¿Sabías que…?
... el Reino de Oykot ha estrenado su nueva central hidroeléctrica.
[Aventura] [T2] Sirena en remojo
Ubben Sangrenegra
Loki
Anochecer del 20 de Verano del 724
Isla Kilombo - Pueblo Rostock

La boda de Tofun había alcanzado un nivel de descontrol que pocos podrían imaginar. La celebración se había transformado en un torbellino de alcohol, sustancias ilícitas y una euforia desbordante que parecía no tener fin. Dos días enteros de fiesta habían consumido las energías de los presentes, pero no así su entusiasmo. Cuando la segunda noche comenzaba a descender sobre el caótico escenario, el bribón de ojos dorados, envuelto todavía en su ridículo disfraz de botella de salsa de soja, se tambaleaba alegremente en medio de la multitud. Entre risas descontroladas y pasos de baile que apenas lograban mantenerse en pie, se encontraba junto a su compañera, la peculiar sirena tiburonezca, con quien compartía tanto el ritmo desinhibido como la cantidad excesiva de alcohol consumido. 

Fue entonces cuando la imponente figura de Umibozu, el gigante marino de más de 20 metros, apareció en escena. El coloso había logrado algo que pocos creían posible: vaciar el descomunal barril de alcohol que se había preparado específicamente para él. Un contenedor que, con su capacidad monumental y su contenido de alcohol casi puro, debería haber dejado fuera de combate incluso a un ser de su tamaño. Sin embargo, ahí estaba, tambaleándose, con los ojos brillando de embriaguez y una sed insaciable que no parecía tener fin. 

Con su voz retumbante y arrastrada por la borrachera, el gigante se inclinó ligeramente hacia el peliblanco, quien seguía bebiendo y bailando con una coordinación nula. —¿Sabes hacer un cubata, Lurk?— preguntó Umibozu. Ubben, lejos de preocuparse por el tamaño o lo borracho que iba Umi, quien le hablaba, asintió frenéticamente, alzando su copa mientras seguía meneándose al ritmo de la música.  —Te encargo uno… me tambaleo mucho como para ir yo, Lurk— Las palabras del gigante eran ambiguas, oscilando entre la cortesía de una petición y la firmeza de una orden, sin embargo, el peliblanco no se inmutó. Entre risas y movimientos erráticos asintió, le agradaba demasiado el gigante como para tomarlo a mal, y en el fondo, no tenía intenciones de provocar un accidente que involucrara ser aplastado bajo sus enormes pies.

Ubben giró su mirada hacia Asradi, que también lucía un tanto perdida en la bruma alcohólica. —¿Me ayudas? —preguntó con una sonrisa ladeada, su tono cargado de una mezcla de diversión y miedo de quedar inconciente antes de lograrlo. Antes de que ella pudiera responder, un estruendo sacudió el suelo. Se trataba del enorme barril de Umibozu, el cual había sido cortado a 3/4 de altura sin esfuerzo alguno por Umi, quién, satisfecho con su maniobra levantó la parte más grande del barril con una sola mano, como si se tratara de una copa. —Esta será mi copa, Lurk— Mientras se tambaleaba, lo que hizo que Ubben riera aún más, al borde de perder el equilibrio. 

Entre risas, le hizo un gesto a la sirena para que lo siguiera y dijo al enorme Umi —Acércanos la copa, le pediremos ayuda al Tontatta para el ron— Sin esperar respuesta, tomó a Asradi del brazo y comenzó a caminar en dirección al pequeño pero eficiente recién casado, Tofun.  El peliblanco avanzaba con pasos ladeados, zigzagueando ligeramente mientras la música y los cánticos de los presentes llenaban el aire. Mientras se acercaban al anfitrión de la boda, el peliblanco vio a lo lejos en una gran carpa de lo que asumía eran los cocineros del evento lo que parecían ser muchos barriles de refresco de cola... después irían por ellos.


Bienvenida
#1
Asradi
Völva
Personaje


Asradi se fue de lado un par de segundos. No se cayó de puro milagro, pero es que llevaba una cogorza importante. Por fortuna, ahora estaba un poco más espabilada gracias a que habia logrado salir un poco al exterior para tomar el aire. La brisa fresca del mar siempre le ayudaba. Generalmente tenía un buen aguante al alcohol, podía beber como una campeona. Aunque quizás no tanto como Ragnheidr o Umibozu (por obvias razones de tamaño y peso), pero podía aguantar bien. La cosa es que, ahora, llevaban varias horas, sino días, de fiesta a causa del casamiento de Tofun. El alcohol corría por el lugar como si fuese agua en un río con el caudal repleto.

¿Qué es? ¿Quién está tambaleando...? Ah, Umi. — La sirena sonrió ampliamente, aunque tenía las mejillas coloradas. El movimiento del enorme wotan hacía tambalear a veces el suelo. Y ella todavía estaba algo aturdida por la cantidad de alcohol que aún no se le había diluido en la sangre.

Se llevó una mano a las mejillas notando, efectivamente, el calor en ellas y Ubben tampoco tardó en aparecer. Umi le preguntó si sabía hacer un cubata, y Ubben parecía muy dispuesto a ello. Lo que no se esperó es que el bribón de ojos dorados le pidiese ayuda.

