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Eustass D. Punk
Jetto Gia
12-02-2025, 03:01 AM
(Última modificación: 12-02-2025, 03:04 AM por Eustass D. Punk.)
Loguetown,
20 de invierno del año 724
Entre el vaivén de marines y el eco de órdenes de los instructores marines, una figura destacaba en medio de la brisa de la Base G-31 de Loguetown.
Eustass D. Punk avanzaba con paso firme, con la chaqueta abierta al viento y un cigarro encendido en la boca.
A su hombro, una bolsa colgada del hombro repleta de cachivaches raros, piezas metálicas y un par de objetos claramente sospechosos que muy probablemente no pasaron por aduanas que tintineaban a cada paso que daba.
Su entrada no pasa desapercibida. De hecho, los reclutas a su alrededor comienzan a murmurar entre ellos, con una mezcla de miedo y expectativa.
— ¡Tsk, puto pueblo y puta vida, pesa un huevo esta mierda! — gruñe, ajustando la bolsa en su hombro antes de mascullar una calada profunda.
Cuando finalmente llega frente a la brigada que le ha tocado, se detiene en seco. Su mirada pasa de sorpresa a absoluto desprecio en cuestión de segundos. Y entonces... estalla.
Porqué si, ella estallaba, no hablaba.
— ¡PERO QUÉ PUTA MIERDA ES ESTA! ¿ESTO ES UN CUARTEL DE LA MARINA O UN DESFILE DE PAYASOS?
Los gritos de la mujer retumbaban por toda la base, mientras señalaba a los marines alineados frente a ella.
Solo le faltaba morderles.
— ¿QUIÉN COÑO OS ARMÓ? ¿VUESTRAS PUTAS MADRES O UN MALDITO SASTRE DE CIRCO? ¡QUE OS DEN, PANDA DE INÚTILES!
Los marines intercambian miradas incómodas. Uno de ellos, un cadete de aspecto nervioso, intenta decir algo, pero su voz muere en su garganta cuando Punk le clava la mirada.
— TÚ, PALURDO, DIME UNA COSA... ¿POR QUÉ COÑO TIENES EL CASCO TORCIDO? ¿TE HAS PEGADO UNA HOSTIA O QUÉ? ¿Y TÚ, EL DE LAS RODILLERAS, ERES SOLDADO O TE VAS A PATINAR AL PARQUE?
Un silencio sepulcral. Ni el viento se atrevía a interrumpir.
Eustass D. Punk escupe a un lado mientras se sube las mangas, echa humo por la nariz y resopla.
— QUE OS DEN, PANDA DE MALPARIDOS. ESPERO QUE AL MENOS SEPAN CUÁNDO AGACHAR EL PUTO CULO CUANDO EMPIECEN A VOLAR LOS CAÑONAZOS.
Y con esa declaración de guerra, sigue avanzando, dejando a gran parte del cuartel preguntándose qué demonios hicieron para que el mismísimo caos llegara a su unidad.
El silencio en la fila de marines es sepulcral. Algunos se miran entre sí, otros evitan el contacto visual con la chica de pelo azul grisaceo, no sea que decida hacerles una inspección personal y acabe encontrando otra razón para cagarse en sus existencias.
Uno de los oficiales intenta tomar la palabra, carraspeando antes de hablar.
— Suboficial Punk, se le ha asignado una nueva división.
Punk ladea la cabeza, con el cigarro colgando precariamente de sus labios. Su ceja se arquea con un peligroso escepticismo.
— ¿Nueva división? — repite, con una mueca que huele a problemas — Mi división es del South Blue. ¿A qué puto manicomio me han vendido ahora?
— No es un manicomio, señor... ¡Señora! — responde el oficial con nerviosismo — Es la Baddo Bacchi.
Silencio.
Más silencio...
Y luego... Bomba.
Eustass D. Punk pestañea una vez. Luego dos. Da una última calada a su cigarro antes de escupirlo en el suelo y pisarlo con fuerza y darle cuatro pisotones, como si estuviera apagando su paciencia con la marina entera.
— ¿LA PUTA BADDÓ BACCHI? ¿Me estás diciendo que después de todo el puto sudor, pólvora y gritos que he dejado en este asqueroso mar, me van a mandar con ESA PANDA DE DESCEREBRADOS?
