
Daryl Kilgore
-
06-12-2024, 05:50 PM
Una mañana cualquiera ...
En Loguetown, la legendaria ciudad de los comienzos y los finales, donde el viento marino lleva consigo historias de piratas y leyendas, había una sección militar resguardada cerca del puerto. Una base de entrenamiento de la Marina se alzaba firme entre acantilados que daban al mar turquesa, con una vista que inspiraba a cualquier soldado a empuñar sus armas con determinación. Hoy, este lugar, normalmente bullicioso con gritos de órdenes y el choque de espadas, estaba tranquilo. Solo los pasos firmes de Daryl rompían el silencio. Daryl era un agente del Cipher Pol, uno de los más entrenados y mortales en su línea de trabajo. Sin embargo, hoy no estaba vestido con su usual traje formal ni llevaba documentos confidenciales. Vestía un uniforme de entrenamiento sencillo, una camiseta sin mangas negra que destacaba su musculatura bien trabajada, unos pantalones cómodos de tela oscura y vendas envueltas en sus manos para proteger sus palmas de las constantes horas de práctica. A su alrededor, el campo de entrenamiento era un amplio espacio abierto, delimitado por un conjunto de estatuas conmemorativas de antiguos héroes marines. Estaban erosionadas por el tiempo, pero aún mostraban la imponente figura de quienes alguna vez lucharon contra el crimen en los mares del Este. En el centro del campo se alzaba una plataforma de madera diseñada para soportar el entrenamiento más brutal. A un costado, había estanterías llenas de armas de práctica: espadas de bambú, cuchillas desafiladas y armas contundentes. Sin embargo, lo que destacaba en el lugar eran las tres katanas que reposaban en una mesa cercana, reluciendo bajo el sol de la mañana.
Daryl inhaló profundamente mientras observaba las espadas. El estilo de las tres katanas, conocido como Santoryu, era algo que lo había fascinado desde hacía tiempo. No era un estilo común entre los agentes del gobierno, ya que requería un nivel de destreza, fuerza y concentración que pocos podían alcanzar. Sostener una katana en cada mano ya era complicado, pero añadir una en la boca y moverse con precisión era una hazaña que rozaba lo imposible. Daryl comenzó con un calentamiento intensivo. Dio vueltas alrededor de la plataforma, sus botas golpeando la madera con un ritmo constante. Al mismo tiempo, realizaba movimientos básicos con una sola katana en mano, practicando cortes diagonales, estocadas y bloqueos. Su respiración se mantenía controlada mientras cada movimiento fluía con precisión. El sol comenzaba a elevarse más alto, calentando su piel morena cubierta de sudor. Tras quince minutos de movimientos básicos, Daryl se detuvo frente a las tres katanas. Las recogió con cuidado, sintiendo el peso y el equilibrio de cada una. Se tomó un momento para ajustar su postura. Separó los pies ligeramente, doblando las rodillas para equilibrar su peso. A pesar de lo extraño que podría parecer el estilo, la postura de Daryl era firme y poderosa. Con un grito de concentración, comenzó el primer movimiento. La katana en su boca cortó el aire con un silbido agudo mientras giraba su torso para lanzar un ataque simultáneo con las tres espadas. La madera de la plataforma tembló bajo su peso cuando sus botas aterrizaron tras el giro, su postura impecable como si estuviera en medio de un combate real.
