
Aku
Señor de las tinieblas
31-01-2025, 12:19 AM
Pocas veces tanta maldad se había reunido en un solo lugar. La isla Kilombo, tan amplia y variada, con su asentamiento de la marina, debería haber sido un bastión de la ley, pero todos sabían que la G-23 no servía de nada. Eran solo marines de exhibición, hombres con uniformes impecables y espadas sin filo que rara vez abandonan la comodidad de sus cuarteles. Y no lo abandonan por una buena razón…
Bajo su atenta y cobarde mirada, crecieron algunos de los criminales más temidos de la región. Y ahora, quienes habían vivido en las sombras, responden a un llamado inusual. No era común que una figura desconocida convocará a los más temidos de la isla con cartas escritas en un papel aristocrático, del mismo tipo que usaba la marina en su correspondencia oficial.
Pero era el momento perfecto. Todos recordaban lo que había sucedido la noche anterior. Una carroza de suministros de la marina había desaparecido entre la niebla nocturna. Hubo disparos, hubo gritos, pero al final solo quedó una ausencia espectral. Los soldados escoltas supervivientes fueron encontrados al amanecer, temblando como niños asustados, sus rostros pálidos como la muerte misma. Desde entonces, los marines se habían replegado dentro de su sede, demasiado aterrados para patrullar las calles, temiendo a la sombra y la muerte.
Que las invitaciones hubieran llegado justo después de este suceso no era una coincidencia. Algo grande estaba por suceder.
Y así, como polillas a la luz de una vela oscura encendida en un cementerio, los criminales acudieron a la cita. Vinieron de todos los estratos: ladrones, traficantes, piratas y asesinos. Entre ellos, los nombres más temidos en Kilombo.
Incluso, acudió el más grande de todos en Kilombo, él que algunos consideraban ya retirado o muerto. Pues marines y Piratas habían intentado atacar sin éxito.
Chester el Cheeta, un mink u hombre bestia que se había hecho con el control del Cheeto, la sustancia más adictiva de toda la ciudad, controlando todo el mercado de la droga al menos en isla Kilombo, siendo conocido como la criatura más rápida de la isla, con fuerza sobrehumana y garras afiladas, era capaz de atacar a un marine y mostrarle su corazón recién arrancado antes de que muriese.
Bunny, la segunda al mando de Cheester, mitad humana mitad mink liebre, sádica y sexy criminal experta en armas de fuego, capaz de acertar la mirilla de un arma francotirador marine a 30 metros con una pistola.
Gruntah patapalo, pirata gyojin recién llegado de Coraltown, aunque aún no tenía un wanted respetable, lo describen como un explorador brutal y cruel.
El circo de los caídos, una especie de tripulación pirata/cazadores, qye se decía que habían venido de una isla del cielo, obviamente parecían más bien sacados de un manicomio, con máscaras, disfraces de arlequín y una pesca muy rara. De hecho hasta trajeron su propio obsequio.
—Este es un marine, lo enviaron a espiar.
Dijeron mientras cortaban la garganta de un hombre y lo dejaron desangrarse en el suelo. Desde luego muy sangrientos y psicópatas, guardaba muchos secretos como quien era su capitán o sus intenciones en isla Kilombo.
Pero no todos los criminales eran malvados y sanguinarios, deudores de la conciencia moral, los había más prácticos y sutiles.
Kitty, la ko-mink gata ladrona, pequeña peluda y nunca vista por ojos legales, ladrón de guante blanco aterciopelado. Eustass Old, viejo contrabandista de especi de la región, el Barto, grafitero nocturno, Barry y Alen, activistas derechos criminales, Venancia Lengüeta, vecina y cotilla más anciana de toda Isla Kilombo, experta en el Haki visión y Haki del rey, técnicamente no es una criminal en ningún sentido, pero es muy cotilla, y nadie puede negarse a ser escuchado, así que para no meterse en problemas, mejor era dejarla estar… si total, seguramente los vecinos de Kilombo se iban a enterar igualmente.
Menos la marina, todo el mundo.
El obrador de tal magnífica reunión del Mal, era naturalmente alguien terriblemente manipulador, un ser de pura y absoluta maldad, que buscaba traer lo mejor de lo peor.
Nadie había visto su rostro. Nadie sabía de dónde venía. Pero cuando el anfitrión se levantó de su asiento, la oscuridad pareció volverse más espesa a su alrededor, y el silencio reinó, hasta ser roto en mil pedazos.
—Yo soy AKU. Señor de las tinieblas, shogun del dolor, fuego ardiente del abismo, encarnación de la maldad creada por los hombres en una era olvidada.
La voz retumbó en las paredes como un trueno, azotando como un látigo. El aire se volvió denso, pesado bajo su vibrante Onda.
La criatura que hablaba era un yeti, uno de los pocos de su especie. Alto como un gigante, su cuerpo estaba cubierto de un pelaje oscuro y espeso. Ojos brillantes como brasas ardían en su rostro bestial.
