Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Aventura] [T5] La nueva generación
Raiga Gin Ebra
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Podéis notar cómo el aire en la taberna comienza a cambiar. Lo que hace apenas unos minutos era un ambiente caótico, cargado de confusión y temor, poco a poco se transforma en algo diferente. La voz grave de Ragn, su presencia imponente y sus palabras sinceras calan en los presentes, que entienden que un hombre herido en batalla está invirtiendo su tiempo en ser sincero con ellos, contándole algunos detalles de lo ocurrido. No hay adornos en su discurso, ni intentos de embellecer lo que ha sucedido. Ha sido una batalla, y la verdad es que el enemigo no era otro que el Gobierno Mundial. El mensaje queda claro. Algunos de los aldeanos se miran entre sí, asimilando la realidad con expresión tensa, pero la mayoría acaba asintiendo con comprensión. Algunos cruzan los brazos, otros aprietan los puños con rabia contenida, y en más de uno se percibe el brillo de una chispa que no estaba allí antes. Una chispa de convicción.

Luego llega la intervención de Ubben. No hay falsa modestia en su voz, sino una pasión encendida que resuena en cada rincón del local. Sus palabras avivan un fuego dormido en el pecho de los presentes, recordándoles que ya no son los esclavos de un sistema corrupto, sino los dueños de su propio destino. Qué bonito, ¿verdad? La fuerza de su voz, incluso rota por el esfuerzo, es suficiente para que algunos levanten los puños en el aire en señal de desafío, sumándose al puño ya en alza del propio Ubben. Hay vítores y aplausos, aunque entremezclados con algunos murmullos de incertidumbre. Pero el mensaje ha sido dado: Oykot ya no está bajo el yugo del miedo. Ni lo estará mientras podáis evitarlo.

Finalmente, Airgid cierra la arenga con una chispa de optimismo. Su voz no solo enciende el orgullo, sino que lo convierte en júbilo. Alza la mano y proclama que la libertad es algo que debe celebrarse, no solo protegerse. Su poder entra en acción, y los fragmentos metálicos de la estructura de la taberna comienzan a flotar, encontrando su lugar en la improvisada reconstrucción. No es una solución definitiva, pero en el momento exacto en que el techo vuelve a cerrarse sobre sus cabezas, el ambiente se siente menos pesado. El agua deja de pasar con tanta facilidad y los presentes parecen agradecértelo con la mirada. Como si un nuevo capítulo de la historia de Oykot acabara de comenzar.

Y entonces, el tabernero, con una expresión de cansancio pero también de resignada aceptación, camina hasta un tocadiscos en un rincón de la taberna y, tras hacer un lento reconocimiento de los discos de los cuales dispone, coloca uno sobre el tocadiscos. La aguja cae sobre el vinilo y, tras un leve crujido, comienza a sonar una melodía tranquila. Un jazz pausado, cálido, que poco a poco empieza a impregnar el ambiente. Lejos de ser una música parecida a la que tocó el grupo en el concierto, y con un tempo mucho más lento, recorre cada rincón de la taberna. Como si fuera una señal, la tensión en los hombros de los presentes empieza a disiparse. Algunos se inclinan hacia adelante y apoyan la frente en sus manos, permitiéndose un respiro tras lo ocurrido. Otros, en cambio, aprovechan el momento para comenzar a ordenar el desastre.

La gente empieza a moverse. Sin necesidad de órdenes, los aldeanos empiezan a recoger la madera astillada, a enderezar las sillas y a empujar los restos de escombros fuera del camino. Algunos recogen a los heridos que aún están aturdidos, mientras otros sacan a los cadáveres de los agentes del gobierno con una mezcla de respeto y desprecio. Son cosas completamente necesarias para volver a la normalidad. Una normalidad que quizá nunca debió torcerse. No es un espectáculo agradable, pero forma parte de la realidad con la que han despertado. La taberna, a pesar del desastre, poco a poco empieza a parecer un lugar habitable nuevamente, y lo hace gracias a la colaboración ciudadana.

Algunos de los clientes, ahora plenamente conscientes, se acercan a vosotros con gratitud en la mirada. No todos encuentran palabras para expresar lo que sienten, pero los gestos hablan por sí solos. Una mujer de cabello recogido toma la mano de Airgid con ambas suyas y la aprieta con suavidad, con una expresión que mezcla admiración y agradecimiento. Un anciano con un parche en el ojo le da una palmada en el hombro a Ragn antes de inclinar la cabeza en señal de respeto. Un joven con una cicatriz en la mejilla se acerca a Ubben y le extiende una mano firme, como quien ha encontrado un líder inesperado.

