¿Sabías que…?
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[Aventura] [A - T2] El primer escalón.
Byron
Que me lo otorguen
Un giro más del engranaje, haciendo un ruido sutil con su movimiento, más resonaba hasta en los escondites recónditos de la mente del joven Solarian. El girar de este mecanismo activaba con recelo lo que parecía ser una pesada puerta de tosco metal en las tinieblas, situada justo a su frente, dejando entrar una cegadora luz con el separar de estas. La poderosa luz hacía imposible para el capitán vislumbrar que era lo que se encontraba al otro lado, más algo en esa iluminadora escena, llamaba con fuerza al joven destinado a la gloria y grandeza. Pestañeó un par de veces antes de adentrarse, para que los preciosos ojos que portaba se acostumbrasen a tan cálida luz, y sin dudar, sin remordimiento, y convencido del camino que debía recorrer dio un paso firme hacia el frente, adentrándose lentamente a las profundidades de aquel lugar que su mente dibujaba según sus deseos eran cumplidos.

Dejando los páramos más profundos de su mente de lado, allí se encontraba, frente a la abundante cantidad de monedas, todas y cada una de ellas apilada con delicadeza, formando estructuras de resplandeciente color dorado. Todo estaba en orden, no faltaba ni una miserable moneda, podría decirse que, era abrumante tal cantidad de dinero junto, a pesar de que aquella cuantiosa cantidad no era lo que impulsaba los actos del joven de pelo violeta.

Quizás nadie en su sano juicio se jugase el cuello por los motivos que el muchacho lo había hecho. Muchos verían aquel "tesoro" como el objetivo final, el verdadero pastel, el premio que todos ansiaban disfrutar, pero no para él. A pesar de su fachada maravillada por el reluciente metal, no podía importarle menos, él buscaba el reconocimiento, que todo el mundo conociese su nombre, que cualquiera que pisase el mar del este tuviese en su saber que Byron Nikkei era quien había atrapado a uno de los criminales más buscados de este mar. El que había acabado con los sueños del pez gordo, había sido un pez más grande que esperó su oportunidad en las profundidades, el momento oportuno para emerger y poner el mundo patas arriba acabando con en que, hasta ese momento, lideraba el ranking. El verdadero rey de este mar, había entrado por la puerta grande.

La satisfacción de este hecho se reflejaba de forma palpable en su forma de mirar, haciendo más creíble su interpretación a llenarse de este sentimiento mientras volvía a introducir las monedas en su cofre de madera gastada. Y con esa mirada, con un significado oculto, miró a McKlein el cual le dirigía la palabra para terminar de formalizar el acuerdo, y le asintió con una tierna sonrisa para finalmente contestar.

- Si volvemos a encontrarnos con un tipo así, no dudes de que acabaremos con su viaje y os lo traeremos para que lo metáis entre rejas.- Se levantó, con el cofre cerrado a sus pies. - Hay que mantener los mares seguros, mientras estemos viajando, no dejaremos que campen a sus anchas. - Finalizó.

Tras este darle la espalda y volver a sus quehaceres, Byron le apartó la mirada, y se cargó el pesado cofre al hombro, trastabillando un poco y haciendo unos cuantos movimientos para estabilizarse. Después, justo antes de comenzar la marcha de regreso, escuchó al alférez dirigirse a él, lo miró, y le alzó el puño en señal de respeto, para que este le chocase.

- Tranquilo, este dinero es tanto mío como suyo hiehiehie.- Rio.- Y no te preocupes, que invitamos nosotros a ese brindis. Por cierto Gavyn, carga tu mi espada, que bastante tengo con esto hiehiehie.- Dijo esperando para marcharse.

COSAS DE INTERÉS
#31
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
Pasé moneda por moneda con placidez, ya que teníamos todo el tiempo del mundo para hacer el conteo de cada berry que nos habían entregado, entonces aprovecharía para tomarme mi tiempo y realizar la tarea con el cuidado que requería; a pesar de que me parecía una pérdida de tiempo hacerlo a mano, la idea de que los marines estaban esto como método de tortura para sacarle información a los suyos seguía en pie, si algo me había enseñado la vida es que las personas mienten, especialmente aquellas que dicen ser intachables, así que muy probablemente había, en la parte más oscura de la tesorería de esta base, un montón de reclutas esclavizados, contando berry a berry los sueldos de los marines como medida disciplinaria que se les imparte a algunos marines. Sabía que no era así… Posiblemente ¿Probablemente? Bundy parecía muy firme en sus palabras, pero imaginarme que era así lo hacía más divertido.