¿Yo? No tengo ni idea de mezclar alcohol, pero vale. — Quizás así, si mantenía la cabeza ocupada en otras cosas, le costase menos adormilarse debido a la modorra que llevaba encima con tantas bebidas.

Y tanto que se espabiló que, poco después, con el enorme estruendo, el barril depositado por Umi la había hecho sobresaltarse un poco, parpadeando. ¿Eso iba a ser su copa? Bueno, no era anormal teniendo en cuenta el grandioso tamaño del wotan. Tenía que comer y beber para mantener ese cuerpazo de varios metros y metros de músculo. Fuese como fuese, casi no tuvo tiempo a reaccionar que Ubben no tardó en tomarla del brazo.

Qué caballeroso. — Bromeó la sirena, dejándose llevar y también acompañándole con eses graciosos saltitos que ya todos en el grupo le conocían.

Además que se le escapaba la risa porque Ubben iba a pasos ladeados y, ¿para qué mentir? Ella también iba acompañando ese movimiento. Todavía no se le había bajado todo el alcohol que había bebido aunque, por suerte, todavía estaba bastante lúcida.

La boda está siendo todo un festejo. Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto. — Le confesó a su amigo, con un gesto mucho más suave, mucho más cercano. Gracias también a que iba medio apoyada en el peliblanco, así su tambaleo no era tan pronunciado. O eso creía ella. — Y, por cierto, estás muy apuesto con ese disfraz de soja. — Lo hacía para picarle, realmente, porque pronto se le escapó un risita divertida.


Virtudes y Defectos

Inventario
#2
Ubben Sangrenegra
Loki
El peliblanco avanzaba tambaleándose junto a ti. A esta altura, cada paso en linea recta una hazaña épica el estado actual que se encontraban. Las luces de la fiesta y el ambiente desbordado de caos y diversión los envolvían como una manta de descontrol compartido —Bromeas, este tipo es lo máximo— dijo Ubben, su tono lleno de un entusiasmo borracho que solo el alcohol podía inspirar —Básicamente puede mear cualquier alcohol que quiera... ¡se la chuparía sin dudar si nos consigue un buen ron!— Su declaración fue tan cruda como espontánea, sin el menor filtro que indicara que tal vez esas no eran palabras apropiadas para ningún momento, ni siquiera para una boda alocada. Pero a él no le importaba, y la carcajada que siguió fue lo suficientemente fuerte como para opacar cualquier atisbo de vergüenza.

El comentario provocó que ambos se tambalearan aún más, pues el peliblanco estaba riendo como si el mundo entero se redujera a ese instante de insensatez, algo que nunca antes habías visto en él, y que sin embargo, parecía completamente relajado. Entonces, en un momento de burla y vanidad alimentada por el alcohol, el moreno se detuvo abruptamente al escucharte mencionar algo sobre lo guapo que se veía. Ladeó la cabeza, adoptando una expresión deliberadamente teatral mientras acomodaba su ridículo disfraz de botella de salsa de soja —¿Guapo yo?— repitió, dejando que la frase se arrastrara con una entonación exageradamente grave. Se giró hacia Asradi con una mirada que intentaba ser seductora, aunque el brillo de sus ojos dorados, empañados por la embriaguez, solo lograba hacer que pareciera aún más ridículo. —Tú estás guapísima… Apetitosa…— dijo, engrosando la voz para añadir un matiz de sensualidad que solo existía en su imaginación —Si te veo, y me dan ganas de cubrirte con mi salsa, pequeño suhito…— La seriedad de su expresión duró lo que tardó en mirarla a la cara, antes de que una explosión de risa escapase de su boca, doblándolo hacia adelante mientras intentaba recuperar el aliento. —¡Oh, dios! Creo que es lo más asqueroso que he dicho en mi vida— Continuó avanzando, tambaleándose aún más por el peso de su propia diversión.

El camino era un caos de risas y pasos torpes, pero las risas terminaron estallando de nuevo cuando el bribón se detuvo de golpe, golpeándose la pierna mientras reía descontroladamente. —¡Espera, espera! Déjame ir por el plato con ruedas. Es que me voy a mear de risa si te sigo viendo saltar así de borracha— Se soltó de Asradi, casi cayendo de cara al suelo antes de trotar tambaleante de regreso a la mesa donde habían dejado su carrito improvisado, El platito de sushi que alguien había convertido en carruaje improvisado para la sirena al ponerle rueditas.

Con un esfuerzo monumental y un par de tropezones, Ubben logró regresar con el platito arrastrándolo como si fuera el premio de una gran hazaña. Se inclinó ligeramente, haciendo un torpe ademán de reverencia. —Su carruaje, mi señora— anunció, intentando sonar refinado, aunque el alcohol traicionó cualquier intento de dignidad al intercalar un sonoro eructo en medio de la frase. Tenias la opción de aceptar o no, el subirte al "carruaje", pero poco le importaba al bribón. De un modo u otro, él lo usó como apoyo para mantenerse en pie mientras continuaban su camino hacia donde Tofun. 

