Alguien dijo una vez...
Bon Clay
Incluso en las profundidades del infierno.. la semilla de la amistad florece.. dejando volar pétalos sobre las olas del mar como si fueran recuerdos.. Y algún día volverá a florecer.. ¡Okama Way!
Tema cerrado 
[Autonarrada] [T2] Un misterio agridulce
Octojin
El terror blanco
Todo marchaba con la disciplina habitual en la base marina. Sin embargo, en las últimas semanas un pequeño pero intrigante misterio había comenzado a rondar los pasillos: la desaparición de chocolate en la cocina traía locos a cocineros y marines por igual. Aunque no se trataba de un problema de seguridad nacional, los reportes constantes de los cocineros habían llamado la atención de la comandancia, que decidió asignar a Octojin la investigación. Junto al tiburón, se unió un joven marine llamado Kalvin, de cabello castaño corto, gafas redondas y un carácter metódico que lo hacía ideal para tareas analíticas.

Las primeras pistas mandaron a ambos marines a hablar entre ellos, debatiendo si realmente era útil o no cada gota de información de la que disponían.

—¿Chocolate? ¿De verdad nos mandan a investigar esto? —preguntó Kalvin mientras caminaban hacia la cocina. Octojin, en cambio, parecía tomarlo mucho más en serio. Al fin y al cabo, le encantaban esos dulces que los cocineros ahora no podían hacer tan a menudo.

—No subestimes un misterio pequeño, Kalvin. Cada detalle cuenta, y nunca sabes lo que puede llevarte a descubrir algo más grande. Además, ¿qué sería de nuestra base sin postres? —respondió el gyojin, guiñándole un ojo.

Al llegar a la cocina, hablaron con dos cocineros que habían reportado las desapariciones. Gina, una mujer robusta de actitud severa, y Matteo, un joven aprendiz que apenas podía sostener una conversación sin tartamudear, víctima de unos nervios que no se iban nunca. Según ellos, en los últimos diez días habían desaparecido seis tabletas de chocolate. Estas se almacenaban en un estante alto, lejos del alcance casual, pero alguien parecía haberse estado sirviendo de ellas.

—No hay forma de que sea casualidad —insistió Gina—. Este chocolate es para las raciones y postres de los marines. ¡No podemos tener a alguien robando comida como si fuera un mercado libre!

Matteo asintió nerviosamente, señalando el estante vacío.

—P-P-Por la mañana siempre faltan... no sabemos cómo. El inventario es preciso.

Octojin examinó el estante con atención. No había señales de forcejeo o que alguien hubiera irrumpido de forma evidente. Sin embargo, notó algo curioso en el polvo acumulado: unas ligeras huellas.

—Kalvin, toma nota. Parece que alguien ha usado este lado del estante para alcanzar las tabletas. No es mucho, pero tenemos algo. Hay que examinar bien la pisada, ver a qué número corresponde y ya tenemos algo. Ahora necesitamos más información sobre quién entra y sale de la cocina.



Y es que... Qué sería de una investigación sin sus testimonios. El hablar con gente no era la parte favorita del tiburón, pero sí la de la investigación. Cada persona te podía dar esa pieza que te iba faltando y, uniendo todo, resolver el rompecabezas. Un rompecabezas que de momento, tenía pocas piezas en el tablero.

Tras dejar la cocina, Octojin y Kalvin entrevistaron a otros miembros de la base. Se centraron en los turnos nocturnos, ya que los robos parecían ocurrir durante la noche. Hablaron con el guardia de la puerta trasera, quien negó haber visto algo extraño, pero mencionó que una vez escuchó pasos ligeros cerca de la cocina a medianoche, aunque fue a investigar y no pudo ver nada.

—Pensé que era alguno de los cocineros. A veces vienen a preparar cosas temprano —dijo el guardia.

Esto llevó a Octojin a un siguiente paso: inspeccionar las habitaciones de los cocineros y el inventario de los ingredientes almacenados. Una tarea lenta pero necesaria. Sin duda cada vez estaban algo más cerca de conseguir saber quién era ese goloso ladrón entre sus filas.



Aquella noche, Octojin decidió montar guardia cerca de la cocina con Kalvin. Ocultos tras un carrito de provisiones, aguardaron en silencio. La espera fue larga y sumamente aburrida, pero alrededor de las dos de la madrugada, un ruido suave los alertó. Alguien había entrado en la cocina.