El oficial no responde, pero su mirada lo dice todo.
La chica con malas pulgas y cara de Bull Dog se pasa la mano por la cara, exhalando un largo suspiro, murmurando entre dientes lo que parecen ser maldiciones en diez dialectos diferentes. Luego, se planta frente al soldado más cercano y le mete un dedo en el pecho.
— Dime, recluta, ¿alguna vez has visto una explosión de cerca?
El pobre chico traga saliva.
— N-no, señora.
— Pues prepárate, porque voy a hacer saltar por los aires a todo este puto cuartel.
Y con un bufido explosivo, Eustass D. Punk, con cara de bulldog francés se gira de muy malas pulgas, agarrando su bolsa de cachivaches y echando a andar con la gracia de una bomba de tiempo a punto de estallar, en dirección a conocer a su nueva división.
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Arthur Soriz
Gramps
12-02-2025, 07:01 AM
El balandro estaba tomando forma. Lo sabía por la manera en que la madera respondía bajo mis manos y martillazos. Firme, sólida, encajando cada pieza en su lugar como si el barco mismo quisiera nacer con su propia voluntad y yo tan solo fuera el que facilitaba el proceso. Todo lo que era estructural ya estaba terminado y eso me daba cierta satisfacción pero aún quedaba un largo camino por delante. La cubierta estaba en su sitio, los refuerzos asegurados y el esqueleto del futuro navío eran señal de que afortunadamente todo iba con viento en popa. Y no había forma de hacerme cambiar de parecer... este sería uno de mis mejores trabajos, no sé si Magnum Opus, pero estaría cerca probablemente.
Sin embargo debía descansar tarde o temprano, después de horas de trabajo continuo el cansancio empezaba a colarse entre mis músculos como una cuerda que se tensa poco a poco y está a punto de desgarrarse si no se le afloja un poco. Mi espalda protestaba, mi estómago rugía con el ímpetu de un cañón mal calibrado y el sudor caía en gotas grandes y pesadas por mi frente. Desde temprano a la madrugada había estado trabajando en mi bebé, mi hermoso balandro allí en el astillero...
Me enderecé apoyando las manos en mi cintura y echando un vistazo a la obra. Era un buen progreso, eso seguro. Pero todo en su debido tiempo. Ahora tocaba descansar, comer algo y despejarme antes de volver a meter las manos en la madera. Me pasé la toalla por la cara, limpiando el sudor antes de colgarla nuevamente sobre mis hombros. Luego recogí mis cosas y emprendí camino de vuelta al G-31. El puerto de Loguetown estaba como siempre... el sonido de las olas golpeando contra sus muelles, los barcos meciéndose con el ritmo del viento, y mis colegas Marines patrullando en su rutina. Algunos con más entusiasmo que otros.
A lo lejos, los comerciantes comenzaban a abrir sus puestos, y el olor a pan recién horneado y pescado fresco flotaba en el aire, mezclándose con el aroma a salitre. Mientras me acercaba a la base más claro se hacía que algo inusual estaba ocurriendo. Primero veía que reclutas los cuales normalmente charlaban entre ellos ahora intercambiaban miradas incómodas. Algunos evitaban hacer contacto visual entre sí incluso cuando me vieron pasar, otros parecían más tiesos que un tablón mal cortado. Y luego, los gritos.
Una voz femenina potente, ruidosa, quebraba la calma con la fuerza de un disparo de cañón. No se trataba de una simple reprimenda militar. No. Aquello tenía un tono diferente. Y vaya tela el enojo que llevaba encima.
Me detuve unos segundos antes de entrar, pasando de nuevo la toalla por mi frente para secar el sudor que había brotado aunque ya la mayoría se había disipado gracias al frío invernal. Desde mi posición alcancé a ver a la responsable de semejante estruendo cacofónico. Una muchacha joven, de cabello azul grisáceo caminando con pasos firmes y pesados. Llevaba una chaqueta abierta, un cigarro colgando de sus labios y una bolsa al hombro repleta de lo que parecía basura metálica y objetos cuya procedencia dudaba que hubiera pasado por aduana como era debido.