El recién casado Tontatta, estaba celebrando con tanto entusiasmo como el resto de los presentes. Cuando finalmente llegaron al pequeño anfitrión, Ubben, con toda la intención de hablar, alzó un dedo como si fuera a pronunciar algo importante. Sin embargo, la expresión en su rostro cambió de repente, pasando de la determinación a la náusea en cuestión de segundos. —Un momento…— balbuceó, señalando a Asradi para que tomara la palabra mientras él daba media vuelta, tambaleándose hacia un florero convenientemente colocado a un lado. El sonido que siguió dejó claro que la elegante decoración del lugar no sobreviviría intacta a la fiesta.

Por cierto... ¿recuerdas que Tofun estaba disfrazado de piña? Ja ja ja...


Resumen
#3
Asradi
Völva
Personaje


¡¡Ubben!! — Asradi le dió un codazo entre risas cuando el bribón moreno dijo que se la chuparía si ese pito soltase un buen ron. Y lo dijo así, sin tapujos, en medio de toda la gente. A la sirena le dió un ataque de risa que no ayudó, para nada, a que ambos mantuviesen un equilibrio decente. Ella también iba un poco piripi, pero aún pensaba con algo de claridad. Ahora bien, el estar acompañada en medio de la fiesta por el chico, le hacía soltarse más, con confianza. Y claro, el alcohol también ayudaba a ello.

¿Cuánto había bebido? La verdad, había perdido ya la cuenta. Pero se sentía bien, más liberada y sin miedo esconderse, a pesar de todo el gentío que, ahora la rodeaba. Incluso había marines y ella estaba relajada. Ya fuese porque Galhard estaba entre ellos y confiaba en el pelicastaño, o ya fuese porque se sentía bien y protegida por el grupo que se había formado con la gente que había conocido en Kilombo en su día. Una sonrisa suave surcó los labios de la joven sirena al pensar en eso. Y en la suerte que había tenido. Era consciente de que, en el mundo, había de todo. Y a pesar de lo que ella había pasado, todavía había gente buena y en la cual confiar.

Como en ellos.

Así continuaron, apoyados el uno en el otro mientras caminaban, tambaleantes y entre risas, al menos hasta que Ubben se detuvo abruptamente tras ella haberle halagado, medio en broma y medio en serio. La verdad es que el moreno tenía su encanto a su manera. Y su energía burbujeante siempre le hacía reír. Le gustaba verle así de relajado, teniendo en cuenta que siempre lo notaba tenso y con la guardia en alto. Asradi parpadeó y, de repente, sus mejillas se colorearon de forma intensa. Como si se hubiesen transformado en un par de rojas y llamativas manzanas.

¿Qué has...? ¡Idiota! Debería tirarte de cabeza al mar. — Expresó su “enfado” cuando el chico se empezó a reír, en su cara, después de habérsela jugado con aquella expresión inicial tan seria y con la burrada que había dicho.

Por supuesto, a juzgar por la expresión de la pelinegra, se lo había imaginado suciamente en su cabeza. Ese fue el momento en el que Ubben aprovechó no solo para escaquearse momentáneamente, poniendo de excusa el carrito con ruedas que habían usado para aparecer en la fiesta, sino de su forma de moverse en tierra. Asradi infló las mejillas en un gesto adorable mientras entornaba los ojos a medida que veía como el bribón se alejaba. Sí, debería tirarle al mar. Pero conociéndola, luego se iba a arrepentir y terminaría yendo a por él.

¡Así te caigas de morros! — No era que lo desease, o que se hiciese daño. Pero sí al menos un poco para reírse ella de él.

Aunque no contuvo, efectivamente, esa risa cuando le vió regresar con el carrito en cuestión, tambaleante y la misma Asradi pensando en qué tan peligroso sería que se subiese a él y dejar que Ubben manejase tal objeto con ruedas. Se iban al mar de cabeza los dos, eso seguro. Mientras estaba pensando si subir o no, cada vez notaba al chico un poco más... raro. De otra coloración. Iba a preguntarle si estaba bien, mientras se dirigían a donde Tofun, cuando fue el mismo Ubben quien salió corriendo.

Asradi suspiró.

Tardaba demasiado. — No miró hacia el lugar, pero por el sonido ya se imaginaba lo que estaba pasando. Fue entonces que se percató que ahora tenía que ser ella quien se encargase de pedirle, al tontatta, la bebida para Umibozu. Tragó saliva.

Recordaba lo que tenía que pedirle, al menos el nombre, o eso creía. Pero no tenía ni la menor idea de lo que llevaba esa cosa. Buscó a Tofun con la mirada y le encontró. Vestido de piña. Tuvo que hacer esfuerzos para no echarse a reír al ver al tontatta vestido con eso. Y también un pequeño escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

Precisamente de piña. Solo podía desear que el disfraz fuese sintético y no de piña de verdad o ella misma estaría en un buen problema debido a la alergia que le producía esa fruta en concreto. Tomó aire y acortó distancias.

Hey, Tofun, perdona que te interrumpa. — Había bajado la mirada para poder hablar con el susodicho. Asradi le contempló de arriba a abajo, con una mezcla de diversión y repentina cautela. ¿O sería el alcohol jugándole malas pasadas? — Aunque antes que nada, felicidades por la boda.

Ahí al menos le sonrió. Asradi carraspeó ligeramente.

Me preguntaba... Si podrías hacernos un cubata para Umibozu. — Señaló a lo lejos al enorme wotan. — Ya sabes, acorde a su tamaño.

