Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue, hay un prometedor bardo tratando de forjarse una reputación. ¿Hasta dónde llegará?
[Común] [Comercio] Operación Operaçao
Drake Longspan
[...]
Loguetown.
Día 1 de Invierno del año 724
Tras lo sucedido meses atrás en la isla, Drake Longspan no estaba seguro de si volver a Loguetown sería una buena idea. Cada paso que daba por esas calles empedradas le hacía mirar de reojo, como si las paredes mismas guardaran memorias de sus anteriores andanzas. Por esa razón, se había encapuchado cuidadosamente para la ocasión, ocultando sus características más reconocibles. No quería arriesgarse a que alguien lo identificara, mucho menos si eso significaba enfrentarse a la Marina o a algún cazarrecompensas que buscara una pelea para ganar unos berries fáciles.

Su atuendo del día era un ejercicio de camuflaje improvisado: una sudadera quíntuple XL, hecha a medida, con mangas suficientemente amplias para disimular sus brazos inusualmente largos. Aunque la prenda parecía casi una tienda de campaña ambulante, cumplía con su propósito. Bajo la capucha, su rostro quedaba en sombras, y cualquiera que lo mirara probablemente lo tomaría por un tipo raro más, lo que para Drake era mejor que destacar como un posible pirata con una recompensa en su cabeza. Antes de separarse de su tripulación, se echó un último vistazo en el reflejo borroso de un escaparate. Con una mochila llena de berries colgada al hombro, respiró hondo.

[Imagen: a8uz0OD.png]

Esto será rápido. — se dijo a sí mismo, aunque en el fondo sabía que las cosas rara vez salían como planeaba. Se movió con cautela por las callejuelas y el bullicioso mercado, esquivando miradas curiosas y manteniéndose en las sombras siempre que podía. Sus pasos finalmente lo llevaron al muelle, donde el olor salado del mar se mezclaba con el aroma rancio de madera mojada y pescado viejo.

Al subir al barco, se sorprendió de lo oscuro del lugar. Nadie diría que era el lugar adecuado para una operación de aquel calibre, pero si algo había aprendido, era a fiarse de los amigos de su capitán, no le quedaba otra.

El barco mercante al que se dirigía destacaba por su apariencia peculiar. Parecía un navío corriente a primera vista, pero su posición apartada y el silencio que lo rodeaba contrastaban con la actividad frenética de los demás barcos cercanos.

Una vez a bordo, notó que el interior del barco era más oscuro de lo que esperaba. Apenas se podía ver a un par de metros por delante. Entre las sombras, distinguió algunos barriles y cajas apiladas de manera desordenada. El ambiente tenía un aire opresivo, casi como si la luz se negara a entrar. Frunció el ceño mientras avanzaba lentamente, sus sentidos alerta. Cada sonido parecía amplificado: el roce de su sudadera, el golpeteo de las olas contra el casco, incluso el leve silbido del viento que se colaba por las rendijas de madera.

Vaya lugar para una transacción. ¡Aquí estoy, soy Drake!

Estiro sus brazos en forma de cruz, como si aceptase lo que fuera que fuese a pasar.

Información
#1
Marvolath
-
A falta de unos días para partir hacia el North Blue, la tripulación ultimaba los preparativos. Desde que su cara había aparecido en los carteles del gobierno -de manera totalmente injustificada, dicho sea de paso- había tenido más cuidado al mostrarse en ciudades con presencia de la Marina, como era Loguetown. Así pues, aquella mañana repasaba el inventario de la enfermería cuando escuchó ruidos en la bodega.

"No suenan a pasos de Balagus... y el resto está fuera... ¿un polizón? ¿O un cazador" - pensó, con cierta preocupación

Apagó la luz de la enfermería y abrió con cuidado una rendija en la puerta, estudiando las sombras. Un individuo de la misma estatura que Balagus, pero con una complexión muy diferente, andaba descuidadamente por la bodega. No lo reconocía, pero aquella no era la actitud de alguien que buscase problemas o pasaje gratis. Esto quedó aún más claro cuando se anunció en voz alta

- Psst - trató de llamar su atención, con ese tono que se usa cuando quieres gritar pero sin hacer mucho - ¿Qué haces ahí, insensato? Ven, corre.

Encendió la luz y abrió más la puerta para hacerse ver. Cerró la puerta tan pronto como el desconocido cruzó el umbral. Lo analizó, aunque los largos ropajes no le permitían ver apenas nada.