Mis labios se crisparon ligeramente hacia arriba mientras pasaba las monedas con una cadencia mucho más rápida ahora que me había acostumbrado al método… Conservador. Era realmente curioso, considerando que algunos de los marines parecían tener una perspectiva algo divergente, incluso simpatizante respecto a aspectos que aquellos que estaban más cerca de lo tradicional no aprobarían, pero supuse que podían coexistir en paz, un lindo concepto realmente, como esas cajitas de cristal con grabados intrincados que se usan para guardar caramelos o joyas. Me encantaban ese tipo de cajas, las había usado como macetas en una ocasión, pero eran algo inútiles para mantener una planta en su lugar, tan pronto como caían al suelo se destruían rápida y fácilmente, por lo que sólo había conservado una, como decoración.

Volví mis ojos hacia Anko, escuchando la explicación que estaba dando, asentí lentamente, procesando las palabras de la sargento, entonces dentro de la marina las perspectivas eran disonantes, diferentes, no lo había pensado, después de todo eran militares, se los entrenaba para seguir órdenes, no para seguir sus propios valores, pero supuse que había una diferencia entre lo que la sargento estaba mencionando y lo que su compañero estaba diciendo. Las piscinas de oro que eran mis ojos se deslizaron entre los dos marines, reflexionando detenidamente el trasfondo y significado de las cosas. Ah, ya entendía que es lo que me estaba perdiendo en el camino. Giré una moneda en mis dedos, una de las últimas, los montones se estaban haciendo cada vez más grandes, lo suficiente como para albergar noventa millones de berrys, quedaban cuatro más quizás.

. – Ya entiendo… Entonces no te has encontrado con ningún revolucionarios Anko, eso explica la duda entre los dos. Y que tu compañero probablemente sí lo hizo, vio cómo ponían en práctica su tipo de justicia y le pareció correcto, por eso se ve así de convencido. –Asentí con convicción antes de chasquear los dedos, habiendo llegado a una conclusión parcial– Pero es más una teoría, pienso que es más fácil discernir que algo es polifacético si te encuentras con una perspectiva nueva frente a frente y la aprendes investigándola de cerca en un período de tiempo considerable. Eso explicaría la disposición por el sacrificio. El aprendizaje también es algo que me genera bastante curiosidad.

La risa del marine más alto llenó el lugar abierto, los escuché intercambiar palabra mientras acababa con lo que quedaban de los berrys con la ayuda del capitán. Me puse de pie, sacudiendo mis pantalones por delante y detrás, antes de limpiarme las manos, aunque tenía los guantes encima de la piel, entonces algo en ellos atrajo mi atención: Polvo de oro. Bueno, sería útil para comprobar lo que requería, si frotaba algunas monedas quizás podría experimentar con el oro. Froté mis dedos viendo como el vacuo polvo se deslizaba hacia el suelo en una pequeña nubecita dorada. Sacudí el polvo de los guantes antes de pasarme los dedos por entre las plumas para asegurarme de que estaban todas allí. El chasqueo de unos dedos atrajo mi atención nuevamente, mis pupilas se contrajeron al ver a Anko señalarme mientras me invitaba a tomar algo al anochecer, en su hora de salida.

Esbocé una sonrisa amena al ver la emoción de la sargento por la idea de salir a beber– No tengo prisa alguna, te esperaré en la salida de la base para tomar y comer algo.

Presté mi ayuda al capitán para volver a introducir las monedas en el cofre seguro, me habría gustado tener una pala, así podía decir que la había levantado, literalmente, en pala. Resople ligeramente, dejando que la tapa del cofre caiga con un suave sonido y lo cerré, cuidando que no pudiera abrirse en el camino. Esperé que el capitán termine de formalizar y cerrar el trato con el viejo tesorero de la base. Dirigí un asentimiento hacia el hombre mientras Nikkei cargaba el cofre en su hombro, acomodando las alas en mi espalda, el sonido de las plumas rozando entre sí era algo melifluo. Esperé que Byron inicie la marcha y miré al alférez con una sonrisa desenfadada.

