Alguien dijo una vez...
Donquixote Doflamingo
¿Los piratas son malos? ¿Los marines son los buenos? ¡Estos términos han cambiado siempre a lo largo de la historia! ¡Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen valores diferentes! ¡Los que están en la cima determinan lo que está bien y lo que está mal! ¡Este lugar es un terreno neutral! ¿Dicen que la Justicia prevalecerá? ¡Por supuesto que lo hará! ¡Gane quién gane esta guerra se convertirá en la Justicia!
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[Autonarrada] [T2] Camino a la libertad.
Anissa Marr
Nissa
Finalmente el día había llegado, tan solo un par de meses habían pasado desde que había adquirido el rifle que me ayudaría a pavimentar el camino hacia mi libertad, o libertad a medias ya que aún tenía que asegurarme de que la única persona que conocía sobre la ubicación de Dagan no dijera ni una sola palabra de su ubicación; mi padre. El médico me había pedido un contacto de emergencia, más que nada para avisar en caso de que Dagan falleciera, y tan solo le había dado el nombre de mi padre que si uno estaba medianamente enterado de los carteles de recompensa de los piratas que estaban en el Grand Line que habían zarpado del East Blue entonces no sería muy difícil el hacer la conexión de que se trataba del mismo Arccan Marr con un precio sobre su cabeza de poco menos de setenta millones de berries. Lo que no sabía, y tampoco esperaba, era que el médico se comunicaría con él haciendo una investigación por su cuenta para encontrar el número de Den Den Mushi del bastardo y darle algo de información a sobre Dagan por si, por alguna razón, ocurría una tragedia a la que no podría responder yo.

Sentía que no era de gran urgencia el hecho de matar a mi padre para que, ni por error, el gordo Tony se hiciera con la información de Dagan y lo usara para tenerme nuevamente a su merced o algo mucho peor pues la influencia que podría llegar a tener un pequeño mafioso que manejaba los tejes y manejes dentro de un conjunto pequeño de islas en el que era reconocido como el mar más débil de los cardinales no era nada equiparable a lo que se decía de lo que sucedía en el Grand Line.

Tomé toda la munición que había comprado, apenas treinta balas eran las que me acompañarían para intentar escapar de aquél lugar. En el supuesto de que tuviera que salir disparando del lugar esa cantidad de balas no sería suficiente ni aunque matara a cada uno de los matones de Tony con una sola bala así que tenía que asegurarme de que cada una de mis balas fuera utilizada de manera eficiente, nada de devolver el fuego a aquellos que me dispararan a menos de que con una bala fuera a acabar con más de un objetivo a la vez.

Si me detenía a pensarlo en frío probablemente estaba cometiendo un grave error a la hora de planear algo así sin tener las habilidades necesarias para respaldar mis intenciones pero si no me escapaba ahora entonces nunca lo haría y pasaría mi vida entera trabajando hasta que mi cuerpo se venciera o se volviera viejo y no pudiera mantener el ritmo de trabajo que llevaba actualmente; en ambas situaciones terminaría muerta pues si dejaba de pagar la absurda cantidad de intereses que ya hacía actualmente Tony me había dejado en claro en más de una ocasión que me mataría sin pensarlo.

Como no tenía manera de saber quiénes estaban en la nómina de Tony, más allá de los rostros usuales que se encontraban por las zonas de mayor actividad nocturna, tenía que tener mucho cuidado con que no me vieran por ahí con el rifle pues podrían mandar aviso de que algo estaba sucediendo y terminaría por dificultar aún más mi misión. Cargué el arma, dejándole el seguro puesto para que no se disparara ni por accidente, y la guardé en una caja que me encargué de forrar con un papel colorido, haciéndolo pasar como si fuera un regalo para alguien especial. Salí en dirección a los muelles, con una enorme sonrisa en el rostro que se encargaba de ocultar mi nerviosismo y las verdaderas intenciones de mi avance. Era difícil voltear en todas direcciones sin parecer muy sospechosa así que tuve que tener fe en que mi fachada de tranquilidad fuera suficiente para que ningún desconocido se me acercara a preguntar por el paquete en mis manos.

La llegada al puerto sucedió sin ninguna especie de evento relevante, aunque la ciudad parecía tener más movimiento de lo usual así que lo mejor sería que los sobresaltos sucedieran lo más tarde posible para que no fueran demasiadas las bajas civiles en el fuego cruzado. Me acerqué al navío mercante del hombre que me había llevado a Gecko en días anteriores, durante ese viaje me dijo que podía pedirle cualquier favor a cambio de una cita, así que el momento de pedirle el mayor favor que alguien le pediría había llegado. Me había asegurado de preguntarle cuando partiría de manera definitiva de la isla y había puesto en marcha mi plan ese mismo día. –Oye, Billy. ¿Recuerdas que me ofreciste cualquier favor, cuando lo necesitara y sin hacer preguntas? Quiero que me lleves a la siguiente isla en donde hagas una parada.- le diría mientras veía como levaban el ancla y los demás marineros alistaban el barco para zarpar mientras que algunas personas parecían estarse moviendo en dirección contraria a la mayoría de la gente, chocando con los civiles de manera ruda y violenta.
#1
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