Desde la distancia observé cómo recorría la línea de marines, moviéndose entre ellos como si midiera su temple, su resistencia... o lo más probable su paciencia. Y por la manera en que los reclutas se encogían bajo su escrutinio parecía que ninguno estaba superando la prueba. Me acomodé la toalla al cuello y seguí avanzando sin perderla del todo de vista. Su energía era explosiva, difícil de ignorar, como una tormenta que acaba de tocar tierra firme.
Sin miedo al éxito, me aproximé hasta que hice sombra contra su cuerpo y ahí recién hablé cruzado de brazos y con una amplia sonrisa confianzuda plasmada en mi rostro.
— ¡Eso es lo que necesita la marina, juventud explosiva! ¡Yahahahaha!
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Ares Brotoloigos
—
15-02-2025, 12:02 PM
Ares enarcó una ceja escamada con total escepticismo.
— ¿Te estás intentando reír de mi? — La pregunta, hecha con una voz gruesa y siseante, daba a entender que, efectivamente, el suboficial no era muy adepto a las bromas de ese estilo.
El oficial que le estaba informando de que tendrían un nuevo miembro en la brigada, solo se encogió de hombros y continuó con su explicación.
— Al parecer proviene de una división del South Blue. Pero la derivaron aquí por ser demasiado... — El pobre hombre ni tan siquiera pudo terminar la frase porque no tardarían en escuchar una sarta de gritos más propios de una hecatombe que de un marine como tal. Era como si una bomba chillona de relojería hubiese estallado en medio del patio. — … Explosiva.
Ares miró al oficial a cargo todavía con más escepticismo si cabía y luego suspiró de forma larga y pesada. No le quedaba más remedio, como miembro oficial de la Bad Batch, que darle la bienvenida. Podría pasarle ese marrón a Argestes pero... No, el pobre viejo ya bastante tenía con seguir vivo. Tendría que responsabilizarse él, le gustase o no. Tras intercambiar unas palabras e impresiones más, el hombre lagarto salió en busca de tan peculiar nuevo miembro. Juraría que era una mujer, por la voz chillona. Y también porque le habían dicho que lo era.
En su camino, algunos reclutas se apresuraban a alejarse todo lo posible del patio, como si hubiesen dejado una bomba o un puñado de dinamita en medio del lugar. Y tuvo que armarse de paciencia todo lo posible, porque si algo detestaba, eran las voces alzadas o chillonas. Y parecía que iba a tener que desayunar con eso.
Atravesó varios pasillos, mascullando alguna maldición por lo bajo antes de salir al exterior. El sol le dió de pleno en sus escamas blancas, por lo que entornó suavemente los ojos solo para acostumbrarlos, por ahora, al cambio de iluminación entre el interior del edificio y el exterior. Ataviado con ropas oscuras de rebordes dorados, y el símbolo de la Marina también en ellos, el lagarto de tres metros se aproximó a donde se estaba gestando toda aquella hecatombe de potencia y mala leche. Concentrada en una renacuaja de poco más de metro setenta. Renacuaja comparada con él, claro. Y con una expresión de bulldog digna de un perro rabioso. O chihuahua, no lo tenía claro.
Para cuando llegó, también alguien más se había unido a aquella fiesta. A aquel viejo no lo conocía, así que suponía que, o venía con ella, o acababa de llegar en alguno de los días anteriores. ¿Ese también iba a unirse a la brigada? Ya tenían suficiente con los bichos raros que eran, él incluído.
— Bienvenida, suboficial Punk. — Ese fue el primer saludo, protocolario, que Ares le dió a la susodicha.
“Bajita y en los huesos. Solo le salva la mala leche”, la contemplaba como si fuese un mero pedazo de carne más. Evaluándola antes de chasquear la lengua, poner una expresión entre seria y de desagrado e intercalar la mirada entre el yayo y la nieta. ¿Serían familia, quizás? Pobre hombre si era así.
Ares movió suavemente la cola, en un vaivén de sutil impaciencia.
— Soy el suboficial Brotoloigos y miembro de la Bad Batch. Esperamos que su estancia en la brigada sea satisfactoria. — No pudo evitarlo, porque se le dibujó una filosa sonrisa en la faz, todo lo sarcástica que podía ser.
Acto seguido, dirigió su mirada y su atención hacia el hombre.
— ¿Viene con ella o está aquí por otros asuntos? El oficial a cargo puede atenderle si lo necesita. — Le dijo directamente a Arthur.
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Alaric Thone
...
