Hay rumores sobre…
... una plaga de ratas infectadas por un extraño virus en el Refugio de Goat.
[Autonarrada] [T3] El revivir de un barco
Octojin
El terror blanco
Día 65 de Verano de 724


El calor del mediodía era abrasador en el puerto del G-31, y el aire salado se mezclaba con el olor a madera quemada y pólvora. Octojin estaba en los astilleros supervisando la construcción de una nueva fragata cuando llegó el aviso. Un barco de la Marina había sido atacado por piratas y estaba regresando al puerto con graves daños. Sin perder tiempo, el tiburón dejó todo lo que tenía entre manos y se dirigió al muelle con paso firme. No era muy común una retirada de la marina en aquél estado. ¿De dónde habrían sacado los cañones los piratas?

Cuando el barco apareció en el horizonte, la gravedad de la situación se hizo evidente. La embarcación tenía grandes agujeros en el casco, la vela principal estaba hecha jirones, y la cubierta estaba llena de marines heridos siendo atendidos por médicos que trabajaban a toda prisa. Algunos sangraban, otros gemían en silencio, y los doctores hacían lo posible para mantenerlos estables hasta que pudieran ser trasladados al hospital de la base. La verdad es que debía haber sido un verdadero milagro que hubiesen llegado hasta allí y no hubiesen naufragado. ¿Cómo lo habrían hecho? Sin duda le tendrían que dar una medalla al navegante que hubiera conseguido aquello.

—Esto va a ser complicado —murmuró Octojin, observando la escena mientras el barco se aproximaba al muelle—. Pero no imposible.

El escualo subió hasta la nave para evaluar los daños. Caminó entre los heridos con cuidado, esquivando camillas y bolsas de suministros médicos. Cada paso resonaba en la madera dañada, y el gyojin no tardó en identificar los puntos críticos que, sin duda, serían los que más costaría solucionar.

El principal, sin duda alguna, era el casco. Tres grandes agujeros en la línea de flotación ponían en peligro la estabilidad del barco. El segundo, era la vela principal. Sin ella, el barco no podría navegar con eficiencia, por lo tanto era totalmente inservible. Y, por último, el tercer punto eran los mástiles secundarios. Uno estaba astillado y a punto de colapsar, mientras que el otro estaba visiblemente afectado aunque podía seguir funcionando.

Los marines heridos miraban con esperanza al escualo. Sabían que era un experto en reparaciones, pero incluso para él, esta tarea parecía monumental dadas las condiciones.

—¡Octojin! —gritó uno de los oficiales desde la cubierta— Haz lo que puedas para mantenerlo a flote. Necesitamos ese barco en funcionamiento cuanto antes.

El tiburón asintió y se puso manos a la obra. El habitante del mar sabía que la clave era priorizar. Decidió empezar por el casco. Si no solucionaba eso primero, el barco podría hundirse incluso estando atracado, lo cual produciría muchos más problemas y más aún cuando los marines heridos estaban siendo atendidos en ese preciso momento. Dio órdenes rápidas a algunos marines que todavía estaban en condiciones de moverse.

—Necesito maderas reforzadas, clavos largos y tela de brea para sellar los agujeros. ¡Ahora mismo!

Un grupo de marines corrió al almacén del puerto mientras Octojin inspeccionaba más de cerca las grietas. La misión se iba complicando a cada minuto que pasaba. Sacó un cuaderno de bocetos y trazó un plan para reforzar la estructura desde dentro. Mientras tanto, los médicos seguían trabajando, lo que complicaba el espacio y los movimientos.

—Disculpen, cuidado con los pies —dijo mientras cargaba herramientas y materiales pesados. Su voz era grave pero amable. No quería interrumpir el trabajo vital que los médicos estaban realizando.

