Alguien dijo una vez...
Rizzo, el Bardo
No es que cante mal, es que no saben escuchar.
[Aventura] [T2] ¿Son cazadores?
Irina Volkov
Witch Eye
Irina observaba desde la cima del acantilado, con su catalejo apuntando hacia el puerto natural que los piratas habían estado utilizando como base. Desde hace semanas, seguía de cerca sus movimientos, barcos que llegaban con las bodegas vacías y salían cargados hasta el borde, reuniones a altas horas de la noche y mercancías misteriosas que se transportaban con una discreción inusual para una banda de criminales tan notoria. Había llegado el momento de actuar, o al menos eso pensó hasta que lo que vio a través del lente la obligó a replanteárselo todo. Allí abajo, en la oscuridad moteada por antorchas, no sólo estaban los piratas. Había otros hombres con ellos: cazadores, a juzgar por las pieles que llevaban y los rifles que colgaban de sus espaldas. Parecía que estaban intercambiando algo, aunque desde la distancia no podía distinguir qué. La escena se le antojó extraña. Los piratas solían dedicarse al saqueo y al contrabando, pero el comercio con los cazadores de la zona introducía un matiz distinto en la ecuación. Irina cerró el catalejo y suspiró. Tenía el impulso de lanzarse al abordaje de inmediato, pero algo en su intuición le dijo que había algo más profundo en juego. Los piratas no eran conocidos por su colaboración con locales. De hecho, su reputación de saqueadores indiscriminados había provocado ya varias revueltas entre los pueblos costeros. Este aparente negocio con los cazadores no cuadraba. Bajó por el escarpado sendero que llevaba al campamento que había instalado más lejos, bien oculto entre los árboles. Era una noche sin luna, y la penumbra le sirvió como aliada. Mientras avanzaba, repasaba mentalmente su plan: primero, recopilar más información. Necesitaba entender qué comerciaban exactamente los piratas y los cazadores. Luego, decidiría si intervenir directamente o si era mejor usar la información para exponerlos. Cuando llegó al campamento, encendió una pequeña linterna de aceite y sacó su cuaderno. Allí anotó lo que había observado: “Piratas reunidos con cazadores. Intercambio sospechoso. Objetos no identificados. Observar patrones de movimiento. Posible conexión con comercio ilegal local.” Sus palabras eran escuetas, casi telegráficas, pero suficientes para que ella pudiera estructurar su próxima acción. Al día siguiente, antes del amanecer, se aventuró a explorar el área circundante al puerto. Encontró huellas frescas que se adentraban en el bosque. Algunas parecían corresponder a botas pesadas, sin duda las de los cazadores, y otras eran más ligeras, como las de los piratas. Lo curioso era que parecía haber también marcas de carretas. Las ruedas habían dejado surcos profundos en el suelo blando, indicando que transportaban una carga pesada.

Irina siguió las huellas hasta llegar a un claro en el bosque. Allí encontró lo que parecía ser una especie de campamento temporal. Había cajas apiladas y cubiertas con lonas, algunas de ellas con el inconfundible sello de la Armada Real, lo que indicaba que probablemente habían sido robadas en algún abordaje. Sin embargo, otras no tenían ninguna marca visible, lo que las hacía aún más intrigantes. Decidió acercarse con cuidado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, apartó una de las lonas. Lo que vio la dejó sin palabras, cajas llenas de armas, municiones y explosivos. Esto no era un simple contrabando de bienes. Los piratas estaban acumulando un arsenal, y el hecho de que los cazadores estuvieran involucrados sugería que algo grande se estaba gestando. Irina retrocedió con el corazón latiéndole con fuerza. Ahora tenía más preguntas que respuestas. ¿Para qué necesitaban tantas armas? ¿Estaban planeando un ataque? ¿Y por qué los cazadores, que normalmente se mantenían al margen de los conflictos, estaban cooperando con los piratas? Su instinto le decía que esto iba mucho más allá de una simple alianza para el comercio ilegal. Regresó a su campamento para trazar un nuevo plan. La información que había recolectado era crucial, pero también peligrosa. Sabía que, si la descubrían, tanto los piratas como los cazadores no dudarían en eliminarla. Necesitaba aliados, o al menos alguien a quien pudiera confiarle lo que había descubierto. Al día siguiente, disfrazada como una viajera común, Irina se dirigió a la aldea más cercana. Allí buscó a un viejo conocido, el tabernero André, quien solía ser una fuente confiable de información. André había sido marinero en su juventud y tenía una red de contactos que abarcaba desde pescadores hasta mercenarios. Si alguien podía ayudarla a entender lo que estaba pasando, era él. —Irina, hace tiempo que no te veo —dijo André cuando ella entró en la taberna. Sus ojos se entrecerraron al notar su semblante serio. — ¿En qué líos te has metido ahora?

