Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue, hay un prometedor bardo tratando de forjarse una reputación. ¿Hasta dónde llegará?
[Común] [Pasado] Encuentros extraños [Priv. Key] - Invierno, Día 11, Año 722
Ubben Sangrenegra
Loki
Aquel bar sucio y oscuro, enclavado en los bajos fondos de Logue Town, no era más que una fachada para el negocio turbio que el bribón de ojos dorados había construido con el tiempo. Con la venia de Sorvolo, su presencia allí se mantenía sin sobresaltos, siempre y cuando no metiera las narices en los asuntos de Diente Oro. Esa era la única regla, y Ubben no tenía intención de quebrantarla.

La noche avanzaba lenta y agobiante, como siempre en ese rincón olvidado de la ciudad. Poco antes, el hijo de Heimdall le había enviado un aviso: alguien llegaría en busca de refugio. La idea no le hacía gracia al peliblanco, pero sabía que negarse no era una opción. Aquel muchacho tenía el poder de convertir su vida en un infierno con un simple chasquido de dedos, y Ubben no estaba en posición de desafiarlo… todavía.

El bar había cerrado hace rato, dejando en su interior solo a Ubben y Jeffry, el viejo dueño del lugar. Ambos compartían una jarra de cerveza en silencio, cómplices en el tipo de atrocidades que ese establecimiento albergaba a diario. La penumbra y el hedor a licor añejo impregnaban el aire, una combinación tan familiar como las sombras que cubrían los rincones del local.

El bribón, con su abrigo gris de detalles dorados y el tricornio que tanto lo caracterizaba, se entretenía lanzando agujas como si fueran dardos contra un cuadro maltrecho y perforado en la pared. Un pasatiempo sin propósito, más allá de afilar su puntería y matar el tiempo. El sonido metálico de las agujas clavándose en la madera apenas rompía la quietud del lugar, hasta que un golpe en la puerta irrumpió en el silencio.

Ubben alzó la mirada, exhalando con desgano antes de murmurar para sí mismo. —Supongo que será el invitado del otro chico…— Jeffry, con su habitual mal humor, se levantó sin prisa y deslizó el pequeño corredero de la puerta para inspeccionar al visitante. Su ceño se frunció de inmediato al encontrarse con una joven de cabellos oscuros al otro lado. Su tono, seco y antipático, no tardó en salir —¿Quién es?— El viejo esperó una respuesta antes de decidir si le concedía el paso. Fuera quien fuera, la noche prometía volverse extrañamente interesante.
#1
Key
Key
Key caminaba alegremente por las calles ya desiertas de Loguetown. Tarareaba en voz baja mientras jugaba a pisar algunos de los adoquines, dando saltos entre los que más llamaban su atención. Aquella había sido una noche estupenda. Tenía la tripa llena y había conocido a alguien realmente amable. No solo la había auxiliado, también le había dado un montón de consejos e incluso invitado a una deliciosa cena. Por si fuese poco, había tenido también la gentileza de indicarle un lugar donde poder refugiarse de aquella fría noche.

No le costó encontrar el lugar. Se desenvolvía bien moviéndose por las calles y las indicaciones habían sido muy claras. Se paró en la puerta y leyó el letrero. Había llegado a su destino. Con una enorme sonrisa y con total confianza, abrió aquella puerta. Los presentes pudieron observar a una hermosa joven vestida con una sudadera harapienta y que llevaba una piña en la mano. Su tono alegré al hablar desentonó fuertemente con el ambiente:

- ¡Buenas noches! Swain me ha dicho que podía pasar aquí la noche. ¡Muchas gracias!

Le ofreció inmediatamente la mano a quien se encontraba frente a ella a modo de saludo. Aquel hombre parecía tener un semblante serio y malhumorado. Se percató de la figura que había al fondo. Y como si no necesitase invitación alguna pasó por el lado de Jeffrey para aproximarse al otro hombre que había en la estancia. Él era ligeramente más bajo que ella y tenía una expresión en su rostro que no sabía leer del todo. Le agarró la mano sin esperar a que él hiciese el ademán de saludarla y la estrechó brevemente con delicadeza.

- Supongo que sois amigos, ¿no? - Dedujo por unos instantes en voz alta y soltó una pequeña y dulce risa. - Ts... Tsch.. ja ja ja. ¡Claro! ¿Sí no por qué me habría mandado aquí?

Alzó su mano izquierda hasta la altura de su cabeza mientras con la derecha se bajaba la capucha de la sudadera y sus largos cabellos caían. Y preguntó de forma cándida y amistosa:

- ¿Os apetece un poco de piña?
#2


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)