Alrededor del campo de entrenamiento, la brisa marina traía el olor de sal y algas. Se podían escuchar las gaviotas graznando en el cielo, acompañadas por el sonido rítmico de las olas golpeando contra los acantilados cercanos. A lo lejos, los mástiles de los barcos se mecían suavemente en el puerto de Loguetown. No muy lejos de Daryl, había un pequeño grupo de cadetes que habían terminado sus propias sesiones de entrenamiento. Se detuvieron para observarlo, intrigados por el inusual estilo que practicaba. No era algo que se viera todos los días, y la gracia con la que Daryl movía las tres espadas los dejó asombrados. Sin embargo, él no prestó atención a sus murmullos. Estaba completamente concentrado en sus movimientos. Daryl pasó a practicar combinaciones más complejas. En lugar de movimientos amplios y llamativos, ahora ejecutaba cortes más rápidos y precisos, moviéndose de un lado a otro con agilidad. Cada corte iba acompañado de un cambio en la dirección de su cuerpo, como si bailara con las espadas. Uno de los ejercicios más difíciles consistía en atacar simultáneamente a varios puntos de un objetivo. Para esto, había colocado unos postes de madera alrededor de la plataforma, cada uno marcado con líneas rojas que representaban los puntos donde debía golpear. Daryl se lanzó hacia el primer poste, sus espadas cortando con precisión las líneas marcadas. Luego giró sobre un pie, cambiando su posición para atacar el siguiente poste. La katana en su boca requería una fuerza mandibular considerable, pero Daryl la manejaba como si fuera una extensión natural de su cuerpo. En un momento, decidió probar un ataque aéreo. Dio un salto alto, cruzando las espadas en el aire antes de descender con un golpe devastador. La madera del poste se partió con un crujido, las astillas volando por el impacto.
Finalmente, cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y púrpuras, Daryl bajó las espadas. Sus manos temblaban ligeramente por el esfuerzo, pero una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. Sabía que había avanzado en su dominio del Santoryu. Caminó hacia el borde del campo de entrenamiento, donde una pequeña fuente de agua fresca lo esperaba. Bebió profundamente, dejando que el líquido frío calmara su cuerpo caliente por el esfuerzo. Mientras miraba el horizonte, pensó en las posibilidades que este estilo le ofrecía en misiones futuras. No solo sería una herramienta mortal, sino también una prueba de su dedicación al arte del combate. El sonido de los pasos de los cadetes que se marchaban y el rumor del puerto al fondo le recordaron dónde estaba. Pero por un día, ese rincón del campo de entrenamiento había sido suyo, un espacio donde un hombre y tres katanas habían danzado al ritmo de su determinación. Con las katanas guardadas cuidadosamente en sus fundas, Daryl se dirigió al cuartel, satisfecho por un día de arduo entrenamiento. Sabía que esto era solo el comienzo de un largo camino para dominar el estilo de las tres espadas.
En Loguetown, la legendaria ciudad de los comienzos y los finales, donde el viento marino lleva consigo historias de piratas y leyendas, había una sección militar resguardada cerca del puerto. Una base de entrenamiento de la Marina se alzaba firme entre acantilados que daban al mar turquesa, con una vista que inspiraba a cualquier soldado a empuñar sus armas con determinación. Hoy, este lugar, normalmente bullicioso con gritos de órdenes y el choque de espadas, estaba tranquilo. Solo los pasos firmes de Daryl rompían el silencio. Daryl era un agente del Cipher Pol, uno de los más entrenados y mortales en su línea de trabajo. Sin embargo, hoy no estaba vestido con su usual traje formal ni llevaba documentos confidenciales. Vestía un uniforme de entrenamiento sencillo, una camiseta sin mangas negra que destacaba su musculatura bien trabajada, unos pantalones cómodos de tela oscura y vendas envueltas en sus manos para proteger sus palmas de las constantes horas de práctica. A su alrededor, el campo de entrenamiento era un amplio espacio abierto, delimitado por un conjunto de estatuas conmemorativas de antiguos héroes marines. Estaban erosionadas por el tiempo, pero aún mostraban la imponente figura de quienes alguna vez lucharon contra el crimen en los mares del Este. En el centro del campo se alzaba una plataforma de madera diseñada para soportar el entrenamiento más brutal. A un costado, había estanterías llenas de armas de práctica: espadas de bambú, cuchillas desafiladas y armas contundentes. Sin embargo, lo que destacaba en el lugar eran las tres katanas que reposaban en una mesa cercana, reluciendo bajo el sol de la mañana.