- ¿Cómo se te ocurre entrar en la bodega estando Balagus en el barco? Si te llega a ver él antes que yo ahora podrías ser parte del estofado. Y no sabes lo poco sano que es comer carne humana. En fin, ¿Drake has dicho? Me suena... ¿eres el cliente del que me habló el capitán?

Como si hubiese dicho un hechizo que lo liberase de un sueño, el médico despertó, hablando con rapidez y una amable cortesía.

- Bienvenido, bienvenido. De haber sabido que llegaría tan pronto habría salido a recibirlo. Por favor, tome asiento.

Señaló la mesa de operaciones, mientras sacaba de un armario unas cajas que dejó en una encimera. Las fue abriendo, a medida que enumeraba el contenido.

- Una piel sintética, resistente al calor. Aunque si piel es ligeramente más pálida que la referencia... se puede corregir, sí. Un ojo con visión térmica, y esta pequeña joya que mejorará su sistema nervioso. ¿Es todo de su agrado? Estupendo, pasemos entonces a las preguntas de rigor: ¿alguna condición médica pre-existente que deba conocer? ¿Enfermedades o alergias? ¿Querrá anestesia? Sin que sirva de precedente, la recomiendo. Reemplazar la piel puede ser más doloroso de lo que uno imagina.

Resumen
#2
Drake Longspan
[...]
¡Oi, oi, oi!Saludó

Entró al pequeño cuarto con paso firme, aunque la sudadera gigante seguía balanceándose de manera exagerada con cada movimiento. Al ver la mesa de operaciones, frunció el ceño y luego soltó un silbido bajo cuando el médico comenzó a desplegar su arsenal de tecnología.

Joooder... ¡Esto parece sacado de una feria de cachivaches futuristas! ¿De verdad todo esto es para mí? — Drake Longspan se acercó a las cajas y miró con atención cada pieza. Tocó la piel sintética con la punta de un dedo y levantó una ceja. — Resistente al calor, ¿eh? ¡Me viene de puta madre! Estoy harto de chamuscarme cuando me pongo a trabajar con el soplete.

Se giró hacia Marvolath y le lanzó una sonrisa socarrona, aunque su tono se suavizó un poco.

Y sobre lo del ojo... no sé si ver en térmico me hará más atractivo, pero al menos podré encontrar tornillos perdidos en medio de la oscuridad. Así que sí, colega, parece que todo está en orden. ¡Buen trabajo!

Drake Longspan estiró sus largos brazos para elevar el pulgar a modo de aprobación. Luego, se dejó caer en la silla, cruzando sus largos brazos frente al pecho. Su expresión cambió ligeramente cuando el médico empezó a hablar de la anestesia

Condiciones médicas, dice... Bueno, aparte de que soy un imán para los problemas, creo que no tengo nada raro en el cuerpo. Ni enfermedades ni mierdas por el estilo. ¿Alergias? Solo a los idiotas, y de esos no me puedo librar tan fácil, ¿eh? Eso sí, sobre la anestesia... ¿es absolutamente necesaria? Digo, no soy un blandengue, pero no quiero terminar chillando como un cerdo en plena carnicería.

Drake le dio una palmada amistosa en el hombro al médico, aunque su mano se quedó ahí un poco más de lo necesario, señalando con los dedos hacia la caja del sistema nervioso.

¡Oi, vamos al lío! Pero antes, aclárame algo: ¿esa cosilla del sistema nervioso hará que me mueva más rápido o me dé algo de ventaja? Porque si voy a meterme en todo este jaleo, quiero saber que vale la pena, ¿eh? — rió, con un destello de entusiasmo en los ojos. — Mira, amigo, soy carpintero, y mis manos son mi vida. Si esto mejora mi juego, estoy dentro. Eso sí, no me hagas demasiado impresionante o empezaré a quedarme sin enemigos...

El carpintero rió y luego negó con la cabeza, como dando a entender que era todo ironía, aunque era imponente, no parecía hablar con malas intenciones. Se quitó la sudadera para revelar sus brazos y su torso trabajado, relajándose un poco mientras se preparaba para lo que viniera.