. – Exacto, es compartido. –Reí entre dientes– Podemos sacrificar unos treinta para ese brindis, creo que será suficiente. –Sugiero, pensativo, luego asiento a Nikkei– Tendrían que ser de plata.

Me adelanto para pedir la espada del capitán a los guardias que la tenían cautiva en sus nerviosas manos, iniciando la marcha hacia la salida de la base.
#32
Gautama D. Lovecraft
El Ascendido
Finalmente, el trato quedó zanjado con los piratas de mierda que en cuanto los pille los entro al trullo apuestos y honrados tipos que entregaron a la sabandija de Muzen. Los días para este último habían acabado y pasaría el resto de los mismos entre los barrotes de la base o incluso de alguna de peor reputación. Aunque eran múltiples las amenazas que el East Blue aún guardaba, al menos saber que una de ellas ya no atormentaría a quienes se cruzasen en su camino era un leve alivio entre tanto salvajismo delictivo.

El encuentro acabó con un inesperado brindis como motivo de celebración de ambas partes, guardando incluso entre las mismas un vínculo que parecía tener buena sinergia de manera aparente, ¿lograrían los mismos marines convencer a esos jóvenes de recalar en las filas de la marina?, parecían bastante liberados y querer no estar bajo órdenes de ningún superior, pero sin duda alguna, si habían podido capturar a un criminal de tales dimensiones, su aporte a la marine sería muy bienvenido, pues las fuerzas del orden siempre disponían de recursos suficientes como para intentar mitigar todo mal, no obstante toda ayuda era bien recibida.

Las despedidas no tardarían mucho en llegar y los jóvenes saldrían del G-23 con su jugosa recompensa, y los ilustrados marines de la puerta se despedirían para volver a su labor, su turno aún no había acabado. La base ahora debía de levantar una cauta vigilancia ante un posible asalto por parte de posibles aliados de Muzen, pues entraba dentro del protocolo de La Marine, que este tipo de malhechores contaban con múltiples contactos que podrían venir a rescatarlo. Por ello, su internamiento y aislamiento debería de ser de una rigurosa vigilancia hasta acomodarlo como es debido en el lugar que le corresponda.

El sistema de wanteds parecía dar estos resultados y La Marina, se beneficiaba de este tipo de acciones por parte de cazarrecompensas como Byron y sus compañeros, su contribución a la causa en la lucha contra la piratería limpiaba mares, costas e islas de todos los indeseables que campan a sus anchas a lo largo y ancho de este basto mundo, por ello, era de agradecer todos sus esfuerzos. ¿Volverían a verlos en una siguiente ocasión?, solo el destino lo sabría.

cierre
#33
Byron
Que me lo otorguen
No podía quejarse, con el hombro cargado de ese gran botín, esa era la idea que más se repetía en la mente del capitán. El revuelto cielo, que parecía un mal presagio, no quedó más como un anecdótico día nublado, y aunque en un inicio, parecía que acompañaba al malestar general del alarmado cuerpo de la marina, todos y cada uno de ellos resultaron ser personas razonables sin poner ningún impedimento a la labor que él y sus compañeros querían llevar a cabo.

Con un alegre semblante, Byron se aseguraba de colocar y recolocar el pesado cofre de madera, caminando lentamente y sin trastabillar pues no quería que en un descuido aquel tesoro se le saliese de control y acabase estampado contra el suelo, pues, aunque el dinero no era su objetivo principal, nunca había que hacer mala cara a un bien de tanta necesidad.

Así pues, con paso seguro, escuchó a Gavyn hablar a sus espaldas, para él, aquella anodina visita había terminado, pero para su emplumado amigo aún tenía tareas que cumplir, aunque esas tareas se resumiesen en cogerse una buena cogorza con viejos y nuevos conocidos. Ante esto, el joven paró el paso, miró al alado con la ceja arqueada, treinta millones de berries para tomarse unas copas era demasiado dinero, quería gastarse un tercio de lo recaudado en emborracharse él y los marines. Cambio el gesto, mientras carraspeaba la garganta, para aclarar la voz, y contestarle de una forma elocuente, respetuosa, y sobre todo, directa.

