Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Común] [C-Presente] ¿Sabías que los Den Den pueden cantar Jingles? Yo tampoco | Priv. Asradi
Alistair
Mochuelo
El suspiro que siguió a las palabras de la sirena era inevitable, pero uno en el que se permitía descargar todas las emociones que encerraba con respecto al tema que trataban; era un ademán de alivio dentro de todo, uno muy necesario que hacía mucho más de lo que podía apreciarse a simple vista. Era una realidad inevitable la que indicaba la llegada de un día en el que, con sus espadas en mano, las únicas opciones que estarían a su disposición serían las de poner en una balanza la vida de sus seres cercanos contra el peso de sus propios valores. Y, llegado el momento, tendría que soltar a uno de los dos. Claro, la respuesta estaba más que escrita desde el primer momento, pero... No por ello hacía menos doloroso tener que cercenar una vida con sus propias manos. 

El sentir aquel beso tan cercano, casi maternal, sobre su frente fue algo que devolvió el color a su mundo en un momento, un gesto que muy fácilmente consiguió tocar su corazón y devolverle la claridad de mente que requería para una temática así. Había tocado un nervio importante, y el saber que para la sirena también se trataba de un gesto importante que no compartía con cualquiera lo hacía todavía mejor. Perdido en esta sensación maravillosa, una pequeña y débil risa escapó de entre sus labios y consiguió dibujarle una sonrisa poco perceptible en cada extremo de sus labios, sin llegar a completarse en el centro de esa parte corporal.

El gesto sonriente de la sirena no pasó desapercibido, el cual correspondió como pudo mientras que se dejaba envolver en la calidez de la bebida que recibió de las manos femeninas, dejando que su mirada reposara en la bebida mientras sus pensamientos se aclaraban uno a uno, permitiéndose meditar en silencio por un momento. Le resultaba tan curioso como agradable saber cuán esclarecedores eran sus momentos con Asradi, ayudándole a digerir algunas realidades que eran muy difíciles de tragar. Se sentía como si estuviese en familia, una palabra que valía el peso del lunarian en oro para el emplumado.

Miró el té, lo pensó dos, tres, y hasta cuatro veces... Soltó una bocanada de aire como si se preparase para lo peor, y de pronto, engulliría la totalidad del contenido en la taza de un solo, sonoro trago. Sus dedos se retorcerían un poco contra el material, muestra clara del esfuerzo consciente que requería para no dejar ir el recipiente y detenerse de beber el líquido a nada de su punto de ebullición. — ¡FUAAAAGH! ¡COMO ARDE! — Soltaría como pudiera con la lengua afuera, exhalando repetidas veces inmediatamente después en busca de liberar todo el aire caliente que se había acumulado en su boca y garganta. Una escena casi cómica en que, si la sirena achinaba bien los ojos, alcanzaría a ver una pequeñisima llamarada escapar de entre sus labios que muy pronto se apagaría en medio del aire.

Para los Lunarian que contaban con una resistencia innata al fuego, y sobre todo en el caso particular de Alistair que constantemente practicaba con éste, aquella bebida caliente había golpeado con mucha menos intensidad como podría ser el caso de otro, impidiendo por muy poco que acabase quemándose. Eso si, aún ardía como tres infiernos al contacto con el interior de su boca, empeorado por el hecho de haberlo bajado todo en un único momento. Un dolor que agradecía solo por su efecto esclarecedor, como una pequeña y muy necesaria bofetada para arrancarle a la vida nuevamente. Incluso una vivaz llama de esperanza necesitaba de carbón y unas gotas de agua para mantenerse fuerte. 

Empezó a abanicarse la boca, pero esta vez con su emblemática sonrisa dibujada nuevamente. — Tienes razón, definitivamente llegará el momento en que eso sucederá. — Mencionó en un tono cómico por tener la lengua afuera, apenas entendible y aún con pesares en su interior desentonando con su forma de hablar, pero cargando con una nueva claridad al respecto. — Pero igual que esta taza de té... Ese día, tendré que tragarme mi orgullo sin importar cuán doloroso, y defender todas las vidas que pueda. Haré lo mejor que pueda para que ninguna se pierda, pero si mi mejor intento no basta... Entonces asumiré que es una decisión que no estaba en mis manos. — Era una resolución algo apresurada, pero al menos por lo pronto, era lo mejor que podía pensar en cuanto a su predicamento. La respuesta en sí misma era simple: Cuando finalmente llegara ese día, tan solo podía seguir haciendo lo que siempre había hecho: Lo mejor de sí mismo, con cada gramo de su ser. 

Y todo lo que necesité para llegar a eso fue una buena taza de té caliente que no habría preparado por mi cuenta, y las palabras de una buena amiga. — Afirmó, sonriendo a la chica. Le daba merecido crédito en cuanto a su recuperación, y no era para menos; por muy rápido que se recuperara de tales situaciones, la presencia de la sirena había sido de increíble ayuda. Como había mencionado antes, para él Asradi era parte de su familia con la que no compartía sangre, y por quien haría tanto como pudiera dar de sí mismo.