Ahora sí, ¿por dónde empezamos?
#3
Marvolath
-
Marvolath escuchó con atención y mostrando su sonrisa cortés las observaciones y comentarios de su cliente, informándole de las condiciones del proceso cuando lo vio oportuno. La aceptación de los términos, que daba por concluida la negociación, y reticencia a usar anestesia animaron al médico, quien cambió su sonrisa cortés por una menos efusiva pero más sincera.

- Por fin alguien sin miedo a una operación. A la mayoría les preocupa sentir algún dolor, y prefieren quedar inconscientes en la mesa de un desconocido. La anestesia es... recomendable, aún así. Si no fueses capaz de soportar el dolor y te movieses peligrarían la operación y tu vida, y pareces lo suficientemente fuerte como para romper los grilletes. Además, los gritos atraerían una atención indeseada sobre este barco. Puedo reducir la dosis, suficiente para aliviar parte del dolor e impedir que te muevas, pero te mantendrá consciente. Pero debo advertirte que algunos no llevan bien sentir dolor pero ser incapaces de "luchar" o gritar.

Subiendo con agilidad sobre la mesa, se acercó para permitir al paciente que observase sus propios implantes de ojo y piel.

- Llevo el primer modelo de ojo y piel térmica que diseñé. Los tuyos incorporan algunas correcciones que hice tras experimentar los implantes de primera mano, por lo que no deberías de notar ninguna incomodidad, y pasarán tan desapercibidos como desees.

Cuando Drake apoyó la mano en su hombro empezó a preguntarse la razón de aquel contacto tan innecesario, pero la pregunta desapareció para dar paso a la formulada respecto a la mejora del sistema nervioso. Dado el cariz de la pregunta y la cercanía con el inicio de la operación, Marvolath comenzó a mentalizarse, asumiendo la concentración y meticulosidad que requería su oficio.

- No. Los implantes del sistema nervioso sólo actúan sobre la captación de estímulos, y no sobre la actuación. El aumento de estímulos se percibe como una ralentización del tiempo, permitiendo una respuesta temprana. La teoría describe la fatiga muscular como posible efecto secundario, debido a un sobreesfuerzo al forzar el cuerpo. Sin embargo sólo podría suceder en individuos con una forma física excepcionalmente baja. En lo que respecta a tus manos puedes estar tranquilo: para mí también son indispensables las manos, y llevo el mismo implante. La piel sintética no tiene ningún efecto sobre su motricidad o sensibilidad, más allá de reducir la percepción dolorosa del calor.

Tras confirmar que la pregunta había sido debidamente respondida y no quedaba sino la propia operación, preparó el instrumental quirúrgico y al paciente.

Resumen
#4
Drake Longspan
[...]
Drake Longspan se sentó en la mesa quirúrgica, moviendo los hombros para acomodarse en el reducido espacio. Sus brazos largos caían a los lados, las vendas en ellos lucían tan gastadas como su paciencia. Observaba todo el instrumental quirúrgico con una mezcla de curiosidad y desconfianza, como quien evalúa una sierra antes de cortarse un árbol.

Mira que he pasado por cosas raras en mi puta vida, pero dejar que alguien meta mano en mi sistema nervioso está en el top diez de las más absurdas — murmuró, girando el cuello para estirarlo. Sus ojos rojizos, intensos y alerta, se enfocaron en una de las herramientas que brillaba bajo la tenue luz del quirófano improvisado—. Espero que esas cosas estén bien afiladas. No quiero que me cortes como si fueras un aprendiz con un martillo y cincel.

Dejó escapar un suspiro largo y cruzó los brazos, como si con ese gesto intentara calmar los nervios que no quería admitir. Aunque su tono seguía siendo desafiante, su mente trabajaba a toda velocidad. No le gustaba esta situación, pero no podía negarse. No después de todo lo que había pasado con su cuerpo, y menos con las expectativas que tenía sobre él mismo.

Lo de la anestesia... — comenzó, levantando una ceja mientras se inclinaba un poco hacia adelante — No me interesa quedarme fuera de juego. Si voy a aguantar, lo hago de pie, bueno, o casi. Pero si empiezas a cortar y ves que me estoy moviendo como un idiota, haz lo necesario. Eso sí, como me dejes más jodido de lo que ya estoy... — se detuvo y sonrió de lado, una sonrisa que no llegaba a ser amigable pero tampoco hostil.