Considerable, claro.

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#4
Ubben Sangrenegra
Loki
El Tontatta, tan borracho como cualquiera en la fiesta, tropezaba levemente al saltar de las piernas de su nueva y paradójicamente vieja esposa... aunque quizá jurásica era la palabra correcta. Al escuchar tu solicitud para preparar un cubata para Umibozu, su viejo amigo y compañero de muchas aventuras, como el mismo decía; el pequeño anfitrión asintió sin dudar, entusiasmado por la idea.

¡Claro que sí! ¿Qué no haría yo por el buen Umi?— exclamó mientras se aproximaba a ti con paso tambaleantemente seguro, aunque algo desviado, con una sonrisa tan ancha que parecía que se le iba a salir de la cara, o que iba a explotar... —¿Tienes refresco de cola y limones? —preguntó con una mezcla de seriedad y embriaguez que hacía difícil discernir si hablaba en broma o no. Su pequeña figura se acercó tambaleándose a donde Ubben, quién intentaba recomponerse después de haber dejado parte de su cena en el florero —Tendremos que ir a la carpa de los cocineros del cóctel.— El pequeño anfitrión levantó una ceja, confundido al ver al peliblanco vomitar, pues con la peluca negra se parecía enormemente a otro tipo que conoció en la revolución.

Tofun, aprovechando su tendencia natural a la exageración y su estado desinhibido, alzó las manos al cielo como si estuviera revelando un gran secreto. —¡Son unos cocineros legendarios!— exclamó, retomando sus palabras anteriores, y balanceándose ligeramente hacia adelante. —Los contraté porque uno de ellos sirvió un cóctel a la Reina Isabel II... ¡de un reino lejano llamado Inglaterra!—  La historia fue contada con tanta convicción y entusiasmo que, por un momento, casi sonó creíble. Pero tú, siempre culta y versada en historia, no deberías tener problema en reconocer al instante la falsedad de aquella declaración. Inglaterra, la Reina Isabel II... Eran nombres extraños y claramente inventados, sacados del rincón más delirante de la mente embriagada del Tottata. 

En ese momento, el peliblanco hizo su entrada triunfal tambaleándose nuevamente, con su disfraz de salsa de soja agitandose con cada paso torpe que daba. Un par de palmaditas enormes en la espalda lo hicieron estremecer, cortesía de Umibozu, quien intentaba ser gentil usando solo su dedo meñique, aunque la fuerza de su gesto casi lo manda de cara al suelo. La visión del gigante marino con su barril cortado en tres cuartas partes como copa y el cuarto restante encajado en su cabeza como un improvisado sombrero era simplemente demasiado. Ubben tuvo que detenerse un momento, entre risas, para no caerse de pura diversión.

Tofun les hizo una seña para que lo siguieran hacia la carpa de los cocteleros. El pequeño Tontatta iba liderando el grupo con pasitos rápidos y zigzagueantes aunque más tambaleantes de lo normal, mientras explicaba entre balbuceos que iba a llenar el barril de Umi con algo "digno de un rey". Umibozu, consciente de su tamaño colosal, se quedó fuera de la carpa. Su presencia intimidante se sumaba al espectáculo con su sombrero improvisado, que parecía extrañamente acorde con el momento.

¿Entonces, entramos o qué?— preguntó Ubben, estirando las palabras con la torpeza característica de alguien que todavía estaba bajo efectos del alcohol, aunque claramente más lúcido tras haber dejado su estómago más ligero en aquél florero. La entrada de la carpa estaba cubierta por una cortina blanca que se agitaba con el ir y venir de los cocineros y garzones. Cada vez que alguien pasaba, la tela dejaba entrever destellos del interior; un espacio abarrotado con un enjambre de personas trabajando frenéticamente. Lo que más llamaba la atención era un hombre de cabello rubio y uniforme de chef, cuya expresión parecía tallada en piedra. Desde fuera, se le podía escuchar claramente dando órdenes con una autoridad que no admitía réplica. Los coros de "¡Sí, chef!" resonaban sin cesar, como si el lugar operara bajo el régimen de un dictador culinario.
[Imagen: cecbd080eb4609cd28f30d5b1284e8836b734b2c_00.jpg]

El interior estaba abarrotado de botellas, copas, y mezcladores que iban y venían a una velocidad casi vertiginosa. Cada chef y ayudante se movía con formación casi militar, siguiendo las órdenes del rubio. Sin embargo, al fondo de la carpa, un objeto destacó inmediatamente... un gigantesco botellón de vidrio con una etiqueta que decía "MinkCola - Electrificantemente Refrescante". El tamaño del botellón era descomunal, fácilmente suficiente para llenar dos barriles como el de Umibozu.

Ubben se inclinó ligeramente hacia Asradi, alzando una ceja con una sonrisa que delataba sus intenciones. —¿Eso es lo que creo que es? Porque si es así, creo que tenemos lo que necesitabamos— Mientras Ubben seguía inspeccionando con la mirada, Tofun ya había comenzado el llenado del barril de Umi.
#5
Asradi
Völva
Personaje


Por supuesto, Tofun la recibió con su embriagante alegría habitual, que hizo también sonreír a la sirena de forma más animada. Afortunadamente, el aire fresco del exterior le ayudaba a ir espabilándose. No se sentía tan mareada o, al menos, tan borracha como antes. Cosa que no se podía decir lo mismo de Ubben, que el pobre estaba rellenando los floreros y demás utensilios similares que encontraba con el contenido de su estómago. Si es que todavía le quedaba algo que echar al pobre, claro.