Sobre su regazo caería una petición inesperada, a lo cual inclinó su cabeza hacia su hombro en señal de confusión. La mirada de la sirena hablaba mares de los rápidos pensamientos que pasaban tras sus ojos de océano, y señalaban la llegada de una idea que había capturado la atención femenina completamente. ¿Qué se traía entre manos? — Seguro, pero ¿a qué se debe? ¿Te han llamado la atención? — Palabras que dejó salir a la par que liberaba una de sus katanas de su funda, lentamente y cuidadoso de que su filo no llegase a hacerle daño a ella o a los objetos a su alrededor incluso si llegaba a tocarlo. Una vez el acero estuvo en completa libertad, la acercó en la dirección de ella, dejando que se la llevase tan pronto decidiera tomarla entre manos femeninas. 

La mirada intensa de la chica sobre la hoja parecía intentar hacerle agujeros al metal con solo sus poderes de observación, porque si no se trataba de eso, estaba completamente perdido en cuanto a porqué observaba con tanto esmero. ¿Tanto le había intrigado el diseño? Mira, que a él también le había gustado mucho el patrón de llamitas sobre la hoja, pero para que fuese tanto así... — Correcto, sí. Esa es la parte afilada que hace los cortes, solo para atacar. Mientras que su reverso sirve para defenderse y dar golpes, pero es poco efectivo para usarlo en el ataque sin tener mucho cuidado. Haría que la curvatura sirviera en contra, sin mencionar que probablemente haría que se partiera si la usaras demasiado.

O eso fue lo que su mente pensó por un segundo, hasta que Asra compartió sus intenciones abiertamente. Sus palabras le pusieron pensativo, sopesando la opción. Una katana que invertía su concepto, dificultando el concepto de matar por accidente. Fueron más que varios segundos los que dedicó en silencio a pensar exclusivamente, hasta que finalmente murmuró su respuesta. — ... Podría funcionar. — Ahora era él quien se dedicaba a hacerle agujeros a su propia hoja con la mirada. — Tendría que pasar el concepto a un artesano, porque mi conocimiento de armas no va tan a fondo. Pero... Refinándolo un poco, y con algo de ingenio, podría ser perfectamente posible. — Afirmó nuevamente, esta vez dejando escapar una pequeña risa de alegría de entre sus dientes. Una respuesta que estaba literalmente al alcance de sus manos, pero que nuevamente llegaba a él gracias a la intervención de la sirena. — ¡Podría ser un arma ideal para eliminar de en medio el concepto de acabar con la vida de alguien! — Sus palabras ganaban cada vez más volumen, y emoción de por medio, en cada vez más convencido de la posibilidad. 

Libre de lo que atormentaba sus pensamientos, y con el regalo de una idea que podía ser la solución a su problema, le fue imposible no echarse a reír de la alegría. Tanto así que incluso se mandó a por la sirena, abrazándola con fuerza sin siquiera pensar en que aún llevaba la hoja en sus manos, esperando inconscientemente que el acero solo cayese al suelo de manera inofensiva.
#21
Asradi
Völva
Mira que le había dicho que el té estaba todavía caliente. Pero como si le hubiese entrado por un oído y le hubiese salido por el otro. Los ojos de Asradi se abrieron de par en par y casi ella misma derrama su propio té caliente cuando vió como Alistair se bebía de golpe la bebida caliente, casi hirviendo.

¿¡Alistair!? — Tuvo que dejar su taza de lado, antes de que se le cayesepor accidente e incluso se inclinó hacia delante, preocupada por su compañero y amigo. — ¿Estás bien? ¿Por qué has hecho eso? — La sirena no era consciente y no sabía, en verdad, que los lunarian tenían cierta resistencia al fuego o al calor. Por lo que la expresión de la chica era de verdadera y sincera preocupación y confusión.

No recibió respuesta de inmediato y, por el contrario, hasta vió como una pequeña y graciosa llamita parecía haber brotado, por un par de segundos, de entre la boca abierta del lunarian. Pero lo que más le sorprendió, aparte de que parecía un poquito sofocado, era que Alistair parecía estar relativamente bien. Asradi se estaba conteniendo las ganas, y mucho, de revisarle el interior de la garganta para ver si se la había quemado. Es que eso tenía que doler, y mucho...

La sirena intercambió una mirada alternativa y rápida entr eel chico y la taza ya vacía. La taza y el lunarian. Parpadeó un par de veces y le miró con una clarísima confusión.

¿No... No te has quemado? — Temía que tuviese la garganta en carne viva pero, de ser así, no podría ni tan siquiera hablar bien o estar tan tranquilo como ahora se mostraba. Asradi le contempló durante un rato más, pero parecía que todo estaba en orden, así que decidió dejar la cosa en paz, aunque era verdad que todavía andaría con la mosca detrás de la oreja durante un rato.