Necesito información, André — respondó ella, sentándose en la barra y bajando la voz. — Algo grande está pasando en la costa, y necesito saber si has escuchado algo.— André frunció el ceño y sirvió una jarra de cerveza, más como un gesto de cortesía que por necesidad. —He oído rumores —dijo finalmente. — Algunos cazadores han estado comprando armas a buen precio, pero nadie sabe de dónde las sacan. También se dice que los piratas han estado más activos de lo normal, aunque no se han limitado a los saqueos. Parece que están buscando algo... o preparando algo. Irina asintió. Era justo lo que temía. —Necesito saber más —dijo seriamente. — ¿Conoces a alguien que pueda infiltrarse en sus filas o al menos acercarse lo suficiente para escuchar lo que planean?— André se rascó la barbilla, pensativo. —Podría haber alguien —dijo finalmente. — Un joven llamado Lucien. Es cazador, pero no parece estar del todo convencido de lo que está pasando. Ha venido aquí un par de veces, y siempre pregunta más de lo que dice. Tal vez podrías hablar con él. Irina agradeció a André y le pidió que concertara una reunión con Lucien. Si el joven cazador estaba dispuesto a hablar, podría ser la clave para desentrañar el misterio.

Irina dejó la taberna con una nueva determinación. Caminó lentamente hacia las afueras del pueblo, reflexionando sobre lo que había aprendido. Si los rumores eran ciertos, los piratas y los cazadores estaban tramando algo que podía desestabilizar la región entera. Pero ahora había un nombre, Lucien, y la posibilidad de obtener información desde dentro. El viento frío de la noche le trajo consigo el olor a sal y leña quemada mientras avanzaba, cada paso resonando en la empedrada calle como un eco de su creciente inquietud. De vuelta en su campamento, Irina se preparó para la posible reunión con Lucien. Sabía que cualquier conversación con alguien implicado en esta trama debía manejarse con cautela. Si él era leal a los cazadores, cualquier palabra imprudente podría delatarla. Escondió sus pertenencias más comprometedoras, como su cuaderno y mapas, en un doble fondo de su mochila y mantuvo sólo un puñal a la vista, lo suficientemente discreto como para no alarmar pero siempre a su alcance. Luego, se tumbó en su pequeña tienda, repasando mentalmente lo que sabía y las preguntas que debía formular. A la mañana siguiente, André le envió un mensaje breve a través de un niño del pueblo: Lucien aceptaría reunirse al anochecer, en un claro cerca de un viejo molino abandonado, un lugar lo suficientemente aislado para evitar sospechas. Irina pasó el día explorando los alrededores, asegurándose de que no hubiera trampas ni emboscadas. Las huellas recientes alrededor del molino indicaban que alguien lo usaba ocasionalmente, pero no parecía haber vigilancia constante. Se aseguró de llegar al lugar un poco antes de la hora acordada y se ocultó entre los matorrales cercanos, observando el entorno con cuidado. Lucien llegó puntual. Era joven, tal como André había descrito, con una figura esbelta pero musculosa y una expresión inquieta que denotaba más nerviosismo que hostilidad. Llevaba un arco a la espalda y una bolsa de cuero al costado, típica de los cazadores. Sus pasos eran cautelosos, y sus ojos escudriñaban el lugar con sospecha. Irina emergió lentamente de su escondite, manteniendo las manos visibles para no alarmarlo. Se miraron en silencio durante unos instantes, midiendo mutuamente sus intenciones.