—Gracias. —Es lo único que dice antes de marcharse.

Otros se limitan a inclinar la cabeza o a dar un pequeño aplauso antes de retirarse a sus hogares. Hay quienes aún están en shock y prefieren marcharse sin decir nada, procesando lo ocurrido en silencio. Pero el sentimiento general es claro: han sido salvados. Y aunque sus vidas han cambiado, saben que no están solos en esta lucha. Y ese es el mensaje importante. Si la lucha no está sola, ellos tampoco.

Mientras la música sigue sonando y el ambiente vuelve a algo parecido a la normalidad, os dais cuenta de que el día ha terminado, pero las preguntas apenas comienzan. La información obtenida sobre Libertalia pesa en vuestra mente, como una brújula que señala el próximo destino. Quizás las respuestas que buscáis estén en esa isla ocultas, o tal vez solo os esperan más incógnitas. Pero ahora tenéis una dirección, una razón para seguir adelante. Una decisión que tomar, a fin de cuentas. Puede, y solo puede, que necesitéis un tiempo para pensar bien qué hacer.

La tormenta en el exterior ha comenzado a disiparse, dejando un cielo gris pero menos amenazante. El olor a lluvia fresca se mezcla con el del tabaco, la madera mojada y la sangre seca. Es un olor que probablemente recordaréis durante mucho tiempo.

Este día, por caótico que haya sido, ha valido la pena. ¿No creéis?

Ahora solo queda una pregunta: ¿A dónde vais después?

Fin!

Mensaje para el moderador
#61
Asradi
Völva
El tema de los discursos, claramente, no iba con ella. Además, ya había gastado todo lo que tenía de recursos médicos con el buccaneer, así como el antídoto con Ubben. Ella ni tan siquiera se había tratado lo más mínimo por estar más preocupada por el bribón de ojos dorados que de otra cosa. Por eso, cuando tuvieron un momento de alivio y de descanso, por mínimo que fuese, Asradi fue consciente de los rasguños y moretones que tenía encima. Y que muchos habían sido amortiguados, por fortuna. Ahora bien, su preocupación más inmediata era Ubben y el estado mental y anímico en el que se encontraba. No hacía falta que tan siquiera le pusiese la mano encima o le preguntase para saber cómo estaba. Aunque no sabía, con exactitud, lo que pensaba, lo que se le pasaba por la cabeza, sí tenía una idea. Habían hablado al respecto hacía tiempo. Quizás el hombre no le hubiese dado demasiados detalles, pero le había entendido, al menos en parte. Cuando le notó tan, tan nervioso, Asradi no había dudado en lo más mínimo de posar su mano sobre la temblorosa de su amigo, apretando de manera suave y firme la del chico de ojos dorados. La sirena le miró de soslayo, con preocupación, ignorando cualquier otra cosa que sucediese alrededor de ambos. Nada era más importante que él ahora mismo, ni tan siquiera el resto.

No tienes que agradecerlo y lo sabes. — Estrujó de manera suave, y cuidadosa, los dedos contrarios, mientras notaba como el nerviosismo físico de Ubbern iba disminuyendo poco a poco. Pero, seguramente, había demasiadas cosas que se le estuviesen pasando por la cabeza y no le culpaba.

Ella también tenía demasiadas cosas en las que pensar y meditar a partir de ahora, pero que no iba a compartir en ese momento precisamente porque la situación no era la propicia. Sin mencionar que todavía se encontraba un tanto mareada por lo sucedido en el sótano del establecimiento. Cuando Ubben dijo que no sabía si estaba listo, la sirena asintió de manera breve. Había sido mucha información de golpe, e inesperada sobre todo. No todos los días auno se le informa de su familia de esa manera. No estaba segura que tan tensa, o inexistente, era la relación de Ubben con su padre, pero a juzgar por la reacción de él, no debía de ser muy buena. Asradi suspiró de manera suave, casi imperceptible mientras no podía evitar pensar en la suya propia, en la que había dejado atrás y no por voluntad suya.

