
Manon S. Du Soleil
Mao/Drine
25-11-2024, 01:56 AM
(Última modificación: 25-11-2024, 01:57 AM por Manon S. Du Soleil.)
12:45. Día 21 de Verano, Año 724.
Era mi segundo día en la isla. No había logrado recorrer mucho de la misma debido al encontronazo que tuve con la mujer de mi misma especie, la “oniki” como ella me llamaba y, por extensión, como comenzaría a llamarla a ella, aunque de todos modos no es a lo que había llegado a Isla Kilombo. Por supuesto, antes de tal encuentro me había presentado en la base G-23 para dejar mis cosas, conocer a algunos de mis compañeros correctamente, y conocer de reojo a los miembros de más alto rango que dirigían la base, o que se hacían cargo de su gestión según su rango. Muchos de ellos se encontraban fuera por lo que no tuve la suerte de presentarme con ellos, de todas formas tampoco podría quedarme mucho tiempo de la base, no es que no me gustase, pero habitualmente los únicos momentos en los que me encerraba eran aquellos en los que quería trabajar en mis bebés.
Bebés, léase, mis inventos.
Y, aunque me encantaría intentar continuar con algunos de ellos, la mayoría tenía una tendencia a ser altamente… Inflamables. Explosivos. Incendiarios ¡Bum! No era la primera vez que asustaba a algún recluta con ese tipo de onomatopeyas, claro que eran reclutas que ya me conocían, conscientes de los destrozos que podía llegar a causar. Por suerte se me daba bien reparar todos los daños que producía, así que, a menos que hubiera heridos, no tenía problemas con el resto de los marines… Bueno, excepto problemas a nivel orden y desorden que provocaba en el proceso de creación. Con los años, por supuesto, este problema se había reducido poco a poco, pero todos tenemos nuestros momentos menos gloriosos y tenía muchas ideas en mente que quizás, en más de una ocasión, sabía que no debía llevar a cabo, pero era lo suficientemente impulsiva como para hacerlo.
¡Cierto! Mis pensamientos se iban por las ramas.
Retomé la línea de pensamiento que me había traído hasta aquí, conocer más de Isla Kilombo, familiarizarme más con el lugar por el tiempo que estaría allí, no tenía un mapa de la isla, pero sería muy complejo perderse, considerando que solo había tres destinos, por lo que había averiguado ayer: El Faro, Pueblo de Rostock y la Base G-23. Era muy diferente al Archipiélago Conomi, donde me arraigaba hasta el momento y al lugar que regresaría después de que mi estadía aquí se diera por cumplida. La diferencia no solo radicaba en el tamaño sino también en la concentración de crímenes que parecían estar asolando la isla, que, por algún motivo que escapaba de mí, se había convertido en sede de actividades ilegales varias, así como de organizaciones criminales múltiples. Bueno, eso es lo que solía suceder cuando los marines tienen demasiada compasión con aquellos que solo tienen intención de lastimar a los demás o sembrar el caos, después de todo ¿Quién sabe cuál es el tipo de voluntad que mueve al otro?
No es como si pudiéramos meternos en la mente de las personas para poder averiguarlo y, a veces, era mejor cortar la cabeza de la serpiente que dejar que continuase creciendo para causar pánico.
Solté un suspiro mientras caminaba tranquilamente por las zonas más transitadas de Pueblo de Rostock: El mercado. ¿Qué mejor forma de encontrar criminales que en el mercado de Rostock? Y ¿Qué mejor forma de no causar caos en la base que saliendo y recorriendo la isla para reconocer la mayoría de sus entresijos mientras buscaba delincuentes? Si, tenía más de una intención al salir de la base, como dije anteriormente, quería mantener el orden, al menos por unos días, esperaba que ninguno de mis bebés hubiese decidido hacer combustión espontánea, pero tenía la confianza de que no era el caso, la mayoría de los objetos en los que estaba trabajando estaban en etapas finales, excepto un par de guantes que no podrían incendiarse aunque lo deseen, ya que estaba trabajando en ellos con algo menos comburente. Quienes me conocían estarían agradeciéndoles, desafortunadamente no estaba en casa. El bullicio de las calles empedradas de Rostock era un sonido de fondo agradable, las personas vendiendo sus productos atraían mi atención cada tanto, los aromas a especias, florales y afrutados me agradaban, aunque siempre estaba más presente el olor del pescado.
