¿Sabías que…?
... existe la leyenda de una antigua serpiente gigante que surcaba el East Blue.
[Aventura] [T2] Sombras en la Luz de Loguetown
Alexander D.Vinci
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5 Invierno de 724: 07:00 AM. Loguetown.

El cielo amanecía teñido por tonalidades anaranjadas y rosadas, anunciando un día nubloso junto a las nubes de invierno que se elevaban sobre la ciudad costera. Un viento suave se encontraba arrastrando el aroma salado del mar hasta las calles principales, en las cuales ya se comenzaba a sentir el ajetreo que se formaba antes de una pequeña festividad como la que estaba próxima a celebrarse con el comienzo del invierno. Los vendedores ambulantes instalaban con esmero sus puestos, levantando coloridas banderolas y farolillos para alumbrar las calles en la noche que se avecinaba.

Entre los marines apostados para vigilar el orden, destacaba la imponente figura de Ares, el hombre lagarto. Su silueta solía atraer normalmente las miradas curiosas de forasteros y lugareños por igual. Pero aun así, era ya cierto que la mayoría de los habitantes de Loguetown ya conocían su presencia; después de todo, él se había ganado cierta reputación como agente de la ley, la mayoría positiva .....por supuesto.

-¿Te ves listo para la jornada de hoy, Ares?-preguntó un cabo que parecía ocupado ordenando a todas las tropas que se encontraban por esa zona mientras le ofrecía a Ares una tablilla con la información que tenía que tener en cuenta para ese día, información sencilla de seguir.

Cita:
TURNO DE VIGILANCIA | FESTIVAL DE LA AURORA
1. Patrullaje principal:
Sector Asignado: Mercado Central, desde la Calle de los Faroles hasta la esquina de la Tienda de Clavos “Mar & Hierro”.
Hora de inicio: 07:00
Hora de relevos: 13:00 y 19:00
2. Órdenes específicas:
Asegurarse de que los comerciantes sigan las normativas de la Marina (no exceder el espacio de venta asignado, no obstruir el paso).
Revisar los permisos de venta para tenderetes ambulantes, en especial los de nuevos comerciantes llegados esta semana.
Prestar especial atención a cualquier altercado que se produzca por disputa de puestos o robos menores (se han reportado hurtos en festivales anteriores).
3. Observaciones recientes:
Movimiento nocturno sospechoso en el muelle cercano a la Calle Alta Mar. Nadie ha presentado denuncia formal, pero algunos estibadores comentan la presencia de figuras encapuchadas transportando cajas.
Diversos comerciantes de fruta se han quejado de pérdidas repentinas de mercancía. Se desconoce si se trata de ratería común o algo más organizado.
Solicitaron refuerzo de vigilancia en la zona de la taberna “El Ancla Varada” durante la noche, pues habrá música y licor en abundancia para visitantes del festival.
4. Instrucciones adicionales:
Mantener discreción: Dado el ambiente festivo, la alta oficialidad prefiere un perfil bajo y no alarmar a los visitantes.
[b]Informar a los superiores de cualquier situación que consideres inusual, con el fin de evitar conflictos de gran escala.[/b]

En la parte inferior, ves la firma del oficial al mando y un recordatorio de que, a medianoche, se realizará un recuento final de incidencias en la sala de reuniones de la Base de la Marina. Justo al final, aparece un sello oficial con la inscripción “Patrullero designado: Cabo José manue”.

La voz del cabo se mezclaba con los pregones de los comerciantes y con las risas de niños que correteaban entre los puestos de comida. Bajo las órdenes de la Marina, el reptiliano tenía la misión de vigilar una de las zonas comerciales principales, procurando que nadie aprovechara la multitud del festival para desatar altercados o contrabando. A simple vista parecía una tarea rutinaria, pero había varias cosas inquietantes.
  • Un par de marineros veteranos se apresuraban a cargar cajas al interior de una bodega, como si no quisieran que su contenido fuera visto a la luz del día.
  • Cerca de un callejón, un muchacho comentaba haber oído ruidos extraños en las noches anteriores, algo que describió como “voces susurrantes”.
Off Rol
#1
Ares Brotoloigos
Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario


Siete de la mañana. Menudas horitas para empezar la jornada. Había estado los días anteriores liados con el tema de los hijos de Heracles, por lo que había perdido ciertas horas de sueño. Por supuesto, esto no tenían porqué saberlo el resto de los compatriotas de la Marina, así que ahí estaba, con el resto del pelotón encargado ode hacer los patrullajes y comprobaciones diarias en el puerto y en otros sectores problemáticos de Loguetown. Contuvo el bostezo y miró a su alrededor. Su presencia destacaba sobre el resto de compañeros, la mayoría humanos, no solo por su estatura (más de tres metros), sino por su llamativa fisonomía. Su apariencia reptiliana, más bien, que lo evidenciaba como un Diablos para los que conociesen a esa raza fruto del mestizaje.

Si se estaban centrando, ahora mismo, tanto en la vigilancia, debía de ser por la proximidad de algún festival. Siempre era así cuando había alguna celebración cercana en el tiempo. Uno de los cabos se aproximó hacia él con una tablilla de, seguramente, órdenes. Por inercia, el ser reptiliano frunció un poco el ceño, clavando los ojos rojizos sobre el cabo que le ofrecía dicha tablilla. Era una pesadez tenerles que repetir, cada dos por tres, que no sabía leer. Aunque a veces también era una ventaja. No le ponían detrás de un escritorio con eses insulsos papeleos con los que ahogaban a la mayoría.

Si es la ruta y el procedimiento habitual, cabo... — Expresó, entregándole la misma tablilla de instrucciones de regreso. Una señal que, esperaba, el otro entendiese. No iba a leerlo básicamente porque no tenía ni pajolera idea de lo que ponía allí. Pero que, al mismo tiempo, si era una rutina como en las de otras celebraciones, no le hacían falta ese tipo de instrucciones. — … Sé lo que tengo que hacer.

En la decisión del otro hombre estaba si quería ser él mismo quien confiase en el procedimiento del diablos de escamas blancas, o simplemente le leyese la información más relevante. Ares era analfabeto en ese sentido, sí, pero tenía una excelente memoria fotográfica para ciertas situaciones.

Lo típico en celebraciones como aquella era comprobar que no hubiese tráfico de sustancias u otros objetos en el puerto, mantener las tabernas y las calles en orden y vigilar que no hubiese robos o peleas clandestinas. Era el pan nuestro de cada día en Loguetown. Ahora bien, mientras esperaba a que el resto de la patrulla se dispersase, ya varias cosas se podían ir viendo desde ahí. Y Ares también se aprovechaba de su altura para vigilar los alrededores. En un callejón, o cercano a este, Ares escuchó que un muchacho decía que salían voces de ciertos callejones durante la noche.

El hombre lagarto ladeó ligeramente la cabeza, sus ojos rojizos puestos sobre los claroscuros de los callejones cercanos. ¿Le preocupaba? No. Generalmente solían ser ladrones o borrachos de poca monta los que se metían en eses lugares. Ahora sabía que había algo más. Los Hijos de Heracles, el grupo que él ahora mismo lideraba y que, de momento, todavía permanecía en las sombras, solo saliendo para alimentarse de la carne de aquellos desgraciados que tenían la desdicha de meterse en eses lugares, más borrachos que sobrios.

Pero investigaría por si acaso. Además, Adonis había desaparecido, y no iba a dejar nada al azar. En otro lado, más cercano al puerto, un par de hombres se afanaban en cargar cajas hacia una bodega, con gestos aparentemente nerviosos. Obviamente, Ares no podía estar en dos sitios a la vez. Arrugó ligeramente el hocico y se dirigió a uno de sus compañeros, dándole un breve toque en el hombro.

Ve con aquel par, pídeles los permisos de carga y descarga y revisad el contenido de las cajas. —Indicó, dando claramente las instrucciones de lo que tenía que hacer. — Y revisad la bodega a la que hayan llevado más mercancía. Id dos. — No era complicado, le estaba diciendo como hacer una inspección rutinaria. — Yo me encargaré de los callejones.

Actualmente, era el más preparado para ello, probablemente. Al menos de aquel grupo. Tras eso, se dirigió hacia el muchacho que había comentado lo de las “voces susurrantes”.