Acto seguido, fue ella quien tomó su taza de té y sopló un par de veces para no quemarse ni la lengua ni la garganta y se atrevió a dar un par de sorbitos pequeños, con mucha cautela. Todavía estaba demasiado caliente para ella, pero era bebible parcialmente. Igual esperaría un poco más.

Eso también hizo que pudiese expresar su posterior idea sobre la hoja de la espada de Alistair después de que éste le comentase el miedo que tenia de matar a alguien por accidente. Era algo que, definitivamente, podía pasar. Lo que Asradi no se esperó fue que su idea fuese tan bien recibida por el lunarian. O, más bien, que pudiese ser viable.

¿Crees que se pueda hacer? — Preguntó de vuelta, viendo como era el chico quien, ahora, inspeccionaba el arma no solo con interés, sino tamben de manera crítica. — Yo no conozco, tampoco, a ningún artesano. Aunque, espera... No sé si Airgid... — Sabía que su amiga tenía maña con las armas. — Pregúntale a ella, quizás pueda ayudarte de alguna manera. — Asradi sonrió de forma esplendorosa.

Lo que no se esperó es que Alistair se hubiese emocionado tanto como para lanzarse así a por ella a darle un abrazo. La chica no se lo esperó y se terminó cayendo al suelo con él. Por fortuna, el té estaba en la mesita cercana y la espada había caído al suelo sin ofrecer ningún tipo de daño. Afortunadamente. Asradi se vió primero sorprendida, tirada en el suelo y con el lunarian medio encima de ella en aquel gesto cariñoso y cercano. Pero luego se echó a reír sin poder evitarlo. Le devolvió el gesto, e incluso le dió un par de palmaditas en la espalda.

Hmm... Suaves. — Musitó sin poder evitarlo cuando sus dedos rozaron, casi por curiosidad e inercia, las preciosas plumas oscuras. Le habían fascinado desde el primer día en el que le había visto las alas.
#22
Alistair
Mochuelo
La acción del mochuelo había sido tan rápida, con tan pocos pensamientos de por medio y guiada tan de cerca por sus instintos, que por su cabeza no consiguió llegar a pasar el punto de vista de la sirena en el momento en que sus manos arrastraron el recipiente hasta su boca y tragó de golpe el té hirviendo, el cual fácilmente podía malinterpretarse como un daño mucho peor que el que en realidad era. Sí, escocía un poco y pudo sentir la temperatura dentro de su boca elevarse de golpe, pero estaba muy lejos de ser la gravedad que un espectador podía interpretar al desconocer las ventajas innatas de los Lunarian en contra de situaciones así. Era inusual en él tener momentos en los que sus acciones solo se consideraban a sí mismo, pero los había; no era un ser perfectamente benevolente, sino tan solo un chico que hacía cuanto podía por mantenerse la mayor parte del tiempo posible pensando y actuando como haría un ser así. 

Era una situación que debía aclarar cuanto antes, pues no quería preocupar a Asra innecesariamente.

¿Y qué mejor manera que con una pequeña risa en medio de abanicarse la boca? Algo que Alistair hizo tan pronto tuvo la oportunidad, metiendo nuevamente la lengua dentro de su propia boca para hablar correctamente; aunque no era una pronunciación perfecta... ciertamente le resultaba mas fácil que hablar con una espada en la boca, como hacía cuando blandía sus tres filos al mismo tiempo en medio de un combate. Ni él mismo entendía como narices era que funcionaba eso, pero tampoco lo cuestionaba. — Descuida, estoy bien. Yo... Bueno, mi raza tiene una buena tolerancia al calor. — Y no era una exageración; estaba bastante seguro de que podía meter la mano en una llama viva y lograr sacarla totalmente intacta -aunque quizá con algún trozo de vestimenta ligeramente chamuscado-, producto de la resistencia flamígera de la raza con grandes alas negras. — Perdona por meterte ese susto, Asra. — Sin obsesionarse demasiado en la disculpa, entendía que la mejor forma de apaciguar la preocupación femenina era demostrar e insistir en su bienestar físico. 

¡No tengo la mas mínima idea de si será posible, no! — Contestó animado, aún con la alegría producto de la idea de espada claramente evidente en su tono y una respuesta que desentonaba completamente con su gesticulación. Su mirada fue un segundo al filo que sostenía la sirena. — A lo que me refiero es que... No estoy muy seguro de si sea posible, mucho menos algo óptimo. De lo poco que sé sobra forja de espada, entiendo que hay varios detalles los cuales desentonarían si inviertes el filo, y otras tantas que complicarían su fabricación y posterior durabilidad. — Eran detalles importantes a los cuales no les podía hacer el ciego. — Pero hemos sido capaz de imaginarla, ¿o no? Significa que ya hemos hecho el paso mas difícil, y que confiamos en el fondo que puede ser una realidad. Con eso tengo suficiente para perseguir esa idea hasta el final que corresponda. — No iba a dejar que unas cuantas negativas posibles fuesen el muro que le detuviera. — De acuerdo, intentaré conversar con Airgid tan pronto encuentre una oportunidad. Si ella sabe de cosas como ésta, será quien mas pueda aportar a si el arma en mente puede o no hacerse.