Si no estás listo, no iremos. Te acompañaré a donde decidas ir. Y si no quieres ir, también estás en tu derecho y nadie te juzgará por ello. — Le susurró únicamente a él, sonriéndole de manera suave en el proceso.

Asradi le dió un par de palmaditas suaves antes de aflojar un poco el agarre de ambas manos.

Todo estará bien, Ubben. — Fue lo que le prometió de manera más solemne.

Acto seguido fue él quien soltó su mano, y ella le sonrió un tanto divertida cuando el chico terminó subido, y en pie, sobre la barra del bar. Mientras el fervor inundaba el corazón de Ubben, la sirena permaneció escuchándole con aceptación. Tenía razón. Si el Gobierno actuaba así era porque tenían miedo, porque no se sentían seguros y porque la Revolución era una amenaza para ellos. No solo la Revolución como tal, sino cualquier persona que desease estar en contra de los ideales gubernamentales o, simplemente, de tener la libertad de hacer y pensar lo que le viniese en gana. Ella aprovechó para arrancarse un trozo de tela de sus propias ropas e improvisar una pequeña gasa que limpiase la herida que se había hecho antaño en la cabeza, cuando el techo/suelo del sótano había caído sobre ella. Ya casi no sangraba, pero había que desinfectar y comprobar que no necesitase un par de puntos de sutura.

Asradi suspiró con cansancio. Un gesto que mutó a uno de agradecimiento cuando Ubben bajó, finalmente, de la barra, y le tendió la mano. Mano que la sirena aceptó de buen grado y con el que se ayudó a ponerse en pie y acompañar al bribón de ojos dorados hacia la puerta, hacia la salida.

Ayúdame con las curas. Y podemos hablar mientras tanto en un lugar más privado. — Sentía que ambos lo necesitaban. Ubben sobre todo después de todo el jaleo que se había montado. También quería comprobar y revisarle a él, que no hubiesen quedado más rastros del veneno.

Sin mirar atrás, la sirena atravesó el umbral hacia el exterior.

Resumen
#62
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
El aire sigue cargado de emociones cuando Ragn da el primer paso fuera de la taberna. El sonido del jazz aún flota en el ambiente, entrelazándose con el susurro de la lluvia menguante. No es el frío de la noche ni la humedad lo que pesa en el cuerpo, sino el cansancio de la batalla, la tensión acumulada, la certeza de que este día quedará grabado en la memoria de todos los presentes. Oykot ya no es la misma, incluso el mismo grupo revolucionario debía dejarla descansar de ellos mismos. Ragn se movía con esfuerzo. Sus heridas, aunque graves, no era lo que más le importaba en ese momento. La piel quemada que cubre partes de su cuerpo es solo un recordatorio más de lo vivido, una marca que, como muchas otras, acabará formando parte de su historia. No se queja, no se detiene. Avanza con la misma determinación con la que enfrentó a sus enemigos, aunque esta vez con una mano firme ayudándole a sostenerse. Las curaciones que le habían aplicado, eran ciertamente defectuosas y los vendajes se caían a tirones, pero por suerte Airgid estaba para sostenerlo.

Detrás, los demás siguen el mismo camino. Ubben todavía sentía el eco de su propio discurso en su pecho. ¿Cómo podía hablar tan bien? por algo era el jodido héroe, siempre con una palabra adecuada. Sus palabras habían encendido algo en los aldeanos, y lo sabe. Quizás aún no sean una verdadera resistencia, pero han dejado de ser solo víctimas. Hay un fuego en sus ojos que antes no estaba, una determinación latente que crecerá con el tiempo. Y él ha sido parte de eso. Alza la vista hacia el cielo encapotado, respirando hondo el aroma a lluvia y pólvora. Un día más. Una victoria más. Pero, ¿a qué costo? Airgid observaba la taberna por última vez antes de seguir adelante. Su trabajo en la reconstrucción fue solo un primer paso, un gesto para recordar a todos que incluso en medio de la destrucción, siempre se puede volver a levantar. Una sonrisa apenas perceptible cruza su rostro al ver cómo algunos aldeanos continúan reparando lo que pueden. No importa cuán duro haya sido, han sobrevivido. Y eso ya es algo que merece celebrarse. El sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos, de Ubben, Airgid, Umibozu, Ragn ... Marca el verdadero final de la jornada. El pueblo sigue en silencio, salvo por el ocasional crujir de la madera y el sonido lejano de voces que comentan en la penumbra. Pero lo más importante es que la noche ya no parece tan amenazante como antes.