Chico. — Saludó, a su manera, y haciéndose notar. — Cuéntame más sobre esas voces que dices que has escuchado durante las noches. ¿Eran voces que vocalizaban o solo eran sonidos guturales? ¿En dónde las has escuchado, concretamente?

Preguntó, mirándole con severidad desde la diferencia de altura que había entre ambos.

Off Rol
#2
Alexander D.Vinci
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El adolescente, que no aparenta más de catorce o quince años, se sobresalta en el momento en el que siente la voluminosa sombra de Ares cubrirle. Tras escuchar su inconfundible voz, el chico traga saliva y alza la mirada con evidente nerviosismo; no todos los días uno se encuentra alguien con... un lagarto humanoide aproximadamente 3 metros de algo y que además sufría de albinismo.

-Ah… e-eh… Ettooo...-tartamudeaba al principio, visiblemente impactado por el repentino interrogatorio. Se le notaba la voz temblorosa, aunque sus ojos reflejaban cierta curiosidad. Intentando recobrar la compostura, el muchacho aclaró un poco la garganta antes de responder.

-Bueno, poh verá, señor —musita, sin saber muy bien cómo dirigirse a un lagarto tan enorme-. Trabaho ayudando a mi tío en çu pequeño puêtto de berdura por lâ mañanâ, y çuelo quedarme por aquí âtta tarde pa recohêh lô rêttô de mercançía. Me quedo merodeando por êttô cayehonê mientrâ ér carga lâ çêttâ en nuêttra carreta.

El chico echa un vistazo fugaz hacia el final del callejón donde, en ese momento, no se ve más que un contenedor viejo y algunas cajas amontonadas.

-No çabría deçîl-le çi eran boçê que deçían coçâ clarâ -prosigue, encogiendo los hombros.

-Creo que êccuxé argo açí como çuçurrô… argo que no pareçía un borraxo cuarquiera. Ya çabe, la hente ebria çuele gritâh o açêh êccándalo, pero êtto fue dîttinto… Çe çentían como… murmuyô, y luego çe iban apagando. Unâ cuantâ beçê me pareçió oîh riçâ aogâh, pero tan baho que êh difíçî de dêccribîh.

Hace una pausa para humedecerse los labios con la lengua, mirando a Ares con mezcla de aprensión y expectación.

-Çuçedió açe dôh noxê. Çiempre ocurre un rato dêppuêh de que la campana de la igleçia marca la medianoxe. Er cayehón êççâtto… -çe hira y çeñala un punto un pâh de cayê mâh ayá-. Êh por ayí, çerca de la pêccadería çerrá que êttá en quiebra. Nadie entra a eçe locâh dêdde açe meçê.
El muchacho carraspea de nuevo, como si algo más le preocupara:
-No fui el único que êccuxó argo. Otrô xabalê, que a beçê çe reúnen pa hugâh a lâ cartâ en un portâh, también lo oyeron. Anoxe no me quedé âtta tan tarde -asegura encogiéndose de hombros- Mi tío çe fue antê, y yo con él. Pero…-se calla un momento, dudando. Suelta un suspiro.
-Por lo que çe rumorea, ay hente que be formâ êttrañâ moberçe en la ôccuridá. Y çegún un compañero mío, uno de lô tenderô, también an deçapareçío un pâh de perçonâh…

Los últimos comentarios salen en un tono más bajo, casi como si no quisiera que otros vecinos se enterasen. Es evidente que, en Loguetown, los rumores se esparcen rápido; y más con un festival a la vuelta de la esquina, nadie quiere que el ambiente se llene de temor. Al terminar de hablar, el chico te mira en silencio, esperando la reacción de Ares. Se nota que te considera alguien importante y temible; sin embargo, hay cierto alivio en sus ojos al poder contárselo a un marine de confianza. Al fondo, todavía se escucha el gentío y el trajín de carros entrando y saliendo del muelle.

off
#3
Ares Brotoloigos
La expresión de Ares fue totalmente un poema en cuanto aquel muchacho que no tendría más de quince años, comenzó a hablar. ¿Qué clase de dialecto diabólico era aquel? Mira que había escuchado hablar y farfullar a borrachos y a gente de similar calaña en lo que llevaba no solo siendo Marine, sino desde que había que tenido que salir a las calles, siendo un mocoso. Ni los maleantes de Arabasta hablaban tan mal y de una manera tan desprolija.