Las risas no se hicieron esperar cuando, luego del abrazo, ambos revolucionarios cayeran al suelo en un gesto que había pasado de ser una rareza a algo frecuente, dentro del margen de lo razonable. Incluso llegó a sacar una carcajada secundaria, inmediatamente siguiendo a la primera, cuando escuchó el comentario que la sirena hizo al tacto de las alas de ébano del lunarian. Era una reacción que no se cansaba de notar en cada ocasión.

Pasaron unos instantes en los que el emplumado disfrutó de la cercanía y de la frescura que emanaba el cuerpo femenino y que contrastaba con su propia temperatura corporal hasta que, finalmente, se viese obligado a regresar a la realidad; se levantó usando su propio cuerpo y una pequeña ayuda de un aletazo, ayudando a la sirena en el proceso con el agarre ya presente. Ya allí, un sonriente gesto renovado fue lo primero que recibió la mirada de Asra. — Gracias de nuevo por estar ahí, Asra. Realmente me ha ayudado mucho este momento. — Hizo una pausa de poco más de un segundo, dedicando una mirada de reojo al recipiente vacío del té. — Eso, y que el té ha estado bastante bueno. — Comentó, burlón pero no sarcástico. La verdad es que, dentro de lo poco que había conseguido saborear por apresurarse a tragarlo, había sido apetitoso. — Ya te lo he comentado antes, pero sabes que siempre puedes comentarme si necesitas el mismo tipo de ayuda para... Lo que sea, realmente. Me conoces, no pondré peros salvo ocasiones contadas con los dedos de una mano.

Con todo dicho, solo quedaba algo más que decir. — ¡Bueno! Ya que ha pasado el momento emocional, ¿te apetece volver a lo que estabamos antes? ¿O te gustaría hacer algo más? Porque en cuanto a los Den Den, al menos para una primera lección, diría que hemos cubierto lo necesario y el resto vendría a ser deberes opcionales para casa. — Bromeó. Aunque seguramente le preguntaría cuánto había practicado en un futuro encuentro luego de que éste finalizara.
#23
Asradi
Völva
Las risas se acrecentaron un poco en lo que ambos permanecieron ese pequeño, pero cómodo, momento en el suelo. Incluso Asradi se había aprovechado de ello para acariciar un poco, con las yemas de los dedos, las suaves plumas de las alas de Alistair. Se preguntaba cómo sería tener un pa de esas y surcar los cielos libremente. ¿Sería comparable a lo que ella sentía cuando nadaba en el mar, sorteando y aprovechando las corrientes marinas? Una sonrisa suave apareció en el rostro de la sirena al pensar en eso. También le alivió saber que buscaría a Airgid. No sabía si su amiga tendría el conocimiento o su campo de experticia se basase en eso. Pero seguro que más que ella misma sabría y, al menos, podría aconsejar mucho mejor al lunarian al respecto de sus armas. Al menos, la idea ya se había plantado.

Gracias. — Sonrió y aceptó la mano que el emplumado le tendió para ayudarle a levantarse. Cuando se irguió nuevamente, se recolocó un tanto el cabello con los dedos de una mano y se acomodó la parte superior de sus ropas, que se habían movido muy ligeramente con la caída. Luego de eso, le miró directamente a los ojos, todavía con esa bonita curvatura en los labios, mucho más animada. — No, Alistair, gracias a ti. Me has enseñado mucho no solo con el tema de los Den Den Mushi, sino que me has escuchado y aconsejado también. — No lo dijo en voz alta pero se refería, claramente, al tema de los Dragones Celestiales.

Le había apoyado sin reservas y Asradi valoraba eso enormemente.

La verdad es que, desde que había conocido a Alistair, la sirena había sentido una sensación de afinidad y hermandad que, poco a poco, había comenzado a forjarse en algo más intenso: confianza mutua. El lunarian, para ella, era una persona importante y esencial en su vida, a pesar de que el tiempo que habían pasado juntos había sido escaso y, a veces, no en los mejores momentos.

Me lo has comentado, sí. Y sabes que tú también puedes contar conmigo para lo que necesites, sin reserva alguna. De hecho... — Fue la misma sirena la que, ahora, buscó algo en lo que escribir. Un pequeño papelito en el que anotó el código de su Den Den Mushi. Si, el que habían estado intentando arreglar y dar mantenimiento desde hacía un rato ya. — Es mi número. Puedes llamarme cuando y para lo que necesites. Aunque sea solo para charlar del tiempo.

