Hay rumores sobre…
... que existe un circuito termal en las Islas Gecko. Aunque también se dice que no es para todos los bolsillos.
[Autonarrada] [Auto T2] Tormenta de Justicia
Odinson D. Shizu
Asesina de Espadas
La cálida brisa de la isla Kilombo agitaba las hojas de los árboles mientras el sol comenzaba a ocultarse tras el horizonte, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rojizos. En una cala cercana al faro reconstruido, un grupo de bandidos se preparaba para llevar a cabo un asalto. Con la arrogancia de quienes se sienten invencibles, discutían su plan en voz baja. Su objetivo era claro, tomar el puerto del pueblo Rostock, apropiarse de las mercancías que se almacenaban en los almacenes y, si todo salía bien, tomar un barco para escapar hacia la mar abierta.

El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo la sensación de que algo más grande que ellos estaba a punto de ocurrir. Los bandidos no lo sabían, pero su futuro ya estaba sellado, y la razón no era más que una figura gigante, que se encontraba a unos kilómetros de allí, observando con atención el desarrollo de sus planes. Shizu, una imponente alférez de la Marina, con una altura de casi cuarenta metros, se encontraba en su habitual patrullaje cerca del faro, siguiendo el curso habitual de su jornada. La gigante no era solo conocida por su tamaño, sino por su energía inagotable y su alegre disposición. Siempre sonriente, su presencia era difícil de pasar desapercibida, no solo por su altura, sino por la forma en la que se movía con un entusiasmo casi infantil, completamente ajena al tamaño de su cuerpo.

A pesar de ser una de los más grandes miembros de su tribu, ser una gigante no estaba exento de dificultades. En su día a día, Shizu tenía que ser extremadamente cuidadosa con cada paso que daba. Cada movimiento debía ser calculado; un error y podría causar destrozos en la estructura del terreno o, aún peor, aplastar algo accidentalmente. Su enorme tamaño era una ventaja en combate, pero una limitación cuando se trataba de la vida cotidiana. Sin embargo, la joven no dejaba que nada de esto la desanimara. Siempre sonreía, tomaba las dificultades con buen humor y continuaba adelante, dispuesta a enfrentarse a cualquier reto.

Aquel día, sin embargo, Shizu no estaba simplemente patrullando como siempre. Su haki percibio unas presencias ocultas. Como alférez de la Marina, había sido informada sobre la presencia de bandidos en la isla, y tras encogerse temporalmente condensando la arena de su cuerpo y adentrandose entre las rocas de la cala pudo escucharlos hablar. Había escuchado fragmentos de su conversación mientras se infiltraba en la cala cercana, y sabía que no podía dejar que su plan se llevara a cabo. En cuanto tuvo la certeza de sus intenciones, comenzó a preparar una emboscada.

Con rapidez y sigilo, Shizu usó su poder como usuaria de la Suna Suna no Mi se convirtió en arena, su cuerpo disolviéndose en finos granos dorados que se esparcieron por el suelo, cubriendo el camino que los bandidos planeaban tomar. Se movió a través de la arena, tomando forma nuevamente, mientras se deslizaba por la playa con fluidez y agilidad. La arena que formaba su cuerpo parecía estar viva, y los bandidos no sospechaban en absoluto que la trampa ya estaba en su lugar.

Mientras los cinco hombres se acercaban a la franja de arena que bloqueaba su camino, uno de ellos, el líder, se adelantó - ¡Vamos, pisemos rápido! No tenemos tiempo que perder -  ordenó con voz gruñona. Pero, en cuanto su pie tocó la arena, algo extraño sucedió. La superficie comenzó a moverse como si fuera un ser vivo, absorbiendo el peso de su cuerpo. Los bandidos intentaron dar un paso atrás, pero la arena ya había comenzado a envolverlos. Con cada movimiento, más y más de la arena parecía tragarse el terreno bajo sus pies.

El pánico se desató rápidamente entre los bandidos. Intentaron luchar, desenfundando sus armas, pero la arena comenzó a trepar por sus piernas, atándolos con firmeza. En cuestión de segundos, estaban completamente inmovilizados, atrapados en una maraña de finos granos dorados que no los dejaban moverse. La fuerza con la que la arena los envolvía era imparable. Los hombres intentaron gritar, pero el peso de la arena en sus bocas los dejó sin aliento.

Cuando Shizu recuperó su forma completa, ya estaba de pie frente a ellos, su gigantesca figura emergiendo como una sombra imponente sobre los bandidos atrapados. La mirada en su rostro era una mezcla de diversión y seriedad. Sonrió ampliamente, como si disfrutara de la eficiencia de su trabajo, pero no dejó que la situación se convirtiera en algo trivial - ¿De verdad pensaban que podrían escapar con todo eso? - Preguntó con voz fuerte y clara, mirando a los cinco hombres atrapados en su trampa de arena. Su tono era juguetón, pero había un dejo de autoridad en sus palabras - Y pensar que traté de ser amable - Añadió, con una risa suave, sabiendo que el asunto ya estaba resuelto.

Los bandidos, desarmados y derrotados, solo podían mirar hacia arriba, sabiendo que cualquier intento de resistencia sería inútil. Shizu era una experta espadachina, y su habilidad para controlar la arena era casi tan letal como sus habilidades con la espada. Aunque ella prefería resolver los conflictos de forma pacífica, cuando se trataba de la seguridad de su isla, no dudaba en utilizar sus poderes y su entrenamiento para neutralizar a aquellos que ponían en peligro la paz.

Con un movimiento de su enorme mano, levantó a los bandidos uno por uno, sin esfuerzo alguno, y los colocó sobre su hombro - No hay necesidad de complicar las cosas - Dijo mientras comenzaba a caminar con pasos gigantes hacia el cuartel de la Marina. La arena se disipaba lentamente, dejando tras de sí solo la imagen de los prisioneros desarmados, completamente derrotados. El camino hacia la prisión fue breve, y Shizu no dejó de sonreír. Estaba satisfecha con el resultado, aunque sabía que este tipo de situaciones siempre serían parte de su trabajo. Ser una gigante, con su fuerza y habilidades, traía consigo una gran responsabilidad. Sin embargo, en su corazón, sabía que lo hacía por el bien de los demás.

Cuando finalmente llegó al cuartel, entregó a los bandidos a sus compañeros de la Marina, quienes se encargaron de llevarlos a su celda. Shizu se despidió de ellos con una sonrisa amigable, siempre lista para enfrentar lo que fuera necesario, sabiendo que, con su fuerza, energía y habilidades, estaba cumpliendo su deber como miembro de la Marina. Al final del día, mientras el sol se ponía sobre Kilombo, Shizu se permitió una última mirada al horizonte, satisfecha con el trabajo bien hecho. Y, con una ligera risa, pensó en lo que vendría después - ¡Qué día tan divertido! - Pensó para sí misma, sabiendo que aún quedaban muchas aventuras por vivir.
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