Hay rumores sobre…
... que una banda pirata vegana, y otra de maestros pizzeros están enfrentados en el East Blue.
[Común] Viaje de solteros
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
Día 38 de verano.

El barco avanzaba con suavidad, surcando las aguas tranquilas mientras el sol bañaba el horizonte con tonos cálidos. En la proa, Ragn permanecía inmóvil, con la mirada fija en la estructura que comenzaba a revelarse a la distancia. Su postura denotaba tensión contenida, el leve temblor de sus manos traicionaba la calma que intentaba proyectar. Frente a él, el Baratie emergía del horizonte, una silueta conocida, grabada en su memoria como un recuerdo indeleble. A medida que se acercaban, los detalles del lugar se hacían más claros, la figura de un enorme pez que parecía flotar en el mar (un enorme animal que solía navegar junto al Baratie), con sus decoraciones extravagantes y el bullicio de actividad que lo rodeaba. Cada tabla, cada ventana, cada detalle de esa estructura evocaba en Ragn una cascada de memorias, los aromas de la cocina, el calor de las noches entre amigos, y las risas que alguna vez llenaron su mundo. Habían pasado años, pero el lugar parecía resistir al tiempo.

Detrás de él, Ubben observaba con curiosidad el panorama, mientras Umibozu, que le era imposible ir sobre la nave, surcaba los mares cerca de ellos. El viento acariciaba el rostro de los tres, llevando consigo el murmullo del océano, que parecía susurrar historias que solo Ragn podía comprender.

El barco finalmente aminoró la marcha, preparando el anclaje. Ragn no se movió, ni siquiera cuando la madera crujió bajo sus pies. Sus ojos permanecían fijos en el Baratie, su hogar de otros tiempos, mientras el oleaje marcaba el ritmo de su respiración.
#1
Umibozu
El Naufragio
38 de verano por la mañana,
Cercanías del Baratie,
East Blue.

La cubierta del barco estaba inundada por un palmo de agua. Hacía un rato me había lanzado de la cubierta al mar y, como era ya costumbre, la salpicadura había inundado la cubierta. En algún momento el agua se secaría o se perdería en algún movimiento oscilante de La Alborada. A este paso apodaríamos a la embarcación como el navío bailarín con tanto vaivén.

Timsy salía de los camarotes frotándose la escamada barriga con la palma derecha. En su mano izquierda tenía el pez que llevaba siempre y usaba como herramienta y martillo. De su boca salía una cola de un tamaño intermedio todavía peleando por salir de allí. ¿Había atracado la nevera? ¿Teníamos peces vivos en la nevera? Miró a los tablones de la cubierta al notar la humedad en sus aletas - ¿Otra vez? – preguntó al aire sin esperar respuesta.

-¿Algún problema-lurk? – respondí desde la popa del barco. No me había visto al estar mirando a proa. El susto de mi réplica lo hizo resbalar y caer de espaldas. De la boca saltó el salmón que tenía Ubben como mascota. En el salto de huida le golpeó con la cola en la cara. No había pérdida más humillante, ni huida más triunfal – No deberías comerte las mascotas del resto-lurk – le reprendí.

-¿Pero quién escamas tiene un salmón como mascota?

Me encogí de hombros.

-Ya llegamos-lurk. En el Baratie podrás comer todo el salmón que quieras-lurk. ¡Eh, Rag! ¿Te hace otra competición de pesca-lurk?

-¡¿Qué?! Yo también me apunto. ¡Vais a saber lo que es pescar de verdad, panda de vejestorios!

#2
Ubben Sangrenegra
Loki
El Baratie, con su inconfundible, se alzaba como un oasis para el hambiento en el vasto océano. La tripulación había anclado allí, y Ubben decidió bajar para verificar el estado de su querido salmón mascota. Descendió hasta donde reposaba la pecera, pero al llegar, una imagen desconcertante lo detuvo en seco. El recipiente estaba vacío. Salpicaduras de agua marcaban un rastro que serpenteaba hacia la escalera que conducía de nuevo a cubierta. El peliblanco frunció el ceño, sus dorados ojos se entrecerraron con sospecha mientras dejaba escapar un murmullo que cargaba tanto incredulidad como preocupación —Los salmones no caminan que yo recuerde...— 

Siguiendo el rastro de agua, subió de nuevo a la cubierta, donde encontró a Umi y Timsy. Sin embargo, lo que realmente captó su atención fue la inconfundible cola plateada de su salmón asomando de la boca de Timsy. —¡TIMSY, MALDITA SEA!— Gritó con la voz cargada de sorpresa y decepción. En paralelo, Umi tambien le reprochaba, y al parecer eso fue suficiente se sobresaltara y cayera de espaldas, aparentemente por el susto. En el proceso, el salmón aprovechó el momento para escabullirse, saltando desde su boca y aterrizando en la cubierta. El pez, sacudiéndose desesperadamente, celebraba sobrevivir un día más de no ser comido. 

¡No te comas a mi mascota, maldita sea!— gruñó Ubben, acercándose a toda prisa para recogerlo. Con cuidado, lo levantó entre sus manos, acariciándolo con visible alivio mientras inspeccionaba que no tuviera mordidas ni heridas. Una vez asegurado de que estaba bien, regresó a la pecera y lo colocó con suma delicadeza, comprobando que estuviera cómodo y a salvo antes de abandonar el lugar. El resto de la tripulación se estaba preparando para pescar, las risas y la camaradería dominaban el ambiente. Ubben se acercó al grupo, observando con su habitual actitud fachada de despreocupación y dijo —¿El último en pescar algo paga la cuenta?— Sin esperar respuesta, se dirigió hacia la cabina de navegación, donde guardaba su equipo de pesca. Pronto regresó con su caña en mano y se acomodó junto a sus compañeros, sentándose en la borda con la misma soltura que lo caracterizaba.
#3


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