Hay rumores sobre…
... una isla del East Blue donde existen dos escuelas de combate enfrentadas. Estas escuelas hacen especial referencia a dos personajes de la obra original.
[Aventura] [Aventura-T2] Susurros de Oykot
Alistair
Mochuelo
Mediodía. El momento cúspide en el que el astro rey se ubica en la corona del cielo y arde con mas fuerza que nunca, añadiendo a esto que se trata de la época de Verano. Un temible enemigo para cualquier criatura cuyo cuerpo esté cubierto de pelo, como es tu caso; espero trajeras una buena botella de agua para mantenerte hidratado, o seas de los que gusta mantenerse bajo la fresca sombra de un árbol para evadir la mirada directa del sol arrojando calor con fuerza. 

Que, hablando de mantenerse bajo las sombras, es exactamente tu propósito el día de hoy y otros tantos más, en un sentido mucho mas metafórico táctico. Tu presencia allí, junto a la de otros revolucionarios llegando al encadenado Reino de Oykot, presagia la ocurrencia de un evento que se ve pocas veces a lo largo de los años, pero que traería un cambio a la población general suficientemente poderoso como para sacudir los cimientos de todos los habitantes de la isla, y quien sabe, quizá también meter un poco de miedo en las personas que observan el mundo desde sus tronos, tan altos que el ojo desnudo del común no es capaz de verlos desde abajo: El Gobierno Mundial. 

Serás parte de la causa, de la revolución que permitirá al Reino de Oykot destronar a la monarquía opresora y recobrar sus vidas no como los fieles sirvientes de déspotas sino como ciudadanos que forman parte del mundo, que quieren crecer y vivir en él, y que quieren entregarle un futuro brillante a sus hijos que sea mucho mejor que el propio. Todo lo que querría un pariente para sus hijos.

Pero eso es un cambio que está por venir, todavía sin suceder, y por ello estas aquí ahora mismo: Para prepararte para lo que viene, y dar una interpretación digna de pasar en leyendas, o como mínimo en rumores de establecimientos, y suficiente para que los habitantes de Oykot te reciban con una sonrisa cada vez que pases de visita.

Actualmente te encuentras en la zona menos favorecida de Oykot, donde se reúne la gente que es parte del común, que vive su día a día un momento a la vez, además de carecer de los claros privilegios que tiene la clase mas pudiente. Por extensión, entenderás que son los más favorecedores de la rebelión que está a punto de venir, pero si ellos conocen algo acerca de eso o no, es algo que tu deberás descubrir en la aventura de hoy. Hora de sacar las palabras prohibidas de mapache y convencerlos de que eres solo un Mink de lo mas majo que viene a darles una charla amigable. 

O ir por la ruta arriesgada y anunciarte como un revolucionario, pero yo votaría en contra de esto; a la presencia policiaca de la ciudad -o cualquier rata traidora suelta por ahí- no le gustará la presencia de un revolucionario y te pondrán problema. Por tu bien, y el de la operación, lo mejor es proceder con precaución por el método que sea.

Tienes alternativas a esto, por supuesto. Siempre puedes,  en vez de hablar con quienes podrían ser los simpatizadores mas probables y cercanos, ir directamente a por el lado contrario. Ir directamente como en: "Hablar con ellos y sacarles información por debajo de la mesa". No repitamos el incidente con Mae, por favor. 

Puedes dirigirte al sector mas pudiente de Oykot y hablar con los habitantes de la zona para saber si alguno está enterado de siquiera una pizca de la operación; las palabras que carga el viento vuelan rápido y puede que se enteraran de algo. O que no sepan nada, y les pille como una sorpresa enorme como una casa, quién sabe. 

Hasta tendrías una oportunidad de acallar voces en caso de que supieran algo, si te van esas cosas. 

Tantas opciones en tus manos y tan poco tiempo, Rocket. ¡Adelante y con la cabeza en alto, Revolucionario! 

