¿Sabías que…?
... el Reino de Oykot ha estrenado su nueva central hidroeléctrica.
[Autonarrada] [T1] - Secretos marinos. O no tan marinos...
Hardo
-
3 de invierno del año 724 a las 18:44,
Isla de Loguetown,
East Blue.


Érase una vez, un joven, o no tan joven, no muy apuesto, pero sí carismático. El joven vestía camisa blanca de algodón y unos pantalones vaqueros anchos de color caqui, sujetados a su cintura con un ajustado cinturón de piel marrón. Su calzado eran unas botas de piel terriblemente cómodas, ideales para andar por largos periodo de tiempo y distancias. Nuestro joven, o no tan joven como ya hemos dicho, se encontraba paseando por una de las playas de la isla de Loguetown, disfrutando de su soledad e introspección. Muchas cosas le habían ocurrido en los últimos días. Miraba con nostalgia el mar y su horizonte, sabedor de que nunca podría descubrir por sí mismo las profundidades y secretos que este primero albergaba. O quizás sí, pero sería una única vez y a costa de su propia vida.

Decidí descalzarme y sumergir mis pies en el frío, casi gélido, vaivén de las olas. El tacto de la arena húmeda en las plantas era reconfortante. Aquello era lo máximo que podría volver a sumergirme, quizás un poco más, pero la próxima vez que sintiera la sal del mar en mis labios y el pelo alborotado por sus corrientes sería asemejándome como una vulgar piedra. Todavía no me había acostumbrado, ni aprendido a controlar mis nuevos… poderes, por lo que la pérdida era mayor que la ganancia. Intuía un gran potencial en mis nuevas habilidades, mas todavía debía perfilar y afilarlas y, antes de eso, aprender a controlarlas a voluntad. Sentí como los pies se hundían en la arena mojada. El peso del cuerpo hundía ligeramente los pies en la inestable y débil superficie que las olas erosionaban. Suficiente. Me giré y comencé a caminar para que mis pensamientos avanzasen. No bien me había desplazado unos pocos metros, cuando caí cuan largo era, dando de bruces contra la arena y enterrando el rostro en ella. Con la ayuda de las manos, me levanté a pulso como quien hace una flexión y escupí la arena de la boca. La sentía pegada y húmeda. No había nada, ¿con qué me había tropezado?

− Ya estamos otra vez… − comenté al viento.

Lo fantástico de mis poderes no era que pudiera separarme como un puzzle o ese juguete que era una patata al que se le ponían y quitaban toda suerte de objetos y accesorios, era que no sentía nada al hacerlo. Mis pies se habían quedado clavados en la arena, mas no el resto del cuerpo. Debía haberme movido levitando hasta alcanzar la distancia máxima de control, momento en el cual mi cara había terminado como una croqueta.

− Fantástico…

Traté de levantarme de nuevo sin las manos, solo flotando de nuevo como había llegado hasta ahí. Como si fuera un niño que empieza a andar, tuve un levitar inestable y torpe, pero al menos era un comienzo. Acostumbrado a únicamente hacer las cosas que se me daban bien, a veces me impacientaba con las nuevas y que tenía menor dominio, queriendo conseguir una virtud que necesitaba de práctica y paciencia de inmediato. Por suerte, era consciente de ello y me lo trabajaba. Conseguí llegar hasta los pies, los arranqué de las garras del mar y la arena y, como quién se pone un calcetín, me coloqué de nuevo el resto de la extremidad, de tobillo para abajo. Ahora sí, caminé como cualquier otro humano normal y corriente.

Lo hice dejando deambular las ideas. Estas saltaban de una a otra, de la anterior a la siguiente, en un caos que ni podía, ni quería gobernar. El presente se mezclaba con el presente, proyectando un futuro incierto y desdibujado, al tiempo que lo pasado y lo real se abrazaba con lo que podría haber sido y el "y si" que habría desencadenado. El hilo conductor avanzaba igual que mis pasos, hasta que un pequeño destello del ocaso en la arena llamó mi atención. Fui hasta allí, tranquilamente. Me agaché poniéndome en cuclillas y acerqué el rostro todo lo que la postura me permitía a la concha. La tomé con la mano derecha. Tenía una forma particular, con agujeritos por toda la superficie. Nunca había visto una de esas dimensiones, forma y color. El mar debía haberla arrastrado hasta la playa para mostrarme sus secretos y maravillas. Cuan ingenuo fui al cree que ese objeto provenía de las profundidades marinas, pues su origen estaba justamente en el lado opuesto. No supe interpretar el hecho. O bien la vida pretendía reírse de mí y mofarse, enseñándome lo que jamás podría descubrir o bien pretendía compensar mi pérdida haciéndome llegar el objeto. Al lado de esta, había otra concha muy parecida, pero ligeramente distinta. Me tomé unos instantes para inspeccionarlas. La punta de la espiral parecía tener una hendidura, como si fuera un botón. Al darle, un frío elevado emanó del interior del objeto marino, dejándome paralizado momentáneamente por el rápido descenso de temperatura.

-Fas… fas… fas.. fascinante – conseguí articular entre castañeo y castañeo de dientes.

Aclaraciones

Objetos obtenidos

#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T1 ENTREGADAS!


Usuario Hardo
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  • Nikas: 32 -> 33 (+1)
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#2


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