¿Sabías que…?
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[Autonarrada] Quién va [T2]
Irina Volkov
Witch Eye
Irina llegó con paso firme y decidido, su figura estilizada moviéndose como un felino acechante en el elegante pasillo que conducía a la sala de juntas. Vestía un traje de dos piezas negro, perfectamente ajustado, con pantalones de corte recto y una chaqueta que destacaba sus hombros afilados. Bajo la chaqueta llevaba una camisa de seda blanca, desabotonada justo lo suficiente para insinuar una confianza que bordeaba lo insolente. Su cabello, oscuro como el ala de un cuervo, estaba recogido en un moño desordenado que parecía casual pero que en realidad había sido diseñado para transmitir una sensación de control calculado. En sus manos llevaba un maletín metálico, el único objeto que traía consigo tras completar su última misión. Su rostro, marcado por una belleza fría y distante, no mostraba ni un atisbo de cansancio a pesar de las semanas que había pasado en el campo, enfrentándose a peligros que habrían quebrado a la mayoría. Sin embargo, detrás de sus ojos de un gris acerado brillaba una chispa de rabia contenida. Había recibido instrucciones contradictorias durante la misión, y la forma en que había tenido que adaptarse no había sido precisamente ortodoxa.

Dentro de la sala ya estaba Marcus Thorne, uno de sus "jefes" y quien había supervisado la misión. De pie junto al panel holográfico, Thorne examinaba los informes con una expresión que combinaba escepticismo y desdén. Era un hombre de unos cincuenta años, con un porte tan rígido como el de un general en servicio activo. Su traje gris oscuro estaba impecablemente confeccionado, con líneas nítidas que acentuaban su figura alta y robusta. Llevaba una corbata azul oscuro que parecía tan deliberadamente escogida como cada palabra que salía de su boca. Su cabello, aún más gris que su traje, estaba peinado hacia atrás con precisión milimétrica, y sus ojos, de un azul glacial, parecían perforar todo lo que miraban. A pesar de su apariencia tranquila, sus movimientos eran bruscos, como si su impaciencia estuviera a punto de estallar en cualquier momento. Cuando Irina entró, Marcus levantó la vista y su ceño se frunció ligeramente. Dejó el panel holográfico a un lado y se giró para enfrentarla.

—Irina —saludó Marcus con voz grave, pero sin rastro de cordialidad— Espero que tengas una muy buena explicación para lo que hiciste en Valgravia. — Dijo sin expresividad. —¿Una buena explicación? —repitió ella, con una sonrisa ladeada que era más un desafío que un gesto de humor— ¿Quieres que empiece por las órdenes contradictorias o por el silencio absoluto cuando pedí refuerzos? — Marcus cruzó los brazos, su mandíbula apretándose. El silencio en la sala se hizo palpable, como si las paredes de cristal pudieran sentir la tensión entre ellos. —Tu trabajo no era improvisar, Irina. Había un protocolo claro que seguiste ignorando desde el principio. — Irina dejó el maletín sobre la mesa con un golpe seco que resonó en la sala. Se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando las palmas en la superficie fría del ónix. —No había protocolo que me sirviera cuando las cosas se torcieron. Tu “plan maestro” se fue al infierno en cuanto los insurgentes descubrieron nuestra posición. Si no hubiera actuado por mi cuenta, estaríamos viendo un desastre en los titulares de todos los noticieros.— Marcus se acercó un paso, quedando al otro lado de la mesa. La diferencia de altura entre ellos no pasó desapercibida, pero Irina se mantuvo firme, como una roca frente a una ola. —Lo que hiciste no solo puso en peligro la misión, sino que dejó un rastro de caos que ahora tenemos que limpiar. ¿Te das cuenta de las implicaciones políticas de tus acciones? — Ella se irguió, cruzando los brazos sobre su pecho. Su expresión se endureció, y por un instante, la frialdad de sus ojos rivalizó con la de los de Marcus. —Las implicaciones políticas son tu problema, Thorne. Mi trabajo era asegurar el objetivo y proteger a mi equipo, cosa que hice. Si eso significa tomar medidas extremas, lo haría de nuevo sin dudarlo. — La discusión continuó, subiendo en intensidad con cada intercambio. La voz de Marcus se volvía más cortante, sus gestos más amplios, mientras señalaba los hologramas con cifras y gráficos que demostraban los “daños colaterales” de la misión. Irina, en cambio, mantenía una calma tensa, respondiendo con argumentos que desmontaban cada uno de sus puntos.