A ver, espera... — Expulsó aire por las narinas, de manera breve. Un suspiro con el que se obligaba a guardar un mínimo de paciencia. Entornó levemente los ojos mientras las primeras palabras del adolescente todavía daban vueltas a su cabeza. Y mientras él intentaba darles un mínimo de sentido. — Continúa y vocaliza bien.

A decir verdad, Ares no tenía ni la más remota idea si aquel crío tenia papas en la boca, no sabía hablar o, directamente, ese era su acento. Y no le importaba. Lo que más le interesaba era entender lo que estaba diciendo y, con ello, la información que pudiese tener al respecto. Tras un par de minutos con el ceño fruncido, fue captando poco a poco el acento empleado y las palabras que correspondían a las ya conocidas cuando se vocalizaba como era debido. Le costó un poco al principio, pero luego fue asintiendo según el chico hablaba.

En primera instancia, no deberías ponerte a merodear por los callejones en cuanto cae la noche. — Fue la primera advertencia que el marine le dió al chico, contemplándole de reojo y con cierta severidad.

Sí, Ares no tenía demasiado tacto. Ninguno a veces, pero lo hacía por el bienestar de esa gente que, o bien no tenia culpa de nada y solo eran civiles intentando ganarse el pan. O porque otros eran idiotas abiertamente y se exponían a peligros innecesarios.

¿Dices que se escuchan voces luego de medianoche? ¿En ese callejón? — La mirada rojiza del diablos se posó sobre dicho lugar.

Si no se trataba de borrachos, claramente tenía que ser otra cosa. Había avisado a Eos y a Harpócrates, días atrás, de que no quería que saliesen del escondrijo hasta que él diese el aviso. Y todavía no lo había dado.

Por lo que había varias opciones sobre la mesa. Que fuese algún despistado, idiota o insurrecto que se había atrevido a desobedecer sus órdenes. Que fuese Adonis u otro afín a Heracles que había vuelto (y más con la pista de que ya habían desaparecido dos personas), o que simplemente fuese algún ladrón o asesino de poca monta, como siempre.

Ares se relamió levemente las fauces, en un gesto pensativo, mientras continuaba con la vista puesta en el callejón indicado y donde ahora solo se veía un contenedor viejo y medio oxidado y algunas cajas tiradas por ahí. Nada reseñable.

Está bien, vuelve con tu tío y no te vuelvas a meter en callejones. Y avísale a tus amigos que hagan lo mismo. — Le advirtió, antes de alejarse del lugar.

Se dirigió, expresamente, hacia donde estaba el cabo. Era consciente de que tendría que informar de situaciones poco habituales. Y esa era una. Además, si aquello sucedía a partir de medianoche, tendría que quedarse y no regresar a la base hasta sacar algo en claro.

Cabo. — Llamó, cuando encontró al susodicho. Ares le explicó un poco por encima la situación, aunque obviando algunos detalles. — Me gustaría investigar el asunto, si me da el permiso de no regresar a la base hasta después de la medianoche. — Algo que, probablemente, le tomase gran parte de la madrugada. — Adelantaré otras tareas mientas, si es necesario, pero considero que es un asunto que se debe investigar antes de que continúe desapareciendo gente.

Informó, mirando al susodicho cabo con expresión seria.
#4
Alexander D.Vinci
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El cabo, un hombre de poco más de treinta años con el cabello rapado y un semblante siempre serio, se encontraba revisando una carpeta de registros cuando notó la presencia del gran reptiliano aproximándose. Elevó la vista de sus notas y miró a Ares con cierta curiosidad, pues no era frecuente que uno de los agentes solicitase modificaciones de su ruta de patrulla. Tras la explicación de lo sucedido en el callejón (y el rumor sobre las desapariciones), el cabo se quedó en silencio unos segundos, meditándolo. Echó un vistazo hacia los guardias que seguían cargando y revisando cajas, y luego clavó sus ojos en Ares, apartándose el pelo de la cara con ligero movimiento de manos

-Tiene sentido -Dijo para si mismo, usando un tono algo más bajo para no llamar la atención de los marineros ni de los curiosos del lugar-. Este tipo de rumores no siempre son ciertos, pero no podemos ignorar el hecho de que ha habido informes de personas desaparecidas.

