
Horus
El Sol
29-12-2024, 03:15 PM
6 de Invierno, Atardecer
Zona Residencial de Loguetown
La Navidad era una festividad que sacaba lo mejor de la gente. Nos llena el corazón de buenas intenciones y esperanzas para el año venidero, sumado a un incremento de la generosidad y la búsqueda de la calidez del hogar. Sin duda, era difícil encontrar a alguien que no estuviera divirtiéndose y disfrutando de estas festividades. Incluso aquellos que menos tienen estaban viendo cómo la generosidad de las otras personas se reflejaba en los comedores sociales y en otros tipos de actos benéficos que se realizaban a lo largo de la ciudad de Loguetown.
No obstante, había alguien que no se estaba divirtiendo para nada en esas fechas. Se trataba de Arnold Gundaba, un anciano empresario que se dedicaba al sector de la alimentación y manufacturación. A él le repugnaba toda esta festividad: tantas luces molestas que dañaban sus cansados y pobres ojos, la gente cantando todo el día canciones horribles que le perforaban los tímpanos, tanta falsa generosidad que solo ejercían en esta época del año, demostrando que el resto del año les daba igual; y todo esto era tan solo una farsa. Y encima estaba la nieve, como la que contemplaba caer por la ventana mientras aguardaba tu llegada, esa molesta cosa que dificultaba que pudiera moverse fuera de casa y el frío intenso que le iba fatal para los huesos.
Lo único bueno que le encontraba a la Navidad y sus días vísperos era el exceso de consumismo que se realizaba, en especial de comida, su sector. Era tal el derroche que la gente realizaba en esa época que el viejo Arnold gozaba de sus mejores ventas en todo el año. Y como buen empresario que llegó a la cima, eso significaba que era época en la que más tenía que trabajar y producir, lo cual también se aplicaba a todos sus empleados, quienes tenían que trabajar más que nunca y no contaban con ningún día festivo en esas fechas, ni para ver a sus familias casi; debían trabajar y trabajar para ganar más. Esto se aplicaba incluso a su propio hijo, quien capitaneaba el navío mercante que traía múltiples productos de islas vecinas y estaría todas estas fechas en alta mar trabajando. Aunque tampoco pensemos que es un tirano; evidentemente, pagaba el extra correspondiente a las horas extras que exigía a sus empleados. No es como que les fastidiara las fiestas por nada, aunque no quitaba que aplastaba para todos ellos la alegría de esas fechas.
Pero esta Navidad algo raro estaba ocurriéndole a Arnold. Cada noche, sin falta, mientras intentaba acostarse, el sueño le era esquivo, incluso con su medicación para dormir. Mientras intentaba conciliar el sueño, unos susurros y lamentos se filtraban desde el exterior, mezclados con el silbido de la nieve y sus ventiscas. Sumada a la imagen espectral de una silueta de mujer que flotaba frente a los ventanales de su habitación; pero cuando intentaba salir al exterior, no había nada allí. Estaba furioso y era innegable que empezaba a estar preocupado. Aún no llegaba al punto de asustarse, pero sí que la falta de sueño le estaba pasando factura y lo tenía algo más molesto de lo habitual, comenzando a quedarse sin opciones.
Fue entonces cuando contactó con uno de sus más importantes socios, si no el que más: el Gobierno Mundial. Él era un distribuidor importante de comida que proporcionaba muchos víveres a las instituciones gubernamentales. Eso, con los años, le acabó dando ciertos contactos y algún que otro favor. De los cuales optó por cobrarse uno en esos momentos para que mandaran a alguien a investigar ese extraño suceso.
Y ahí es donde entras tú, Andreytsu. Fuiste designado para esta importante misión, en la que debes encontrar la raíz de estos extraños tormentos que asolan a un importante socio del Gobierno Mundial. Aunque probablemente te indiquen que no sea más que una broma para atormentar a un anciano que no puede moverse mucho ni muy rápido. Pero eso lo tendrás que averiguar tú. Arnold te citó al atardecer en su habitación personal; era más o menos la hora a la que se solían producir los incidentes, o por lo menos empezaban, aunque podían alargarse múltiples veces durante la noche. Tu llegada no fue informada a casi nadie del servicio, salvo que llegaría un invitado y lo condujeran a su cuarto cuando ocurriera.