
Lykos silver
Drake
07-12-2024, 06:46 PM
(Última modificación: 07-12-2024, 06:46 PM por Lykos silver.)
Cada mañana, cuando la luz del sol comienza a acariciar los techos y las paredes de las pocas casas que habitaban en Meruem, dentro del territorio de la isla organ, Lykos se despierta para poder empezar el día y hacer lo que hace todos los días: las compras del día a día, como si fuera un habitante mas de aquella ciudad oculta en el desierto, aunque... bueno, notoriamente mas diferente al resto. Lykos se abría paso por las calles angostas y vibrantes, cuidando todos sus pasos por si acaso pisaba a algun animalillo oculto en la arena del lugar, había que tener consideración con la poca naturaleza que habitaba en esos terrenos calurosos al fin y al cabo.
Con sus 5,20 metros de altura, se ve obligado a caminar mirando hacía el suelo por si acaso se chocaba contra alguna persona y esta luego le echara una bronca, era algo que claramente quería evitar... uf, era duro medir tanto, Tenía que agacharse siempre que quería entrar a un establecimiento. Pero, por suerte, la gente de la ciudad ya estaba bastante acostumbrada a la presencia del Bucaneer, algunas personas incluso lo detenían para poder hablar con el mientras que el resto se dedicaban a saludarle de lejos con la mano.. algunas ni eso, simplemente apartaban su mirada para poder centrarse en los quehaceres, pero todo esto solo indicaba una cosa: Que el viejo Lykos ya había demostrado ser un buen vecino. Amable, sereno y que estaba encantado de ayudar a sus vecinos, vamos. un tío Chill de cojones.
La ciudad se extendía en varias direcciones alrededor de la plaza principal, allí se concentraban la mayoría de los edificios, tenderetes y puestos improvisados, típico mercadillo de la zona comercial de la ciudad, los productos se encontraban bajo la suave sombra de las lonas de colores o de algunas hojas de palmera que utilizaba la gente para taparlos. Al llegar, Lykos tendría que inclinar la cabeza y agacharse para poder observar bien todo lo que quería comprar y para hablar con los trabajadores... aunque ya estaba acostumbrado, era un espectáculo intenso de ver, pero bueno, debido a la naturalidad que ya había adquirido, no resultaría intimidante a pesar de su altura. -¡Buenos dias Lykos! que, ¿ya vienes a hacer la compra del día? si es que.. tanto tiempo necesita mucha comida jajaja, ¿Qué tal? ¿Qué quieres hoy?.- Lo saludaba una joven frutera llamada Yara, una humana de veinti pocos años con la que ya había interactuado bastantes veces, atiende un puesto de frutas, pero se especializa mas en manzanas y uvas. -Buenos días Yara, me encuentro bien si, hoy es un día muy feliz. hoy voy a comprar el gremio por fin jojojo. tsk.- Se notaba que el hombre estaba feliz, -¿Tienes ya las manzanas dulces que me prometiste? estoy seguro de que a alguien de los que vengan le chiflaran. tsk.
Mientras los dos iban realizando sus negocios y sus intercambios, Yara le entrega una bolsa de lino reforzada con algunas frutas que le gustaban al Bucaneer, Lykos. cuidadoso de no romper nada con sus pedazo de manos, sostiene la bolsa entre el pulgar y el índice, como si fuera una pequeña joya para no aplastarla, el precio no le habría salido demasiado caro, unos 100 berries por todo... aunque tardaría un poco en sacarlos, tener las manos tan grandes hacía que manipular objetos tan pequeños fuera algo.. delicado. Charlarían durante un rato mas, sobre como los mercaderes estaban siendo mas agradables debido al incremento del calor en la isla de forma bondadosa y de que gracias a eso, las frutas estaban saliendo mas ricas. Lykos simplemente asentiría, agradeciéndole por la fruta y siguiendo su camino por la plaza para poder realizar algunas compras mas. Pasaría por la panadería, por la verdulería y por la carnicería para agarrar los productos que mejor pinta pudieran tener para preparar la fiesta de iniciación al gremio, si no lo hacía bien, pues no podría atraer a mucha gente, de eso estaba seguro.
Con sus 5,20 metros de altura, se ve obligado a caminar mirando hacía el suelo por si acaso se chocaba contra alguna persona y esta luego le echara una bronca, era algo que claramente quería evitar... uf, era duro medir tanto, Tenía que agacharse siempre que quería entrar a un establecimiento. Pero, por suerte, la gente de la ciudad ya estaba bastante acostumbrada a la presencia del Bucaneer, algunas personas incluso lo detenían para poder hablar con el mientras que el resto se dedicaban a saludarle de lejos con la mano.. algunas ni eso, simplemente apartaban su mirada para poder centrarse en los quehaceres, pero todo esto solo indicaba una cosa: Que el viejo Lykos ya había demostrado ser un buen vecino. Amable, sereno y que estaba encantado de ayudar a sus vecinos, vamos. un tío Chill de cojones.
La ciudad se extendía en varias direcciones alrededor de la plaza principal, allí se concentraban la mayoría de los edificios, tenderetes y puestos improvisados, típico mercadillo de la zona comercial de la ciudad, los productos se encontraban bajo la suave sombra de las lonas de colores o de algunas hojas de palmera que utilizaba la gente para taparlos. Al llegar, Lykos tendría que inclinar la cabeza y agacharse para poder observar bien todo lo que quería comprar y para hablar con los trabajadores... aunque ya estaba acostumbrado, era un espectáculo intenso de ver, pero bueno, debido a la naturalidad que ya había adquirido, no resultaría intimidante a pesar de su altura. -¡Buenos dias Lykos! que, ¿ya vienes a hacer la compra del día? si es que.. tanto tiempo necesita mucha comida jajaja, ¿Qué tal? ¿Qué quieres hoy?.- Lo saludaba una joven frutera llamada Yara, una humana de veinti pocos años con la que ya había interactuado bastantes veces, atiende un puesto de frutas, pero se especializa mas en manzanas y uvas. -Buenos días Yara, me encuentro bien si, hoy es un día muy feliz. hoy voy a comprar el gremio por fin jojojo. tsk.- Se notaba que el hombre estaba feliz, -¿Tienes ya las manzanas dulces que me prometiste? estoy seguro de que a alguien de los que vengan le chiflaran. tsk.
Mientras los dos iban realizando sus negocios y sus intercambios, Yara le entrega una bolsa de lino reforzada con algunas frutas que le gustaban al Bucaneer, Lykos. cuidadoso de no romper nada con sus pedazo de manos, sostiene la bolsa entre el pulgar y el índice, como si fuera una pequeña joya para no aplastarla, el precio no le habría salido demasiado caro, unos 100 berries por todo... aunque tardaría un poco en sacarlos, tener las manos tan grandes hacía que manipular objetos tan pequeños fuera algo.. delicado. Charlarían durante un rato mas, sobre como los mercaderes estaban siendo mas agradables debido al incremento del calor en la isla de forma bondadosa y de que gracias a eso, las frutas estaban saliendo mas ricas. Lykos simplemente asentiría, agradeciéndole por la fruta y siguiendo su camino por la plaza para poder realizar algunas compras mas. Pasaría por la panadería, por la verdulería y por la carnicería para agarrar los productos que mejor pinta pudieran tener para preparar la fiesta de iniciación al gremio, si no lo hacía bien, pues no podría atraer a mucha gente, de eso estaba seguro.