Hay rumores sobre…
... que en cierta isla del East Blue, hubo hasta hace poco tiempo un reino muy prospero y poderoso, pero que desapareció de la faz de la tierra en apenas un día.
[Autonarrada] [A-T2] Un Clavo en el Camino
Drake Longspan
[...]
Día 10 de Otoño del año 715,
Isla Kilombo

Los primeros rayos del sol iluminaban tímidamente la Isla Kilombo, reflejándose en las herramientas de carpintería que reposaban en el viejo taller de los Longspan. El olor a madera recién cortada mezclado con el polvo de aserrín creaba una atmósfera familiar y reconfortante. Era un espacio sencillo, pero lleno de historia. Cada grieta en el banco de trabajo, cada muesca en las paredes de madera, contaba una historia. Y ese día, Drake Longspan, con apenas trece años, estaba decidido a escribir la suya.

Su padre, un hombre de manos curtidas, brazos sorprendentemente largos y paciencia infinita, le había encargado un trabajo importante: reparar una pequeña barca pesquera que pertenecía a uno de los comerciantes locales. No era un cliente cualquiera, sino uno de los pocos que aún confiaba en los trabajadores brazos largos después de que el negocio comenzara a flaquear. Esta tarea era una oportunidad para demostrar que el apellido Longspan todavía significaba calidad y dedicación.

Drake se plantó frente a la barca con una mirada decidida. El casco tenía varias grietas, y las tablas del fondo estaban tan gastadas que apenas soportaban el peso de la estructura. No era un proyecto fácil, pero algo en su interior le decía que podía lograrlo. Tomó su martillo, una herramienta que su padre le había regalado cuando era niño, y comenzó a trabajar.

Vale, a ver por dónde coño empiezo… — murmuró para sí mismo mientras inspeccionaba la barca.

Primero desmontó las tablas rotas del casco. El proceso fue lento, sus dedos jóvenes luchaban por encontrar el equilibrio entre fuerza y precisión. El sol subía en el cielo, y el sudor comenzaba a recorrer su frente, pero no se detuvo. Cada clavo que retiraba, cada pedazo de madera que quitaba, lo hacía con cuidado. Sabía que un error podía costarle caro, no solo en términos de trabajo, sino también en la confianza de su padre.

A mitad del proceso, una tabla particularmente resistente se negó a salir. Drake gruñó, apretando los dientes mientras usaba toda su fuerza para arrancarla. Finalmente, con un crujido estruendoso, la madera cedió, pero no sin dejarle un pequeño corte en la palma de la mano. Miró la herida, limpiándola con un trapo que tenía a mano.

Tú ganas esta vez, tabla del demonio, pero no me vas a detener.

El chico se rió entre dientes mientras volvía al trabajo.

Con el casco libre de imperfecciones, Drake se dirigió al montón de madera que su padre había preparado. Eligió las mejores tablas, examinándolas con un ojo crítico, tal como le había enseñado su padre. Cortó cada pieza con cuidado, ajustándolas una por una al casco de la barca. El sonido del serrucho rasgando la madera llenaba el taller, mezclándose con los cantos lejanos de los pájaros.

Al mediodía, su madre apareció con una jarra de agua y un plato de pan. Se lo dejó en una esquina del taller, sin decir palabra. Sabía que Drake estaba concentrado, y no quería interrumpirlo. Él le devolvió una sonrisa rápida antes de volver a su tarea.

Con el casco reparado, llegó el momento de reforzar las juntas. Mezcló resina y fibra, aplicándolas con manos firmes. Cada pincelada era un paso más cerca de completar su objetivo. Cuando terminó, retrocedió un paso para admirar su trabajo. La barca ya no parecía una vieja reliquia al borde de la desintegración; ahora tenía una nueva vida.

Queda lijar y barnizar — se dijo a sí mismo, mientras sus manos, llenas de polvo y pequeñas astillas, se preparaban para la siguiente etapa.

La lija desgastó la superficie hasta dejarla suave al tacto, y el barniz le dio un brillo que reflejaba la luz del sol. Mientras aplicaba la última capa, su padre entró al taller. Observó en silencio, sus ojos recorriendo cada detalle con el mismo rigor que había inculcado en su hijo.

Nada mal, chico. Nada mal. — Dijo finalmente, con un asentimiento aprobatorio.

El adolescente sonrió, sintiendo una oleada de orgullo y calor en su pecho. Para él, ese "nada mal" era lo más cercano a un aplauso estruendoso, más valioso que cualquier salario que podría recibir por su tarea semanal.

Horas después, el comerciante regresó por su barca. Al ver el resultado, su rostro se iluminó con una sonrisa sincera. Drake Longspan se quedó a un lado, dejando que su padre manejara la conversación y los negocios. Pero cuando el hombre señaló el excelente estado de las reparaciones, su padre le dio una palmada en el hombro.

Fue trabajo del chico — dijo. Y esas pocas palabras significaban más para el joven carpintero que cualquier elogio.

Esa noche, mientras la familia cenaba en la pequeña mesa de la cocina, el humano de la tribu de los brazos largos no podía dejar de mirar sus manos. Estaban llenas de cortes y magulladuras, pero también contaban una historia. La historia de un trabajo bien hecho, de un paso más cerca de mantener vivo el legado de los Longspan.

Aunque no lo sabía entonces, ese día sería uno de los pocos momentos en los que todo parecía estar en equilibrio. Una pequeña victoria en medio de una vida que pronto estaría llena de desafíos. Pero en ese momento, con la risa de su padre y el calor de su hogar, Drake se permitió sentirse en paz. Y esa noche, durmió con una sonrisa en el rostro, soñando con el día en que construiría barcos más grandes y mejores.

Pronto partirían a Loguetown con un nuevo plan de negocio, y el quería ayudar en todo lo posible.

Porque aunque el camino sería difícil, había algo en él que nunca se rompería: su amor por la madera, el mar y la promesa de un futuro mejor.
#1
Moderador X Drake
Bandera Roja
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!


Drake Longspan
  • Berries: 249.543.571 -> 249.843.571 (+300.000)
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  • Nikas: 41-> 43 (+2)
  • Reputación: +9 de reputación positiva
#2


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