
Aku
Señor de las tinieblas
15-01-2025, 01:58 PM
(Última modificación: 15-01-2025, 06:26 PM por Aku.)
Invierno día 3
La noticia voló por las islas Gecko, un extraño y terrible gigante de menos 18 metros, estaba atacando y llevándose los barcos, aunque los pescadores y habituales de la zona no habían visto algo semejante nunca, el hecho de que ocurriera en Puerto Brumoso aumento el miedo, pues en dicho puerto solo acudía gente peligrosa o esos rumores se habían difundido para que nadie metiera las narices por ahí.
La gente se empezó a cuestionar si la creación del puerto o el uso que se le había estado dando había podido causar el despertar de un espíritu maligno que atacará dicha zona. Tal creencia alejó aún más a los habitantes de la zona, y los condenados a trabajar en dichas instalaciones portuarias empezaban a buscar toda clase de amuletos de protección contra los malos espíritus.
Un Umibōzu, lo empezaron a llamar.
Pero no todos temían la leyenda, y pensaban que debían cortar ese problema de raíz, antes de que el asunto se saliera de las manos.
En cuanto a Aku, ignorante de todo este revuelo, seguía acechando buscando de donde rascar su siguiente ganancia. Pues incluso un gigante como él tenía sus gastos, en especial su amor por la moda y las armas de destrucción, ese tipo de hobbies cuestan mucho dinero, tal vez por eso se sintió atraído a aquella trampa, un cargamento de supuestos metales especiales ¿Por qué un cargamento así pasaría justamente por una de las islas Gecko? No lo pensó mucho. No es que pasarán muchos cargamentos interesantes por la zona (a sus ojos).
Pero cuando emergió de las aguas para atacar al barco acercándose al puerto, fue recibido con la boca de armas de fuego.
—Tal y como sospechaba, el Umibōzu no era más que un criminal pirata, Aku queda arrestado.
Marines, estaba claro que no se iban a quedar quietos mientras él robaba a sus anchas, y no iban a creer cuentos de viejas, especialmente con su cartel circulando recientemente por los locales, aunque eso es algo de lo que Aku de momento desconocía. No es como si pudiera entrar a un local normal y ver su cartel sin usar una lupa de aumento.
—Oh, veo que por fin se me reconoce… Si, es Verdad, Soy AKU, Rey de la oscuridad, maestro de lo cruel, regidor de las tinieblas, asaltante de barcos, bestia mítica Umibōzu, el gigante negro devorador de almas,...
Estaba claro que a Aku le gustaba demasiado dejarse llevar por mitos, cuentos y crearse leyenda aunque fuera falsa. Pero la Marina no iba a dejarle hablar eternamente en una presentación sin sentido.
—¡Fuego!
Flechas, balas de pistola y cañón volaron por el aire para impactar en el cuerpo de Aku, más la mayoría rebotaron, como si se hubieran chocado con una viga de hierro, otros se perdieron en el pelaje negro, sin dejar claro si dañaron su piel, más estaba claro que daño había recibido, gruñendo y con una feroz expresión rabiosa Aku atacó la cubierta con su férreo puño, aplastando algunos marines, y haciendo temblar la embarcación entera con su furia.
Los marines siguieron luchando, pero pese a su barco resistente, el hecho de que Aku lo zarandeara en cada golpe, supuso rápidamente una cuesta arriba que los marineros no pudieron igualar, así que intentaron sacar su arma secreta.
—¡Balistas! Disparen!
Las balistas iban con cadenas para intentar anclar a la criatura y al mismo tiempo herirla, pero Aku rápidamente cruzó los brazos sobre su pecho, y desvío los ataques, como si una fuerza misteriosa reforzará sus brazos y lo protegiera de las potentes balistas. Pero ese lapsus dio tiempo a los marineros a volver al ataque.