Asradi le sonrió con un deje de ternura, mientras le pasaba el papel en sí.

No solo eres mi compañero en la Armada, sino que eres como un hermano para mi, Alistair. — Eran palabras importantes que, generalmente, le costaba compartir. No porque no lo sintiese, sino porque se había vuelto bastante desconfiada y no quería que le hiciesen más daño al respecto.

Finalmente, aceptó también de buen grado el cambio de tema. Se habían puesto bastante sentimentales, y eso también le hizo gracia de manera parcial. Pero al menos ambos habían aprendido algo y se habían abierto un poco más el uno con el otro. Era otro pequeño paso para ellos.

Me gustaría continuar aprendiendo un poco más sobre los Den Den Mushi. Si a ti te parece bien, claro. — Se estaba aprovechando un poquito, quizás, de que veía a Alistair tan dispuesto a ello. De hecho, una infantil y más que curiosa pregunta le andaba rondando a la pelinegra, en la cabeza, desde hacía un buen rato.

Miró al emplumado durante un par de veces, casi como si estuviese dudando de expresar aquel pensamiento con palabras. Pero, al final, la curiosidad era mucho más fuerte que ella.

¿Se le puede cambiar el tono de llamada a los Den Den Mushi? — La mirada de la sirena era como la de una niña curiosa. — Ponerle... No sé... ¿Algún tipo de melodía u otra cosa?

Vale, ya lo había dicho.
#24
Alistair
Mochuelo
La sirena no tardó en regresarle el agradecimiento que el emplumado le había dedicado, algo que en un inicio le consiguió sacar un pequeño sonido de alegría y risa mezclada en uno solo. Había sido una mala idea regresarle tales palabras, porque... — ¡Nada, nada! Gracias a ti por ayudarme a llegar a una resolución de esta... ¿niebla mental? No es un tema fácil del cual hablar, pero ha ayudado infinitamente tener cercano el oído de una persona dispuesta a escuchar. — ...podía empezar un ping-pong donde las palabras de agradecimiento fueran de ida y vuelta, y podía tener por seguro que el remate de regreso de la sirena sería contestado nuevamente por Alistair con más agradecimientos. No le dejaría ir de ese hilo de conversación sin estar seguro de que recibía sus gracias. 

Sabía de corazón que contaba con la sirena en los momentos de necesidad y sin reserva, pero incluso con ese pensamiento férreo en su mente, no eliminaba el maravilloso sentimiento de escucharlo de primera mano de los labios femeninos. Reafirmaciones como esa le producían un agradable calor en el pecho, una emoción de comodidad y paz que tenía comparación con muy pocas cosas en este mundo tan fracturado y propenso a la violencia. 

A la grata sorpresa se sumó recibir una pequeña hoja con anotaciones por encima que, aunque quizá con unos momentos de dedicarle su atención podría haber descifrado el propósito, la pronta aclaración de Asra ayudó a esclarecer la intención mucho antes de lo que Alistair necesitó intentar procesarlo. La mirada se le iluminó, inocente, mientras que su gesto se acompañó de una sonrisa de un tamaño inusual incluso para el emplumado; sobraba decir la alegría que le producía tal gesto dirigido hacia él. — ¡¿De verdad?! ¡Gracias, Asra! — Tal exceso de energía se expresaba en su cuerpo, incapaz de quedarse quieto en su sitio siquiera por un instante, y seguramente se habría arrojado a abrazar fuerte a la chica por segunda vez en el día si no fuese porque recientemente ya lo había hecho, seguido de haber caído al suelo junto a ella. Todo ello seguido por palabras que calaron profundo en su corazón, dándole un pequeño vuelco cuando escuchó esa palabra sagrada para él: "Hermano". Decir que estaba volando en su mente era quedarse corto con la sensación real, pero en su hiperactivo silencio verbal, se permitía apreciar inmensamente cada una de ellas sin contenerse. ¿Qué mas podía pedir que tal cercanía con alguien tan especial?

Tras toda esa oleada de emociones, la conversación acabó de recorrer el ciclo y regresar a donde todo había iniciado: El montaje de los Den Den Mushi. La sirena anunció su deseo de querer continuar con la lección, algo que el emplumado recibió con una sonrisa en su rostro; ¿qué toma de provecho podía haber si el propio lunarian estaba más que encantado de enseñar sobre el tema? 