Ahora bien, Asradi había creído que Tofun se iba a encargar de la propia bebida de Umi, lo que no se esperó es que le pidiese limones y refresco de cola. Algo que, claramente, ella no tenía encima.

Ah, pues... No tengo. No suelo cargar con cosas así de forma habitual. — Le sonrió al tontatta, aún a pesar de lo serio que se había puesto de repente. Con tal gesto, la sirena se enderezó un poco. Por fortuna, Tofun sugería ir a la carpa de los cocineros, a lo que ella asintió. ¡Era verdad! ¿Cómo no había pensado en ello?

Así pues, sirena y tontatta fueron dirigiéndose, tambaleantes y zigzagueantes (uno más que la otra), hacia el lugar que Tofun había señalado antes. De vez en cuando a ella se le escapaba alguna que otra risita. Tanto por las historias que el hombrecillo contaba, como por la nubecilla de alcohol que todavía cargaba encima. Pero Asradi le escuchaba atentamente, intentando imaginarse el lugar y la persona que le estaba describiendo.

¿Es tan lejano ese lugar llamado Inglaterra? Tiene un nombre extraño. — Claro que los mares eran muy extensos y nadie los conocía todos en su totalidad. ¿Cuántos lugares habría que ella todavía no conocía? Una sensación cálida se posó en su pecho, una emoción y un deseo de conocer todos eses lugares que siempre le mencionaban.

Existiesen o no.

Porque, a medida que Tofun iba contando e hilando más en esa historia, Asradi se había percatado de que se lo estaba inventando todo. Pero lo hacía tan bien, y con tanto desparpajo, que le resultaba tremendamente divertido.

Finalmente, entre una cosa y otra, llegaron al lugar indicado. Y justo Ubben acababa de unirse, de nuevo, a ellos. Asradi le sonrió suavemente y le asintió cuando propuso entrar. Nada más asomarse, tras aquella cortinilla blanca, se podía notar todo el movimiento, el trajín del ir y venir de los cocineros, camareros y demás, bajo las estrictas órdenes de uno que parecía mucho más curtido. Asradi juraría que si le pegaban en la cara, seguramente no le dolería. Pero no iba a ser ella quien lo comprobase.

Fue Ubben quien le señaló el enorme barril de cola. Era de vidrio y tenía una pintaza espectacular. Miró de reojo a su amigo, leyéndole las intenciones.

¿Estás seguro? ¿No es mejor pedirlo y punto? Además, tenemos que conseguir los limones. — Porque eso era lo que Tofun le había pedido también. Limones. — Buscaré primero los cítricos y luego vemos que hacer con ese barrilete. A lo mejor nos lo dan y ya. Total, es para la fiesta.

Propuso, en su inocencia.

De hecho, ya se había girado para ir a buscar los limones por su cuenta. No debería ser tan complicado, ¿no? Se acercó a uno de los cocineros que correteaban por el lugar, yendo y viniendo con los platos ya preparados o preparándolos.

Disculpa, ¿podrías decirme donde están los limones? — Era obvio que todavía no quería tocar nada sin pedir permiso. — Es para que Tofun le haba un cubata a un amigo.

Y lo dijo así, con toda su inocencia.

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#6
Ubben Sangrenegra
Loki
El sonido rítmico del cuchillo golpeando la tabla de picar marcaba el ritmo frenético de la cocina. El chef al que te dirigiste, concentrado en reducir el cebollín a finas tiras respondió con tono molesto, seco y cortante. —Debería saber dónde se encuentran— gruñó, asumiendo que eras uno más de su equipo. Pero bastó con que mencionaras el nombre de Tofun y el cubata para Umi para que su atención se desviara. Sus ojos, antes fijos en la tabla, subieron lentamente hasta encontrarse con los tuyos. 

El impacto fue inmediato, y el filo del cuchillo resbaló de sus dedos y cayó con un tintineo metálico sobre el suelo de la cocina. El sonido cortó el bullicio del ambiente como una daga, atrayendo la mirada afilada del chef rubio. Ese hombre no necesitó alzar la voz para imponer respeto. Su sola presencia, con esa mirada más cortante que cualquier cuchillo, bastó para tensar la atmósfera. Giró apenas el rostro hacia ustedes, sin detener el vertiginoso movimiento de sus manos sobre la tabla. 

¿Se puede saber quiénes son ustedes y por qué están distrayendo a mis cocineros?— preguntó con un tono gélido. Sus palabras eran tan precisas y afiladas como el cuchillo que manejaba sin mirar. El chef que habías distraído se irguió de golpe, tragando saliva. No estaba asustado, pero el respeto en su voz era palpable —Son invitados del novio, Chef. Están buscando limones para un cubata que está preparando el señor Tofun— Respondió. El rubio los observó fugazmente antes de señalar con un leve gesto de la cabeza.  —Ahí hay unos pocos limones— Indicó una cesta casi vacía, donde apenas quedaban diez limones. Un suspiro apenas audible se escapó de sus labios antes de añadir —Si necesitan más, vayan a la carpa bodega al final de esta. Pero no toquen nada que no sea para los cubatas. ¿Entendido?— 

Fuera de la carpa, Ubben ya había salido tambaleándose, con el rostro aún algo pálido pero con su típica chispa en los ojos. Sin perder tiempo, indicó a Umibozu que acercara su enorme copa. Umi, sin cuestionar, dejó con cuidado los 3/4 del barril junto a la entrada. Ubben clavó la mirada en el peculiar sombrero de Umi, ese 1/4 restante del barril que descansaba sobre su cabeza. —Gigantón, ¿me prestas el sombrero?— preguntó con una sonrisa pícara que no presagiaba nada bueno. 