15-02-2025, 06:21 PM
Alaric había empezado la mañana de forma tranquila a decir verdad. Una buena taza de recafeinado y un poco de pan, al menos para él pues 4 barras enteras no era poca comida aunque para el bucanero era un tentempié. Pese al ajetreo que escuchaba él estaba en un lado con su enorme ametralladora rotatoria limpiandola poco a poco con una reverencia casi obsesiva, ¿El arma sería algo más para el que eso? No lo sabemos pero ahí estaba, limpiando está por completo como si quisiera dejarla recién salida de fábrica.
— Hum, ¿Pero qué? — revisará como uno de los pequeños cañones tenía una pequeña abolladura — Relájate, Alaric, relájate…
Tras unos segundos tras suspirar levemente no podría evitar alzar la voz.
— ¡QUIEN TOCO MI ARMA!
Su enorme voz resonaba por toda la sala de forma estridente y profunda. Tras unos segundos de mirar a los presentes se relajo, no quería montar un numerito, no hoy pues llevaba una buena semana. Tras unos segundos se levantó, negando con la cabeza.
— Como pille al listillo que haya sido se va a enterar de lo que pasa por tocar MI arma — musitó para sí mismo antes de acercarse a donde estaba Ares — ¿Quién es la nueva, Ares? — Se colocaría detrás de este aunque sus 14 metros de altura eran suficientes para eclipsar a los presentes — Bueno, estoy seguro de que nos llevaremos bien. Mi nombre es Alaric y bienvenida a nuestra pequeña familia disfuncional — se reiría para sí mismo de su broma aunque era más una realidad que otra cosa.— Como si necesitas alcanzar algo muy alto o a lo lejos soy tu bucanero y por favor te lo pido, no toques MI arma sin permiso, estoy cansado de la gente que no tiene cuidado con estas — refunfuñaría levemente aunque le sonreía a la nueva, una sonrisa amable y alegre.
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Eustass D. Punk
Jetto Gia
17-02-2025, 01:35 AM
(Última modificación: 17-02-2025, 01:37 AM por Eustass D. Punk.)
El cigarro se balanceaba entre sus labios mientras caminaba. Cada paso que daba en el cuartel lo hacía pareciendo que había caído en el mismísimo basurero de la Marina.
Después de haber gritado, humillado y probablemente traumatizado a media brigada de novatos, le habían dado instrucciones sobre dónde debía presentarse. Un tipo con cara de querer jubilarse antes de cumplir los 40 le había entregado los papeles con una expresión de "yo no cobro lo suficiente para esto".
— Tsk, putos funcivagos.
Bad Batch
El nombre no prometía nada bueno. Sonaba a grupo de desechos, a marine reciclado de otras brigadas que nadie quería. A productos defectuosos...
Y ahora la habían metido con ellos.
— Puta madre… — gruñó, echando una bocanada de humo mientras ajustaba la bolsa sobre su hombro.
A Punk le pareció que la sala del Baddo Bacchi estaba en una zona más apartada del resto del G-31.
"Normal, seguro no querían que esta panda de inadaptados interactuara mucho con la gente normal."
Mientras avanzaba por los pasillos, notó cómo los marines comunes y corrientes evitaban siquiera mirarla. Alguno que otro hacía como que estaba ocupado con un informe imaginario o revisaba su rifle con una concentración digna de un francotirador en plena misión.
Cobardes.
El eco de sus pasos resonaba en el corredor hasta que dobló la última esquina y vio la entrada a su nueva prisión.
— Aquí vamos, puto manicomio.
Con un golpe seco de su bota, cruzó el umbral, con la cabeza en alto y su expresión de bulldog lista para morder a cualquiera que le dirigiera la palabra. Porque si algo tenía claro, es que aquí nadie iba a darle la bienvenida con flores. Aunque hubiese estado bien.
Cuando llegó supo que había encontrado su destino. Punk entrecerró el ojo sano y ladeó la cabeza. Esto era demasiado.
— ¡Eso es lo que necesita la marina, juventud explosiva! ¡Yahahahaha!
La joven soltó un grito ahogado, un iiiihhh apenas perceptible, su risa le había pillado por sorpresa y le costó disimular el saltito que pegó.