Cuando vi un puesto de carne en un pincho decidí que podría darme un descanso, y comer algo, después de todo había caminado un buen trecho, sin mencionar que era mediodía y necesitaba comer algo. Busqué con la mirada un bar, porque aún no había conocido ningún bar local y encontré un restobar que tenía un aura cálida, tenía mesas en el exterior, algunas cubiertas por sombrillas, las sillas eran bancos o barriles, había una zona techada, mientras que la otra, que no lo estaba, se encontraba más cerca del bar, el cual estaba cubierto de botellas de diferentes vinos y licores. Había una puerta en el fondo del bar y, allí, tenía enmarcado un cartel que indicaba “Cocina: Solo personal autorizado”. No tardé en ocupar una mesa, una con sombrilla, sombrilla que era lo suficientemente alta como para permitirme caber debajo de ella, agradecía que tuvieran en cuenta que algunas especies eran demasiado grandes.
La moza que se acercó para tomar mi pedido me sonrió y, al ver la insignia de la marina; porque no tenía la tendencia a llevar nada más que la insignia o la chaqueta; parpadeo curiosa.
. – ¡Un gusto! Soy Evelyn ¿Qué le gustaría ordenar?
Mi sonrisa fue tan radiante como la de la chica– Vaya, es un placer Evelyn, me llamo Manon, pediré ternera en salsa, pimientos rellenos de carne y filete tártaro.
Esto último le sacó una mueca a la muchacha, ah, entonces sabía que era, a muchos les disgustaba, pero era una exquisitez para mí.
. – Y también quisiera saber ¿Qué tal van las cosas por aquí? Hace poco llegué a Kilombo y sé que los problemas abundan.
Evelyn puso una mueca nuevamente, esta vez compungida y bajó la libreta.
. – En realidad… Hace unos días tuvimos problemas con una banda que suele pasar por aquí y causar destrozos. Todo se ve bien porque cerramos por una semana para reparar lo destruido, pero no sabemos cuando van a regresar… Quisimos darles el dinero que habíamos generado esa semana, pero parecía que solo tenían inquina contra el dueño del local. –Ella suspiró profundamente, desviando sus ojos hacia el segundo piso del restobar– Él no suele estar aquí hasta el final de la semana, así que somos los trabajadores los que tenemos que enfrentar los problemas.
Apoyé mi mano enguantada en el brazo de la chica, sonriéndole de forma tranquilizadora, ella me miró y esbozó una sonrisa pequeña.
. – Por suerte la marina se está encargando de buscarlos, aunque aún tenemos algo de miedo, por si regresan.
. – ¿Sabes sin son locales o solo están de paso? –Supuse que si vivía aquí, tendría una idea de si la banda era del lugar.
Ella negó con la cabeza– Desafortunadamente cubren sus caras. Aunque gracias por intentar involucrarse en esto.
Claro, no podría ser tan fácil.
Era mi segundo día en la isla. No había logrado recorrer mucho de la misma debido al encontronazo que tuve con la mujer de mi misma especie, la “oniki” como ella me llamaba y, por extensión, como comenzaría a llamarla a ella, aunque de todos modos no es a lo que había llegado a Isla Kilombo. Por supuesto, antes de tal encuentro me había presentado en la base G-23 para dejar mis cosas, conocer a algunos de mis compañeros correctamente, y conocer de reojo a los miembros de más alto rango que dirigían la base, o que se hacían cargo de su gestión según su rango. Muchos de ellos se encontraban fuera por lo que no tuve la suerte de presentarme con ellos, de todas formas tampoco podría quedarme mucho tiempo de la base, no es que no me gustase, pero habitualmente los únicos momentos en los que me encerraba eran aquellos en los que quería trabajar en mis bebés.
Bebés, léase, mis inventos.
Y, aunque me encantaría intentar continuar con algunos de ellos, la mayoría tenía una tendencia a ser altamente… Inflamables. Explosivos. Incendiarios ¡Bum! No era la primera vez que asustaba a algún recluta con ese tipo de onomatopeyas, claro que eran reclutas que ya me conocían, conscientes de los destrozos que podía llegar a causar. Por suerte se me daba bien reparar todos los daños que producía, así que, a menos que hubiera heridos, no tenía problemas con el resto de los marines… Bueno, excepto problemas a nivel orden y desorden que provocaba en el proceso de creación. Con los años, por supuesto, este problema se había reducido poco a poco, pero todos tenemos nuestros momentos menos gloriosos y tenía muchas ideas en mente que quizás, en más de una ocasión, sabía que no debía llevar a cabo, pero era lo suficientemente impulsiva como para hacerlo.
¡Cierto! Mis pensamientos se iban por las ramas.