Una pregunta inusual llegó a sus oídos, una que... Francamente, en toda su vida no había considerado con la suficiente seriedad como para otorgar una respuesta o conclusión inmediata. — ¿Cambiarle el tono? — Inclinó su cabeza hacia su hombro un poco y se cruzó de brazos, exteriorizando con su cuerpo el vacío de conocimiento que acababa de obviar en una sola pregunta. — Pues veamos... Técnicamente hablando, debería ser posible. Aunque nunca se me pasó por la cabeza hacerlo, así que... — Se perdió nuevamente entre su torrente de ideas, ahora incluyendo su mano sobre su mentón como si lo sujetase, dubitando. Incluso empezó a murmurar cosas en el proceso, palabras que dedicaba a sí mismo con la intención de filtrar pensamientos y que ayudaba a la síntesis final del conocimiento. — ... Debería ser posible. — Afirmó, ahora si dirigiéndose a la sirena. 

El primer método sería enseñando al caracol a modificar el tono de llamada por sí mismo. Al final no es más que ellos verbalizando un sonido recibido en otra forma física. Pero tardaría días o semanas, y no contamos con tanto tiempo para una lección. La otra opción sería un poco mas delicada, pero... Si trucamos un poco su cableado interno, debería modificar la onda que recibe el molusco y hacer que produzca otro sonido. Lo cual, al menos en papel, debería surtir efecto inmediatamente. — O dejarlo ronco de narices, pero en la ciencia tenías que romperle los huevos a... No, ¿cómo iba el dicho? ¿Algo de omelettes, era?

En medio de todo, una idea vino al lunarian... Una quizá demasiado caótica. — Puede ser un poco pronto, pero... ¿Te apetece hacer un pequeño experimento colaborativo con el Den Den Mushi? — Mencionó, con una sonrisa que distaba de su expresión sonriente usual: Mucho mas inquisitiva, y quizá un poco... "maliciosa" no era exactamente la palabra, sino traviesa. Como un niño abriendo un juguete por primera vez para saber cómo iba por dentro, pero a una escala bastante mas técnica. 

Intentaremos probar si es posible cambiarle el tono a un Den Den sin repercusiones. — Propuso, riendo a juego con su expresión. Dentro de todo, su expresión se veía cómicamente caricaturesca, a juego con el contraste sobre su personalidad de siempre. — Esta vez no solo estaré presente y supervisando, sino que también ayudaré a hacer todos los procedimientos. Solo debemos coordinarnos y ser cuidadosos. ¿Te parece bien? — Extendió su mano, buscando una formalización de su propuesta. ¿Qué diría la sirena?
#25
Asradi
Völva
La mirada de Asradi parecía, literalmente, la de una niña pequeña que acababa de preguntar si podía ir a curiosear por el lecho de barcos hundidos. Lo normal en una sirena de edad infantil. Una mirada que pareció iluminarse cuando Alistair pareció compartir su idea o, al menos, su inocente curiosidad e ilusión. La sonrisa de la pelinegra no tardó en aparecer, de oreja a oreja, y con una risita incluso adorable. Una que no ocultó, sobre todo, al ver como Alistair permanecía pensativo, sopsando la duda que Asradi le había hecho de manera abierta.

Quizás había sido una tontería, o algo simplón, pero tenía mucha curiosidad al respecto. Y no solo eso, sino el hecho de que esa misma pregunta le generaba muchas más dudas, muchas más preguntas en el caso de que funcionase. No quería estallar al pobre lunarian a base de cuestiones todavía, así que de momento decidió contenerse. Paso a paso, como solía decir su abuela. El recordarla le hizo esbozar una sonrisa un poco más suave, más nostálgica.

Asradi se acomodó un poco más al lado de Alistair quien, ahora, le iba explicando las posibilidades que tenían. Al menos, para ir probando. No entendía la primera, no del todo. ¿Cómo se le podía enseñar a modificar el tono por sí mismo? ¿Como cuando se le enseña a un niño a hablar? La sirena se quedó ligeramente pensativa al respecto. Ese no era un mal método y, según entendía, no era nada dañino. Pero era lo que decía el lunarian: requería tiempo. Y eso era algo que, ahora mismo y , por desgracia, ellos no disponían.

Es un poco complicado, sobre todo si tarda tanto... — Murmuró, tras luego soltar un suspiro posterior, un poco frustrada. Desangelada más bien.

¿No habría alguna otra forma? O quizás es que, directamente, quizás no la había.

La pelinegra se mantuvo pensativa, ideando e ideando, dejando que su cabecita elucubrase maneras. Quizás si ella misma se pusiese a cantar, el caracol comenzase a hacer lo mismo pero por imitación. Era una buena idea. ¿Cuál era el “pero”? Lo que ya Alistair había mencionado. Que no tenían tanto tiempo, aunque era algo que ella también tendría en cuenta.

Luego, el emplumado mencionó que había una probable segunda opción, a lo que la chica le miró con cierta ilusión y curiosidad. ¿Era viable, entonces? Más delicado, eso era lo que estaba entendiendo. Asradi se mordisqueó varias veces, pensativa, el labio inferior.