Sin palabras, Irina señaló un tronco caído, invitándolo a sentarse. Él aceptó, pero no soltó la mano que descansaba sobre su bolsa. Irina, por su parte, mantuvo su postura relajada, dejando que el silencio se asentara antes de hablar. Poco a poco, y a base de preguntas indirectas, logró que Lucien comenzara a abrirse. Era evidente que el joven estaba inquieto por lo que había visto en las últimas semanas. Habló de reuniones secretas entre los líderes de los cazadores y los piratas, de cargamentos que llegaban y salían bajo la protección de la noche, y de un creciente malestar entre algunos de los hombres más jóvenes del grupo, quienes no entendían por qué estaban comerciando con criminales. Lucien reveló que, además de armas, los piratas habían entregado mapas y documentos a los cazadores. Aunque no había podido verlos directamente, había oído hablar de una isla distante, cubierta de ruinas antiguas, que parecía estar en el centro de sus planes. Los líderes mencionaban constantemente un "tesoro", aunque no era dinero ni joyas lo que buscaban, sino algo que, según susurros, tenía un "poder". Esto explicaba por qué los cazadores, normalmente neutrales, habían sido reclutados: sus conocimientos del terreno y sus habilidades de supervivencia eran esenciales para explorar las regiones inhóspitas de esa isla. Con esta nueva información, Irina entendió que la situación era aún más compleja de lo que había imaginado. Si los piratas estaban detrás de algún tipo de artefacto poderoso, las consecuencias podían ser catastróficas. Decidió ganarse la confianza de Lucien, hablándole en términos vagos pero sinceros de su misión de proteger la región. Le propuso trabajar juntos: ella podía ayudarlo a desenmascarar las intenciones de los líderes, mientras que él podía proporcionarle acceso a las reuniones y los cargamentos. Lucien, aunque reacio al principio, aceptó con un asentimiento silencioso, quizás motivado por el creciente conflicto interno que parecía atormentarlo. En los días siguientes, Lucien actuó como un enlace, entregando información crucial a Irina. Le habló de un gran embarque que los piratas y cazadores planeaban mover hacia la isla en menos de una semana. Este cargamento incluía no sólo armas, sino también lo que Lucien describió como "cajas selladas", cuyo contenido parecía ser el mayor secreto de todos. Irina supo que esta sería su oportunidad para intervenir. Necesitaba no sólo detener el envío, sino también descubrir qué contenían esas misteriosas cajas.

La noche del movimiento del cargamento, Irina y Lucien se posicionaron cerca del puerto natural. Con el catalejo, Irina pudo ver la actividad frenética en los muelles: hombres cargando las cajas en una goleta, mientras los líderes de ambas facciones discutían en voz baja. El ambiente estaba tenso, como si todos los presentes supieran que algo importante estaba en juego. Lucien le señaló un grupo de hombres que se separaba del resto y se adentraba en el bosque. Parecían proteger algo. Sin dudarlo, decidieron seguirlos. Las sombras del bosque los envolvieron mientras avanzaban con cuidado, evitando ser detectados. Finalmente, llegaron a un pequeño claro iluminado por antorchas, donde los hombres estaban desenterrando un gran cofre de madera reforzada con hierro. Irina contuvo el aliento. Todo apuntaba a que ese cofre contenía la clave de todo el misterio. Pero antes de que pudiera planear su siguiente movimiento, algo sucedió. Desde lo alto, un silbido agudo rompió la quietud de la noche: una flecha disparada desde las sombras atravesó el aire, impactando en uno de los guardias. El caos estalló de inmediato.

Alguien más estaba tras ellos.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!


Usuario Irina Volkov
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#2


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