Punk entrecerró el ojo sano y ladeó la cabeza. Esto era demasiado. Frente a ella, un abuelito musculoso, que tenía la vibra de alguien que podía darte un consejo de vida y abrirte el cráneo con una mano en la misma oración.
— ¿Y tú quién mierda eres, abuelo forzudo? ¿El profeta de los calambres musculares?
Punk echó humo de su cigarro por última vez antes de escupirlo al suelo, haciéndose la dura.
— No me jodas, con esos brazos puedes hacer flexiones con un barco entero a la espal—
No terminó la frase cuando Ares Brotoloigos la interrumpió con su saludo de bienvenida.
— Bienvenida, suboficial Punk.
Un lagarto albino. O mejor dicho, para Eustass D. Punk un sargento de hierro con patas, con una cara que parecía capaz de intimidar a una tormenta. Enseguida lo asoció a un posible navegante. La chica siguió el tintineo de su cola como si fuera un compás musical.
— Soy el suboficial Brotoloigos y miembro de la Bad Batch. Esperamos que su estancia en la brigada sea satisfactoria.
— ¿Suboficial? A mi me pareces el puto guardián de las puertas del infierno. Lo siento pero me he dejado la moneda de Caronte en el South Blue.
Punk lo miró con desconfianza, ladeando la cabeza, bajando levemente el tono.
— Déjame adivinar si alguien dice “la marina es tonta” tres veces en el espejo apareces a pegarle un sermón, ¿no?
¿Era un insulto? Sí. ¿Una forma de reconocer qué por lo menos Ares mandaba algo? También. Le iba a hacer un par de preguntas cuando es interrumpida por un severo grito procedente de la zona.
— ¡QUIEN TOCO MI ARMA!
— Ah, cojonudo, ahora resulta que los cañones vienen con patas... — Farfulló con una sonrisa malvada.
La primera sonrisa en lo que llevaba en Loguetown. No duró mucho. Elevó su mirada hacía "el cielo", observando con la cara de un gato que exige la atención y servidumbre a su humano.
— ¿Pero cómo carajo te sientas en una silla normal sin destrozarla?
Suspiró, mordiéndose la lengua antes de soltar otra sarta de improperios. Caminó hasta su taquilla y soltó la bolsa que sonó de manera metálica al tocar el suelo, levantando polvo debido a su elevado peso.
— La puta madre, es como si hubieran formado una banda de fenómenos y me hubieran metido a la fuerza.
Cuando abrió la taquilla, un gato anaranjado saltó en dirección a ella, haciendo que cayese de culo al suelo.
— ¡¡KYAAAAAAAAAAAAAAA!!
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Argestes Aquilo
El Coloso de Dressrosa
17-02-2025, 04:17 AM
(Última modificación: 17-02-2025, 04:23 AM por Argestes Aquilo.)
LA FUGA
El viejo no recordaba mucho desde que había saltado con la silla y Godofredo por la ventana de su habitación en la residencia. La fortuna quiso que, en la caída, atravesara el toldo de la cochera, amortiguando el aterrizaje sobre un carro de madera que quedó hecho astillas. Gracias a que el cochero estaba más sordo que una tapia, no se percató del nuevo pasajero, tiró de la mula e inició la marcha.
Argestes, por supuesto, se había quedado dormido con la cabeza hacia atrás y el brazo colgando nada más acomodarse con la silla sobre el carromato. Godofredo, su fiel compañero y ya acostumbrado a tales salidas, se hizo un ovillo en su regazo, apartando algún que otro trozo de los restos de madera .
EL ALBINO
Lo siguiente que recordaba era despertarse tras resbalarse la silla de ruedas del carromato y recorrer doscientos metros cuesta abajo por la calle hasta estrellarse contra la puerta del Cuartel G-31. En su accidentada trayectoria, se llevó por delante a tres reclutas, que tuvieron la desgracia de estar mal situados en el espacio-tiempo. Más les habría valido haber hecho caso a las advertencias de Godofredo, que se había puesto a dos patas, bufando, y les había indicado con las patitas delanteras que se apartaran.
Ya dentro del hall del cuartel, las siguientes víctimas de la trambólica entrada fueron otros cinco marines, dos de ellos burócratas. Su sacrificio sirvió para que la silla perdiera la velocidad justa y se detuviera a escasos centímetros de un diablo albino de tres metros de altura.