Lo de la onda lo entendía parcialmente. Para ella era como si fuesen ondas sonoras que el molusco captaría. Pero no entendía como podría hacerlo a través del cableado. Por supuesto, le había dado mantenimiento al Den Den Mushi, pero no era ni una simple experta en ello. Y lo había hecho en varias intentonas y siempre con la supervisión y ayuda de Alistair.

La mirada de ella permanecía en el aparato. Incluso de vez en cuando fruncía el ceño en una expresión pensativa, señal de que se estaba esforzando en intentar sacar una idea. Pero pronto soltó un suspiro frustrado.

No se me ocurre cómo. Además... — Pero cualquier intento de continuar con esa frase fue interrumpido por una aparente idea de su camarada y hermano postizo. Asradi le miró y pronto volvió a sonreír. — ¡Claro! Tú dime lo que tengo que hacer. — Parecía realmente entusiasmada y con ganas de aprender algo nuevo.

Y, por supuesto, de experimentar.
#26
Alistair
Mochuelo
Era una locura, y no le costaba en lo mas mínimo admitirlo, pues no dejaba de ser un plan tan improvisado como descabellado. Después de todo, lo que estaban haciendo era toquetear y modificar los componentes electrónicos que complementaban las capacidades de comunicación de un ser vivo para que la información recibida de camino se modificase para ajustarse a lo que ellos quisieran. En esencia, estaban borrando una metafórica formula matemática en un tablero para reemplazar sus contenidos con teorías y supuestos.

Hasta donde sabía, eran los primeros en intentar una "operación" de ese estilo, así que tenían poca a nada de guía en cuanto a cómo proceder. Pero, ¿de cuando aquí considerarse imposible había sido un impedimento para cualquiera de los dos? Solo tenían que compensar los espacios faltantes del teorema con mucha creatividad. 

La sonrisa de Alistair se ensanchó considerablemente cuando recibió una respuesta de Asra, quien mostraba no solo aprobarla sino exhibía un precioso entusiasmo al respecto. Le era imposible evitar sacar una pequeña carcajada de satisfacción entre dientes, alegre de escuchar el visto bueno. Incluso si la historia no lo sabía nunca, hoy harían un experimento que permitiría una nueva función de los Den Den Mushi... O más probablemente les daría el calambrazo de su vida, pero intentaría llevárselo él primero para salvarle a la sirena la mayor parte; era lo menos que podía hacer por enredarle en sus impulsivas decisiones. 

¡Perfecto entonces! Te explicaré un poco de lo que haremos, va a ser bastante importante estar completamente sincronizados en cuanto a los pasos a hacer si queremos que todo salga lo mejor posible. — Los ojos del lunarian ahora se dirigieron al libro que había regalado a la sirena, el cual serviría como una referencia perfecta sin necesidad de diseccionar al pobre molusco mucho antes del tiempo correcto. — ¿Me lo permites un segundo? Y puede que necesite dibujar un poco sobre las ilustraciones, pero te prometo que lo regresaré como nuevo para cuando esté de vuelta en tus manos. — Pidió, y si la sirena aceptaba su petición, ahora usaría el material de lectura como haría un doctor con una ilustración anatómica de un cuerpo. El emplumado tomó un lápiz, abrió en la sección que contenía las imágenes correctas y se colocó de tal manera que la sirena pudiese tener una vista ininterrumpida de todas las anotaciones realizadas por Alistair y las imagenes que mostraban el interior electrónico y anatómico del caracol. En un parpadeo, empezó a dibujar sobre éste lo que necesitara. 

La punta de su lapiz primero fue a una zona cercana a la parte baja y trasera de la concha, sobre dos piezas metálicas que destacaban poco pero eran sumamente importantes para el funcionamiento del Den Den Mushi. — Mira, aquí y aquí. Estas son las piezas que se encargan de regular las descargas que envía el receptor. Por ponerlo simple: Son lo que sigue inmediatamente después a lo que recibe la llamada, y que se encargan de decirle al caracol lo que debe decir. Vamos a cortar un trozo pequeño de cobre en el cable de la izquierda, y ponerlo en el de la derecha para extenderlo. Como se modificará la resistencia en ambos lados, en teoría debería modificar el tono y duración... Debería. — Lo último no iba con la mayor confianza disponible, y es que... Todo lo que había dicho era sumamente experimental. Dio una pausa de un momento, algo necesario para permitir que la sirena pudiera digerir toda la información arrojada; era bastante para una persona cuya primera experiencia no completaba ni una hora de antigüedad. Esto, a su vez, le permitió al lunarian valiosos instantes para pensar cómo continuar la explicación sin sobrecomplicarla. Cuando ambos estuvieran listos, continuaría. — Si todo sale bien, debería darnos un resultado apreciable con el cual continuaremos experimentando. Con eso nos acercaremos poco a poco al resultado deseado, o al menos a uno que podamos pasar como aceptable.