Aku estaba contra las cuerdas con el incesante ataque, incluso se planteó sumergirse bajo el agua y huir, pero ¿Así es como quería acabar? ¿Repelido por unos don nadie? Si hubiera algún capitán de la marina o al menos un sargento, bueno, ¿pero por estos cualquiera? No, eso no iba a pasar
Aku apuntó sus siguientes golpes a las balistas, para anularlas, rompiendo además parte del barco y volviendo a causar sacudidas que tiraban a los marines al suelo. Volviendo así otra vez la tornas a su favor, sonriendo con sus dientes afilados antes de terminar de perder la seriedad por este combate, llegando a empezar a cantar una melodía chirriante mientras golpeaba la cubierta del barco y a sus tripulantes como si fuera un tambor.
—SOY muy grande, SOY gigante ¡SOY ÉL MEJOR! El primer premio, el primer premio, es todo para MI. Lo digo de corazón ¡Estoy hecho todo un campeón!
Cuando Aku terminó, miró con sus ojos oscuros el cascarón casi destruido de la cubierta del barco, aún habrían marines preparando los cañones, pero todos los que estaban en cubierta o salieron despedidos, se refugiaron en el interior o murieron aplastados.
Aku tomó entonces el barco, y se lo puso al hombro en lo que terminaba de llegar a Puerto Brumoso. Alguien se había chivado a la marina de su presencia, y se los haría recordar "no se la juegas a Aku"
Con algo de carrerilla y un buen lanzamiento lanzó el barco contra el puerto, estrellándolo contra los edificios que lo rodeaban, solo para llegar y seguir chocando el barco como si fuera un barco de juguete contra el muelle y cercanías a este mientras volvía a cantar.
-¡YO SOY GIGANTE! ¡EL MÁS GRANDE DEL BARRIO! ¡YO SOY ENORME! Y SOY EL MEJOR…. ¡YO SOY EL GRAN AKU! TERROR DE LOS MARES, YO SOY GIGANTE, Y SOY EL MEJOR.
Puerto brumoso no olvidaría fácilmente aquel día, aunque la reconstrucción no tardaría en realizarse, el miedo a que volviera el gigante seguiría latente un tiempo después de haberse ido.
La noticia voló por las islas Gecko, un extraño y terrible gigante de menos 18 metros, estaba atacando y llevándose los barcos, aunque los pescadores y habituales de la zona no habían visto algo semejante nunca, el hecho de que ocurriera en Puerto Brumoso aumento el miedo, pues en dicho puerto solo acudía gente peligrosa o esos rumores se habían difundido para que nadie metiera las narices por ahí.
La gente se empezó a cuestionar si la creación del puerto o el uso que se le había estado dando había podido causar el despertar de un espíritu maligno que atacará dicha zona. Tal creencia alejó aún más a los habitantes de la zona, y los condenados a trabajar en dichas instalaciones portuarias empezaban a buscar toda clase de amuletos de protección contra los malos espíritus.
Un Umibōzu, lo empezaron a llamar.
Pero no todos temían la leyenda, y pensaban que debían cortar ese problema de raíz, antes de que el asunto se saliera de las manos.
En cuanto a Aku, ignorante de todo este revuelo, seguía acechando buscando de donde rascar su siguiente ganancia. Pues incluso un gigante como él tenía sus gastos, en especial su amor por la moda y las armas de destrucción, ese tipo de hobbies cuestan mucho dinero, tal vez por eso se sintió atraído a aquella trampa, un cargamento de supuestos metales especiales ¿Por qué un cargamento así pasaría justamente por una de las islas Gecko? No lo pensó mucho. No es que pasarán muchos cargamentos interesantes por la zona (a sus ojos).
Pero cuando emergió de las aguas para atacar al barco acercándose al puerto, fue recibido con la boca de armas de fuego.
—Tal y como sospechaba, el Umibōzu no era más que un criminal pirata, Aku queda arrestado.
Marines, estaba claro que no se iban a quedar quietos mientras él robaba a sus anchas, y no iban a creer cuentos de viejas, especialmente con su cartel circulando recientemente por los locales, aunque eso es algo de lo que Aku de momento desconocía. No es como si pudiera entrar a un local normal y ver su cartel sin usar una lupa de aumento.
