Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Autonarrada] El Paciente Desconocido [T2]
Vesper Chrome
Medical Fortress
La lluvia caía en finas cortinas sobre las calles de Loguetown, oscureciendo las piedras del pavimento y llenando el aire con el aroma a sal y humedad. Yo, como era de costumbre avanzaba por el bullicioso distrito portuario, mis pasos acompasados con el eco distante de las campanas de los barcos atracados. Había llegado al lugar en busca de suministros médicos, pero no podia negar que también me encontraba disfrutando del anonimato que me ofrecía la multitud.

Mi camino me llevó hasta una taberna de mala reputación, un refugio habitual para marineros, mercenarios y viajeros de toda índole. El ambiente en el interior era cálido y cargado, una mezcla de humo de tabaco, alcohol barato y el inconfundible hedor del sudor humano. ocupe una mesa en la esquina, observando el ir y venir de los parroquianos mientras bebía un té amargo que había preparado con hierbas propias, claro no todo era sake, y menos en climas tan peligrosos como este, pareciera que el clima estaba molesto con todos en esta isla, al menos hoy.

El murmullo constante del lugar se rompió cuando un golpe seco resonó cerca de la barra. Mis ojos se alzaron instintivamente hacia la fuente del ruido: un hombre desplomado en el suelo, sus manos temblando mientras intentaba aferrarse a la madera astillada del mostrador. Los clientes más cercanos se apartaron rápidamente, como si temieran ser contagiados por algo desconocido. Simplemente no dudé. Me levanté de mi asiento, mi gabardina oscilando como la cola de un depredador al acecho, y me acerque al hombre caído. Era un marine, a juzgar por sus ropas gastadas y el olor a sal impregnado en su piel. Su rostro estaba pálido, casi cadavérico, y gotas de sudor perlaban su frente a pesar del frío ambiente.

—¡Aléjese de él! — advirtió un hombre fornido desde la barra —Nadie quiere problemas con los enfermos. — Terminó diciendo.

—Él ya tiene suficientes problemas —respondí, sin levantar la vista — Alguien ayúdeme a levantarlo.— Al final de cuentas yo soy un doctor, y este hombre de aqui es claramente un paciente.

La respuesta fue el silencio. Con un gruñido de frustración, me incliné y sostuve al hombre por los hombros, llevándolo hasta una mesa cercana. Los murmullos continuaron, pero nadie intervino. Una vez recostado, comence a examinarlo. Su pulso era irregular y acelerado, y una herida profunda sobresalía en su costado derecho, envuelta en una tela improvisada ya empapada de sangre.

—Esto no es solo una herida — murmuré para mi mismo, inspeccionando los bordes ennegrecidos —Es un maldito veneno.— Mire al rededor, ¿habria pasado aquí?, quiza hay alguien que esta envenando a otros aqui dentro y todos seguimos tomando como si no pasara nada.

Tomé mi set de herramientas medicas de mi bolso, desplegándolas con una precisión casi ritual. Limpié la zona con un antísptico que llevaba conmigo y retiré la tela con cuidado, revelando una herida irregular, como si hubiera sido hecha por un arma rústica. Mientras trabajaba, mis sentidos estaban alerta a cualquier señal de agravamiento, al final de cuentas esto era una taberna, no un hospital, y aun asi nadie se acercaba, muchos incluso simplemente ignoraban la situación.

El hombre abrió los ojos de golpe, su mirada desorientada encontrándose con la mia era todo un espectaculo.

—…No… me… maten… — susurró antes de toser violentamente. Su aliento olía a metal, una clara señal de hemorragia interna.

—No estoy aquí para matarte, al menos no hoy —replique con frialdad —Estoy aquí para evitar que te mueras. —

Mientras trabajaba, comencé a conectar las piezas. El veneno no era algo común; los síntomas indicaban una sustancia diseñada para paralizar lentamente los órganos vitales mientras mantenía a la víctima consciente el mayor tiempo posible. Esto no era obra de un simple ataque. Había intención detrás de ello.

—¿Quién hizo esto? — pregunté mientras inyectaba un suero experimental que había desarrollado para neutralizar toxinas. El hombre no respondió, pero su mirada se endureció, como si estuviera luchando contra una fuerza invisible para no revelar nada. Finalmente, sus labios se movieron.

—…El puerto… el cargamento… él…— murmuró antes de perder la conciencia.

Apreté los dientes. Había visto este tipo de comportamiento antes: una mezcla de miedo y lealtad hacia algo más grande que ellos mismos. Me recosté en la silla, observando al hombre mientras su respiración se estabilizaba lentamente. No tenía todas las piezas del rompecabezas, pero sabía que este paciente desconocido estaba relacionado con algo peligroso y si esta gente de la taberna sabia algo, era claro que no me dirian una sola palabra, porque al final de cuentas yo aqui soy un forajido.

La taberna había caído en un tenso silencio. Todos observaban me observaban como si fuera un intruso en un ritual sagrado. Uno de los hombres más cercanos, un marinero de cabello encanecido, se acercó.

—¿Sabes lo que estás haciendo? —preguntó, su voz baja pero cargada de advertencia. No hice mas que alzar la vista ante estas palabras.

—Siempre sé lo que estoy haciendo — respondí con un tono que no admitía dudas, soy un doctor, un medico entrenado en una de las islas mas duras del north blue, no me ando con juegos a la hora de ejercer mis conocimientos.

El marinero lo observó por un momento antes de asentir y regresar a su asiento. Sabía que este incidente no acabaría aquí. El hombre herido había mencionado algo sobre el puerto y un cargamento, y no era difícil imaginar que había más personas involucradas. Personas que podrían venir a buscarlo.

Mientras limpiaba mis herramientas y observaba al hombre inconsciente, Pude reflexionar sobre mi próximo paso. Si había algo que no soportaba, era dejar un misterio sin resolver, y ahora estaba en el centro de uno. La noche en Loguetown apenas comenzaba, y las respuestas que buscaba estaban tan cerca como peligrosamente fuera de mi alcance. —Traeme una puta botella de Sake. — esto no diferia demasiado de Kilombo, en todos lados pasa la misma cosa, gente que no puede defenderse siendo heridos por personas que se creen el mas fuerte del mar del este. Tras estabilizar al marine, Decido  investigar el motivo del enigmático mensaje que este mencionó antes de perder la conciencia: "El puerto... el cargamento... él...". Realmente estoy convencido de que su vida podría estar en peligro si no me deshago de las amenazas latentes, deberia poder ir al puerto y ver que pasa realmente allí, pero sabiendo que nuestro barco se encuentra ahi, y la cantidad de personas que llegan constantemente a la isla, lo mejor seria ir en las noches, asi que simplemente me tocara esperar, y colarme en la madrugada, al final de cuentas, si algo le pasó a ese marine, es probable que hayan otros pasando por situaciones similares.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
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