Alguien dijo una vez...
Kurosame Hoshigaki
"Así, sin mucho pensarlo, tiene mucho sentido"
[Común] [Pasado] Luchando por sobrevivir
Daryl Kilgore
-
23:54 de la noche, 13 de Otoño del año 723


El trabajo de Daryl muchas veces no entendía de horarios, llevándole a recorrer las calles más oscuras y marginales de Loguetown a esas altas horas de la noche. Aquella parte de la ciudad tenía un aire inconfundible, casi opresivo, lo cierto es que siempre olía de la misma manera: humo, basura y sangre, una mezcla que se adhería a la piel y no se iba ni con el paso de las horas. Por el día, aquellas calles no eran tan temerarias ni peligrosas, pobladas de mercaderes y transeúntes que intentaban sobrevivir al caos. Pero por la noche, amparados en la oscuridad y en la niebla que se arrastraba desde los muelles cercanos, era cuando los verdaderos depredadores salían a jugar.

El demonio se hacía paso por los callejones con una figura que ya resultaba imponente e intimidante para muchos de los que se cruzaban con él o le observaban desde la distancia, proyectando una sombra que se alargaba grotescamente bajo la luz temblorosa de los pocos faroles que aún funcionaban. Las facciones de su rostro quedaban completamente a oscuras mientras que la misma oscuridad enaltecía su enorme complexión, sus más de tres metros de altura y sus inmensos músculos. No parecía un hombre, sino... un demonio, claramente, a pesar de que le faltaban los cuernos sobre la frente. Iba vestido de paisano, con una camiseta de manga corta, color verde camuflaje y algo desgastada del tiempo, junto con unos pantalones largos negros con cinturón y unas botas de estilo militar que resonaban con un eco seco sobre las baldosas rotas y el concreto agrietado. Aunque la temperatura había empezado a descender, tanto por la época en la que se encontraban como por las horas que eran, con aquella brisa fría y salina, Daryl no llevaba abrigo alguno. Solo llevaba sus guantes negros, una constante en su atuendo que parecía más una extensión de su piel que una simple prenda. Lo más llamativo, sin embargo, eran las tres espadas que llevaba atadas a la cintura. No era extraño que alguien en Loguetown portara un arma, pero tres espadas resultaban excesivas incluso para los criminales más temerarios de los mares. Los pocos que se atrevían a mirarlo desde las sombras lo hacían con una mezcla de miedo y curiosidad. ¿Quién era ese gigante que caminaba con tal seguridad por un lugar donde nadie debía sentirse seguro? Lo cierto es que más de uno se cambiaba de acera con tal de no cruzarse por su camino.

Y ahora entraba el quid de la cuestión, ¿qué estaba haciendo Daryl a esas horas, solo, por esas calles? Le habían llegado rumores de que por aquella zona se estaban dando lugar peleas ilegales, con apuestas, obviamente también ilegales, y a saber qué más tipos de negocios podrían estar moviéndose por ahí, porque la droga siempre estaba metida en todos lados, por ejemplo. Y esta vez estaba sin Irina, porque no es como que siempre trabajasen juntos... aunque casi, y porque ella tenía sus propios problemas y esta, en principio, sería solo una misión de reconocimiento.

Fue de repente, al cambiar de calle, que escuchó un murmullo tramarse por uno de los callejones laterales. Parecían pertenecer a varias personas conversando airadamente, acompañado por el ruido sordo de golpes. Y de repente, gritos. Daryl torció la boca en una mueca de desdén. Todo indicaba a que los rumores eran ciertos. El demonio avanzó lentamente, moviéndose en sigilo a pesar de su tamaño, tratando de ver con sus propios ojos que era lo que se cocía en aquel lugar sin llamar demasiado la atención.
#1
Iris
La bala blanca
Llevaban ya un tiempo por Logue e Iris se había dado cuenta que no podían subsistir a base de dar clases de matemáticas y menos cuando convivía con un ludópata que se dedicaba a gastar lo poco que tenían. Que si que a veces salía bien pero era una de cada diez. Así que viendo que no tenía dinero para montarse su propio chiringuito había decidido lanzarse al mercado laboral. Con lo que eso conllevaba. Después de semanas de entrevistas por fin le habían contratado en un negocio. No cobraba gran cosa pero le daba para pagar el alquiler y ahorrar un poquito. 

