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Odinson D. Shizu
Asesina de Espadas
17-12-2024, 12:16 AM
El puesto mercantil se hizo bastante famoso entre algunos soldados del cuartel, Shizu no pudo evitar escuchar hablar de ellos y sus buenos precios e infinidad de productos, así que pensó que era una buena oportunidad para darle algún buen uso a ciertas cosas que no podría llevarse en su equipaje. El viaje al West Blue por su reubicación de división habia sido muy repentino, pero no le importaba, no era la primera vez que ocurría, por lo menos esta vez no la habían trasladado por haber destruido un poco de propiedad publica de la ciudad por no controlar por donde anda mientras persigue a unos bandidos... Fuera como fuera este sitio parecía el indicado para librarse de las cosas que no usaba y tenia pillando polvo en sus maletas las cuales quería aligerar.
- Hola buenas, me han hablando los soldados del cuartel de que tenéis muchos productos, aunque en esta ocasión vine a vender algunas cosas - Shizu empezó a sacar de un saco múltiples espadas de bastante alta calidad que forjo mientras practicaba la forja de armas para personas no gigantes, la verdad es que estas quedaron bastante bien, las otras ya son mucha chatarra. Aunque no solo habia armas, también habia algunos materiales que no quería llevar encima, puesto que en el West también los encontraría, un viejo y polvoriento arco que ni recuerda de donde lo saco, un caracol que almacena agua, en fin un poco de todo.
- El precio me importa poco, busco librarme de estas cosas, debo hacer un largo viaje y es más útil ir con dinero que con cacharros de estos - La gigante estaba de cuclillas hablando con los comerciantes mientras acababa de sacar las cosas del saco, que para ella no era más que una bolsa de terciopelo de mano, pero ahí dentro fácilmente entraban algunas personas incluso.
La gigante simplemente esperaría a que tasaran su mercancía notándose muy contenta y feliz.
Honorable
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Dan Kinro
[...]
17-12-2024, 06:00 PM
(Última modificación: 17-12-2024, 06:02 PM por Dan Kinro.)
Dan Kinro paseaba por el puesto comercial del puerto, buscando un respiro del bullicio de la ciudad. El aire del puesto olía a madera y metal. A simple vista, era el tipo de lugar que solo un verdadero fanático de las espadas y las armas apreciaría. El mostrador estaba lleno de espadas, cuchillos, dagas y un sin fin de herramientas brillantes, pero algo llamó su atención de inmediato.
Allí, en una vitrina de madera oscura, estaba una Onidachi impresionante. Su hoja era de un acero profundo, con una curvatura tan perfecta que la chica tuvo que detenerse, con la boca ligeramente abierta y una babita cayendo. La empuñadura estaba adornada con intrincados detalles dorados que formaban patrones demoníacos y, la guarda, parecía estar hecha a mano con un diseño tan perfecto que parecía casi sobrenatural. No era una espada común, era una obra de arte. La sangre de Dan empezó a bombear con más fuerza.
— ¡Och, Dios mío! — Su susurro fue inaudible para la mayoría, pero no para la tienda. Un brillo de pura admiración y emoción iluminó su rostro mientras se acercaba a la vitrina con paso tembloroso, como si fuera una niña frente a un juguete demasiado caro. — Es... es una Onidachi. ¡Una Onidachi auténtica!
No pudo evitar tocar la vitrina, como si el mero contacto con ella pudiera transferir un poco de la magia de la espada a sus propias manos. Su mirada recorría cada línea, cada detalle de la espada con obsesión.
— Mira esa hoja... ¡Es perfecta! ¡Kyaaaaaaa! El acero de la forja debe ser de la más alta calidad, ¿y esas inscripciones? — Dan se inclinó aún más hacia la vitrina, como si su mirada pudiera desentrañar los secretos del metal.
— El diseño de la empuñadura es tan intrincado... ¡Y el equilibrio! Debe ser tan suave, tan letal... La verdad, me atrevería a decir que esta espada tiene que haber sido forjada por alguien con un dominio absoluto del arte de la espada... ¡Es increíbleeeeeee!
La emoción se apoderó de ella completamente, y sin pensarlo, se giró hacia el dueño de la tienda, un hombre de aspecto curtido y con una sonrisa paciente, como si estuviera acostumbrado a este tipo de reacciones.
— ¿Cuánto pides por ella? Esto es lo que tengo. ¿Serviría, aye?
Le preguntó con una sonrisa, mientras mostraba todos sus bienes. El botiquín no era barato, y las piezas de armadura, aunque usadas, tenían su valor. El metal aún podría servir para reparaciones.
— Te lo prometo, trataría a esta espada como si fuera mi vida. ¿Puedo pagarte a plazos? ¿O trabajar aquí? Dejaría de comer por ella.
Sabía que no iba a conseguir el precio completo, pero no pensaba rendirse tan fácilmente.
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Derian Markov
Lord Markov
20-12-2024, 01:05 AM
El conde subió por la pasarela del Hope con pasos seguros y una mirada calmada, como si perteneciera a ese lugar. Había llegado a Loguetown con intención de ocuparse de ciertos asuntos relacionados con el Inframundo y de paso despejar un rumor que había escuchado, pero eso no significaba que no tuviese tiempo para aprovechar para otros negocios. Había recibido una oferta de lo más tentadora por parte de cierto capitán pirata con vocación de mercader. Todo lo que tenía era que tirar de sus conocimientos y contactos para reunir información sobre cierto sitio y, a cambio de un dossier y una módica suma, recibiría una espada de excelente calidad, forjada por un maestro herrero.