La mirada del emplumado ahora estaba clavada en las ilustraciones, pensativo. Esta vez no observaba la electrónica que cargaba el caracol, sino su anatomía natural. Por la zona que iban a pasar... "Tener cuidado" era una palabra que se quedaba corta. Por muy poco, pero veía necesario avisarlo de antemano. — Una pequeña advertencia antes de que empecemos... Cerca de donde tocaremos pasa cerca de un lugar sensible para el Den Den Mushi. Y como seguramente habrá una chispa en medio, es perfectamente normal que le veas un poco incómodo o que se agite de repente. Tanto como me gustaría afirmarte lo contrario... La única manera de llegar hasta ese sitio y hacer las modificaciones necesarias es incomodar un poco al pequeño. Nada grave, por supuesto. Será como si le pellizcaran suavecito en una mejilla, o como si le entraran ganas de rascarse sin poder saciar el impulso. — Eran analogías un poco... brutas, pero no daba con una forma eficiente de expresar la estimulación eléctrica directa al nervio que podía resultar. — Si estás de acuerdo con seguir, teniendo en mente todo lo anterior, lo primero será ponerse unos guantes por protección de ambos. Luego podemos abrir con cuidado al pequeño y ponernos a la tarea. Yo me encargo de lo primero, y ya te iré indicando lo que debes hacer en cada momento, ¿de acuerdo? — Ofreció, intentando quitarle una carga de los hombros a la sirena. Sabía que, si era quien le indicaba qué hacer a detalle, no tendría que cargar con la presión de decidir por sí sola cómo continuar en medio de un procedimiento completamente desconocido.
#27
Asradi
Völva
Había algo en esa sonrisa de pillín que se le había dibujado a Alistair que hizo que Asradi “temiese” y se emocionase a partes iguales. La energía del lunarian era totalmente contagiosa para ella y solía pegarle algunas manías. Más que manías, lograba soltarse, relajarse. Sacar su lado más travieso cuando, de forma general, siempre estaba intentando velar por todo el mundo, aunque pudiese ser la más débil físicamente con respecto al resto del grupo. Se preocupaba por su gente, eso era innegable. Asradi asintió ligeramente, pero con firmeza, cuando Alistair comenzó a explicarle. El pobre caracolófono ahora estaba en buenas manos, sí, pero no sabía lo que le esperaba. De todas manears, ella confiaba en que el animalito no saldría dañado de ninguna manera. Quizás estaría un poco incómodo, tal y como su amigo le explicaba, pero esperaba que nada más allá de eso sucediese. La sirena confiaba ciegamente en Alistair, sí. Pero ahora mismo los dos estaban experimentando.

Claro, ten. — Le dió permiso no solo para el Den Den Mushi, sino que también aprovechó para entregarle el libro que el mismo Alistair le había regalado a ella. Asradi negó suave con la cabeza, en un gesto de que no se preocupase cuando el varón alado manifestó que quizás lo tuviese que re-escribir un poco por encima, o añadirle algunos detalles a mayores.

Luego de eso, Alistair le enseñó las piezas y las partes importantes, las que ahora les interesaban, y los ojos azules de ella se posaron de inmediato en dicha zona, inspeccionando y tratando de entender y memorizar el proceso según se le iba siendo explicado. En teoría no parecía muy complicado. En teoría, claro. Notó como, con algunos roces o movimientos de los dedos del lunarian, el caracol se estremecía. No con dolor, pero sí algo incómodo. Como si le estuviesen haciendo algún tipo de cosquillitas o algo similar. Luego le daría una buena recompensa. Porque esperaba que el pobre bicho saliese vivo de ahí o, al menos, mayoritariamente intacto. Confiaba en Alistair, claro. Pero un experimento seguía siendo un experimento.

Debería... — Repitió, mas no pudo evitar sonreír de manera suave y un poquito divertida por el tono que Alistair había empleado. Definitivamente, eran un poco peligro ellos dos cuando se juntaban.

Era algo así como cuando Ubben la “secuestraba” para irse de fiesta o para dar un paseo. Siempre pasaban cosas. Buenas o malas, pero divertidas al menos.

Mientras, en un momento dado, Alistair parecía enfrascado en las ilustraciones, Asradi aprovechó para acariciar la cabecita del caracol con un par de dedos, mientras ahora mismo era ella quien inspeccionaba, de manera más directa, todo lo que el emplumado le había explicado hasta ahora. Mientras lo hacía, continuaba asintiendo un par dee veces a las palabras contrarias.

Tendremos cuidado. Estoy convencida de que todo saldrá bien. — Luego, miró de reojo al rubio. — ¿Tienes tú los guantes? No suelo llevar cosas de esas encima, la verdad. — Porque nunca le habían hecho falta.

Tras eso, asintió.

Intentaré ser una buena alumna, no te preocupes. — No tenía intención de salirse fuera del cazo, como quien decía, y que se armase otro intento de explosión.
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