Es fácil criticar desde esta torre de cristal. —espetó finalmente Irina, señalando las paredes de vidrio que los rodeaban— Pero tú no estabas allí. No viste cómo los planes se desmoronaban ni cómo las vidas de mi equipo pendían de un hilo.— Marcus avanzó un paso más, inclinándose hacia ella. Su voz bajó, pero no por eso perdió intensidad. —¿Y eso justifica las muertes que provocaste? ¿La destrucción que dejaste a tu paso? — Irina sostuvo su mirada, sin parpadear. —Sí. Lo justifica. Porque cumplí el objetivo. Porque seguimos vivos. Si quieres un agente que juegue a ser diplomático mientras lo masacran, busca a otro. Yo no soy esa persona. — Finalmente, Marcus dio un paso atrás, dejando escapar un suspiro pesado. Pasó una mano por su cabello, como si intentara alisar la frustración que sentía. —Esto no ha terminado, Irina. Habrá consecuencias. Prepárate para rendir cuentas al consejo. — Ella levantó el mentón, recogió su maletín y se dirigió hacia la puerta. Justo antes de salir, se detuvo y giró la cabeza ligeramente. —Las cuentas ya están saldadas, Marcus. Lo que hagas ahora es cosa tuya.— La puerta se cerró detrás de ella con un suave susurro, dejando a Marcus solo en la sala. Durante un momento, se quedó mirando la ciudad a través del cristal, su reflejo oscuro mezclándose con el paisaje. Por primera vez en años, dudaba de si su control absoluto sobre el consorcio era suficiente para manejar a alguien como Irina.

Mientras Irina descendía por las escaleras, el eco de la discusión todavía resonaba en su mente. Miró su reflejo en las paredes metálicas y se permitió una pequeña sonrisa. Había ganado la batalla, pero la guerra aún estaba por decidirse. Y aunque no lo admitiera en voz alta, sabía que algo había cambiado entre ella y Marcus Thorne. Algo que haría sus futuros encuentros aún más explosivos.

Al salir del edificio y mezclarse con la multitud de la ciudad, se aseguró de mantener la cabeza alta. La misión había terminado, pero su lucha por demostrar su valía estaba lejos de concluir.
#1
Irina Volkov
Witch Eye
El sol brillaba alto en un cielo despejado, y el aire estaba cargado con el aroma de especias, frutas frescas y pan recién horneado. El bullicio del mercado central resonaba en cada rincón, con vendedores gritando sus mejores ofertas y compradores regateando precios. Era un día inusualmente tranquilo para Irina, quien había decidido tomarse su primer día libre en meses. Sin misiones, sin órdenes, sin enfrentamientos con Marcus Thorne. Solo ella y un mercado lleno de vida. Vestía de forma casual, algo raro para ella. Un par de jeans ajustados y una camisa blanca de lino de mangas remangadas la hacían lucir casi irreconocible. Sus botas negras de cuero, sin embargo, eran un toque que no podía evitar. Su cabello oscuro estaba suelto, cayendo en ondas suaves sobre sus hombros, y llevaba unas gafas de sol grandes que ocultaban la intensidad de sus ojos grises.

Irina se paseaba entre los puestos con un pequeño carrito de tela que había comprado en una tienda cercana. Había comenzado su recorrido por la sección de frutas, escogiendo cuidadosamente manzanas de un rojo intenso y plátanos maduros. Luego, pasó a la sección de hierbas y especias, donde el aroma de cilantro fresco y albahaca la envolvieron como un recordatorio de tiempos más simples.Después de llenar el carrito con algunos quesos artesanales y una botella de vino, Irina se detuvo frente a un puesto de panadería que ofrecía baguettes doradas y croissants que parecían derretirse con solo mirarlos. Pidió un croissant de almendra y una taza de café negro para disfrutar mientras caminaba. Al morder el croissant, una mezcla de azúcar y crema se deshizo en su boca, arrancándole un suspiro que casi era placer.

