Hay rumores sobre…
... una isla del East Blue donde existen dos escuelas de combate enfrentadas. Estas escuelas hacen especial referencia a dos personajes de la obra original.
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[Autonarrada] [T1] El Estudio de las Katanas
Dan Kinro
[...]
Día 1 de verano del año 724

Dan Kinro caminaba por los pasillos de la base de la Marina en Loguetown, conocida como G-31, con paso firme y decidido. A pesar de ser una marine de bajo rango, su naturaleza curiosa y su pasión por la espada la llevaban a estudiar todo lo relacionado con su arma favorita: la katana. Las paredes de la base estaban llenas de acero y metal, y Dan sabía que cada esquina de este lugar albergaba información valiosa, incluso si la mayoría de las veces los marines simplemente pasaban de largo, centrados en la rutina diaria.

El cuartel de G-31 estaba bien fortificado, sus barracas, oficinas y hangares dispuestos con orden, como era habitual en las instalaciones del Gobierno. Sin embargo, Dan no estaba aquí para asuntos de papeleo o rutina. Hoy su interés se encontraba en los materiales que componen una katana, un arma con la que sentía una conexión especial, casi como si fuera una extensión de sí misma. Y como siempre, no podía dejar pasar la oportunidad de aprender más sobre ella.

Llegó a un taller cercano, donde los herreros trabajaban incansablemente en la forja de espadas. A pesar de su lugar de trabajo militar, G-31 no escatimaba en calidad cuando se trataba de armamento. Dan miró alrededor con los ojos brillantes de emoción, observando las herramientas dispuestas meticulosamente sobre las mesas de trabajo: martillos, yunques, piedras de afilar y, por supuesto, metales en bruto esperando ser transformados.

Hmm, no puedo esperar más. — dijo mientras se acercaba a una mesa donde yacía una katana casi terminada. Estaba perfecta, su hoja aún sin afilar, pero la forma y el diseño eran impecables. Dan la observó detenidamente, estudiando cada curvatura y cada línea de la espada.

Lo primero que le llamó la atención fue la hoja, hecha de acero al carbono. Este material, conocido por su dureza, era ideal para una katana de alta calidad. Aunque el acero al carbono era más susceptible a la oxidación que otros metales, Dan sabía que este tipo de material ofrecía una resistencia excepcional a los golpes, lo que permitía que la katana mantuviera su filo por mucho más tiempo.

El acero al carbono... perfecto para cortar con precisión. — murmuró para sí misma, imaginando cómo esa hoja podría atravesar con facilidad cualquier enemigo que se le cruzara.

La hoja de la katana era de una sola pieza, algo fundamental para garantizar la resistencia al impacto. El proceso de forjado de la espada requería que el acero fuera calentado a altas temperaturas y luego martillado repetidamente para eliminar impurezas. Este proceso, conocido como forjado a la antigua, era lo que le confería a la katana su característico filo curvado, tan eficaz para los cortes rápidos y precisos.

El doble temperado... — murmuró, recordando cómo la combinación de calor y enfriamiento rápido creaba una estructura de acero más resistente y duradera. Mientras observaba la hoja, Dan notó que las primeras capas de la espada tenían un tinte oscuro cerca de la base, lo que indicaba que la temperatura de enfriamiento era la correcta para lograr un filo extremadamente duro en la parte exterior y un núcleo más suave y flexible en el interior, lo que garantizaba que la espada no se rompiera al momento de recibir un impacto fuerte.

Dan continuó su observación, ahora prestando atención a la guardia de la espada, que parecía estar hecha de bronce. A menudo, las guardias de las katanas eran elaboradas de metales más blandos para evitar que el filo de la hoja se dañara al recibir un golpe directo. La guardia, o tsuba, era pequeña, de forma circular, y tenía detalles finos que hablaban de la destreza de quien la había fabricado. Además de su función práctica de proteger la mano del espadachín, la tsuba también tenía un valor estético significativo en la cultura de los samuráis. Dan observó que esta en particular tenía detalles de hojas de bambú, un patrón que le resultaba familiar por su propio entrenamiento.

La protección de la mano es esencial para evitar lesiones durante el combate... aunque yo prefiero la sensación de tener una espada sin nada que me impida el agarre. — dijo tocando con delicadeza la tsuba, saboreando la historia detrás de cada diseño que adornaba la espada.