Notillas Off
#1
Rocket Raccoon
Rocket
La confianza que La Causa había depositado en nosotros no podía ser más clara. Tras semanas de arduo trabajo bajo su bandera en las costas y muelles de Loguetown, nos encomendaron una misión que, según decían, podría cambiar el curso de la rebelión: formar parte de un golpe de estado en el Reino de Oykot, el cual no se encontraba muy lejos. No tenía todos los detalles sobre los motivos detrás de la revuelta, salvo que algunos balleneros estaban furiosos. Sus ingresos habían caído en picada, y las miradas acusatorias apuntaban hacia la monarquía. ¿Qué había provocado esa situación? Esa era una pregunta que aún rondaba mi mente, pero la verdad, no era mi prioridad. El motivo era importante, claro, pero no era por eso que me habían convocado.

Los enfrentamientos directos, el cuerpo a cuerpo de alto impacto, simplemente no eran mi especialidad. Para eso estaba Lemon, siempre dispuesto a aplastar cabezas, y seguramente algún otro camarada más con aptitudes similares, los cuales había conocido un día antes de comenzar con mi tarea. Lo mío era otra cosa. Mi dominio era el trabajo silencioso, la intriga paciente, ese que nadie reconoce hasta que es demasiado tarde y todo ha estallado, literalmente. Soy el que pone la bomba, pero también el que decide cómo llega a tu cara sin que te des cuenta. 

Mi misión antes del gran día era clara: descubrir si había células leales a la monarquía que hubieran detectado nuestros movimientos. Si existía alguna red de informantes o defensores encubiertos que pudieran comprometer el golpe, debía exponerlos y neutralizarlos antes de que actuaran. La tarea no era fácil, pero eso hacía que me entusiasmara más. El caos organizado era mi elemento, y ahora tenía una nueva oportunidad para demostrarlo, y asi seguir creciendo en importancia dentro de las fuerzas armadas revolucionarias.

Caminaba por una de las tantas calles del reino, con las manos en los bolsillos y la mirada atenta. En aquel momento, mi única intención era familiarizarme con la ciudad. Esas mismas calles, en un futuro no tan lejano, serían escenario de enfrentamientos brutales, y yo iba a ser parte de ellos. ¿Qué mejor que conocer el terreno de antemano? Además, si las cosas salían mal, tener una ruta de escape bien definida podría marcar la diferencia entre vivir para contarlo o terminar como otro cadáver más en la lista de bajas.

Sin embargo, mientras avanzaba, algo me decía que estaba en el lugar equivocado para lo que realmente buscaba. Mi objetivo era localizar a los leales a la monarquía, pero esta no era precisamente la zona para encontrar a ese tipo de personas. Estas calles estaban llenas de gente que, a simple vista, parecían lidiar con sus propios problemas, seguramente más preocupados por llegar a fin de mes que por alabar a un rey. Según lo que sabía por libros de historia y documentales, los monárquicos fervientes solían habitar los barrios más ricos, donde las riquezas y el poder los mantenían cómodos y fieles a la corona.

Y ahí surgió mi siguiente problema, el cual era mi apariencia. Iba vestido como un mercenario cualquiera, un rostro entre miles, me vería tan fuera de lugar en esas zonas que, seguramente, el primer guardia con un mínimo de autoridad me sacaría de una patada antes de que pudiera abrir la boca. Necesitaba ropa. Pero no cualquier ropa, sino algo que me hiciera pasar desapercibido en los círculos de la alta sociedad. Así que tomé la decisión obvia: dirigirme a una tienda de ropa. Claro, yo y la moda no éramos precisamente íntimos amigos. Mi estilo de vestimenta consistía en lo que fuera funcional, cómodo y fácil de moverme, pero algo me decía que esos estándares no iban a bastar aquí. No sabía nada de trajes ni elegancia, así que tendría que confiar ciegamente en el juicio del vendedor. Quién sabe, tal vez el tipo no solo me ayudara a parecer alguien decente, sino que incluso tuviera alguna información valiosa sobre los monárquicos que buscaba. Y si no... al menos me vería bien mientras merodeaba por la zona alta de Oykot. Todo suma.

Personaje

Virtudes y Defectos

Inventario
#2
Alistair
Mochuelo
Decidido en tu objetivo, abandonas la zona mas humilde de Oykot en busca de tu meta central: Los individuos más adinerados del mencionado reino, quienes podrían presentar una amenaza para la operación en caso de que consiguieran enterarse de lo que la Armada Revolucionaria tramaba, incluso en su aspecto mas mínimo. Bien lo saben quienes se especializan en Inteligencia, como tú: Mejor calar hasta la mas mínima llama desde que sea una pequeña brasa, para no tener que lidiar con un posible incendio.