Godofredo bajó del regazo de Argestes y, sin mediar palabra, se restregó contra las piernas de la formadora que acompañaba al diablo albino, no sin antes darle un cabezazo y empezar a ronronear.
— Señor Aquilo, le presento al suboficial Ares Brotoloigos —dijo la formadora Jela Morell—. Será su nuevo compañero.
El viejo Argestes analizó de arriba abajo al suboficial con una mirada afilada y de pocos amigos.
— No es comida —añadió, mirando a Ares y señalando con el índice de su única mano buena a Godofredo, antes de ponerse en marcha con la silla hacia el pasillo del fondo del cuartel y…
Quedarse dormido a los tres metros.
BADDO BACCHI
El viejo estaba perdido. A saber cuántas horas llevaba saliendo y entrando en las mismas tres salas del cuartel, quedándose dormido cada vez que iniciaba el ciclo y despertándose con un bollo o algo de comer que le traía Godofredo. Pero esta vez era diferente… quizás alguien se lo había encontrado y le había cambiado de sitio.
El alboroto de la habitación de al lado lo despertó, pegando un bote en la silla.
Inició la búsqueda del michino al no encontrarlo en su regazo, imaginándose que estaría en medio de la gresca.
Al cruzar la puerta, vio cómo el Godofredo saltaba hacia la suboficial Punk, intentando cazar un pequeño hilo que colgaba de la mochila que llevaba ella al hombro. El grito que pegó Eustass hizo que el pobre gato diera un brinco hacia atrás, bufara y corriera al regazo del viejo Argestes.
El viejo afiló la mirada, observando al grupo mientras lentamente acariciaba a Godofredo con la mano buena.
Se centró primero en Alaric, que estaba de cuclillas con la espalda dando contra el techo.
«Míralo ahí, más largo que un día sin pan, ¡percebes!. Este seguro que arruina a la Marina el día que le hagan el uniforme y la capa… Mil tormentas me caigan encima si el barco no se hunde cuando ponga un pie encima. Me recuerda a uno de esos dos gemelos… O eso decían ser, pero no se parecían ni en el blanco de los ojos. Menuda sombra daba el pequeño.»
Siguió con Arthur.
«¿De qué me suena esa cara? ¿Le debo dinero? No, no… con él fui de misión antes de jubilarme… ¿Cómo se llamaba... Alfredo... ... Arlond... Arturo ... ... ... Alistair? ¡Que se me quemen las velas si no tiene cara de Gus, Gus! Con un Gus hice la instrucción… diantres, qué mal le olían los pies.»
Le tocaba a Ares, también sufriendo la poca ergonomía de la arquitectura de la Marina, al tener que mantener el cuello ladeado para no darse con la cabeza en el techo.
«¿Y el lagarto este cómo se llamaba? ¿Algo de Hermes Papadopoulos? Gambas en ensalada… Entre este y el otro habrán subido la media de altura de la Marina, seguro. Esas escamas seguro que vienen bien para rallar queso, me lo tengo que apuntar.»
Finalmente, avanzó hacia Eustass.
«Esta muchacha… ¡diantres, qué escandalosa! Me recuerda a la Almirante aquella, la Guillermina. No paraba de gritar y dar órdenes todo el día, la demonio-oficial… Aún no sé cómo alguien tan pequeño podía tener unos pulmones tan grandes. Menos mal que ese volcán la dejó afónica… y calva.»
Ya a la altura de la suboficial, Argestes agarró su bastón y, con la aparente intención de ayudarla a levantarse…
— ¡BAJA ESA VOZ! —gritó el anciano antes de rematar con un bastonazo en la cabeza de Eustass. El viejo hizo aquel gesto de chuparse el labio y apretar las encías, como si estuviera saboreando un buen guiso que ya no existía en esta era de mocosos sin sazón
Tras lo cual se dio media vuelta y avanzó hacia Arthur, con la intención de saludarlo y…
Quedarse dormido antes de llegar, dando un tremendo ronquido que resonó por toda la habitación y el pasillo.
RESUMEN
Un poco de contexto para tapar el hueco de cómo ha ido a parar ahí y del primer encuentro con Ares. Y ya en lo que a respecta a este post... le ha hecho bonk en la cabeza a Eustass con el bastón tras mandarle bajar el volumen
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