Retomé la línea de pensamiento que me había traído hasta aquí, conocer más de Isla Kilombo, familiarizarme más con el lugar por el tiempo que estaría allí, no tenía un mapa de la isla, pero sería muy complejo perderse, considerando que solo había tres destinos, por lo que había averiguado ayer: El Faro, Pueblo de Rostock y la Base G-23. Era muy diferente al Archipiélago Conomi, donde me arraigaba hasta el momento y al lugar que regresaría después de que mi estadía aquí se diera por cumplida. La diferencia no solo radicaba en el tamaño sino también en la concentración de crímenes que parecían estar asolando la isla, que, por algún motivo que escapaba de mí, se había convertido en sede de actividades ilegales varias, así como de organizaciones criminales múltiples. Bueno, eso es lo que solía suceder cuando los marines tienen demasiada compasión con aquellos que solo tienen intención de lastimar a los demás o sembrar el caos, después de todo ¿Quién sabe cuál es el tipo de voluntad que mueve al otro?
No es como si pudiéramos meternos en la mente de las personas para poder averiguarlo y, a veces, era mejor cortar la cabeza de la serpiente que dejar que continuase creciendo para causar pánico.
Solté un suspiro mientras caminaba tranquilamente por las zonas más transitadas de Pueblo de Rostock: El mercado. ¿Qué mejor forma de encontrar criminales que en el mercado de Rostock? Y ¿Qué mejor forma de no causar caos en la base que saliendo y recorriendo la isla para reconocer la mayoría de sus entresijos mientras buscaba delincuentes? Si, tenía más de una intención al salir de la base, como dije anteriormente, quería mantener el orden, al menos por unos días, esperaba que ninguno de mis bebés hubiese decidido hacer combustión espontánea, pero tenía la confianza de que no era el caso, la mayoría de los objetos en los que estaba trabajando estaban en etapas finales, excepto un par de guantes que no podrían incendiarse aunque lo deseen, ya que estaba trabajando en ellos con algo menos comburente. Quienes me conocían estarían agradeciéndoles, desafortunadamente no estaba en casa. El bullicio de las calles empedradas de Rostock era un sonido de fondo agradable, las personas vendiendo sus productos atraían mi atención cada tanto, los aromas a especias, florales y afrutados me agradaban, aunque siempre estaba más presente el olor del pescado.
Cuando vi un puesto de carne en un pincho decidí que podría darme un descanso, y comer algo, después de todo había caminado un buen trecho, sin mencionar que era mediodía y necesitaba comer algo. Busqué con la mirada un bar, porque aún no había conocido ningún bar local y encontré un restobar que tenía un aura cálida, tenía mesas en el exterior, algunas cubiertas por sombrillas, las sillas eran bancos o barriles, había una zona techada, mientras que la otra, que no lo estaba, se encontraba más cerca del bar, el cual estaba cubierto de botellas de diferentes vinos y licores. Había una puerta en el fondo del bar y, allí, tenía enmarcado un cartel que indicaba “Cocina: Solo personal autorizado”. No tardé en ocupar una mesa, una con sombrilla, sombrilla que era lo suficientemente alta como para permitirme caber debajo de ella, agradecía que tuvieran en cuenta que algunas especies eran demasiado grandes.
La moza que se acercó para tomar mi pedido me sonrió y, al ver la insignia de la marina; porque no tenía la tendencia a llevar nada más que la insignia o la chaqueta; parpadeo curiosa.
. – ¡Un gusto! Soy Evelyn ¿Qué le gustaría ordenar?
Mi sonrisa fue tan radiante como la de la chica– Vaya, es un placer Evelyn, me llamo Manon, pediré ternera en salsa, pimientos rellenos de carne y filete tártaro.
Esto último le sacó una mueca a la muchacha, ah, entonces sabía que era, a muchos les disgustaba, pero era una exquisitez para mí.
. – Y también quisiera saber ¿Qué tal van las cosas por aquí? Hace poco llegué a Kilombo y sé que los problemas abundan.
Evelyn puso una mueca nuevamente, esta vez compungida y bajó la libreta.
. – En realidad… Hace unos días tuvimos problemas con una banda que suele pasar por aquí y causar destrozos. Todo se ve bien porque cerramos por una semana para reparar lo destruido, pero no sabemos cuando van a regresar… Quisimos darles el dinero que habíamos generado esa semana, pero parecía que solo tenían inquina contra el dueño del local. –Ella suspiró profundamente, desviando sus ojos hacia el segundo piso del restobar– Él no suele estar aquí hasta el final de la semana, así que somos los trabajadores los que tenemos que enfrentar los problemas.
Apoyé mi mano enguantada en el brazo de la chica, sonriéndole de forma tranquilizadora, ella me miró y esbozó una sonrisa pequeña.
. – Por suerte la marina se está encargando de buscarlos, aunque aún tenemos algo de miedo, por si regresan.
. – ¿Sabes sin son locales o solo están de paso? –Supuse que si vivía aquí, tendría una idea de si la banda era del lugar.
Ella negó con la cabeza– Desafortunadamente cubren sus caras. Aunque gracias por intentar involucrarse en esto.
Claro, no podría ser tan fácil.