Y tras unos minutos de caminar, finalmente llegas hasta las calles de la zona más pudiente de Oykot, la viva imagen de aquello por lo que la revolución lucha y por lo que dejan cada gramo de su ser en un intento por conseguir desmontar desde su corrupto núcleo: Desigualdad en su mas puro estado.

Con un vistazo a ambos lados, el contraste se hace más que obvio. En los barrios menos favorecidos, lo que más puedes observar con tu mirada son personas con problemas principalmente -pero no exclusivamente- de dinero, personas humildes que deben sacarse el pan de la boca para alimentar a medias a sus primogénitos y cuyos días de suerte son los mismos días en que consiguen rascar suficientes billetes como para comprarle un texto educativo a sus hijos. En cambio, la casta mas beneficiada no solo carece de todos estos problemas, sino que tienen tal exceso de beneficios que es posible percibir la opulencia incluso si intentaras mirar voluntariamente para otro lado. Porque seguramente, en ese otro lado, también tendrán propiedades a su nombre.

Huele a rico. Se siente como un rico. Y sin duda, se le puede despreciar como a un rico.

Es una sensación que enervaría a cualquiera que haya tenido que experimentar tal dolor de primera mano, el de luchar por sobrevivir con todas las pocas fuerzas a disposición. Un escenario tan ridículamente injusto como lastimoso, y de tan fácil solución que consigue provocar aún mas molestia. Si tan solo la clase pudiente optara por compartir siquiera un poco de sus excesos, tendrían para dar de comer cada día a todos y aún sobraría.

Pero a quienes hacen oídos sordos y ojos ciegos, arrojarles un metafórico petardo a casa -y quizá literal, si se presenta la oportunidad- resulta ser una solución increíblemente efectiva. Resulta difícil ignorar el problema cuando llega a las puertas de tu propia residencia y empiezan a arder las cortinas.

Has abordado tu situación desde un punto de vista bastante estratégico, y tomado una sensación increíblemente sensata con respecto al predicamento frente a ti: Es más que correcto asumir que tus prendas destacarán si te presentas tal y como vas vestido, y no de la forma que requieres para cumplir tu misión; tu apariencia de mercenario será recibida de mala manera por los ojos prejuiciosos de los más adinerados de Oykot, y con eso tendrán suficiente excusa para no darte ni la hora del día. Un cambio de look era algo muy necesario, así que el lugar que deberás visitar a continuación lo tienes más que claro: Una tienda de ropa de renombre en Oykot, ubicada justo entre las dos zonas residenciales de la ciudad que tan fuerte contrastaban. Se trata de un lugar bastante popular entre los locales, por lo que es común que su reputación provoque susurros acerca de ella en altamar con quienes entran y salen de Oykot, así que no deberías tener problema alguno con llegar hasta el sitio solo guiándote con lo que has escuchado por ahí.

A tu llegada, el acaudalado edificio te da la bienvenida con su imponente presencia. Donde sea que no hay vidrio en el lugar -y mira que hay bastante, suficiente para ocupar más de un muro entero- predomina el color blanco en sus muros y decoraciones, con ligeros retoques dorados tan sutiles que el ojo tan solo absorbe la sensación de afluencia monetaria sin siquiera notar que el color esta allí en primer lugar. Se ve como un sitio que costará un ojo de la cara y parte de un riñón, pero a su vez proyecta la sensación de que allí encontrarás justo lo que estás buscando para pasar desapercibido entre los locales. Además, siempre puedes pasarle la factura por debajo de la mesa a la armada bajo el término de "Costos varios de infiltración", o algo de ese estilo. Con suerte y una buena lengua, quizá incluso los propios dependientes sean quienes te suministren la información que buscas, todo está en cómo juegues tus cartas en esta situación. 