- Ejem, creo que no es conveniente que te gastes un tercio del botín en irte de parranda, toma un puñado de monedas, con eso tiene que ser suficiente... - Dijo sacando un puñado de estas con una de sus manos, y acercándose a Gavyn para colocarlo en sus manos.- Aunque me gustaría saber si serías capaz de gastar treinta millones en una noche, creo que es algo imposible de hecho, hiehiehie.- Rio, para después seguir con sus palabras.- Por cierto, creo que mejor paso, dejaré el dinero en el barco para que los chicos vayan haciendo números, y yo iré al Faro de Rostock, me gustaría despedirme, la última vez no lo hice y me fui con una sensación amarga, quien sabe cuando volveremos a nuestra ciudad de inicio, así que, ver una última vez la puesta de sol desde el acantilado del faro... Me parece una bonita forma de decirle adiós, pasadlo bien señores.- Dijo volviendo a colocarse bien el cofre en el hombro. - Cuídame la espada hiehiehie.

Así, despidiéndose de los presentes alzando el brazo mientras caminaba, se marchó de la escena para volver al barco, y posteriormente, marcharse a dar su último adiós a la isla que vio nacer a los Hizashi.

Resumen
#34
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
Al llegar con los guardias que tenían la espada del capitán en sus nerviosas manos, esbocé una sonrisa amena y pedí el arma, que me fue entregada rápidamente, solo entonces regresé con Nikkei para continuar caminando a su lado hacia la salida mientras cargaba el cofre en su hombro. Me alegraba por fin salir de la base, era todo demasiado formal y vinculante para mi gusto, después de todo las aves no están hechas para vivir en una jaula hecha de barrotes de oro, prefería la vida en altamar, detenerme a veces en algunas islas para disfrutar de la vida pacífica en ellas, admirar el lugar, causar un par de problemas si lo creía necesario y luego retirarme… O hacer y deshacer como me viniera en gana realmente. Moví las alas suavemente, pasando mis dedos por entre las suaves plumas, aunque no podía sentirlas realmente debido a los guantes.

El oro de mis ojos se posó en el capitán cuando se dirigió a mí para mencionar que usar treinta millones era demasiado, especialmente si se trataba de salir de fiesta. Y estaba de acuerdo con esa misma afirmación que salía de los labios del hombre, gastar tal cantidad de dinero con el único propósito de enfiestarme era un desperdicio, aunque lo único que pretendía era beber y comer con Anko realmente, las fiestas no eran lo mío, honestamente. Sin embargo, no tenía idea de si el capitán había comprendido del todo la referencia en la frase, pero eso estaba bien, luego se lo explicaría. Negué con la cabeza cuando me ofreció el puñado de dinero, rechazándolo directamente, los berrys se usarían en cosas más importantes, además…

. – Oh, no pretendía derraparme un tercio del pago, tengo dinero, pero gracias. Aunque… –Pensé en si podía gastarme treinta millones de berrys en una sola noche, en Rostock, sosteniendo mi mentón por un instante– No creo que sea posible aunque invitase a todos los superiores de la marina a unos tragos.

Alcé una ceja cuando dijo que iría al Faro de Rostock, supuse que el sentimentalismo le había ganado y quería despedirse del lugar que vio iniciar a la tripulación. Asentí lentamente, pero no detuve mis pasos.

. – E iré contigo de todos modos, Anko acaba de mencionar que termina por la noche, vendré a la base de nuevo más tarde.

Ante el pedido del muchacho de cabello lila simplemente asentí con firmeza y determinación, después de todo había a quienes quería cuidar… Miré por encima de mi hombro y le sonreí a los marines de forma despreocupada.

. – ¡Nos vemos más tarde!
#35
Galhard
Gal
Galhard observó cómo los cazadores de recompensas se alejaban, llevándose consigo la satisfacción de una misión cumplida y una recompensa que seguramente marcaría el inicio de nuevas aventuras para ellos. Con una sonrisa ligera, les dedicó un último saludo con la mano, un gesto que era tanto una despedida como un reconocimiento por el trabajo bien hecho.

