
Ares Brotoloigos
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07-12-2024, 05:12 PM
Día 1 de Verano de 724.
El silencio era espeso en aquella pequeña oficina del G-31 de Loguetown. Dos miradas se entrecruzaban, una rojiza y la otra castaña, como si fuesen a enzarzarse en algún tipo de duelo en cualquier momento. La tensión se palpaba en el ambiente y la cola del diablos se movía, apenas y en consecuencia, a un ritmo demasiado suave, acechante. Como si fuese a saltar a la mínima de cambio.
Pero lo que se escuchó fue un suspiro pesado, casi resignado e incrédulo.
— ¿Me lo estás diciendo en serio? — La voz grave del ser escamado terminó por romper aquella quietud.
En sus manos sostenía un trozo de papel. No en blanco, sino con algunas letras que lo distinguían de otros papeles. Era un impreso. Ares había mirado y remirado ese trozo de papel. Veía las letras, los números, pero para él solo eran líneas y garabatos que no entendía. Efectivamente, nuestro buen y hambriento lagarto de la Marina no sabía leer ni escribir. No había tenido una educación o enseñanza propia cuando era pequeño, puesto que la mayor parte de su vida, desde que recordaba, se había visto obligado a pedir o a robar por las calles de Arabasta. Y tras haberse alistado a la Marina, con sus respectivas pruebas y cambio de ruta, tampoco se había molestado en ponerse a aprender. No a esas alturas de su vida. Además, si ya tenía a otros que lo hiciesen por él, ¿qué más daba?
— Órdenes son órdenes, haz lo que puedas. — El otro, un miembro de un rango mayor que el suyo, se encogió de hombros. No parecía muy dispuesto a echarle una mano y, simplemente, se estaba quitando el marrón de encima. — Puedes retirarte.
El ceño de Ares se frunció levemente, con una mezcla de indignación y pensativo. ¿Y cómo diantres iba a rellenar él un informe de su último patrullaje? La última vez lo había hecho de boquilla, de manera oral. Pero no siempre había alguien dispuesto a estar escuchando cómo había ido la tarea y preferían acumular los papeles sobre la mesa de algún polvoriento despacho de oficina. Iba a protestar una vez más pero un movimiento de la mano del otro fue suficiente como para que se diese media vuelta y abandonase aquel lugar.
Volvió a mirar el trozo de papel y rosmó cualquier cosa por lo bajo. ¿Cómo iba a hacer eso si no sabía ni escribir una o con un canuto? Y lo que “escribía” no tenía, en ningún momento, nada de sentido, porque no tenían un orden lógico tampoco. Mejor salía a despejarse un poco. En el tiempo que le habían dado para redactar, o intentarlo, aquel informe podría dar una vuelta por los alrededores. Ares abandonó el cuartel durante el paseo que le llevó, de nuevo, por las transitadas calles de Loguetown, recorriendo el mismo sendero que el día anterior durante sus horas de patrulla. Llevaba el tiempo justo en esa ciudad, pero sabía orientarse bastante bien. Ares arrugó el papel y se lo metió en el bolsillo. El paseo le serviría para pensar cómo debía proceder. Porque el orgullo también le impedía entregar aquel impreso totalmente en blanco. También podía decir que se lo había comido un perro y zafarse de toda aquella tontería en la que le habían metido.
Pero claro... El orgullo. Eso y que no tenía ganas de aguantar un sermón por parte de cualquiera de sus superiores.
Durante su caminata, iba dándole vueltas al asunto y, al mismo tiempo, fijándose también en los lugares por los que pasaba. Era una de las rutas que hacía continuamente, por lo que ya se la sabía de memoria. Volvió a sacar el papel arrugado de su bolsillo, extendiéndolo un poco con la otra mano en el momento en el que se detuvo unos segundos. Ares volvió a fruncir el ceño, pero las risas de unos niños lo sacaron de su ensimismamiento, sobre todo cuando uno chocó contra una de sus piernas. El diablos bufó apenas por las narinas, casi de manera amenazante. Aunque no fue tan así. El pequeño le miró asustado por unos segundos antes de recibir un pequeño gesto. Una breve caricia. La peligrosa mano del diablos apoyándose de forma gentil sobre la pequeña cabecita, algo que hizo sonreír finalmente al infante. Ares se fijó en lo que llevaba entre las manos y que, a modo de agradecimiento, el travieso le enseñó.
Un dibujo coloreado. Era algo tremendamente sencillo, donde solo había una especie de casita, con una carretera o calle, un árbol y un sol dibujados. Por supuesto, no eran perfectos, y la mayoría del dibujo solo eran palitos unidos que conformaban dichas construcciones. Para cuando el diablos levantó la mirada, el niño ya se estaba yendo, despidiéndose de él con la manita. Ares volvió la mirada, una vez más, al dibujo que yacía ahora en una de sus manos.
Y tuvo una idea.
Sin más, regresó a la base, con aquel dibujo en un bolsillo, y el dichoso informe en blanco en la otra. Se encerró en la habitación que compartiría con otros reclutas cuando le tocase y comenzó con su idea. Había algunos bolígrafos en un lapicero que jamás había tocado desde que había sido destinado a ese lugar. No sin cierta torpeza, Ares agarró uno de tales útiles y comenzó a garabatear. Literalmente garabatear.
No sabía escribir ni leer, pero tenía una buena memoria fotográfica. Al diablos se le dibujó una media sonrisa afilada. Estuvo durante más de una hora ahí metido. Si querían su informa, iban a tener su maldito informe.
La puerta del despacho se abrió cuando, tras unos segundos, recibió el permiso. Ares volvió a encontrarse con su superior, mientras sostenía aquel trozo de papel arrugado con una de sus manos.
— Aquí tienes. — Fue lo único que dijo antes de dejarlo, con un gesto seco, sobre la mesa.
El de ojos castaños enarcó una ceja y luego bajó la mirada hacia lo que el diablos le había entregado.
— Pero oye, esto no es... —
— Es lo que querías, ¿no? Mi informe sobre el patrullaje. Ahí lo tienes. La ruta seguida, no hubo contratiempos. Nunca dijiste como lo tenía que hacer.
Ares sonrió de manera sarcástica. Eso era verdad. Así que él había hecho como buenamente pudo.
— Si no me necesitas para más, me retiro. — Y, acto seguido, se dió media vuelta y abandonó el despacho tan tranquilo como habia llegado, dejando al otro con tres palmos de narices.
… Y con un mapa garabateado con toda la ruta hecha en aquel papel, por encima incluso de algunas de las letras del propio impreso.
Había cumplido, a su manera, pero había cumplido.
Ahora se podían meter el dichoso informe por el culo.
![[Imagen: T3h5Vpx.jpeg]](https://i.imgur.com/T3h5Vpx.jpeg)