Por lo pronto, lo mejor es ir un paso a la vez: A entrar al local y conseguir un juego de ropa que deje asombrado a cada señor mayor con sombrero de copa cómicamente alto, bigote blanco y monóculo con el que te cruces por el camino.
#3
Rocket Raccoon
Rocket
La diferencia entre este lugar y las zonas que solía frecuentar en mi día a día era abrumadora, como si fueran mundos completamente opuestos. Incluso el aire parecía distinto, más limpio, más cargado de aromas sofisticados que contrastaban con mi ropa desgastada y un tanto ajada. Había intentado lavarla con jabón hacía poco, pero, francamente, no había mucho que pudiera hacer para igualar el nivel de pulcritud que aquí parecía ser la norma. Sentí una gota de sudor resbalar desde mi frente, trazando un lento descenso hasta mi barbilla. Antes de que pudiera completar su recorrido, pasé una mano rápida por mi rostro, intentando secarlo y, de paso, despejarme un poco. 'Tranquilo, Rocket, tienes esto bajo control, joder que sí. El plan es simple, y la causa es justa. Un poco de info por aquí, un poco de info por allá. Eres el mejor en esto, vamos.'

Sin embargo, el nerviosismo seguía ahí, un nudo apretado en el estómago, mientras trataba de mantener la compostura. Debía relajarme, pensar con claridad, o todo se iría al traste. Ajusté mi postura, respiré profundo y me recordé a mí mismo por qué estaba aquí. No podía permitirme fallar. 'Vamos, eres Rocket Raccoon. Esto es solo otro trabajo más.'

La puerta de la tienda se cerró tras de mí con un suave tintineo, pero sentí como si hubiese dejado un eco de incomodidad flotando en el aire. Desde el primer paso, me sentí fuera de lugar. El brillo dorado de la decoración, los trajes impecablemente dispuestos en sus estantes, y el ambiente impregnado de una elegancia que parecía juzgarme desde cada esquina lograron encogerme un poco.

Con una mezcla de nervios y prisa, agarré un traje al azar. Ni siquiera miré si era de mi talla o si el color combinaba con algo que pudiera llevar. Solo lo sostuve, como si ese trozo de tela fuese mi pasaporte a ser tomado en serio. Respiré hondo, compuse una sonrisa forzada y me acerqué al dependiente, que me observaba con una amabilidad que, para mí, se sentía como una lupa gigante enfocada en mis inseguridades.

-Disculpe, estoy buscando algo... algo muy específico, joder, eh…- Mis palabras se atropellaron al salir, y sentí cómo mi boca iba más rápido que mi cerebro. Apenas lo dije, mis ojos se abrieron como platos. '¡Mierda!' Había dejado escapar un improperio en un lugar que parecía el templo del refinamiento. -No, no era mi intención usar esa palabra, lo juro, se me escapa, es un tic... joder, joder, eh…- '¡Otra vez!' Era como si mi lengua me estuviera saboteando. Tragué saliva, una, dos veces, intentando calmarme, mientras mis manos apretaban el traje como si fuera mi tabla de salvación.

Como un idiota, traté de sonreír con una mezcla de disculpa y vergüenza. -Soy nuevo en la ciudad- dije finalmente, intentando recuperar algo de dignidad. -Tengo un encargo con algunos inventos propios y...joder eh. Bueno, quiero verme bien. Ya sabe, algo que impresione, joder eh.- Terminé la frase con un tono algo más seguro, aunque el rubor seguía encendido en mis mejillas. Incluso saque algún que otro cachivache de mi mochila, para tener esa buena coartada de futuro genio ingeniero que quiere hacerse un lugar en la sociedad.
#4
Alistair
Mochuelo
El interior del local te da la bienvenida de una forma prácticamente idéntica que su exterior, y las calles que has recorrido para llegar hasta el lugar: Al menos para ti, un ambiente opresivo y cargado de prejuicios para cada criatura que no se ajusta a la norma al pie la letra. Por preocupación o por descontento, no es un sitio agradable para estar, no para alguien que no ha vivido más de media vida allí, y cargue con una billetera bien adornada con los engranajes de papel y tinta que mueven el mundo: Un muy buen fajo de dinero. 

