Hay rumores sobre…
... que existe un circuito termal en las Islas Gecko. Aunque también se dice que no es para todos los bolsillos.
[Diario] P'lanes de futuro
Horus
El Sol
86 de Otoño, Tarde
Plaza de Coraltown

Mi encuentro con Anaka había sido cosa del destino. Aunque no me gustaba la idea de que ella hubiera estado a punto de ser capturada por unos bandidos que buscaban venderla como una mercancía. Sinceramente, la esclavitud no me gustaba para nada; me parecía una práctica inhumana y arcaica, producto de antiguas civilizaciones que no eran capaces de integrarse en otras y que no dejaban de ver a sus habitantes como animales, despreciando su cultura.

Pero en esos momentos no hablábamos de cosas tristes o del incidente. Había invitado a la dama a que me acompañara para poder visitar su aldea natal, solicitándome que me hiciera de guía por el lugar, también porque sería más fácil que un humano caminara por ese lugar acompañado de una ningyo o gyojin. Aunque se notaba que habían estado mucho tiempo interactuando con los habitantes del resto del archipiélago y conocían la diversidad cultural bien.

Una prueba muy clara de ello era la parte superior de la aldea, construida en la superficie fuera del agua. Era un territorio claramente pensado para que pudieran interactuar los humanos con los habitantes marinos de la isla, incluso vivir con ellos, aunque era un caso más raro. La arquitectura de la superficie era mucho más sobria y sencilla, puesto que usaban mucho el coral para construir, y al sacarlo del mar, este se moría y secaba, pasando a ser de colores mucho más apagados y sin la vida que rodeaba estas formaciones marinas. Por otro lado, encontrábamos la ciudad submarina, en la que apenas se podía mover uno sin ser gyojin o ningyo. En mi caso, hice alguna pequeña inmersión acompañado de Anaka para poder vislumbrar las maravillas de aquel lugar. Era una ciudad totalmente diferente, llena de color y vida, con la flora y la fauna marina decorando de forma orgánica y natural el lugar; más no era territorio para humanos.

Justo estábamos en una plaza construida en la playa que hacía la división entre el mar y la tierra de la ciudad, en el centro. Habíamos parado a descansar tras una rápida inmersión en las aguas de la zona para contemplar lo que era una avenida comercial en la zona subacuática. Ahora sencillamente reposábamos en un banco mientras mirábamos a los diferentes transeúntes entrar y salir del agua a su conveniencia, charlando un poco sobre la vida.

— Entonces, ¿quieres ser navegante? ¿Estudiaste en la escuela naval o has sido autodidacta? — le preguntaría.

— Siempre investigué las corrientes y climas por mi cuenta; no podía costearme algo como la academia, pero he podido experimentar muchos fenómenos marinos en mi propia piel —  me respondería.

— Siempre pensé que experimentar las cosas de forma práctica era mucho mejor que simplemente teorizar, por eso tengo tantas ganas de emprender aventuras y expediciones. Porque he leído muchas historias y mitos en libros, pero no experimenté nada de eso en mi propia piel — le diría de vuelta.

Llevábamos un buen rato charlando; durante todo el viaje a través de la aldea fuimos hablando y conociéndonos mejor el uno al otro. Siempre me alegra mucho conocer gente, y más aún si son interesantes. Y Dios sabe que ella era una mujer interesante: curiosa, estudiosa y vivaz. Había perdido a sus padres de muy joven por culpa de los piratas, adoraba el mar y los misterios que este ocultaba. No le importaba hablar sin tapujos de ciertas cosas. De paso, era muy buena oradora, sabía escuchar y mostrar interés por lo que los demás teníamos que decir, pero al mismo tiempo también podía ofrecer y dar una charla interesante a quien estuviera dispuesto a tratar con ella.

— ¿Y dime, tienes sueños, Anaka? — le preguntaría de forma directa.

— Bueno, siempre he querido explorar los océanos. Quiero encontrarme con mis compatriotas de otras islas, como la mayor de todas en el mar; la isla Gyojin en el centro de la Grand Line es uno de mis mayores objetivos algún día, aunque es difícil viajar hasta allí porque el mar central es muy peligroso — me respondería.

— Nuestros objetivos coinciden bastante; ambos tenemos interés en la exploración e investigación y, de hecho... ¡Anaka, te gustaría viajar conmigo a vivir aventuras! — soltaría de forma repentina.

— ¡Oye, oye, espera! — se sorprendería ella — Me caes muy bien y todo esto, pero esta es una oferta muy repentina — se mostraba algo confusa.

— Puede ser, pero ¿no crees en el destino? Hoy nuestros caminos se cruzaron por casualidad, tenemos objetivos similares a lo largo del mar. Creo que es una buena idea; yo vine a esta isla en busca de un navegante hábil con quien poder surcar los mares y justo me encontré contigo — insistiría, emocionándome.

— Sí... Es cierto, pero es un poco precipitado — diría ella.

— ¿¡Pero cuánto queremos esperar, Anaka!? La vida es efímera y corta; hay que vivirla lo antes posible. ¡El mar nos espera y hay miles de tesoros y lugares por descubrir! — le exclamaría emocionada.

— Sí, hace un tiempo que me lo planteo... — empezaba a ceder.

— Yo ya hace dos años que dejé mi hogar; lo echo de menos, claro, pero no me arrepiento. He podido conocer muchas cosas en mi viaje y a mucha gente especial como tú — le diría de forma galante y sonriente.

— Anda, no seas adulador bobo — ella se sonrojó ante la idea.

— De hecho, Anaka, dentro de poco se hará un viaje masivo al North Blue con una nueva compañía de transporte. ¿Estarías dispuesta a acompañarme al mar vecino que se encuentra al otro lado de la Red Line? — le ofrecería.

La primera oportunidad de viajar más allá de la Red Line era siempre muy tentadora para cualquiera con espíritu mínimamente indómito y aventurero; esos muros eran la barrera natural que separaba los mares y eran imposibles de sortear. Por eso, cruzarlos como primer paso era un importante incentivo.

— Eh... ¡Venga, vale, lo haremos! — diría emocionada.

— ¡Esa es, tú y yo juntos contra el North Blue! — me alzaría chocando el puño con Anaka.

Ese era el inicio de una alianza que duraría durante mucho tiempo. Anaka y yo, juntos contra las adversidades, descubriendo los misterios e intrigas del North Blue. Una aventura producto de un fortuito cruce del destino.
#1


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