Umi, con su eterna paciencia, le entregó el barril sin decir palabra, pero en el proceso hizo el amague en broma de dejarlo caer sobre el peliblanco, quien solo alcanzó a decir —No no no no no!— mientras se encogía para no ser aplastado. Al percatarse de la broma del Wootan, el peliblanco le miró con un superficial odio, sacandole el dedo de al medio y luego riendo —Casi me cagué del susto, desgraciado— dijo entre risas, que fueron acompañadas por las de Umi y Tofun. Ubben lo hizo rodar torpemente hacia la plataforma con ruedas que traían y lo llevó al interior de la carpa, esquivando por poco a un par de cocineros que casi tropiezan con él. Ya dentro, se volvió hacia ti, con esa chispa de travesura brillando en sus ojos dorados. 

Hay que picar los limones aquí y poner el refresco de cola. La copa de Umi es demasiado grande para meterla en la bodega, pero con un poco de ayuda, podemos mover esto lleno...—Su idea, por absurda que sonara, no era del todo mala. El joven chef, aún embobado contigo, no tardó en unirse al plan. Sin pensarlo, empujó el trozo de barril sobre una plataforma con ruedas, abriéndose paso entre los cocineros mientras gritaba ¡Esquina ¡Detrás! ¡Puerta!. El grupo avanzó tambaleante hasta la bodega. Allí dentro, se encontraron rodeados de enormes mallas de limones y un colosal contenedor de "MinkCola". El aire estaba impregnado del fresco aroma cítrico y del dulzor de la soda. Era evidente que la bebida se consumía a grandes cantidades. 

Ubben miró el barril vacío y luego la montaña de limones. Sin mediar palabra, comenzó a cortar los frutos, lanzando los gajos al interior del barril. Entre risas, cáscaras voladoras y algún que otro intento fallido de encestar limones desde lejos, lograron llenar el barril con suficiente soda y rodajas de limón como para saciar la sed de un gigante... literalmente. Cuando finalmente terminaron, Ubben se quedó de pie frente al barril, observando la mezcla burbujeante. Sus ojos dorados se entrecerraron con una mezcla de satisfacción y duda.  —Dime que no soy el único que siente el impulso de meterse...— murmuró con voz baja, casi reverente, mientras contemplaba el líquido oscuro con rodajas de limón flotando. El barril cortado parecía más una piscina improvisada que un recipiente para bebida. 

Sin apartar la mirada del barril, añadió con un suspiro resignado —Pero este es para el cubata de Umi...— La decepción pesó en su tono, aunque no por mucho. Se acercó a ti, inclinándose lo suficiente para que solo tú escucharas su susurro. Su voz, rasgada por el alcohol y la picardía soltó una pésima idea... —¿Y si nos hacemos un cubata en ese barril y lo usamos de jacuzzi?— La risa apenas contenida en sus palabras era notoria, como si la idea, por absurda que fuera, le pareciera la más brillante del mundo. Sus ojos brillaban con esa chispa de locura traviesa, esperando tu reacción.
#7
Asradi
Völva
Fue una encantadora sonrisa la que Asradi le dedicó al cocinero, o chef, al que se había dirigido para pedirle la ubicación de los limones. Solo esperaba una respuesta, aunque la inicial había sido un tanto cortante. Algo que pareció cambiar cuando el tipo levantó la mirada y, directamente, se fijó en ella. Hasta se le cayó el cuchillo de las manos, algo que hizo que Asradi enarcase una ceja.

¿Estás bien? — Ella misma se agachó, tomando el utensilio y ofreciéndoselo. Entregándoselo en mano.

No hubo respuesta como tal puesto que el chef jefe, el rubio que tenía cara en la cual se podía rallar queso en ella, interrumpió la conversación. La sirena se mantuvo en silencio, aunque asintiendo cuando el tema de los limones salió a la luz.

No pretendía distraerles. Y no es mi culpa si se distraen. — Lo dijo muy dignamente, aunque tampoco pretendía meter en problemas al pobre hombre, no estaba dispuesta a que le culpasen de algo que no había hecho todavía.

Solo había pedido una indicación para irlos a buscar ella misma, no que se los trajesen.

Cuando el rubio le indicó una cesta ya casi vacía, con unos pocos limones tristemente ahí abandonados, la pelinegra negó ligeramente con la cabeza.

Creo que me van a hacer falta más. Es un cubata tamaño wotan. — Dijo con algo de gracia. Asintió cuando el chef rubio dijo que había más en la carpa y ahí que se fue, ahora sí acompañada por el otro cocinero.