Así que allí se encontraba Iris, en medio de una marabunta de borrachos que gritaban a un Ring y esperaban que su luchador favorito ganara la batalla que se estaba librando, más que nada para no perder todos los ahorros de su vida. El bullicio no era lo que le molestaba, se había criado rodeada de el, lo que realmente le tocaba los cojones —y eso que no tenía— era aquel ridículo uniforme que le habían obligado a ponerse. «Pero señorita, hay que seguir la estética del local» Le había dicho su jefe. ¿Qué puta estética? Lo malo no era la ropa: un chaleco y unos pantalones de traje negros. No. Lo malo eran las jodidas orejitas de gatito que tenía que llevar. En cuanto saliera de aquel sitio pensaba metérselas por el culo al primero que pillara. En cuanto Angelo le vio con eso puesto se había pasado dos horas seguidas riéndose sin parar y probablemente se lo recordaría hasta el día que murieran. 

Así que rodeada de borrachos, con unas orejas falsas de gato y con cara de pocos amigos Iris se encontraba detrás de la mesa de apuestas. Recibiendo y calculando el dinero que se movería durante aquella noche. Le tocaba estar sola todo el turno así que se había pillado una jarra de cerveza para ayudar a digerir el resto de la jornada que parecía que iba a ser movidita. 

El local estaba mucho más lleno que de costumbre, y no podías evitar pisar o empujar a alguien cuando intentabas moverte por él, por suerte Iris tenía su culo reposando en una silla y si quería cualquier cosa se la traían sus compañeros. Desde su posición podía observar con claridad el Ring ya que se encontraba en una especie de segundo piso, eso le facilitaba el poder apuntar los vencedores y perdedores en la pizarra que tenía tras ella. Desde allí se encontraba a la vista de cualquiera que alzara un poco la vista. 

En cuanto la primera pelea dio comienzo los gritos del público se intensificaron. Entonces la Solarian echó mano de la jarra de la cerveza y se la bebió de un trago. Vaya nochecita le esperaba.
#2
Daryl Kilgore
-
El murmullo del gentío y los gritos opacados acabaron llevándole hacia un local oscuro en un callejón aún más oscuro, parecía como si estuvieran intentando hacer todo lo posible por pasar desapercibidos, lo cual solo lo volvía más sospechoso, al menos para un agente como él. Ya desde fuera podía intuirse que el local estaba a reventar de personas. Genial, la kriptonita de Daryl, las aglomeraciones de gente y tener que hacerse paso a través de gente que le daba asco. Aunque para qué mentir, todo el mundo le generaba asco. Pero por suerte, tenía sus espadas, las cuales ya se había acostumbrado a utilizar como herramienta para apartar a la gente mientras se hacía paso. Se lo tomaban como el culo, como era de esperar, pero lo cierto es que pocas personas se atrevían a decirle nada a un tipo de más de tres metros y ancho como un armario.

Así que se adentró en el establecimiento, tampoco demasiado, buscando quedarse cerca de las paredes y buscando con la mirada las posibles salidas. Era algo que casi siempre hacía al entrar a un lugar, lo primero que hacía, localizar puertas, ventanas, cualquier cosa que pudiera servir para escapar o para que los demás escapasen. O para invadir. Fue en ese reconocimiento cuando le resultó imposible no fijarse en el ring que se encontraba en el centro, donde dos tíos descamisados y llenos de sudor y sangre se castigaban el uno al otro a base de puñetazos y alguna que otra patada. El gentío gritaba alrededor, emocionado, cabreado, apoyando al tío por el que habían apostado o maldiciendo al contrario. Parecían monos, chimpancés con rabia, les faltaba la espuma saliéndoles por la boca. Daryl arrugó la nariz sin darse cuenta, del rechazo que le generaba aquella visión.