La leve brisa marina acariciaba el muelle, mezclándose con el aroma de redes y pescado seco. Uno de los reclutas pasó a su lado cargando un pequeño fardo de papeles, lanzando miradas por encima a Ares mientras se alejaba. El cabo, sin prestar atención al recluta, continuó hablando:

-Si crees que la investigación requiere quedarte hasta más allá de tu turno, puedes hacerlo. -Dio un suave golpecito con dos dedos sobre la carpeta que sostenía-. Pero recuerda:
  1. Quiero un reporte detallado de lo que averigües cuando regreses.
  2. No causes pánico entre la gente. Tenemos el festival a la vuelta de la esquina y lo último que necesitamos es que la situación se descontrole, esto es muy importante, ¿vale?. 
Un atisbo de preocupación cruzó el rostro del cabo. Mirándote de arriba abajo, como si evaluara una última vez su determinación, no parecía desconfiar de ti, pero tampoco se veía muy por la labor de dejarte solo, por si acaso la situación se incrementaba.


-Te apoyaré en lo que sea necesario, pero no tenemos muchos efectivos disponibles para vigilias nocturnas: el grueso de la tropa está concentrado en la seguridad diurna y en mantener la fachada de orden para las festividades.

Antes de que te marcharas, el cabo añadió, esbozando algo parecido a una sonrisa:

-Ah, y una cosa más: no olvides que enviaste a dos de los nuestros a revisar esas cajas sospechosas en la bodega. Puede que ellos descubran algo útil. Sería conveniente que, antes de que anochezca, eches un vistazo a ese informe también. -Su expresión se tornó algo más seria- Ten cuidado, Ares. Nadie quiere complicaciones antes del Festival de la Aurora, pero lo mas importante es tu propia seguridad.

Dicho esto, el cabo se despidió con un leve asentimiento de cabeza, dándote vía libre para proceder según considerases oportuno. El bullicio en el puerto empezaba a crecer conforme atracaban más navíos de comerciantes, y en la zona alta de la ciudad resonaban los primeros ensayos de tambores festivos. Todo ello enmarcado por un cielo cada vez más brillante, preludio de un día en el que, aparentemente, nada malo podía ocurrir… al menos a plena luz.

Off
#5
Ares Brotoloigos
Ares aceptó el tono confidencial con el que el Cabo le estaba hablando ahora mismo. Entendía que no quisiese levantar alarmas o sospechas entre los demás con aquel asunto. Pero la verdad es que el tema de las desapariciones era algo peliagudo. Y algo que le incumbía, realmente. Aunque era verdad que ya había avisado a su gente que desistiesen de esas prácticas, al menos con gente inocente y hasta nuevo aviso, siempre podía haber alguno que desobedeciese o que, simplemente, todavía le costase habituarse a las nuevas costumbres. O, también, podía ser otra cosa, por lo que prefería no descartar ningún hecho.


El diablos asintió a las indicaciones del hombre.

Descuide, tendré el reporte de la investigación listo para cuando llegue a la base. De todas maneras, yo aumentaría la vigilancia por si acaso. — Fue el único consejo que le dió en ese momento a su superior. A veces pareciese que fuese él el de rango mayor, aunque no era tan así.

Tras escuchar que tampoco tenían muchos efectivos disponibles de los cuales prescindir ahora mism, precisamente por estar ocupados con el tema del festival, por lo que eso también dificultaría las cosas. El diablos suspiró con algo de pesadez, mirando unos momentos a su alrededor. No pretendía llamar la atención o, al menos, no más de lo que ya la llamaba habitualmente. Mucho menos por temas peligrosos. La gente de a pie y trabajadora se merecía disfrutar de unas horas de paz y tranquilidad, divirtiéndose con las festividades.