El sonido de la campana colocada a la entrada de la tienda sirve para avisar a los empleados del lugar sobre tu presencia, los cuales se giran en dirección desde donde quiera que estén. En un escenario de todos los días, el procedimiento habitual del personal en su ronda de trabajo consistía en que uno de ellos se acercara a ti directamente para darte la bienvenida al establecimiento y preguntar por lo que buscas allí en razón de hacer lo posible por ayudarte a encontrarlo. No obstante, al observarte tomar directamente uno de los trajes en exhibición con pocas dudas en mente, a sus ojos pasas con la categorización de alguien que ya ha estado antes en esa específica tienda, o por lo menos ya se ha paseado por otros sitios de similar naturaleza y sabe a lo que ha venido sin necesidad de demasiados desvíos. Ante la duda, prefieren dejarte hacer y juzgar a gusto, y mejor correr a tu petición al primer momento en que requieras la ayuda de alguno. Después de todo, los clientes que van a ese lugar tienden a ser un poco... explosivos cuando los molestan en mal momento. No sería la primera vez que se meten en problemas por dirigirle la palabra prematuramente a una persona así. 

Te acercas a la dependienta, y justo como te dice tu cabeza, su mirada esta firmemente clavada en ti, como si estuviese sujetando una lupa capaz de ver a través de la carne e ir directo al alma. Pero lejos de estar juzgándote o analizándote, simplemente se encuentra confusa ante tu presencia. Verás, en el caso concreto de esta dependienta, eres el primer Mink que ve en toda su vida. Es una chica que proviene de la clase media, lo suficientemente cerca de la clase alta como para estar en zonas donde los Minks son vistos con recelo y por tanto son una rareza de ver, pero sin los suficientes privilegios como para conseguir una posición mas allá de una dependienta de tienda. 

Apariencia de la dependienta


A sus ojos, ve una criatura antropomórfica que... Por no endulzarlo, se ve bastante adorable. Pero es lista, y sabe que un comentario así en voz alta hacia un cliente con el temperamento incorrecto puede ganarle un problema bastante gordo, así que omite cualquier juicio moral y te atiende con una sonrisa y esa mirada. Una actitud forzosamente muda que, de hecho, se empieza a ablandar poco a poco conforme te ve errar una, dos y tres veces en contener lo que has denominado como un "tic", una vulnerabilidad que asume como no intencional pero que le permite humanizarte mucho más que cuando has entrado por la entrada. Eso que le ayuda a considerarte "la persona que quiere comprar" y no "el cliente", un hecho que le permite a ella relajarse también en tu trato hacia ti. —¡No tiene que preocuparse por eso, querido cliente!— Responde en tu dirección, negando al ondear las manos abiertas de un lado a otro de forma ligeramente cómica. La etiqueta es por respeto, siempre que no tenga un nombre con el cual llamarte y tu permiso para hacerlo. —Mi primo tiene algo similar, no puede resistir decir cierta palabra que- Mis disculpas, imagino que no viene a escuchar sobre eso.— Baja un momento la guardia, intentando hacer conversación hablando de su familia pero pronto desiste. 

Se aclara la garganta en un intento de retomar la seriedad que el momento amerita, regresando a lo que has solicitado. —Tenemos una amplia variedad de prendas de las que puede escoger, todas orientadas a eventos específicos. Si me comenta la ocasión, puedo guiarlo hasta el lugar respectivo y buscar algo a su gusto y tallaje, sea de cóctel, nocturno, semi-formal, para negocios, y más.— Pausa un momento, y ve indecisión en tu mirada (o algo que se confunda con ello), añade algo más. —O, si es para una ocasión que no requiera inmediatez, podemos comunicarlo directamente con nuestro sastre para que confeccione un traje a su gusto y medidas.— Es la mejor opción si quieres algo que pueda resaltar a la mirada de cualquiera, indiferente de su origen. Pero, por el lado negativo, probablemente cueste un ojo de la cara y parte del otro, juzgando por la apariencia de un sitio y que tienen en disponibilidad a un sastre a pedido.

O puede que la respuesta esté mas cerca de lo que piensas. ¿Quién mejor para conocer información de los pudientes y famosos que quienes lidian directamente con ellos? Entre el personal de servicios generales y los dependientes, seguro que guardan tantos rumores como para empezar una organización de extorsión a la primera que tengan un mal día.
#5


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