Asradi le miró de reojo un par de segundos pero bueno, toda ayuda era bienvenida. Y más si había que buscar un contenedor donde vertir ese cubata tan grande. Fuese como fuese, sonrió ampliamente al ver a Ubben. Todavía tenía esa chispilla alcoholizada en los ojos, y se aproximó para estirarle una mejilla con los dedos.

Ya veo que os habéis adelantado. Los limones están en la carpa. — Indicó la susodicha mientras Ubben explicaba también parte de su plan. Tenía razón. El recipiente era demasiado grande como para meterlo en la bodega. — Entonces hagámoslo aquí.

Con un movimiento, hizo un gesto suave al joven chef que la había acompañado hasta ahí. Ya que estaba, que les echase una manita. Y eso fue lo que hizo, movió el barril hacia una plataforma con ruedas y así mismo se lo llevaron hasta la bodega. No lo introdujeron en ella puesto que, efectivamente, no cabía. Pero podían dejarlo en el exterior e ir llenándolo con lo que había dentro de la bodega.


Poco a poco fue siendo llenado de cola y la misma Asradi ayudó a Ubben a cortar los limones en rodajas para irlos añadiendo a lo que ya empezaba a ser un buen cubata. Al menos, hasta que el bribón de ojos dorados soltó esa descabellada idea. Asradi le miró de hito en hito. Y luego miró a la parte sobrante del barril.


¿No va a estar muy pegajosa la cola? — Preguntó, no muy segura de ello. Aún así, dejó de cortar limones y se aproximó al otro recipiente. La verdad es que sí olía bien y, a pesar de su pregunta, la bebida estaba muy fresquita. — Podríamos echarle unos hielos más. — Y sí, todavía seguía con esa chispilla también alcoholizada.

Miró a Ubben un momento y no tardó en reírse.

Está bien, pero si pasa algo, es tu idea. — Bromeó con él. Al fin y al cabo, con Ubben podía permitirse ese tipo de pequeñas locuras que le endulzaban un poco la vida. Sin preocuparse.



Virtudes y Defectos

Inventario
#8
Ubben Sangrenegra
Loki
El bribón intentaba contener la risa mientras te escuchaba preguntar si no estaría muy pegajosa la gaseosa de cola. En realidad, no lo había pensado, pero probablemente sí. Eso, sin embargo, no disminuía en absoluto sus ganas de intentarlo. El peliblanco estaba a punto de argumentar a favor de la idea cuando te escuchó aceptar la propuesta. Su sonrisa, que ya oscilaba entre la ebriedad y la alegría, recuperó esa malicia innata, ese toque ladino tan natural en su rostro.

Giró el rostro hacia el joven chef, quien justo regresaba con un saco repleto de hielo, por tu sugerencia. Sin perder tiempo, el muchacho volcó la mitad del contenido dentro del cubata improvisado, provocando un chapoteo refrescante y haciendo chisporrotear la gaseosa. Ubben, en un movimiento casual, se acercó al chef y le apoyó una mano en el hombro, como si fueran viejos amigos. —Eh, Pepe, ¿podrías llevarle esto a nuestro compañero mientras nosotros limpiamos este desastre?— Pidió con tono casual y despreocupado. —Yo no me llamo Pepe...— rebatió el chef con cara de confuso, sin embargo, el peliblanco, inclinándose un poco más hacia él, añadió en un susurro —Y si nos haces un pequeño favor, la sirena te da un besito...— El cocinero parpadeó, confuso, pero antes de que pudiera replicar, el bribón continuó hablando, asumiendo que él había aceptado.

Tofun está afuera con Umi esperando. Pídeles que llenen otro tercio del barrilete con ron y lo traes para acá. Pero sin decirle nada a nadie, ¿te parece?— Dijo con una sonrisa pícara antes de darle una palmadita en la espalda y empujarlo sutilmente hacia adelante para que se pusiera en marcha. Tan pronto el chef se alejó, Ubben volvió a dirigirse a ti con ese brillo de travesura reflejándose en sus ojos dorados. Se frotó las manos con un entusiasmo casi infantil y te hizo una seña con la cabeza antes de hablar  —Ok, ahora ayúdame, Sushita. Tengo una idea— 

Sin esperar respuesta, comenzó a moverse rápidamente, arrastrando cajas y reorganizando ingredientes de forma bastante eficiente para alguien en su estado de ebriedad. —Vamos a hacer una fortaleza con estas cajas— explicó, empujando un par de ellas hacia una esquina —Un fuerte para nuestro barril-jacuzzi— La idea sonaba ridícula, pero de alguna manera tenía su encanto a ojos del bribón. —¿Alguna vez habías hecho una estupidez como esta? Porque te aseguro que para mí está en el top tres de ideas estupidas en mi vida— comentó, sin dejar de apilar cajas.

El lugar comenzaba a tomar forma, una especie de refugio clandestino donde esconder el barri una vez que volviese. Cuando finalmente estuvo todo listo, Ubben se cruzó de brazos y observó la magnifica obra arquitectónica con una expresión satisfecha. Como un niño que acaba de construir su primer escondite secreto, solo que en este caso, la intención era mucho más caótica y etílica. —Debí dedicarme a la Arquitectura...— bromeó, mientras se escuchaban pasos afuera. No era un fuerte como tal, pero había movido las cajas de forma en que se mantuviesen en un orden similar al que estaban, dejando espacio para el barril tras de ellas e improvisando una puerta con cajas ya vacías.

