo importante dentro del funcionamiento de la población y poco importaba pues mi reacción hubiera sido la misma. No soportaba ver a la gente débil abusando de gente inocente por el simple hecho de superarlos solamente en número, pues el hijo de esos minks había demostrado su superioridad al hacerles frente al grupillo de tres.
¿Alguna vez has roto un hueso con un golpe de tus manos? Yo sí, varias veces de hecho, pero la sensación se siente como la primera vez. Una pequeña vibración acompañada por un sonido de “crack” seguido de una expresión dolor en el rostro y siempre, pero siempre, aderezado con un grito de dolor que podía oírse a cientos de metros a la redonda. Por si no ha quedado claro, eso fue lo que pasó con el idiota al que se le ocurrió mencionar que antes el hijo de los minks le había roto el brazo. Dos de dos para ese imbécil.
Después de esa penosa escena no hubo necesidad de partiles la cara a los otros dos pues salieron corriendo detrás de su amigo, ojalá tuviera un den den mushi de vigilancia para que pudieran ver en sus monitores el cómo el brazo se movía de un lado al otro a pesar de que trataban de mantenerlo en su lugar. No pude evitar sonreír a lo grande al ver que mi fuerza era reconocida por tres extraños.
El varón de los minks fue quien salió por la puerta, acercándose a mí para agradecerme aunque seguía tímido por alguna razón. –Por mí no se preocupé que como puede ver soy capaz de valerme por sola.- le respondería en un tono amigable. Después revelaría lo que había dentro del paquete; una ballesta de gran calidad. Una buena arma que seguramente ayudaría al mink a cazar más de una presa interesante. –Yo me encargo de avisarle entonces, señora.- le respondería a la mujer, tomando el dinero sin atreverme a contarlo. Estaba por retirarme simplemente despidiéndome con la mano, pero la verdad es que seguramente los minks siguieran viéndose apretados en ese tipo de situaciones y eventualmente escalaría hasta que se volviera insostenible para ellos. –Saben, si alguna vez tienen problemas con los locales. Algo que realmente les parezca imposible de manera por ustedes dos, llámenme. Les aseguro que vendré a ayudarles en cuanto tenga oportunidad mientras esté en este mar o me dejo de llamar Diana Kari.- les diría antes de entregarles un papel con mi número de Den Den Mushi y el de mi hogar.
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