Luego, su atención se dirigió al mango de la katana, conocido como tsuka. El mango estaba envuelto en una capa de cordón de seda que aseguraba un buen agarre, incluso en condiciones de combate extremas. La espadachín notó que la seda estaba bien tejida, con un patrón clásico de entrelazado en espiral. Esto no solo era estéticamente atractivo, sino que también brindaba el agarre necesario para realizar movimientos rápidos y precisos.

Es fascinante cómo cada parte de la katana tiene una función, no solo en la estética, sino en la funcionalidad del arma. — reflexionó mientras observaba los detalles del mango. A ella le encantaba esa sensación de control que podía proporcionar un mango bien hecho, casi como si la espada hablara directamente a sus manos.

Pero algo más llamó la atención de Dan. En una mesa cercana, observó una katana distinta, una que no había visto antes. Su hoja tenía una tonalidad ligeramente diferente, un brillo metálico peculiar. Se acercó para examinarla más de cerca, notando que el filo parecía tener una resistencia adicional al desgaste. Era un material más denso y pesado que el acero tradicional, con un tinte ligeramente más oscuro.

¿Qué es esto...? — murmuró mientras tocaba la hoja, sintiendo que algo extraño emanaba de ella. Era como si la katana no solo estuviera forjada con acero, sino que tuviera algo más en su interior. Después de una inspección más detallada, Dan se dio cuenta de que la hoja estaba impregnada con kairoseki, o piedra de mar, un material conocido por su capacidad de inhibir los poderes de las personas con frutas del diablo.

No puede ser...

Dan Kinro estaba completamente fascinada por la revelación. En las manos equivocadas, una katana como esa podría ser un arma mortal contra los usuarios de frutas del diablo. Pero lo que más le sorprendió fue cómo el kairoseki se integraba con la estructura del acero sin comprometer la resistencia o la flexibilidad de la hoja. Esto era una maravilla de ingeniería, algo que pocos podían permitirse crear. Y lo más fascinante era que, aunque el kairoseki era un material raro y costoso, el herrero había logrado integrarlo de manera sutil en el diseño de la katana sin que afectara su funcionalidad principal: cortar con precisión.

Esto lo cambiaría todo... una espada que podría desarmar incluso al más poderoso de los usuarios de frutas del diablo. 

La mente e imaginación de Dan volaban pensando en las posibilidades. Sin duda alguna, esa katana, si caía en las manos correctas, podría ser una de las armas más poderosas del mundo.

Finalmente, Dan levantó la mirada y observó al herrero principal del taller, un hombre de aspecto serio y concentrado que no parecía haber notado su presencia. Se acercó a él con una sonrisa, disfrutando del aire de misterio que envolvía el taller.

¿Qué tipo de acero usas para las hojas? — preguntó sin rodeos, su curiosidad evidente en su tono.

El herrero la miró de reojo, reconociendo la familiaridad de la joven con las espadas. Con una ligera sonrisa, se encogió de hombros antes de responder:

Acero al carbono, como has visto, pero para los samuráis de mayor rango, algunas veces utilizamos acero de tamahagane. Es un acero japonés de alta calidad, pero no siempre está disponible en grandes cantidades. Y esa, allí, es una katana de kairoseki, especial para enfrentarse a los usuarios de frutas del diablo. — explicó, viendo cómo Dan asentía con interés.

Tamahagane... kairoseki... — repitió ella, como si las palabras tuvieran un peso especial. Dan sonrió, satisfecha con la respuesta, y dio unos pasos atrás, admirando la katana desde otro ángulo.

Era evidente que, para ella, cada aspecto de la katana tenía un propósito, y entender esos materiales solo la acercaba más a su objetivo: dominar su arte. La base G-31 le ofrecía más que simples entrenamientos y armas. Aquí, entre herreros, espadas y herramientas, podía ver más allá de lo evidente, y cada nuevo conocimiento se sumaba a su experiencia personal.

Dan Kinro se alejó del taller, con la mente llena de nuevos detalles sobre el acero, el forjado, el kairoseki y el arte de la espada. Sabía que en algún momento tendría en sus manos una katana que fuera aún mejor que la última. Y cuando eso ocurriera, se aseguraría de usarla con una destreza única, alimentada por todo lo que había aprendido.
#1
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