Estaba claro que los rumores eran ciertos, tampoco es que hubiera demasiado margen de duda, ni siquiera al principio. Pero necesitaba pruebas, información, algo en lo que poder apoyarse si de verdad quería tomar cartas en el asunto. ¿Siendo sinceros? A Daryl ni le iba ni le venía lo que la gente hiciera, eso para él no era más que trabajo, uno más, que por desgracia, le tocaba hacer solo. Suspiró y se dirigió a la mesa de apuestas, subiendo unas pequeñas escaleras, apartando con las espadas envainadas a cualquiera que se le acercara demasiado, por lo que no terminaba de tocar a nadie como tal, pero aún así, notó una gota de sudor frío recorrer su sien, incómodo. Allí se encontraba una pizarra donde iban apuntando los nombres de los vencedores, información bastante útil, la verdad, aunque muchas veces no usaran nombres de verdad, los apodos eran casi igual de valiosos. Lo que no se esperaba es que al llegar, reconociera a la chica que se encontraba recogiendo dichas apuestas mientras se bebía una cerveza.

Arqueó una ceja, apoyándose contra la mesa y analizándola de arriba abajo antes de decir nada, completamente mudo. Se trataba de la mujer que conoció levemente hacía unos días en el casino, el que iba con ese tipo explosivo tan... ruidoso. El pelo trenzado, un uniforme básico de color negro, y aquellas... orejitas de gatito sobre la cabeza. El demonio bufó, reprimiendo una risa, aunque lo que fue incapaz de ocultar fue la ladeada sonrisa que se le dibujó en los labios. ¿A santo de qué se había puesto eso? — Es curioso, últimamente no dejo de encontrarme gatos por todos lados. — Y era cierto, aunque lo dijo con un claro tono de burla. — ¿Las llevas por gusto o es política de la empresa? — Continuó con la broma, joder, es que resultaba imposible no decir nada. No había demasiada gente alrededor en ese momento, pues todo el mundo ya había apostado y se había reunido alrededor del ring, lo que les ofrecía unos minutos de poder hablar sin demasiados agobios. — Era Iris, ¿verdad? Tu nombre. — Preguntó al final por su nombre, apartando un poco aquel tono de coña inicial, volviéndose más serio. Iris, así que aquella mujer estaba implicada en el negocio... al final iba a resultaba que se habái encontrado con un buen hilo del que tirar.
#3
Iris
La bala blanca
—20.000 Berris es la apuesta mínima, si no tienes ese dinero ya puedes ir largándote. 

Iris despachó al que parecía el último cliente de esta ronda, no acababa de entender muy bien porque su jefe había decidido que era buena idea pedir un mínimo de dinero para apostar ya que así lo único que lograba era perder más clientes de los que ganaba. Pero en fin que podía decir ella cuando solo era una empleada más. Encendiéndose un cigarro se giró para apuntar los dos nombres de los siguientes peleadores en la pizarra: "Billy el puño" y "Jim"... ¿A quien coño se le ocurrían nombres tan ridículos como aquellos? 

Escuchó entonces como alguien se acercaba a la mesa, mirando su reloj se giró hacía la persona que acababa de llegar donde estaba ella. 

—Lo siento pero hemos cerrado las apuestas por esta ronda, tendrás que venir a la sigui...

La frase murió en sus labios al ver quien estaba allí. Lo recordaba ligeramente de la noche en el casino. Aquella en la que Angelo había decidido mandar a volar por los aires a los veteranos de la Marina. No era muy difícil de reconocer ya que su gran tamaño, tanto de alto como de ancho gracias a sus músculos, no era algo que se viera todos los días. Era difícil encontrar a alguien de su envergadura hasta en aquellos ambientes. 

Aunque su sorpresa fue rápidamente sustituida por rabia al escuchar como mencionaba la diadema que llevaba colocada encima de la cabeza. Un tic apareció en el ojo de la peliblanca, haciendo que temblara ligeramente. Con un suspiro se quitó el accesorio para colocarlo encima de la mesa. No iba a tener una conversación con un supuesto Marine con esa cosa. 

—La verdad es que me encanta disfrazarme de gatito ¿Por? ¿Quieres verme con la colita puesta también?. No esperaba que tuvieras ese tipo de gustos... — Una sonrisa se dibujó en la cara de Iris al escuchar su nombre — Exacto. ¿Y tu eras... Ares? 