Ragn deja escapar un leve suspiro, más por el cansancio que por el dolor. Airgid lo nota, pero no dice nada. No hay necesidad. Con un último esfuerzo, endereza la postura y mira hacia adelante. No importa lo que haya pasado. No importa lo que venga después. Lo que importa es que siguen ahí. Y mientras puedan caminar, seguirán adelante. — Siemprrre salirrr con misión secundarria de lugarrres ... Jiejie ... — Se atreve a decir cuando tiene a todo el grupo allí, ya una vez despedidos los civiles de dentro de la taberna. El hombre que tuvo a buenas mostrar aprecio por Ragn, fue respondido con una baja de de la mirada por parte del vikingo, sinonimo de respeto.

Las palabras se pierden en la brisa nocturna, pero su peso se queda con ellos. Libertalia aguarda en la distancia, un nuevo destino, una nueva incógnita. Pero eso será otro día. Hoy, habían ganado un pequeño respiro en una guerra mucho más grande. Y eso, por ahora, es suficiente.


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#63
Airgid Vanaidiam
Metalhead
Los discursos, la reconstrucción, la música que empezaba a sonar... todo ayudó a que el ambiente optimista y alegre volviera poco a poco a la taberna de El Largo. A veces la vida da estos batacazos, repentinos e inesperados, a veces tropezamos, nos caemos y nos llenamos de barro. Pero si lo piensas un poco, te puedes llegar a dar cuenta de que... nada es para tanto. Lo que hoy parece el mayor de los problemas, mañana será cosa del pasado, porque todo sigue su curso y la importancia solo está en lo que tú se la des. Era momento de descansar, de recuperarse de las heridas, pero también de celebrar que seguían vivos un día más, y de que una nueva vida crecía en el interior de Airgid. Todo lo demás no importaba.

Una mujer se acercó a la rubia, tomando una de sus manos y apretándola suavemente con las dos, como si lanzara una plegaria. Airgid correspondió el gesto, uniendo su mano libre al apretón y sonriéndole con genuina felicidad. La isla de Oykot y sus gentes eran especiales para ella, pues aunque había acabado involucrándose con su situación política casi por casualidad, supuso un gran paso en la evolución de Airgid como revolucionaria y sobretodo, como persona. Había descubierto muchas cosas de sí misma en aquella isla, era algo que no olvidaría jamás.

Tras soltar el agarre de la mujer, la revolucionaria se aferra a Ragnheidr una última vez, buscando servirle como apoyo, no solo físico, sino también emocional. A pesar de toda la tormenta y las inclemencias, de las piedras en el camino, todos seguían en pie, avanzando una vez más. Cruzaron el umbral de la puerta, momento en el que Airgid pudo observar que el temporal empezaba a amainar. Miró hacia arriba un segundo y el brillo azulado de la luna reflejó en sus ojos color miel, haciéndose paso a través de las oscuras nubes, cada vez menos densas y más claras. Qué vista tan preciosa.

El comentario de Ragnheidr la hizo reír de manera genuina, natural, sincera. Era como si su cuerpo tuviera que liberar la tensión que había acumulado todos estos momentos atrás y eligiera la risa como ruta de escape. — No nos aburrimos, eso es verdad. — Continuó con la broma, sintiendo cómo se aligeraba el peso sobre sus hombros entumecidos y cansados. Habían experimentado demasiadas emociones para un solo día, también había cometido varios errores por culpa de su despreocupación y su forma de tomarse las cosas. No lo olvidaría, por mucho que ahora no quisiera pensar en ello. No, ahora su mente solo estaba centrada en sus compañeros, en sus amigos, aquella preciosa visión de todos juntos, siguiendo adelante una vez más. ¡Incluso Timsy se había unido a la fiesta! Se sentía agradecida por las personas que había conseguido reunir a su alrededor, todas maravillosas y únicas a su propia manera. Y también estaba Libertalia, la promesa de un reencuentro, de respuestas a preguntas que Airgid llevaba haciéndose muchísimos años, toda su vida.