Los criminales más duros de la isla Kilombo sintieron, por primera vez en mucho tiempo, la presencia de algo más allá de ellos. No solo un hombre, no solo un monstruo, sino algo peor.
Aku levantó un dedo
—Los he reunido porque el equilibrio de Kilombo está por romperse. La marina es débil, pero su tiempo de cobardía está llegando a su fin. Pronto recibirán refuerzos… y cuando eso pase, nuestro reino criminal se verá en peligro.
Los murmullos llenaron la sala.
—Por eso propongo lo impensable. Un golpe tan grande, tan devastador, que la marina no se atreverá a regresar jamás.
Golpeó con fuerza una de las cajas, revelando su contenido. Armas. Oro. Mapas de un pequeño asentamiento de la marina en la isla.
El mensaje era claro.
—Vamos a darles donde más les duele, y acabar con su reinado de luz.
Y en la penumbra de esa noche, los demonios de la isla sonrieron, mientras escuchaban el maléfico plan que se daría lugar tras el último esto de luz se ocultase en el horizonte.
_______________________
Las calles más iluminadas de rostock, parecían algo sombrías esa noche, incluso los marines más descerebrados notarían más movimiento del usual, pero para cuando quisieron darse cuenta sería tarde.
Todas las herrerías de la ciudad fueron asaltadas, grupos de diferentes maleantes asaltaron diferentes casas y recintos para vulnerar y sacar material, dinero y recursos de las herrerías de todo Rostock.
Los marines obviamente, fueron a detener esta serie de robos, solo para verse sometidos a escaramuzas y asaltos rápidos, donde los atacaron enemigos sin identificar que se retiran antes del contraataque.
Las alarmas estallaron en G23, mientras enviaban más patrullas, algo hizo explotar el acceso norte, o eso dijeron informes falsos, no fue más que una jugarreta, alguien incendió un cobertizo sin relevancia, y mientras el caos reinaba brevemente en el G23, diferentes objetos y bienes fueron sustraídos, de despachos y instalaciones Marines.
Esa noche se le recordó a los Marines que la noche es el reinado del crimen, y no podían hacer nada para impedirlo. Pero lo terrible de todo es que fueron casi todo robos menores, daños menores y agresiones que bien pudieron ser batallas, terminaban siendo esporádicas y huidizas, usando el abrazo de la noche y la rapidez para dar esquinazo a cualquier justiciero.
¿Qué había pasado esa noche? ¿Fue todo coincidencia o obedecía a un plan mucho más elaborado? ¿Será que en realidad esto solo acaba de empezar? Quien sabe.
Bajo su atenta y cobarde mirada, crecieron algunos de los criminales más temidos de la región. Y ahora, quienes habían vivido en las sombras, responden a un llamado inusual. No era común que una figura desconocida convocará a los más temidos de la isla con cartas escritas en un papel aristocrático, del mismo tipo que usaba la marina en su correspondencia oficial.
Pero era el momento perfecto. Todos recordaban lo que había sucedido la noche anterior. Una carroza de suministros de la marina había desaparecido entre la niebla nocturna. Hubo disparos, hubo gritos, pero al final solo quedó una ausencia espectral. Los soldados escoltas supervivientes fueron encontrados al amanecer, temblando como niños asustados, sus rostros pálidos como la muerte misma. Desde entonces, los marines se habían replegado dentro de su sede, demasiado aterrados para patrullar las calles, temiendo a la sombra y la muerte.
Que las invitaciones hubieran llegado justo después de este suceso no era una coincidencia. Algo grande estaba por suceder.
Y así, como polillas a la luz de una vela oscura encendida en un cementerio, los criminales acudieron a la cita. Vinieron de todos los estratos: ladrones, traficantes, piratas y asesinos. Entre ellos, los nombres más temidos en Kilombo.
Incluso, acudió el más grande de todos en Kilombo, él que algunos consideraban ya retirado o muerto. Pues marines y Piratas habían intentado atacar sin éxito.
Chester el Cheeta, un mink u hombre bestia que se había hecho con el control del Cheeto, la sustancia más adictiva de toda la ciudad, controlando todo el mercado de la droga al menos en isla Kilombo, siendo conocido como la criatura más rápida de la isla, con fuerza sobrehumana y garras afiladas, era capaz de atacar a un marine y mostrarle su corazón recién arrancado antes de que muriese.
Bunny, la segunda al mando de Cheester, mitad humana mitad mink liebre, sádica y sexy criminal experta en armas de fuego, capaz de acertar la mirilla de un arma francotirador marine a 30 metros con una pistola.
Gruntah patapalo, pirata gyojin recién llegado de Coraltown, aunque aún no tenía un wanted respetable, lo describen como un explorador brutal y cruel.