No es necesario. Yo me ocuparé de la vigilia nocturna por completo. Conozco estas calles y me muevo mejor en solitario. — Eso era verdad, en cuanto a temas de sigilo se trataba, el reptiliano de escamas blancas, solía moverse con mayor facilidad entre las sombras, como si fuese algo inherente en él. — Además, lo que menos necesitamos, ahora, es llamar demasiado la atención en eses menesteres.

Con la aprobación posterior y el consejo con respecto a los que había enviado a investigar las cajas y la bodega, Ares se retiró del lugar. Todavía era de día y faltaban unas cuantas horas para que anocheciese. Pero no tenía ganas de descansar, así que patrulló un par de horas más antes de dirigirse, expresamente, hacia el lugar donde estaban descargando la mercancía. Una vez allí, se encontró con el par de compañeros que había enviado con anterioridad.

¿Habéis averiguado algo, o había algo fuera de lugar? — Preguntó, mientras inspeccionaba el lugar con la mirada y dispuesto a escuchar el informe que fuesen a darle.

Ya en cuanto terminase ahí y anocheciese, se dirigiría hacia los callejones que tenía que vigilar.
#6
Alexander D.Vinci
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Ares se adentró en la pequeña bodega ubicada casi al extremo del muelle, un lugar de aspecto descuidado que apenas recibía luz natural por las estrechas ventanillas en lo alto de las paredes. El olor a madera húmeda y a sal marina impregnaba el ambiente, mientras que un par de faroles colgantes ofrecían una luz amarillenta que apenas iluminaba los rincones. Los marines a los que había asignado la tarea de inspeccionar las cajas eran Rolan, un muchacho enjuto de ojos vivaces, y Gilen, un hombre algo más robusto, parecía que se encontraban junto a un par de contenedores abiertos, revisando con atención su contenido. Al notar la imponente silueta de Ares, ambos se giraron con evidente expectación.

-¡Ah, Ares! -saludó Gilen, quien a pesar de su aspecto robusto, tenía una voz bastante aguda. estaba pasándose una mano por la frente para limpiarse el sudor, tu de eso no sabias pues los lagartos no sudan. Parecía algo inquieto-. Creíamos que no pasarías por aquí hasta la noche.

-Menos mal que has venido -añadió Rolan, el tenía una voz mas grave, bastante. Se encontraba echándole un vistazo al interior de uno de los cajones-. Tenemos algo que mostrarte.

Los dos marines se apartaron para dejar que Ares pudiera observar por sí mismo. Dentro de las cajas había sacos de grano y diversos barriles; a simple vista, parecía mercancía de un comerciante común y corriente. Sin embargo, en un lateral, habían apartado varios objetos envueltos en telas gruesas.

-En uno de los fardos, encontramos esto -explicó Gilen, desenvolviendo con cuidado la tela que cubría una vasija de barro agrietada. La superficie de la vasija tenía grabados extraños, con símbolos que no reconocieron. Lo más llamativo era que, aun siendo barro común, presentaba manchas oscuras que despedían un ligero olor metálico-. No sabemos si es sangre o algún producto químico, pero… es raro que venga mezclado con sacos de comida.

Rolan tomó un pequeño documento que había encontrado en otro de los contenedores:
-El manifiesto de carga que acompaña estas cajas resulta incompleto. No hay nombre del comerciante, solo un sello borroso que no coincide con ninguno de los registros oficiales de la Marina. Solo pone algo así como “Raven’s Eye Trading”. Pregunté a un par de mozos de carga del muelle y ninguno había oído hablar de esa compañía.

Ambos guardias se miraron entre sí, antes de que Gilen diera un paso al frente:

-El encargado de la bodega, un tipo llamado Foster, que supuestamente se encargaría de estas mercancías no aparece por ningún lado. Los mozos dicen que lo vieron esta mañana, pero, cuando vinimos a revisar la carga, había desaparecido. Nadie supo decirnos adónde fue.