En el momento en que puso un pie sobre cubierta, ya había un par de marineros esperando para recibirle, por supuesto. Derian clavó su mirada en los ojos del más cercano del modo más incómodo que pudo. Las presas debían saber con quién trataban. No iba a matar a nadie estando allí por negocios, pero no iba a dejar que la seguridad de la protección de su capitán les hiciera olvidar su lugar - Vuestro capitán me espera. Traigo algo para él.
El pirata asintió, algo aturdido por el hostil recibimiento - El capitán está esperando. Por aquí - le hizo un gesto y echó a caminar hacia lo alto del castillo de proa. El noble caminó junto al pirata en lugar de seguirle tras él, con paso firme y mirada severa. Reconoció al capitán por la descripción que tenía de él. Su tez morena y elevada estatura destacaban por encima del resto de piratas. Derian podía reconocer también en su pose tranquila y confiada y en el carisma que derrochaba con su mera presencia las marcas que identificaban a un cazador. El conde se adelantó al pirata que le guiaba y saludó al capitán con una leve pero respetuosa inclinación de cabeza - Nos conocemos al fin, capitán Silver. Derian Markov. Hablamos por carta sobre nuestros mutuos intereses.
Derian le tendió la mano para estrecharle la suya, con una leve curva en la comisura de los labios que casi podría ser interpretada como una sonrisa. Terminados los saludos, echó mano al interior de su gabardina y extrajo la carpeta de cuero. Estaba atada por un cordón de seda en tensión por la cantidad de documentos del interior. Derian era exhaustivo en sus investigaciones.
- En el interior encontrará también una orden de pago para mi banquero habitual por la suma convenida. Un placer hacer negocios, señor Syxel.
Honorable
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Galhard
Gal
01-01-2025, 08:53 PM
El puerto de Loguetown estaba igual de bullicioso que la última vez que Galhard había visitado, con la constante actividad de marineros, mercaderes y transeúntes que daban vida a la ciudad costera. Vestía su uniforme de marine con la misma serenidad que siempre, pero esta vez su andar tenía un toque de familiaridad. Había regresado al mismo lugar donde anteriormente había cerrado un trato con Silver Syxel, el reconocido mercader y capitán del Hope. En esta ocasión, cargaba consigo un paquete más voluminoso: doce mapas meticulosamente elaborados que podrían ser de gran interés para el comerciante.
Mientras se acercaba al puesto del Hope, Galhard observó que la actividad seguía tan organizada como la vez anterior. Los miembros de la tripulación trabajaban con eficacia, gestionando mercancías y atendiendo a los curiosos que se acercaban a echar un vistazo. Desde su posición estratégica, Silver supervisaba todo con una mirada aguda, transmitiendo la autoridad tranquila de un líder experimentado.
—Oi, oi, Capitán Syxel. —Saludó Galhard, con una sonrisa leve mientras levantaba una mano en señal de reconocimiento —Volvemos a encontrarnos. ¿Tiene tiempo para otro negocio interesante?—
El capitán, al reconocerlo, dejó a un lado sus otras responsabilidades y se acercó con curiosidad. Galhard, sin perder tiempo, colocó cuidadosamente su carga sobre una de las cajas que servían como mostrador improvisado. Con movimientos precisos, desenrolló uno de los mapas, dejando que los detalles cobraran vida bajo la luz del sol.
—La última vez, me marché con la sensación de que nuestro trato fue satisfactorio para ambos. Así que pensé: ¿por qué no volver con más? —dijo, desplegando otro mapa y luego otro más, mostrando cada uno con evidente orgullo — Aquí traigo doce mapas actualizados de los Blues. Cada uno ha sido trazado con dedicación y precisión por navegantes experimentados. Cada corriente, cada arrecife, cada puerto importante... todo está registrado aquí.—
El marine colocó los mapas de manera ordenada, permitiendo que Silver los inspeccionara con tranquilidad. Luego, con un tono amigable pero persuasivo, añadió:
—Sabemos que en este mundo, la información es tan valiosa como el oro. Especialmente para un hombre de negocios como usted, que navega por rutas que no siempre son amables con los desprevenidos. Estos mapas no solo son precisos, sino que podrían ser la clave para evitar contratiempos o encontrar rutas más rentables.—
Galhard cruzó los brazos, inclinándose ligeramente hacia el capitán, manteniendo un aire relajado pero profesional.
—Como la última vez, estoy aquí para negociar. No tengo un precio fijo, porque sé que entiende el valor real de lo que tiene frente a usted. Estoy dispuesto a escuchar cualquier oferta que considere justa. Después de todo, usted es el experto en estos mares. —Le dedicó una mirada confiada, dejando en claro que no dudaba de la capacidad de Silver para apreciar la calidad de los mapas.
Con la brisa marina acariciando su rostro, Galhard esperó pacientemente la respuesta del mercader. Sabía que, aunque estos intercambios requerían tiempo, la recompensa sería tanto económica como estratégica. Además, mantener una buena relación con un hombre como Silver podría abrir puertas en el futuro, y Galhard no era alguien que dejara escapar una oportunidad valiosa.
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