El circo de los caídos, una especie de tripulación pirata/cazadores, qye se decía que habían venido de una isla del cielo, obviamente parecían más bien sacados de un manicomio, con máscaras, disfraces de arlequín y una pesca muy rara. De hecho hasta trajeron su propio obsequio.
—Este es un marine, lo enviaron a espiar.
Dijeron mientras cortaban la garganta de un hombre y lo dejaron desangrarse en el suelo. Desde luego muy sangrientos y psicópatas, guardaba muchos secretos como quien era su capitán o sus intenciones en isla Kilombo.
Pero no todos los criminales eran malvados y sanguinarios, deudores de la conciencia moral, los había más prácticos y sutiles.
Kitty, la ko-mink gata ladrona, pequeña peluda y nunca vista por ojos legales, ladrón de guante blanco aterciopelado. Eustass Old, viejo contrabandista de especi de la región, el Barto, grafitero nocturno, Barry y Alen, activistas derechos criminales, Venancia Lengüeta, vecina y cotilla más anciana de toda Isla Kilombo, experta en el Haki visión y Haki del rey, técnicamente no es una criminal en ningún sentido, pero es muy cotilla, y nadie puede negarse a ser escuchado, así que para no meterse en problemas, mejor era dejarla estar… si total, seguramente los vecinos de Kilombo se iban a enterar igualmente.
Menos la marina, todo el mundo.
El obrador de tal magnífica reunión del Mal, era naturalmente alguien terriblemente manipulador, un ser de pura y absoluta maldad, que buscaba traer lo mejor de lo peor.
Nadie había visto su rostro. Nadie sabía de dónde venía. Pero cuando el anfitrión se levantó de su asiento, la oscuridad pareció volverse más espesa a su alrededor, y el silencio reinó, hasta ser roto en mil pedazos.
—Yo soy AKU. Señor de las tinieblas, shogun del dolor, fuego ardiente del abismo, encarnación de la maldad creada por los hombres en una era olvidada.
La voz retumbó en las paredes como un trueno, azotando como un látigo. El aire se volvió denso, pesado bajo su vibrante Onda.
La criatura que hablaba era un yeti, uno de los pocos de su especie. Alto como un gigante, su cuerpo estaba cubierto de un pelaje oscuro y espeso. Ojos brillantes como brasas ardían en su rostro bestial.
Los criminales más duros de la isla Kilombo sintieron, por primera vez en mucho tiempo, la presencia de algo más allá de ellos. No solo un hombre, no solo un monstruo, sino algo peor.
Aku levantó un dedo
—Los he reunido porque el equilibrio de Kilombo está por romperse. La marina es débil, pero su tiempo de cobardía está llegando a su fin. Pronto recibirán refuerzos… y cuando eso pase, nuestro reino criminal se verá en peligro.
Los murmullos llenaron la sala.
—Por eso propongo lo impensable. Un golpe tan grande, tan devastador, que la marina no se atreverá a regresar jamás.
Golpeó con fuerza una de las cajas, revelando su contenido. Armas. Oro. Mapas de un pequeño asentamiento de la marina en la isla.
El mensaje era claro.
—Vamos a darles donde más les duele, y acabar con su reinado de luz.
Y en la penumbra de esa noche, los demonios de la isla sonrieron, mientras escuchaban el maléfico plan que se daría lugar tras el último esto de luz se ocultase en el horizonte.
_______________________
Las calles más iluminadas de rostock, parecían algo sombrías esa noche, incluso los marines más descerebrados notarían más movimiento del usual, pero para cuando quisieron darse cuenta sería tarde.
Todas las herrerías de la ciudad fueron asaltadas, grupos de diferentes maleantes asaltaron diferentes casas y recintos para vulnerar y sacar material, dinero y recursos de las herrerías de todo Rostock.
Los marines obviamente, fueron a detener esta serie de robos, solo para verse sometidos a escaramuzas y asaltos rápidos, donde los atacaron enemigos sin identificar que se retiran antes del contraataque.
Las alarmas estallaron en G23, mientras enviaban más patrullas, algo hizo explotar el acceso norte, o eso dijeron informes falsos, no fue más que una jugarreta, alguien incendió un cobertizo sin relevancia, y mientras el caos reinaba brevemente en el G23, diferentes objetos y bienes fueron sustraídos, de despachos y instalaciones Marines.
Esa noche se le recordó a los Marines que la noche es el reinado del crimen, y no podían hacer nada para impedirlo. Pero lo terrible de todo es que fueron casi todo robos menores, daños menores y agresiones que bien pudieron ser batallas, terminaban siendo esporádicas y huidizas, usando el abrazo de la noche y la rapidez para dar esquinazo a cualquier justiciero.
¿Qué había pasado esa noche? ¿Fue todo coincidencia o obedecía a un plan mucho más elaborado? ¿Será que en realidad esto solo acaba de empezar? Quien sabe.