— Oi, oi, cuídense allá fuera. Ne ha ha ha ha. —Dijo en su característico tono despreocupado antes de girarse hacia el camino que llevaba de vuelta al interior de la base.

El ambiente en la base G-23 estaba menos tenso ahora que el infame Muzen Kibutsuji había sido entregado con éxito. Los reclutas corrían de un lado a otro, algunos cargando suministros y otros asegurándose de que la base funcionara sin contratiempos. Galhard respiró profundamente, dejando que el aire fresco llenara sus pulmones. Había cumplido con su deber en esta misión, pero aún sentía que su energía estaba lejos de agotarse.

Con paso decidido, se dirigió hacia la zona de entrenamiento, donde sabía que encontraría al sargento Ahab. El veterano marine había sido una figura clave en su desarrollo reciente, y cada sesión de entrenamiento con él era una oportunidad para mejorar no solo sus habilidades físicas, sino también su enfoque mental.

Cuando llegó, el sonido de los gritos y golpes resonaba en el aire. Ahab estaba en medio del campo, rodeado de un grupo de reclutas que intentaban seguir sus instrucciones al pie de la letra. Su voz grave y autoritaria cortaba el aire como un látigo, corrigiendo posturas y alentando a los más rezagados a dar lo mejor de sí mismos.

— ¡Galhard! —Gritó Ahab al verlo acercarse—. ¿Terminaron ya con el intercambio?

— Sí, sargento. Todo salió según lo planeado. —Respondió Galhard mientras se acomodaba la coleta y comenzaba a estirar los brazos— Pensé que no estaría mal unirme a los entrenamientos ahora que tengo algo de tiempo. Nunca está de más mejorar, ¿no?—

Ahab soltó una carcajada y asintió con aprobación.

— Eso me gusta oír. Toma tu posición, muchacho. Vamos a ver si puedes seguir el ritmo de estos reclutas.—

Galhard no pudo evitar sonreír mientras se unía al grupo, listo para sumergirse en los ejercicios que el sargento tenía preparados. Mientras ajustaba su postura y se preparaba para el primer movimiento, su mente se centró en una sola cosa: seguir creciendo, no solo como marine, sino como persona capaz de enfrentar cualquier desafío que el mundo le pusiera delante.
#36
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
El intercambio fue mucho más amigable y pasable de lo que Anko esperaba, los cazadores que habían traído a Muzen a prisión eran capaces de reír y sacar una que otra carcajada a los Marines presentes. Influía también que ella ya conocía de antemano al Solarian que acompañaba al hombre de cabellera púrpura. El grupito se despidió y la alférez levantó su mano para replicar el gesto que le había hecho a Muzen cuando lo escoltaron hacia los interiores de la base para despedirse de ellos.

Pronto, todos volvieron a sus labores, Galhard fue el primero en alejarse y los demás le siguieron, ella por su parte se quedó observando por unos minutos más hacia el horizonte, se sentía satisfecha de ver a los criminales tras las rejas, pero había algo que le picaba, algo que no la dejaba del todo tranquila. En algún momento ella tendría que aventurarse para cazar piratas del calibre de Muzen y encerrarlos, ese era su deber, su misión y hasta su capricho sí se podría decir. Era cierto que tampoco le agradaba mucho que otros hicieran el trabajo de la Marina, no porque no pudieran, sino porque al final, era trabajo de ellos y debían velar por la seguridad de la gente.

Con un suspiro relajado, acomodó las Katanas en su cintura y se dio la vuelta, abandonando el patio del G-23. El intercambio solo era algo breve y una situación que se añadía a su rutina, no por ello iba a detenerse. Nuevamente, odiaba tener que hacer papeleo, pero el de ese día estaba sin terminar, así que lo mejor sería volver a ello luego de la pequeña interrupción, al menos ya podría quitar el cartel de búsqueda del pirata Muzen de la pared detrás de su asiento, desecharlo sería lo mejor, el hombre estaba ya en prisión y probablemente no saldría de ahí en muchísimo tiempo.
#37
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AVENTURA T2 ENTREGADAS!


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