Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Común] [Pasado] Danzando por Conomi.
Juuken
Juuken
Día 53 de Invierno del año 723
[i]Isla Cocoyashi. Archipiélago Conomi.[/i]



El ruido de las olas me devolvía a la realidad, haciéndome abrir los ojos. Habían sido unos días muy extraños, desde hacía tiempo lo único que hacía era vagar y viajar sin rumbo, buscando la forma de sobrevivir, de evitar que me roben, de ganarme la vida lo suficiente en cada lugar como para conseguir lo mínimo. Sobrevivía siempre por la mínima, aunque por suerte estaba acostumbrado al dolor y a la inanición.

La suave brisa mecía mis cabellos, despertándome y trayendo mi mente de vuelta a la realidad. Había amanecido, estaba algo exhausto. El día anterior había sido una locura, no sabía ni dónde ir ni qué hacer. Por primera vez, desde que había comenzado a viajar sin la compañía y seguridad que me brindaban Tom y Marin, me sentía que no sabía qué hacer. Sentía que había cometido un grave error al abandonar aquél barco. Me sentía bastante decaído en ese momento.

Me incorporé. La arena comenzó a colarse entre mi camiseta. Había pasado la noche en la playa. No había conseguido la forma de conseguir los recursos necesarios para pasar una noche en alguna posada. Hasta ese momento, siempre había encontrado una solución para estar guarecido, aunque fuera en algún callejón. Pero en esta villa resultó extraño, y mi búsqueda me llevó hasta la playa, donde finalmente caí rendido al cansancio y al agotamiento.

Llevé la mano a mi bolsillo, de ahí saqué lo que sería mi desayuno ese día. Una fruta de color anaranjado, con una piel bastante gruesa que en zonas costaba hasta de arrancar. Comencé a pelar esa fruta mientras observaba hacia adelante, hacia el horizonte. El mar me hacía tener la sensación de libertad, pero no me sentía realmente libre, no tomaba mi propio rumbo ni mi camino, no dependía de mí dónde viajar, sino que mi destino estaba marcado por las rutas que seguían los barcos comerciales.

¿Qué pretendía hacer? ¿Dónde debía ir? Comenzaba a plantearme si la opción correcta era iniciar el viaje en solitario. Nunca había sentido algo parecido al arrepentimiento hasta ese instante. La brisa era bastante fría, por fortuna el sol ya comenzaba a calentar lo suficiente como para que el frío que había calado en mí comenzara a desvanecerse, aunque lentamente, comenzaba a notar la calidez en el frescor de la brisa matutina que mecía mis cabellos.

Terminé de arrancar la piel a la fruta y le sacudí la tierra que había quedado pegada de mis manos, tras lo cual me levanté y comencé a caminar por la orilla. El pueblo no estaba muy lejos. Seguramente hoy sería un mejor día para poder conseguir algo útil. Por lo menos debía tratar de no volver a pasar una noche así, aunque hay que reconocer que no fue más frío que aquel encierro de paredes empedradas.

Un rayo de sol me cegó conforme giré mi vista de nuevo al horizonte. El sol estaba ascendiendo lenta pero firmemente. Comencé a comerme esa fruta, resultó tener una acidez terrible, pero también tenía un sabor muy agradable que hizo que mereciese la pena esa primera mala impresión. Tenía un dulzor bastante agradable, y resultaba refrescante. Esperaba que no fuera de nadie, pues la había encontrado en un árbol cercano. Todavía tenía un par más en los bolsillos. Me quedé contemplando al horizonte mientras me comía esa fruta tan ácida, y a la vez dulce. Si, ese día iba a ser mejor.

Las malas sensaciones comenzaron a desvanecerse conforme mi cuerpo iba entrando en calor, lo que provocaba que mi rostro comenzase a esbozar una sonrisa. Lo del último día tan solo había sido un golpe de mala suerte, estaba seguro de que no seguiría repitiéndose. Al fin y al cabo, había sido mi primer día allí, y había llegado sin un mísero berrie a la isla. Pero eso cambiaría. Iba cargado con el sable que Tom me había regalado, seguramente algo podría hacer para conseguir las suficientes monedas para comer algo, o pasar la siguiente noche bajo techo.

Resumen
#1
Cyra
Princesa de los mares
Desde la madrugada hasta que el sol saba sus primeros rayos de sol, Cyra una joven y bella sirena se encontraba nadando por los mares, de un lado a otro sin supervisión y como ella dice "tomando cosas interesantes" por no decir robar de algunas embarcaciones como de barcos hundidos en lo profundo del océano..bella criatura cruel que con su voz hipnotiza y hace que los marineros le entreguen pertenencias verdaderamente valiosas para ellos. 

En su camino se acercó a la playa de la isla cercana, todavía era muy temprano y seguramente no habría nadie tan cerca de la orilla a esas horas, el cielo ya estaba de ese color celeste que tanto le gustaba y logro sentarse en una de las rocas más cercana a la orilla para visualizar el horizonte, las olas como golpeaban las rocas suavemente por que su tamaño disminuía al acercarse más a la playa. 

Que tranquilidad..-hablo para si misma la sirena con su voz dulce y bastante pensativa, observando el bello paisaje y se pudo observar a las gaviotas volando, libres. 