En ese momento, el chef regresó con el barril con ron. Cumpliendo su parte del trato, lo depositó con un leve ademán de duda en el rostro. Ubben se acercó a él con aire triunfal y le palmeó el hombro de nuevo, inclinándose hacia su oído con una sonrisa burlona. —La sirena cumple sus promesas, amigo mío. Ve a buscarla y dile que un trato es un trato— El chef no pareció del todo convencido, pero antes de que pudiera cuestionarlo, el bribón ya le había dado el empujoncito hacia ti, conteniendo la risa y sabiendo que probablemente recibiría un golpe por ello. Desde la cocina se escucharon pasos en dirección a la bodega de ingredientes, al parecer alguien venía, y lo mejor sería que no les descubriesen haciendo semejante estupidez.
#9
Asradi
Völva
Ubben parecía encantadísimo con la idea en cuanto Asradi aceptó aquella pequeña locura. A decir verdad, solía ser bastante comedida en ocasiones, pero ver a Ubben tan chispeante y tan relajado le caldeaba el corazón. Además, se lo estaban pasando bien y no le estaban haciendo daño a nadie, realmente. Así que decidió ayudar con aquel cubata extra grande que usarían de piscina o jacuzzi improvisado. Mientras Asradi terminaba con el tema de los limones y de afinar unos asuntillos más, se fijó que Ubben estaba cuchicheando algo con el cocinero que tan amablemente les había ayudado a traer el enorme barril hasta allí.

¿Qué tanto estáis murmurando vosotros dos? — Preguntó, mirando al par y entornando un poco los ojos hacia ellos, claramente sospechando de lo que sea que estuviesen tramando. Más Ubben que el pobre hombre que el bribón de ojos dorados había agarrado por banda.

La sirena negó ligeramente con la cabeza, casi resignada. No creía tampoco que fuese tan malo, así que les dejaría estar. Por suerte para ellos, de momento, no había escuchado lo del besito. Y era mejor que no lo hiciese, por el bien de ambos hombres. O del instigador a ello, sobre todo. Cuando Ubben despachó, con otra tarea, al cocinero, Asradi se aproximó a su amigo cuando éste le hizo el gesto para que se acercase. Fue la sirena la que le pellizcó, suavemente, la mejilla morena.

¿Qué andas tramando, eh? No estás a gusto si no estás quieto. — No era un regaño de por sí, sino un hecho totalmente verídico. Aún así, a juzgar por la sonrisa divertida que tenía la pelinegra, era bastante obvio que se lo estaba pasando bien y, a su manera, apoyaba aquella pequeña locura que se le había ocurrido a Ubben.

¿Para qué quieres hacer una fortaleza? — Preguntó una vez más, aunque no tardó en acompañarle y ayudarle a mover las cajas para, efectivamente, hacer una especie de fuerte alrededor del barril pinrcipal que usarían como jacuzzi. Aunque, viéndolo ahora en perspectiva, tampoco era tan mala idea.

Estarían más refugiados de ojos ajenos y más tranquilos, disfrutando ambos de su locura. Asradi se rió abiertamente cuando, al cabo de un rato, tuvieron ya todo dispuesto. La sirena recorrió un poco el lugar, como si estuviese inspeccionando la zona y curioseando al respecto. El barril yacía en el medio, repleto de cola, gaseosa y ahora ron y limón. La verdad es que daban ganas de bebérselo todo. Y cuando los hielos fueron añadidos, no pudo evitar agitar un par con los dedos, mientras flotaban sobre el líquido espumoso y oscuro.

Todavía estás a tiempo, aunque sería una pena perderte de los Revolucionarios. O podías ser un revolucionario arquitecto. — Propuso, en medio de su ligero estado etílico y de lo divertida que se estaba conformando la situación.

Cuando el cocinero volvió, Ubben intercambió unas palabras con él que, ahora, Asradi sí escuchó.

¿¡Que le dijiste qué cosa!? ¡Ubben! — Sí, esta vez fue un regaño en toda regla, una reclamación. Claro que no iba a besarle, ni mucho menos. — Si quieres bésale tú, yo no acepté ese trato. — Lo dijo muy dignamente.

Aunque cuando, de repente, escucharon pasos que se dirigían hacia ese lugar, Asradi intercambió una mirada un tanto preocupada y alarmada para con su amigo. Luego miró al cocinero y suspiró ligeramente.

Ayúdale con lo que falte aquí. Yo distraeré a quien sea que venga. — Miró de hito en hito a ambos hombres, al de pelo blanco casi con una ligera advertencia, mientras se adelantaba para interceptar a quien fuese que se estuviese acercando.

Puso su mejor expresión, su mejor sonrisa, acomodó la parte de arriba de sus ropas y... Ahí fue. Primero, un “accidental” tropezón contra la persona que viniese en su dirección para que no fuese más allá del umbral que ella había marcado como que no podía pasar.

¡Ah, lo siento, yo...! No vi por donde iba... — Y luego su mejor expresión adorable y vulnerable, capaz de encandilar a la mayoría de los hombres.



Virtudes y Defectos

Inventario
#10


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