Off
#64
Umibozu
El Naufragio
Completé la información que le faltaba a Timsy sobre lo ocurrido. No era mucho, pues con el discurso de los presentes los pocos huecos que habían quedado se fueron completando, pero el gyojin con aspecto de rana no estuvo tranquilo hasta que se lo resumí todo cronológicamente. Nada en ese momento señalaba lo que en los próximos días iba a acontecer. Un viaje truncado. Una búsqueda durante meses. Una guerra que finalmente se saldaría con ausencias, decepciones y un futuro incierto. Todo asomaba en el horizonte, pero las nubes de la tormenta aún no había hecho acto de presencia.

No os aburrís, ¡eh! — comentó despreocupadamente. Sus pies tamborileaban sobre las escamas de mi hombro, mientras su mirada barría el lugar. Apoyó sus manos sobre el hombro y se echó hacia atrás. La diferencia de tamaño entre ambos era tan grande que podía permitirse recostarse en él. Mientras observaba a los humanos recomponerse, chasqueaba la lengua — Lástima. Seguro que me habría divertido yo también.

Ha sido mejor que no estuvieras-lurk — respondí con sinceridad. Mientras estuviera yo, nada le pasaría a él, pero tener a alguien más de quién preocuparse y que tenía una tendencia natural a meterse en problemas habría sido… problemático.

Continué fumando tranquilamente, mientras unos se iban y otros se recuperaban del trance que había supuesto todo. Observé como Airgid como reparó el hueco, más o menos, que habíamos hecho con sus poderes. Debía admitir que era una habilidad terrorífica para todo aquel que usara algo de metal para combatir. También resultaba ser un poder extraordinario para su piromanía y gusto por las armas de fuego. Expulsé el humo tratando de hacer un aro de colosales dimensiones con él. Las membranas del cuello se expandieron y contrajeron, pero esta vez lo hicieron de forma suave, como si estuvieran aplaudiendo por mi obra. No pude notar el gran cambio de actitud de los humanos. Los mismos seres que instantes antes casi se rompen el cráneo a golpes en mitad de una música infernal ahora se mostraban cooperativos y calmados. ¿Alguna vez conseguiría entender a los humanos?

Timsy bajó de mi hombro con un par de saltos y se fue hasta la barra, donde pidió una buena jarra de leche fresca. Cuando la tuvo, segundos más tarde, regresó a mi hombro y comenzó a beber sentado en él, golpeando de nuevo con sus talones en mis escamas. La cadencia de sus golpes empezaba a resultarme agradable. Desvié la mirada hacia el gyojin verdoso, era increíble el aspecto de rana que tenía a pesar de ser un pez bruja. Sonreí sin poder evitarlo al ver el pequeño bigote blanco que se le acababa de generar tras beber la leche.

¿Qué pasa?

Nada-lurk. Te ha salido bigote-lurk.

Timsy se apresuró a lamerse, aunque segundos más tarde ya tenía otro de nuevo.

Tampoco pude evitar pensar en Tofun. Parecía haber encontrado a sus sucesores perfectos. La chispa de la revolución que ardía en su interior, también lo hacía en el grupo y estos parecían haberla contagiado a la población de Oykot. Me preguntaba si el Ejército Revolucionario instalaría una base allí y aprovecharía la inercia que parecía haberse generado en la isla. Miré en derredor, fijándome en cada pared, escombro. En cada mota de polvo, silla y astilla del lugar. A veces el océano tenía un sentido del humor obsceno. Allí, en la taberna El Largo, taberna erigida en honor a un ser de apenas treinta centímetros, se estaba fraguando el espíritu de la revolución. Cada pared, cada tabla del suelo llevaba impregnada el espíritu de Tofun. Aún tras haber sido destruida una primera vez, ampliada tras ello, y vuelto a casi destruir, su espíritu crecía, como la taberna. Estallé en una sonora carcajada, liberando el humo hacia el techo. Timsy me miró extrañado, enarcando una ceja, totalmente desorientado y desubicado por mi comportamiento. La situación no podía ser más simbólica. Tofun, aún muerto, había derrotado al Gobierno Mundial.

Resumen


¡Gracias!