Pasó una mano por su nuca, tocando la piel donde en un momento más sentiría el bisturí. La idea no le emocionaba, pero tampoco iba a flaquear. Si algo había aprendido en los años de hambre, peleas y carpintería, era que a veces no había más remedio que avanzar, aunque fuera de cara al dolor.

Venga, a lo que vinimos.

Dicho eso, cerró los ojos un momento, como si buscara concentración. Estaba listo, al menos tanto como podía estarlo.
#5
Marvolath
-
Parecía que aquel paciente tenía, además de los brazos, la lengua muy larga, que hablaba sin cesar mientras la paciencia iba menguando. Marvolath no era el tipo de doctor que escucha a los pacientes, al menos no más allá de la descripción de síntomas y otra información relevante. Y, aunque administrar anestesia le suponía un esfuerzo y coste extra, agradecía el silencio y tranquilidad que le brindaba.

La gota que colmó el vaso fue cuando aquel deslenguado cuestionó el estado de sus utensilios, e hizo comentarios sobre el nivel de habilidad comparándolo con un carpintero novato. Su rostro apático, que no solía mostrar más que una especie de neutral aburrimiento, se crispó, frunciendo el ceño y arrugando la nariz. Algo leve, que pasaría desapercibido en la mayoría de rostros. Pero en el suyo destacaba como una mancha sobre un lienzo. Rebuscó en uno de los cajones, hasta encontrar un cilindro de madera que envolvió en tela antes de ofrecérselo.

- Un mordedor. Ayudará a llevar el dolor, y a que no te rompas los dientes. - dijo son sequedad, mientras añadía un "y a que contengas la lengua" para sí mismo.

No comentó nada sobre el estado de sus herramientas, y dejó que éste hablase por sí mismo. Clavó la aguja de la vía directamente en la yugular, perforando la piel sin ningún esfuerzo, como si el agujero ya estuviera de antemano y sólo ocupase su lugar. Abrió el gotero, y en cuestión de segundos un cosquilleo que se convirtió en hormigueo comenzó a extenderse. Dio el tiempo que se tarda en lavar las manos, colocar los guantes y volver a lavarlas para que la anestesia terminara de hacer efecto. Sin ningún miramiento, tocó el ojo, comprobando la reacción del paciente.

- ¿Tienes preferencia por alguno de los ojos? Diría que este es el dominante... por lo que te recomiendo el otro. Pero, ventajas de estar consciente, tú eliges.

El trabajo era, por lo general, poco excitante. Pura rutina, acciones mecánicas que había hecho y rehecho hasta ser tan automáticas como manejar un cubierto. A veces se encontraba con casos intrigantes, algún misterio o rareza, que recibía como una bocanada de aire fresco. Alguien de la tribu de los brazos largos era, sin duda, poco frecuente, pero su anatomía era muy similar a la de un humano y no llegaba más que a pequeña brisa. Sin embargo, este trabajo lo estaba disfrutando. Cada contracción, y cada quejido ahogado eran una pequeña caricia en la herida que había causado la ofensa minutos atrás. Para su desconsuelo y sorpresa, el paciente soportó la operación con más dignidad y entereza de la que había esperado la instalación de su nuevo ojo.

- Tengo que reconocer que tienes aguante. Hay quien diría que una piedra se quejaría más que tú, si las piedras tuviesen ojos que extirpar. Sin embargo, para la piel subiré la dosis. La dolor de ser desollado no es tan intenso como el del ojo, pero es más... - hizo un gesto con las manos, como si describiese los bordes de una esfera de gran tamaño - completo. Como un picor terrible que no puedes rascar, en todos lados. Aunque, en cierto sentido, lo es.

La hazaña de la casi estatua que tenía por paciente le animó, dejando atrás la ofensa y retomando su estado de ánimo habitual. Ajustó el gotero y, bisturí en mano, realizó el primer corte, dibujando una delgada línea roja a lo largo del pecho. Antes de que comenzara la segunda, la anestesia había hecho efecto, dejando a Drake en un estado parecido al adormecimiento.

- Te costará más hablar, y no recomiendo que te muevas. Sentirás algo parecido a arañazos y picor leve. Y una mezcla entre frío y calor. - dijo intentando ser metódico, aunque tenía que reconocer que era la primera vez que tenía que dar esa información - Has venido aquí porque has decidido confiar en mí. Si la palabra de un pirata sirve de algo, tienes la mía de que has hecho bien.

Resumen
#6


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