Mientras se apoyaba contra una pared para disfrutar su café, observó a las familias que paseaban, los niños corriendo entre los puestos, y las parejas que caminaban tomadas de la mano. Por un momento, se permitió imaginar cómo sería tener esa vida. Una vida en la que no tuviera que mirar siempre por encima del hombro, ni preocuparse por cumplir órdenes imposibles.

Es ridículo —Murmuró para sí misma, negando con la cabeza.

La vibración de su den den mushi interrumpió sus pensamientos. Esa llamada solo podía suponer una cosa ... La vuelta al trabajo.
#2
Irina Volkov
Witch Eye
El mercado, con su bullicio y aromas, quedó atrás mientras Irina recorría con paso firme las calles que llevaban a su apartamento. Había algo en su andar, una mezcla de resignación y propósito, que delataba su familiaridad con los llamados inesperados. Su mente, mientras tanto, ya trabajaba a toda velocidad, repasando las historias que había oído sobre la Llave de los Mil Portales. Reliquia o mito, si Marcus Thorne la buscaba, no podía ignorar su importancia. Al llegar a su apartamento, abrió la puerta con rapidez y comenzó a prepararse. Las prendas ligeras y cómodas del mercado fueron reemplazadas por su atuendo habitual. Eligió pantalones ajustados y flexibles, ideales para cualquier tipo de combate, y una chaqueta de cuero reforzada que llevaba múltiples bolsillos ocultos. En su cinturón, aseguró un arma corta y su daga preferida, mientras que un pequeño bolso cruzado contenía mapas, herramientas y algunos viales con mezclas útiles para emergencias.

Con cada movimiento, su mente se enfocaba más en la misión. Al recoger su cabello en una coleta alta, recordó las veces que había enfrentado a Thorne en el pasado, siempre un paso detrás de él, siempre llegando justo a tiempo para evitar el desastre. Esta vez no sería diferente, aunque la magnitud de lo que estaba en juego hacía que su habitual confianza se sintiera como una carga.Cuando todo estuvo listo, dejó el apartamento sin mirar atrás. El puerto la recibió con el sonido de las olas y el aroma salado del mar. Un pequeño barco, preparado para la partida, la esperaba con las velas a medio izar. Los marineros trabajaban con precisión mientras ella subía a bordo, y en pocos minutos, la embarcación zarpó. El viaje comenzó con una calma aparente. El viento era constante, y las velas se hinchaban con suavidad, mientras el casco del barco cortaba las aguas azules. Irina, apoyada en la barandilla, observaba el horizonte con una mezcla de concentración y expectación. Las islas del sur no solo eran conocidas por su belleza tropical, sino también por ser un lugar de leyendas y peligros, un terreno perfecto para alguien como Thorne.

Conforme el barco avanzaba, las aguas se volvieron más agitadas. El cielo, despejado al inicio del viaje, comenzó a cubrirse con nubes grises. Irina permaneció en cubierta, manteniendo el equilibrio con facilidad pese a los movimientos del barco. El viento traía consigo un olor metálico, como si la tormenta que se formaba no fuera completamente natural. Algo en el ambiente se sentía inquietante, pero eso no la detuvo. Las primeras siluetas de las islas aparecieron al amanecer. Rocas escarpadas y cubiertas de vegetación marcaban el inicio del archipiélago. Irina observó con atención, buscando algún indicio de actividad, pero todo parecía tranquilo. Demasiado tranquilo.

Con el sol asomando apenas entre las nubes, el barco se acercó a una cala protegida. Allí, el agua era tan clara que podía ver los corales bajo la superficie. Mientras los marineros anclaban la embarcación, Irina revisó por última vez su equipo y descendió al pequeño bote que la llevaría hasta la orilla. La arena, fina y blanca, crujió bajo sus botas al desembarcar. A su alrededor, la vegetación densa y los cantos de aves exóticas creaban un contraste extraño con la tensión que sentía. Sabía que Thorne no estaría lejos y que cada paso que daba la acercaba más a un enfrentamiento que no podía evitar. Sin detenerse, se adentró en la selva, dejando que la sombra de los árboles la cubriera mientras comenzaba a rastrear a su enemigo.
#3


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