Cerca de las cajas, podías notar un charco diminuto de lo que parecía agua mezclada con algo rojizo, o quizá simplemente óxido. El aire algo viciado del lugar y la penumbra no ayudaban a definir si se trataba de sangre reciente u otra sustancia. Mientras Rolan envolvía de nuevo la vasija en la tela para evitar romperla, Gilen continuó su explicación con un ligero temblor en la voz:

-Si todo esto se confirma como contrabando u objetos ilegales, tendremos que reportarlo cuanto antes. Pero, por ahora, no tenemos pruebas concluyentes. No sabemos si estos objetos están relacionados con las desapariciones que se rumorean en la ciudad, pero… -se encoge de hombros-. Desde luego, no deja de ser muy sospechoso.

El silencio momentáneo fue interrumpido por el crujido de una tabla en el suelo, fruto del paso de un trabajador que se apresuraba a salir de la bodega, sin atreverse a cruzar mirada con el hombre lagarto

off
#7
Ares Brotoloigos
Lo primero que le recibió en cuanto entró al almacén fue el típico aroma a salitre, humedad y cerrado tan propio de un emplazamiento como aquel. En su interior ya se encontraban un par de marines que estaban revisando, o ya lo habían hecho, la mercancía que él les había dicho con anterioridad. Cuando los mencionados le vieron y se dirigieron a él, Ares asintió brevemente con la cabeza.

Tengo algo de tiempo. — Fue lo único que les expresó, sin darles más detalles sobre la tarea que le había sido encomendada al caer la noche. Cuando Rolan dijo que tenía algo que mostrarle, el diablos le miró fijamente, habiendo captado su total atención. — Muéstrame.

Se aproximó, acortando distancias para con el susodicho cuando éste se aproximó a una caja y la abrió con cuidado. Allí, entre fardos de telas y de grano, que era la mercancía más típica, se encontraba una simple pero extraña vasija de barro. Ares miró de reojo a su compañero, aunque enarcó un momento una de sus escamadas cejas. Parecía barro común, efectivamente, pero lo más llamativo eran esas manchas oscuras. Podía ser cualquier cosa, aunque el aroma a metálico era lo que más le hacía sospechar.

¿Mezcla con algún tipo de mineral o pigmento? ¿O sangre? Ambas opciones podían ser viables, pero a la cual más extraña, sobre todo la segunda.

Si no está entre los registros de la Marina, solo puede significar dos cosas: Que es demasiado nuevo y todavía no lo han registrado. — Era una posibilidad plausible, a decir verdad. Pero había otra más escabrosa. — O que es algo ilegal.

En ocasiones, la segunda opción solía ser la más abundante, por desgracia.

La única opción que se me ocurre para intentar averiguar algo al respecto es intentar investigar el nombre en los bajos fondos. O en zonas de compraventa ilegal. — Y de eso abundaba en Loguetown, como en cualquier otra ciudad portuaria.

Con cuidado, Ares dejó la vasija de nuevo en su lugar, mientras continuaba escuchando el informe y los datos que los otros dos le daban. Permanecía pensativo, paladeando las variadas opciones y las pocas pistas que estaban teniendo al respecto. El diablos resopló ligeramente por las narinas.

¿No os han dicho cual fue el último lugar en el que vieron a ese tal Foster? — Si estaba relacionado, de alguna manera, con las desapariciones, entonces era un hilo del que podía intentar tirar poco a poco.

Miró de nuevo hacia las mercancías y ladeó apenas la cabeza.

Requisad todo esto por si acaso y hasta que aparezca nuevamente el dueño o el encargado de este lugar. Y comenzad las investigaciones sobre el “Raven's Eye Trading”. — Él también se encargaría de echar un vistazo al respecto en el tiempo que tuviese.

Pero cualquier intento de darles alguna indicación más fue interrumpido por el sonido de una tabla crujiendo que hizo que la mirada rojiza de Ares se pusiese en alerta. Miró a su alrededor, buscando el origen del ruido y, cuando lo vió, entornó los ojos.

Os encargo esto. — Murmuró, cuando vió como un hombre, un trabajador, salía apresuradamente de la bodega, lo que le resultaba bastante sospechoso.

Le daría unos metros de ventaja antes de comenzar a seguirle sigilosamente. Con un poco de suerte, le llevaba hasta alguna pista o situación que le pudiese ayudar al respecto.
#8


Salto de foro:


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