Con sigilo, observaron cómo una figura delgada y tambaleante se acercaba al estante del chocolate. La persona, vestida con el uniforme de recluta, se movía con movimientos torpes pero determinados. Agarró una tableta, cerró el estante y salió por donde había venido.

—Vamos tras él —susurró Octojin.

Siguiendo de cerca al sospechoso, llegaron hasta una de las habitaciones del ala de los reclutas. La figura entró sin encender las luces, pero Octojin abrió la puerta unos segundos después y lo llamó.

—¡Eh! ¡Alto ahí!

El recluta, un joven de nombre Rory, se giró con una mirada aturdida. Parecía confundido y no entendía qué estaba pasando. En sus manos aún sostenía la tableta de chocolate.

—¿Qué... qué ocurre? —balbuceó Rory, que parecía despertar de un sueño profundo.

Octojin frunció el ceño y Kalvin encendió la luz. Al mirar más detenidamente, Octojin notó algo peculiar: el muchacho no parecía del todo consciente de sus acciones.

—Kalvin, creo que tenemos un caso de sonambulismo aquí.



Todo aquello era muy extraño. El tipo parecía confuso, pero había sido atrapado con las manos en la masa. O con las manos en la tableta de chocolate, mejor dicho. Todo ello debería traer una confesión inesperada, tanto como la acción de encontrarle allí.

Rory, visiblemente avergonzado, se sentó en su litera mientras Octojin y Kalvin interrogaban con calma. Poco a poco, el joven comenzó a recordar fragmentos de lo sucedido.

—Yo... no estoy seguro de cómo empezó. A veces me despierto con trozos de chocolate en la cama o envoltorios escondidos... Me siento terrible, pero no sabía cómo explicarlo sin que me castigaran. Tampoco tenía la certeza de saber de dónde salía ese chocolate... Aunque después de los rumores de los robos en la cocina, tenía un poco más claro que seguramente fuera yo.

—¿Has considerado que podrías estar llevándote las tabletas sonámbulo? —preguntó Kalvin con tono comprensivo.

Rory asintió lentamente, cada vez más avergonzado.

—No sabía que me estaba causando problemas... Intenté evitarlo, pero no sabía qué hacer.

Octojin lo miró fijamente, su voz fue firme pero no dura.

—Esto es más serio de lo que piensas, Rory. No por el chocolate, sino porque no informaste de tu problema. Aquí no castigamos a nadie por algo que no controla, pero esconderlo pone a todos en una posición incómoda. Estas semanas ha habido un montón de acusaciones a gente inocente. Gente que podía haber perdido su posición de haber sido injustamente castigados. Necesitas ayuda para manejar esto, y lo primero que vamos a hacer es hablar con el médico de la base.

Rory asintió, su vergüenza era palpable, pero parecía aliviado de haberlo confesado.

Con el caso ya cerrado, Octojin pensó si realmente el tipo merecía un castigo. Estaba claro que no por la acción de robar en sí, ya que no estaba realmente consciente y se le notaba bastante arrepentido, sino por no haber contado el problema. Como mínimo, necesitaba una amonestación, algo que le hiciese ver que siendo sincero, los problemas eran más fáciles de llevar.



Al día siguiente, Octojin y Kalvin informaron al comandante sobre sus hallazgos. Se decidió que Rory recibiría atención médica para su sonambulismo y que, como medida preventiva, dormiría en una habitación sin acceso directo a alimentos o suministros sensibles. Además, se le asignaría un oficial superior como tutor para supervisar su progreso.

Más tarde, en la cantina, Octojin y Kalvin compartieron una mesa con Gina y Matteo para darles un cierre al misterio.

—Parece que no teníamos a un ladrón, sino a un sonámbulo. Rory no sabía lo que hacía —explicó Octojin mientras comía.

Gina bufó pero asintió.

—Bueno, al menos ya sabemos que no éramos nosotros.

Matteo parecía aliviado, aunque aún nervioso.

—T-T-Tal vez deberíamos guardar el chocolate en un lugar más seguro por ahora.

Octojin rió entre dientes.

—Buena idea. Y recuerden, chicos, hasta el caso más dulce puede ser más complejo de lo que parece.

El tiburón terminó su plato con satisfacción, sabiendo que otro misterio había sido resuelto en la base del G-31.
#1
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