Alguien dijo una vez...
Crocodile
Los sueños son algo que solo las personas con poder pueden hacer realidad.
[Autonarrada] [T2] Contrabando a Contratiempo
Lawliet D. Giorno
Iceberg de la Marina
~ Contrabando a Contratiempo ~

Isla Kilombo
~ Otoño del año 724.


En una tranquila mañana en la Isla Kilombo, el Museo de Historia Local despertó sumido en el caos: vitrinas vacías, pedestales despojados de sus tesoros y paredes desnudas donde antes colgaban mapas antiguos y retratos de exploradores ilustres. El director del museo, presa del pánico, contactó de inmediato a la Marina para denunciar el audaz robo ocurrido durante la noche. Entre las piezas sustraídas destacaban una colección de figurillas talladas en jade, una brújula de época antigua y el diario de un navegante que había explorado mares desconocidos hace siglos.

Lawliet D: Giorno, con gran determinación, sería asignado para liderar la investigación. Aunque no era su primer rodeo, la magnitud de este desafío era un reto que le interesaba particularmente; detestaba el hurto. Este trabajo no solo pondría a prueba su capacidad como marino, sino también su compromiso con la justicia y sus propias morales. Armado con su aguda observación Giorno comenzaría su labor en el museo.

El edificio, ahora lleno de la Marina, estaba bañado por la luz tenue de la mañana. Giorno inspeccionaría meticulosamente cada rincón. Cerca de una vitrina vacía encontró una fina capa de tierra negra que no correspondía al ambiente impecable del lugar. También notó huellas ligeras en el polvo del suelo, señales de un escape apresurado. Su búsqueda lo llevó hasta una ventana rota en la parte trasera, por donde los ladrones aparentemente podrían haber huido con el botín.

Con estas primeras pistas en mano, decidió dirigirse al mercado central del Pueblo Rostock, conocido por ser el corazón del comercio en la isla. Este mercado, un laberinto de callejones estrechos y bulliciosas tiendas, estaba lleno de vida. Giorno avanzó entre los puestos, mostrando descripciones detalladas de las piezas robadas y haciendo preguntas a los comerciantes. Aunque muchos negaron haber visto algo, algunos evitaron mirarlo a los ojos, como si ocultaran información. Finalmente, un vendedor de especias, tras cierta insistencia, confesaría haber visto a un grupo sospechoso cargando sacos pesados y dirigiéndose hacia un muelle abandonado en las afueras del pueblo.

El muelle, olvidado por casi todos, estaba envuelto en una bruma que se alzaba del mar y mezclaba con el olor a salitre. Giorno avanzaría con cautela, sus pasos resonando en la madera crujiente. Activaría sus habilidades de hielo para enfriar el aire a su alrededor, listo para cualquier eventualidad. Al acercarse a un viejo almacén, escuchó voces que discutían en su interior.

Desde una rendija, observó a cuatro individuos rodeando las piezas robadas. Las figurillas de jade estaban alineadas sobre una mesa, mientras uno de los ladrones sostenía la brújula, un Log Pose, examinándola con fascinación. El diario del navegante yacía abierto, sus páginas amarillentas expuestas a la humedad. La escena confirmó sus sospechas: este era el escondite de los culpables.

Con un movimiento rápido, empujó la puerta y entró en el almacén. Alzó una mano y liberó un torrente de hielo que selló la entrada detrás de él, bloqueando cualquier escape. Ladrones, están arrestados en nombre de la Marina. No pueden escapar.Diría con determinación, aunque calmado, su voz resonante en el lugar.

Los ladrones reaccionaron de inmediato. Uno de ellos, un hombre corpulento armado con una barra de hierro, se lanzó hacia Giorno. Con un movimiento fluido, creó un escudo de hielo que amortiguó el golpe y, con rapidez, congeló los pies del agresor al suelo. Otro intentó escapar hacia una ventana, pero un disparo de hielo selló la salida antes de que pudiera alcanzarla.

Los dos restantes atacaron juntos, blandiendo cuchillos y moviéndose coordinadamente. Sin embargo, Giorno era más rápido. Bloqueó cada intento con precisión y, aprovechando un descuido, formó una fina capa de hielo en el suelo, haciendo que ambos resbalaran y cayeran.

Con los cuatro ladrones inmovilizados, Giorno se aseguró de que las piezas robadas estuvieran en buen estado. La brújula, aunque golpeado, seguía funcional, y el diario había evitado daños mayores. Las figurillas de jade, intactas, brillaban incluso en la penumbra del almacén.

Cuando llegaron los refuerzos de la Marina, Giorno entregó a los ladrones y supervisó el transporte de los artefactos de regreso al museo. De no haber llegado a tiempo, estas piezas seguro se habrían perdido para siempre en el mercado negro. Sabía que su recuperación significaba más que restaurar objetos materiales; eran parte del legado y la identidad de la Isla Kilombo, la isla que servía. De regreso, Giorno se reuniría en el museo para devolver las reliquias. El director del museo, conmovido, agradecería a la Marina y a Giorno personalmente. Incluso aunque hubiese sido un trabajo relativamente sencillo, Giorno sabía que no podía descuidarse nunca; existía todavía el mal que debía erradicarse y Giorno estaría ahí para representar a la Marina. Fiel a la justicia, en los días siguientes, Giorno se aseguraría de que los ladrones fuesen llevados ante un tribunal y enfrentaran las consecuencias de sus actos. No quedarían impunes.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
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Usuario Lawliet D. Giorno
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