Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Diario] [D] ¡Zoom!
Airgid Vanaidiam
Metalhead
El sol de la tarde se filtraba a través de las redondas rendijas de madera del estudio, pintando patrones irregulares de luz dorada sobre las mesas, estanterías, y cajoneras de metal que rodeaban a Airgid. Podía parecer un lugar frío o gris, pero Airgid se había encargado de llenar de luz aquel lugar, de color. Estaba un poco desordenado, pero eso solo daba un toque más casero y acogedor a todo el entorno, y es que podía resultar hasta inevitable que se encontrase en ese estado, pues tenía tantas, tantas herramientas, que tratar de organizarlo le llevaría horas de trabajo. Tornillos, microchips, engranajes y placas de metal reposaban en diferentes mesas y compartimentos, y el aire estaba impregnado con el aroma familiar de aceite y metal recién cortado. Sin olvidar la pequeña forja con su chimenea que tenía a unos escasos metros, con un yunque, su martillo, y un fuelle para avivar las brasas, que por ahora descansaban.

Airgid estaba inclinada sobre su banco de trabajo, con la atención fija en una pieza circular de metal pulido que apenas cabía en la palma de su mano. Sus dedos largos y expertos movían las herramientas con una destreza casi sobrenatural, guiados por su talento natural para la ingeniería y la conexión innata con los metales. Cada movimiento era preciso, acompañado por el suave zumbido de los mecanismos en marcha y el tenue chisporroteo de una soldadora de mano que usaba para unir componentes diminutos. Estaba completamente a solas, solo la acompañaba un pequeño den den mushi que reproducía musiquita a modo de radio. Sus hijos, Harold, Lilyd y Gunnr estaban con su padre, jugando a saber qué cosas. Odiaba estar perdiéndoselo, pero a veces el trabajo requería de algunos sacrificios.

El ojo cyborg que estaba creando no era solo un proyecto técnico, sino una obra de arte funcional. La esfera estaba construida con una aleación que había moldeado ella misma, manipulando los metales con sus poderes para darles la forma exacta que necesitaba. Había pasado días perfeccionando la composición del material, buscando el equilibrio perfecto entre ligereza, resistencia y conductividad. El resultado era una pieza que brillaba con un tono plateado, reflejando la luz de manera sutil, pero hipnótica. Sobre la mesa se encontraba un conjunto de lentes de diferentes tamaños y curvaturas, cuidadosamente dispuestas sobre una tela negra para evitar que se rayaran. Airgid seleccionó una de ellas, una de tamaño pequeño que ella misma había pulido. La elevó para poder inspeccionarla contra la luz artificial del flexo. Estaba impecable. Con un movimiento fluido, la encajó en un anillo metálico que luego fijó al interior del ojo.

Esto casi está... — Susurró para sí misma, a la vez que ajustaba una pequeña herramienta giratoria que mantenía el ojo en su lugar mientras trabajaba. Mientras, los ojos de color miel de Airgid brillaban con una mezcla de concentración y pasión pura por su trabajo. Crear algo tan complejo requería no solo habilidad técnica, sino también paciencia, creatividad y mucho amor. El diseño del ojo estaba inspirado en la estructura de un telescopio, pero adaptado para maximizar la funcionalidad en un espacio reducido. La función principal era el zoom óptico, algo que permitiría a quien lo usara ver con claridad a distancias imposibles para el ojo humano. Y por supuesto, le encantaría poder instalarselo algún día, reemplazar su propio ojo... pensar en ello daba un poco de mal rollo, pero a la vez sentía emoción por poder ver a un nivel que nadie más es capaz. Sobre todo ella, especializada en el combate más a distancia.

Fue mientras terminaba de ajustar algunas pequeñas cosas, que escuchó la voz de uno de sus compañeros desde la cubierta exclamar que estaban ya cerca de Skjoldheim, cerca de la siguiente isla. Eso la distrajo un segundo, pero enseguida volvió a concentrarse, esta vez con renovada urgencia. Tenía la intención de terminar el ojo antes de que llegaran a su destino, sabiendo que en Skjoldheim las cosas podían volverse impredecibles. Para el ensamblaje final, usó sus poderes para manipular los metales. Era algo que prefería no usar siempre, pues le gustaba trabajar con sus propias manos, pero para cuestiones delicadas, el poder de su fruta era sencillamente insuperable. Las placas exteriores del ojo flotaron ligeramente en el aire mientras las ajustaba a sus anclajes, sellando la estructura con movimientos fluidos y elegantes. Era un proceso fascinante de observar, el metal parecía cobrar vida bajo su control, moviéndose con gracia en el aire.

Cuando la estructura estuvo completa, pasó a las pruebas funcionales. Conectó el ojo a un pequeño dispositivo que había creado para simular las conexiones neuronales necesarias. Una vez encendido, el ojo emitió un suave brillo azulado, señal de que los circuitos estaban activos. Luego probó los filtros de luz, ajustándolos para garantizar que funcionaran incluso en condiciones de luminosidad extrema. — Perfecto. —Dijo para sí misma, permitiéndose un pequeño momento de satisfacción. Haber conseguido fabricar un órgano de esa delicadeza significaba una nueva superación para Airgid, después de la pierna mecánica. Colocó el ojo terminado sobre un soporte acolchado y apagó las herramientas. Antes de salir del estudio, se dejó caer en la silla y contempló el ojo por un largo momento. Allí estaba, un objeto aparentemente simple pero lleno de posibilidades. Aunque no lo admitiera en voz alta, Airgid sabía que su ingenio era una de sus mayores fortalezas. Y mientras el barco seguía su rumbo hacia Skjoldheim, ella ya estaba pensando en qué podría construir después. Quizás un... ¿exoesqueleto? ¿Un sistema de respiración bajo el agua? Las posibilidades eran infinitas.
#1


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