Daryl inhaló profundamente mientras observaba las espadas. El estilo de las tres katanas, conocido como Santoryu, era algo que lo había fascinado desde hacía tiempo. No era un estilo común entre los agentes del gobierno, ya que requería un nivel de destreza, fuerza y concentración que pocos podían alcanzar. Sostener una katana en cada mano ya era complicado, pero añadir una en la boca y moverse con precisión era una hazaña que rozaba lo imposible. Daryl comenzó con un calentamiento intensivo. Dio vueltas alrededor de la plataforma, sus botas golpeando la madera con un ritmo constante. Al mismo tiempo, realizaba movimientos básicos con una sola katana en mano, practicando cortes diagonales, estocadas y bloqueos. Su respiración se mantenía controlada mientras cada movimiento fluía con precisión. El sol comenzaba a elevarse más alto, calentando su piel morena cubierta de sudor. Tras quince minutos de movimientos básicos, Daryl se detuvo frente a las tres katanas. Las recogió con cuidado, sintiendo el peso y el equilibrio de cada una. Se tomó un momento para ajustar su postura. Separó los pies ligeramente, doblando las rodillas para equilibrar su peso. A pesar de lo extraño que podría parecer el estilo, la postura de Daryl era firme y poderosa. Con un grito de concentración, comenzó el primer movimiento. La katana en su boca cortó el aire con un silbido agudo mientras giraba su torso para lanzar un ataque simultáneo con las tres espadas. La madera de la plataforma tembló bajo su peso cuando sus botas aterrizaron tras el giro, su postura impecable como si estuviera en medio de un combate real.
Alrededor del campo de entrenamiento, la brisa marina traía el olor de sal y algas. Se podían escuchar las gaviotas graznando en el cielo, acompañadas por el sonido rítmico de las olas golpeando contra los acantilados cercanos. A lo lejos, los mástiles de los barcos se mecían suavemente en el puerto de Loguetown. No muy lejos de Daryl, había un pequeño grupo de cadetes que habían terminado sus propias sesiones de entrenamiento. Se detuvieron para observarlo, intrigados por el inusual estilo que practicaba. No era algo que se viera todos los días, y la gracia con la que Daryl movía las tres espadas los dejó asombrados. Sin embargo, él no prestó atención a sus murmullos. Estaba completamente concentrado en sus movimientos. Daryl pasó a practicar combinaciones más complejas. En lugar de movimientos amplios y llamativos, ahora ejecutaba cortes más rápidos y precisos, moviéndose de un lado a otro con agilidad. Cada corte iba acompañado de un cambio en la dirección de su cuerpo, como si bailara con las espadas. Uno de los ejercicios más difíciles consistía en atacar simultáneamente a varios puntos de un objetivo. Para esto, había colocado unos postes de madera alrededor de la plataforma, cada uno marcado con líneas rojas que representaban los puntos donde debía golpear. Daryl se lanzó hacia el primer poste, sus espadas cortando con precisión las líneas marcadas. Luego giró sobre un pie, cambiando su posición para atacar el siguiente poste. La katana en su boca requería una fuerza mandibular considerable, pero Daryl la manejaba como si fuera una extensión natural de su cuerpo. En un momento, decidió probar un ataque aéreo. Dio un salto alto, cruzando las espadas en el aire antes de descender con un golpe devastador. La madera del poste se partió con un crujido, las astillas volando por el impacto.
Finalmente, cuando el sol comenzó a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y púrpuras, Daryl bajó las espadas. Sus manos temblaban ligeramente por el esfuerzo, pero una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. Sabía que había avanzado en su dominio del Santoryu. Caminó hacia el borde del campo de entrenamiento, donde una pequeña fuente de agua fresca lo esperaba. Bebió profundamente, dejando que el líquido frío calmara su cuerpo caliente por el esfuerzo. Mientras miraba el horizonte, pensó en las posibilidades que este estilo le ofrecía en misiones futuras. No solo sería una herramienta mortal, sino también una prueba de su dedicación al arte del combate. El sonido de los pasos de los cadetes que se marchaban y el rumor del puerto al fondo le recordaron dónde estaba. Pero por un día, ese rincón del campo de entrenamiento había sido suyo, un espacio donde un hombre y tres katanas habían danzado al ritmo de su determinación. Con las katanas guardadas cuidadosamente en sus fundas, Daryl se dirigió al cuartel, satisfecho por un día de arduo entrenamiento. Sabía que esto era solo el comienzo de un largo camino para dominar el estilo de las tres espadas.