¿A dónde debería ir ahora que todavía tenía el resto del día sin hacer nada? Tal vez volvería a su hogar pero no lo sabía...estar encerrada en esas cuatro paredes rodeada de personas y sin la presencia de sus padres podía llegar a ser una rutina para nada agradable- tal vez me quede por aquí el resto del día -finalizo con un suspiro mientras se acomodaba sus guantes que tanto le gustaba llevar siempre.-
#2
Juuken
Juuken
El amanecer se me hacía sencillamente maravilloso, esos tonos anaranjados que comenzaban a expandirse desde el mismo horizonte. La luz emergía del mar, se abría paso por el cielo e iluminaba cada rincón de cada isla bañada por las aguas saladas, por aquella trampa mortal para todo aquél que haya tenido la mala suerte de acabar con una habilidad como la mía. No comprendía cómo alguien podría querer voluntariamente desprenderse de la posibilidad de flotar en esa inmensidad de calma y tranquilidad. Debía de ser algo realmente maravilloso y relajante.

Un movimiento en el mar llamó mi atención, había algo moviéndose entre las olas, danzaba junto al oleaje moviéndose hacia un lado, generando las vibraciones que provocaban que las olas se generasen, no alcanzaba a verlo pero se podía ver que algo grande estaba por debajo del nivel del mar, el movimiento del agua era inconfundible. Eso llamó mi atención. ¿Qué podría haber ahí? Me acerqué un poco a la orilla mientras terminaba de apurar el último trozo de aquella ácida fruta, de no ser por el dulzor final la habría dado por incomestible. Debía reconocer que había comido cosas peores. Mucho peores e insípidas.

Me quedé siguiendo lo que parecía ser el rumbo de aquél oleaje, por cómo se generaban esas pequeñas olas se podía deducir la dirección de aquello que estuviera por debajo. En un mar tan manso como el de esa mañana, era relativamente sencillo averiguarlo. Avancé por la orilla, parecía moverse veloz. Tal vez se tratase de alguna criatura marina, algún pez verdaderamente grande, en cuyo caso sería inútil seguirlo, mas mi curiosidad me impidió tener ese raciocinio como para detenerme. Quería saber qué era lo que se estaba moviendo.

Llegando a una zona más rocosa, de pronto algo salió a la superficie, un bulto que ante la lejanía se asemejaba a una simple esfera negra. Esa imagen tan solo llamó más mi curiosidad. Estaba contemplando algo que jamás antes había visto, y no pude evitar verme embargado por la emoción y la intriga, por no decir del deseo de saber más y más sobre lo que quiera que pudiera ser aquello. Ese bulto emergió más, y de pronto parecía que adoptaba una forma humana.

Eso que estaba saliendo de allí. ¿Era una persona? Desde luego lo parecía. Una imagen que comenzó a refulgir con los rayos del sol, que todavía se hallaba muy próximo al horizonte, desde mi perspectiva era una imágen idílica y realmente maravillosa. Sus cabellos todavía empapados se mecieron con suavidad mientras se posaba sobre las rocas. Era una mujer, una mujer que había decidido darse un baño matutino.

Me quedé sencillamente mirándola desde la orilla, no sabía si se había dado cuenta de mi presencia. Yo era incapaz de meterme al agua, ni siquiera me había llegado a sumergir nunca, y ahora jamás sería capaz de hacerlo sin consecuencias, y por lo tanto no conocía la capacidad que se podría llegar a tener. Pero esa mujer se había pasado mucho tiempo bajo el agua. ¿Cuánto sería capaz de mantener la respiración? ¿Cuánto era lo normal entre las personas?

Como un bobo, y sin darme cuenta, comencé a aguantar la respiración sin moverme, tan solo contemplándola. Pero me detuve rápidamente, yo estaba quieto, ella estaba nadando, además de a una gran velocidad. Era increíble solo pensar en esas posibilidades. Por un instante pensé en acercarme y presentarme, quería hacerle tantas preguntas que no sabía por dónde empezar. Sin embargo no avancé, tan solo me quedé mirándola desde allí, esbozando una sonrisa, emocionado por haber visto algo que no creía posible.
#3
Cyra
Princesa de los mares
Después de haber llegado a la roca sintió una mirada en sus espaldas, está solo aprovecho para secarse un poco el pelo que se le pegaba al cuerpo, todavía húmedo para acodarse y ver hacia la playa dónde logro visualizar a un humano mirándola embobado.

Mmm?..que hace un humano a estas horas de la mañana en la playa?..-hablo para si misma, eran preguntas sin respuesta, está se volvió a tirar al agua para acercarse más a la orilla, cerca del humano, la curiosidad era grande y tal vez el podría llegar a obtener algo de valor para la sirena. 

Una vez estuvo cerca del humano lo visualizo de arriba a abajo tratando de juzgarlo según su físico aunque no hay que juzgar un libro por su portada - que hace un humano a estas horas aquí en la playa?..-dijo con su voz suave mientras mantenía su cola dentro del agua, apenas asomando su torso, sus manos ocultas con sus guantes negros.

Venteaba suavemente y solo se escuchaba de fondo las olas llegando a la orilla, gaviotas volando en fila- soy Cyra...mucho gusto humano -dijo con una sonrisa, no tenía ganas de empezar tan rápido con sus fechorías a tan tempranas horas del día, almenos le serviri a conversar un rato, es aburrido estar sin conversar mucho tiempo y los sirvientes de su casa no son de mucha ayuda..siempre ocupados en su trabajo.

La vida de aquella sirena era interesante pero bastante aburrida a comparación de otras que siempre están rodeado de más sirenas y tritones.
#4


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