Con los materiales en mano, Octojin bajó al interior del barco. Allí, el agua comenzaba a filtrarse por los agujeros, y el olor a humedad y madera podrida era penetrante. El escualo trabajó rápido, martillando tablones con precisión y cubriendo las grietas con tela de brea para asegurar un sellado temporal. Su fuerza y habilidad eran evidentes; levantaba piezas pesadas como si fueran de cartón y colocaba refuerzos con una velocidad impresionante. Lo hacía casi tan rápido como le traían el material.

A pesar del ambiente caótico, Octojin mantuvo la calma. Los marines lo miraban con asombro mientras él trabajaba sin descanso, salpicado por el agua que entraba y empapado en sudor, con los músculos entumecidos del esfuerzo pero la determinación de aquél que sabe que el trabajo se acabará, de una manera u otra.

—Esto aguantará por ahora —murmuró, examinando su trabajo—. Pero necesitará una reparación completa cuando lleguemos a los astilleros. Es hora de ir al segundo punto.

Y es que, el siguiente paso era la vela principal. Octojin subió al mástil principal, llevando consigo una serie de cuerdas y una vela de repuesto. La altura no le intimidaba; estaba acostumbrado a trabajar en condiciones adversas. Ató los nuevos refuerzos al mástil dañado, asegurándose de que pudiera sostener la vela sin problemas. Aquello era una reparación más de maña que de fuerza, así que no se le daba tan bien.

—¡Sujétenla ahí abajo! —gritó mientras desplegaba la nueva vela. Los marines obedecieron, tensando las cuerdas para asegurarla en su lugar.

Finalmente, inspeccionó los mástiles secundarios. Uno de ellos requería refuerzos adicionales, así que utilizó piezas sobrantes para asegurarlo temporalmente. Era un trabajo improvisado, pero eficaz. Y justo eso era lo que hacía falta en ese momento, eficiencia.

Mientras trabajaba en los mástiles, Octojin notó que un grupo de marines intentaba mover a un herido que no dejaba de gritar por el dolor.

—¡Tráiganlo aquí! —dijo desde lo alto—. Lo bajaremos al interior para que esté más cómodo.

Los marines dudaron, pero al final siguieron las instrucciones del gyojin. Octojin usó una cuerda para improvisar una camilla y ayudó a descender al herido con cuidado. Una vez más, su fuerza y precisión fueron clave para evitar más problemas.



Tras varias horas de trabajo ininterrumpido, el barco estaba en condiciones para aguantar a flote, pero no para navegar de nuevo, a no ser que fuese una distancia corta y segura, en cuyo caso seguramente aguantaría. El casco estaba sellado, la vela principal podía sostenerse y los mástiles secundarios eran funcionales. Los médicos también habían terminado de estabilizar a la mayoría de los heridos, y algunos incluso se acercaron a Octojin para agradecerle.

—Eres increíble, Octojin —dijo uno de los oficiales—. Sin ti, este barco estaría en el fondo del océano.

El gyojin sonrió, aunque estaba visiblemente exhausto. Necesitaba unas horas de descanso o, de lo contrario, acabaría cayendo inconsciente.

—Solo hago mi trabajo. Pero asegúrense de llevarlo a los astilleros en cuanto puedan. Esto es solo un parche. Los verederos héroes son los médicos que os han conseguido atender, sin ellos la mitad no estaríais aquí.



Mientras caminaba de regreso al muelle, Octojin no pudo evitar sentir una mezcla de orgullo y preocupación. Había salvado el barco, pero sabía que las reparaciones no durarían mucho si no se hacían correctamente. Más allá de eso, ver a los marines heridos le recordaba lo peligroso que era su trabajo.

—La vida en el mar nunca es fácil —murmuró para sí mismo—. Pero mientras pueda seguir ayudando, lo haré.

Al llegar a los astilleros, tomó un trago largo de agua y se permitió unos momentos para respirar antes de volver a sus tareas habituales. La jornada había sido dura, pero el barco estaba a salvo, y eso era lo que importaba.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T3 ENTREGADAS!


Usuario Octojin
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#2


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