Hay rumores sobre…
...un hombre con las alas arrancadas que una vez intentó seducir a un elegante gigante y fue rechazado... ¡Pobrecito!
[Diario] Escribiendo lo vivido
Byron
Que me lo otorguen
El camarote del Duck Duck Go nº4 era un espacio pequeño, pero acogedor, iluminado por la tenue luz de una lámpara de aceite que colgaba del techo, balanceándose suavemente con el movimiento del barco. Las paredes de madera pulida y reluciente al aun ser los primeros días que este barco surcaba los mares, estaban cubiertas con dos mapas uno del East y otro del West, recuerdos de batallas adornaban la estancia, como la armadura dorada que Kael se llevó de recuerdo cuando descubrieron los entresijos de Momobami, acompañada de un par de espadas cruzadas que brillaban débilmente bajo la luz dorada que la débil llama desprendía. En un rincón, una hamaca colgaba entre dos vigas, y junto a ella, un pequeño escritorio de madera, atestado de papeles, plumas y tinteros, servía como el lugar donde Byron escribía sus pensamientos.

El joven capitán estaba sentado en una silla de madera, con las piernas cruzadas y una pluma en la mano. Su cabello violeta, despeinado por el viento marino, caía sobre su frente mientras sus ojos, de los mismos tonos violáceos, se fijaban en el papel frente a él. El sonido de las olas golpeando el casco del barco y el leve crujir de las maderas del navío creaban una melodía relajante, casi hipnótica. Fuera, el cielo estaba pintado de un azul oscuro, salpicado de estrellas que parecían guiñarle un ojo desde la inmensidad del mar, y parecían velar por un futuro prometedor de tan prominente embarcación.

Sobre el escritorio, abierto y con las páginas ligeramente curvadas por la humedad, estaba el diario del muchacho de cabello violeta. Sus páginas estaban llenas de anotaciones, dibujos y reflexiones, muchas de estas no eran más que recordatorios de las enseñanzas que le había brindado su queridísimo maestro Bernald. En la página actual, la pluma de Byron danzaba sin un claro rumbo, dejando tras de sí un rastro de tinta negra, tachones precedían a esta línea, no sabía como comenzar, pero tenía claro cuál era el propósito de esa íntima velada.

A diferencia de los anteriores encuentros con ese pequeño manuscrito, esta vez, el propósito no era el de releer y reflexionar invadido de nostalgia. No, esta vez tenía claro que, las líneas que escribiese a continuación, sería un manifiesto que pondría en palabras para la posteridad, cada uno de los pasos que el joven recorrió hasta convertirse en lo que aspiraba a ser, no era más que una biografía escrita bajo su puño y letra.

Byron cerró el diario con suavidad, como si temiera que las palabras escritas pudieran escaparse si lo hacía demasiado rápido. La lámpara de aceite seguía balanceándose suavemente, proyectando sombras danzantes en las paredes del camarote. El sonido del mar, constante y reconfortante, parecía animarlo a continuar. Sabía que había llegado el momento de dar un paso más allá, de convertir sus anotaciones dispersas en algo más grande, más profundo.

Se reclinó en la silla, cruzó los brazos y cerró los ojos por un momento. Respiró hondo, permitiendo que los recuerdos fluyeran libremente. Sabía que no podía empezar por cualquier parte; una biografía necesitaba un comienzo que atrapase al lector, que lo sumergiera en su mundo desde la primera línea. Pero, ¿dónde empezar? ¿En Skypie, donde todo comenzó? ¿En el día que perdió sus alas y su inocencia? ¿O en el momento en que decidió convertirse en el hombre que era ahora?

No. No era necesario comenzar por el principio cronológico. Byron entendió que la mejor manera de empezar era con un momento que definiera quién era, un momento que encapsulara su esencia. Y entonces, lo supo. El recuerdo llegó a su mente con claridad, como si el mar mismo se lo hubiera susurrado.

Se inclinó hacia adelante, abrió el diario en una página nueva y tomó la pluma con determinación. La tinta fluyó sobre el papel, formando palabras que parecían llevar el peso de su vida entera.

"No nací en el mar, pero el mar me hizo quien soy. Hubo un tiempo en que mis alas me ataban a un cielo que ya no sentía mío. Fue en la caída, en el vacío, donde encontré mi verdadera libertad. Y fue en las olas, en la sal y en el viento, donde aprendí a volar de nuevo."

Byron hizo una pausa, observando las palabras que acababa de escribir. Ese era el comienzo. No era el principio de su historia, pero sí el momento en que todo cambió para siempre. Era el instante en que dejó de ser el niño que soñaba con escapar y se convirtió en el hombre que decidió enfrentar el mundo.
#1


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