#65
Ubben Sangrenegra
Loki
Luego de cruzar la puerta, aún aferrado a Asradi por su mano, apenas estuvo fuera de la vista de los demás, su cuerpo pareció ceder ligeramente, como si todo el peso de su teatral arenga le aplastara ahora los hombros. Con la voz, aún áspera y quebrada, se dirigió a Ragn, Airgid, Umi y Timsy. —Necesito un poco de aire… Aprovecharé de comprar provisiones. Tenemos que dejar esta isla pronto…— Con voz baja, sin convicción alguna, como si la ferocidad que había usado para avivar los ánimos en la taberna hubiese desaparecido. Todo aquello no había sido más que una máscara, su don natural para embaucar y manipular con palabras. No podía permitirse mostrar debilidad ante la multitud; debía alimentar la imagen del libertador que la gente de Okyot ahora veía en él. Pero la realidad era muy distinta.

El temblor en sus piernas era imperceptible para los demás, pero lo sentía recorriendo sus músculos. Su agarre sobre la mano de Asradi se tensó instintivamente, como si su propia estabilidad dependiera del contacto con la sirena. Su respiración se volvía errática y su pecho se oprimía mientras la avalancha de pensamientos seguía martillándole la cabeza. No estaba listo. No para esto. Giró bruscamente y se adentró en los callejones oscuros, jalando a Asradi consigo. Quería perderse en la penumbra de la ciudad, lejos de miradas curiosas, lejos de las expectativas que él mismo había alimentado. Mantuvo la cabeza baja, escondiendo el rostro en la penumbra de su abrigo. Apretó los dientes con fuerza, sintiendo el ardor de las lágrimas que se negaban a caer. No podía llorar. No debía hacerlo. Pero su cuerpo no le obedecía.

La revelación de Testament lo había sacudido hasta los cimientos. Dieciséis años huyendo, dieciséis años en los que se había convencido de que su padre no era más que un cadáver olvidado, descomponiéndose en algún rincón del mundo. Y ahora, de repente, no solo estaba vivo, sino que sabía dónde encontrarlo. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo? El simple pensamiento de que aquel hombre respiraba le llenaba de un odio incontrolable, un rencor tan profundo que le revolvía el estómago.

No...— murmuró para sí mismo, sin ser consciente de que sus pensamientos comenzaban a escaparse en palabras. Sus dedos se cerraron en un puño, mientras sus pasos se volvían erráticos. Quería golpear algo. Romper algo. Desgarrar todo a su alrededor hasta que la rabia se disipara. Pero no podía. No debía. No aquí, no ahora. Asradi seguía a su lado, y aunque no la miraba, sentía su presencia, su cálida proximidad como un ancla en medio de la tormenta. Detuvo su paso abruptamente, apoyando una mano en la pared de un callejón angosto. Su otra mano aún aferraba la de la sirena, como si soltarla significara perderse por completo. Bajó la cabeza, dejando caer algunos mechones blancos sobre su frente mientras respiraba pesadamente. Quería maldecir. Quería gritar. Pero solo pudo soltar un susurro tembloroso. —No estoy listo…— El peso de su pasado amenazaba con ahogarlo, pero al menos, esta vez, no estaba solo.

Resumen
#66
Moderador Kaku
El mejor mod
  • Octojin, narrador ilustre:
Berries: 994823647-> 1006583647 (+11760000)
Experiencia: 9760.19 -> 10012.19 (+252)
Nikas: 19 -> 69 (+52)
Cofres: CFR004,CFR004

Ragn
  • Berries: 126085020 -> 138085020 (+12000000)
  • Experiencia: 9916.61 -> 10066.61 (+150)
  • Nikas: 37 -> 60 (+30)
  • Reputación: +80 (negativa)

Airgid
[*]Experiencia:7259.87-> 7409.87 (+150)
[*]Nikas: 22 -> 52 (+30)
[*]Reputación: +80 (negativa)


Asradi
[*]Berries: 261200448 -> 273200448 (+12000000)
[*]Experiencia: 6128.79-> 6278.79 (+150)
[*]Nikas: 26 -> 56 (+30)
[*]Reputación: +80 (negativa)
  • Umibozu
  • Berries: 32215024 -> 33415024 (+12000000)
  • Experiencia: 5577.00 -> 5727.00(+150)
  • Nikas: 4 -> 34 (+30)
  • Reputación: +80 (negativa)
  • Ubben
  • Berries: 226264529 ->238264529 (+12000000)
  • Experiencia: 5587.09-> 5737.09 (+150)
  • Nikas: 19 -> 49 (+30)
  • Reputación: +80 (negativa)


[Imagen: qnO0NUI.gif]
#67


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