Sabía perfectamente que quien se encontraba enfrente de ella era Daryl, pero viendo la relación que tenía con el lagarto quizás podría sacarle un poco de sus casillas. Dio una rápida ojeada a la sala, intentando localizar a su compañera de pelo rosa, Irina, pero no pudo localizar a nadie. Aunque viendo el revuelo que habían montado la ultima vez en el Casino quería mantenerse lo más lejos de ella posible, sintiendo así un poco de alivio al no poder encontrarla en el local. 

— Y... ¿Dónde has dejado tu a tu amiguita? 

Que el supuesto Marine se encontrara allí presentaba dos posibilidades: La primera y más probable es que hubiera venido a desmontar el chiringuito, lo que hacía que Iris estuviera jodida. La segunda era que le gustara apostar o darse de hostias, y por lo poco que le conocía, no creía que fuera ese tipo de personas. 

En cualquier caso, tendría que ver como iba a escaparse de este marronazo.
#4
Daryl Kilgore
-
Al principio, Iris no fue capaz de distinguir la presencia de Daryl de la de otro tipo cualquiera, hablándole como si fuera uno más que iba a lanzar su apuesta. Fue al girarse hacia él, cuando dejó a medias su frase al darse cuenta de que no era un desconocido, que ya se habían encontrado anteriormente, hace no mucho tiempo. Verla completamente muda, sin saber qué decir, le hizo incluso más gracia, acentuando su sonrisa. Pero sabía que no debía confiarse, por muy inofensiva que pudiera parecer con esas orejas de gatito sobre la cabeza, pues aunque ella no fue la que la lió en el casino, su amigo sí, y aún no le había echado un ojo a los carteles de "se busca" nuevos, pero si no le habían colocado una recompensa a ambos después de aquello, poco les quedaría. Y ahora el negocio de las apuestas. Estaba claro que muy inofensiva no era, la muchacha, pero le quedaba bien el accesorio.

Su gesto de rabia contenida al escuchar el comentario del demonio le resultó más adorable que otra cosa. Una pena que le diera por quitárselo, Daryl incluso frunció el ceño con desagrado. — Oh, venga, te quedaba bien. — Estaba metiéndose con ella un poco, era obvio, impulsado también por una evidente sensación de superioridad. Ella era una pequeña criminal de tres al cuarto, y él un agente del Cipher Pol, claramente se sentía superior. Aunque torció la sonrisa cuando escuchó su sugerencia acerca de la "cola". — Qué rápido has arruinado todo tu encanto, una pena. — No le gustaban las vulgaridades, o quizás no le gustaban porque venían de la boca de una delincuente, a saber. Y por si aquello no fuera poco, tuvo que confundirle con el mierdas de Ares.

Se le frunció el ceño bastante más, claramente molesto. Parece que su animadversión el lagarto había resultado tan evidente que incluso ella, una mujer que le resultaba prácticamente desconocida, se había dado cuenta y lo había aprovechado. — Daryl. — Respondió, seco y frío como el hielo. Aunque se propuso quitárselo rápido de la cabeza, no podía dejar que cualquier cosa que dijera una tia como ella le afectara lo más mínimo. Era una tontería, una burda forma de devolverle la broma del gatito. Ya podía aprovechar aquel momento, antes de que acabara entre rejas.

Qué coño sé, haciendo sus cosas. — Pasó del tema rápidamente, además porque no estaba mintiendo, no sabía qué estaría haciendo Irina en aquel momento. No eran tan... inseparables. Aunque sí un poco. — ¿Y tu novio? ¿También participa en el negocio? — A ver, resultaba casi evidente que ambos debían estar involucrados en todo ese tinglado. — ¿Va haciendo explotar a los que no pagan sus apuestas? O puede que solo se dedicara a elegir el uniforme. — Es que no podía quitárselo de la cabeza, le resultaba inexplicablemente gracioso, y también especialmente mono. Aunque en realidad, toda aquella broma no era más que una forma de distracción para ver si conseguía soltarle la lengua lo suficiente como para que compartiera algo de información con él acerca del negocio de las peleas ilegales. Parecía ser una simple trabajadora, y él iba a por el cabecilla de todo, sabiendo que había probabilidades de que se tratase de Angelo... su cabeza estaba dando bastantes vueltas a diferentes posibilidades, la verdad, mientras el ambiente continuaba impregnado de los sonidos de la pelea que se estaba dando lugar en el ring.
#5


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