—Oh, veo que por fin se me reconoce… Si, es Verdad, Soy AKU, Rey de la oscuridad, maestro de lo cruel, regidor de las tinieblas, asaltante de barcos, bestia mítica Umibōzu, el gigante negro devorador de almas,...
Estaba claro que a Aku le gustaba demasiado dejarse llevar por mitos, cuentos y crearse leyenda aunque fuera falsa. Pero la Marina no iba a dejarle hablar eternamente en una presentación sin sentido.
—¡Fuego!
Flechas, balas de pistola y cañón volaron por el aire para impactar en el cuerpo de Aku, más la mayoría rebotaron, como si se hubieran chocado con una viga de hierro, otros se perdieron en el pelaje negro, sin dejar claro si dañaron su piel, más estaba claro que daño había recibido, gruñendo y con una feroz expresión rabiosa Aku atacó la cubierta con su férreo puño, aplastando algunos marines, y haciendo temblar la embarcación entera con su furia.
Los marines siguieron luchando, pero pese a su barco resistente, el hecho de que Aku lo zarandeara en cada golpe, supuso rápidamente una cuesta arriba que los marineros no pudieron igualar, así que intentaron sacar su arma secreta.
—¡Balistas! Disparen!
Las balistas iban con cadenas para intentar anclar a la criatura y al mismo tiempo herirla, pero Aku rápidamente cruzó los brazos sobre su pecho, y desvío los ataques, como si una fuerza misteriosa reforzará sus brazos y lo protegiera de las potentes balistas. Pero ese lapsus dio tiempo a los marineros a volver al ataque.
Aku estaba contra las cuerdas con el incesante ataque, incluso se planteó sumergirse bajo el agua y huir, pero ¿Así es como quería acabar? ¿Repelido por unos don nadie? Si hubiera algún capitán de la marina o al menos un sargento, bueno, ¿pero por estos cualquiera? No, eso no iba a pasar
Aku apuntó sus siguientes golpes a las balistas, para anularlas, rompiendo además parte del barco y volviendo a causar sacudidas que tiraban a los marines al suelo. Volviendo así otra vez la tornas a su favor, sonriendo con sus dientes afilados antes de terminar de perder la seriedad por este combate, llegando a empezar a cantar una melodía chirriante mientras golpeaba la cubierta del barco y a sus tripulantes como si fuera un tambor.
—SOY muy grande, SOY gigante ¡SOY ÉL MEJOR! El primer premio, el primer premio, es todo para MI. Lo digo de corazón ¡Estoy hecho todo un campeón!
Cuando Aku terminó, miró con sus ojos oscuros el cascarón casi destruido de la cubierta del barco, aún habrían marines preparando los cañones, pero todos los que estaban en cubierta o salieron despedidos, se refugiaron en el interior o murieron aplastados.
Aku tomó entonces el barco, y se lo puso al hombro en lo que terminaba de llegar a Puerto Brumoso. Alguien se había chivado a la marina de su presencia, y se los haría recordar "no se la juegas a Aku"
Con algo de carrerilla y un buen lanzamiento lanzó el barco contra el puerto, estrellándolo contra los edificios que lo rodeaban, solo para llegar y seguir chocando el barco como si fuera un barco de juguete contra el muelle y cercanías a este mientras volvía a cantar.
-¡YO SOY GIGANTE! ¡EL MÁS GRANDE DEL BARRIO! ¡YO SOY ENORME! Y SOY EL MEJOR…. ¡YO SOY EL GRAN AKU! TERROR DE LOS MARES, YO SOY GIGANTE, Y SOY EL MEJOR.
Puerto brumoso no olvidaría fácilmente aquel día, aunque la reconstrucción no tardaría en realizarse, el miedo a que volviera el gigante seguiría latente un tiempo después de haberse ido.