
Arthur Soriz
Gramps
16-12-2024, 11:45 PM
![[Imagen: 8utWclO.png]](https://i.imgur.com/8utWclO.png)
[ · · · ]
1 de invierno
año 724
año 724
El equinoccio de invierno había llegado y consigo nuevos peligros y misterios que resolver en Kilombo... el aire gélido sacaban las ganas de salir, quedarse calientes junto a una estufa ardiente emanando su calor abrasador. El viento soplaba fuerte, azotando las paredes de los edificios y haciéndolos crujir como si la misma isla fuera a romperse. Cada rincón de la ciudad parecía susurrar rumores bajo el frío, y la sombra de la Mano Negra curiosamente aún no se manifestaba como se esperaba.
Nos encontramos en una esquina oscura Mario, Juan y yo, observando el bullicio del puerto desde una distancia segura. No había rastro de Cullen, el general que se suponía debía haber hecho acto de presencia tras la pérdida de la fruta del diablo Raki-Raki no Mi. Parecía una broma cruel del destino, el hombre que había jurado tomar venganza y que ahora ni siquiera aparecía para cumplir su promesa de caos. Sin embargo, los rumores de la Mano Negra seguían creciendo, y era evidente que algo se cocinaba tras bambalinas.
— Nada todavía. —Mario murmuró vigilante, mientras ajustaba su abrigo grueso. A su lado Juan asentía, también atento a cada detalle del puerto.
— Vamos a ser pacientes. —les respondí en voz baja, observando los movimientos de los hombres que se encontraban a la distancia, cargando cajas en el almacén cercano. Había algo extraño en sus gestos, algo que no terminaba de encajar. Parecían ser demasiado desorganizados, poco precisos, y el lugar donde estaban trabajando… siquiera llegaba a ser un verdadero almacén, más bien parecía una carpa en donde guardar algunas pertenencias y ya.
Saqué el Den Den Mushi y empecé a grabar lo que estábamos viendo... cualquier prueba, por más pequeña que fuera sería suficiente como para confirmar que la Mano Negra se estaba volviendo a mover... tal vez reorganizándose luego de los grandes problemas que sufrieron en verano. Sabía que en algún momento esta información sería clave para los informes que necesitaríamos presentar a la Marina. No era solo una cuestión de capturar a los culpables sino de tener pruebas, pruebas claras y contundentes. La Mano Negra estaba jugando a un juego peligroso, y mi misión era asegurarnos de que tuviéramos todo lo necesario para cerrarlo de una vez por todas.
— Graba todo. —le dije a Mario, que se encargaba de mantener el dispositivo en su lugar mientras observaba a su vez el entorno.
El Den Den Mushi comenzó a grabar notándose cómo sus ojos se mantenían estáticos a donde apuntáramos. Cada conversación, cada sonido, cada detalle de esta operación debía quedar registrado. No podíamos permitirnos cometer errores. Podían estar observando o peor aún, esperándonos para que cayéramos en alguna trampa. Lo que más me inquietaba era el silencio de Cullen, su ausencia en todo esto. Tanto amenazaron de manera confiada de que Cullen se enteraría de esto y vendría a vengarse... y sin embargo aún no había hecho acto de presencia.
Todo esto olía mal.
A lo lejos, dos hombres vestidos con ropas oscuras se acercaron al almacén, conversando en susurros. No los conocíamos, pero su postura y la manera en la que se movían delataban su afiliación a la Mano Negra. No eran simples trabajadores. Se desplazaban con una intención específica. El lenguaje corporal lo decía todo. Con un gesto hice que Mario se acercara más, para asegurarse de que el Den Den Mushi captara todo lo que fuera posible. Juan permaneció a mi lado, vigilando el entorno en busca de cualquier señal de peligro.
Nos movimos entre las sombras sin hacer ruido, y nos escondimos detrás de una pila de cajas. Desde allí, podíamos escuchar lo que discutían los hombres. No estaba claro si se trataba de un intercambio común, pero lo que decían hizo que se me erizara la piel.
— ¿Estás seguro de que el cargamento está listo? —preguntó uno de ellos, con voz grave.
— Lo estará, no te preocupes. La distribución será rápida. El destino sigue siendo el mismo, aunque hay un problema que nos viene jodiendo desde verano. No sabemos si el viejo ya está al tanto de todo. —respondió el otro, en tono bajo, como si no quisiera ser escuchado.
— ¿Arthur Soriz? —preguntó el primero mencionando mi nombre, lo que me hizo tensarme instantáneamente. —Escuché que se está metiendo demasiado en nuestros asuntos. Nosotros nos encargaremos de él.
Esto confirmaba mis sospechas. La Mano Negra estaba observando nuestros movimientos y ya no solo estaban preocupados por la Marina sino también por mí. Esa mención a mi nombre era una clara señal de que estaban al tanto de que los había estado investigando. No podía subestimarlos. Este juego estaba lejos de terminar.
— ¿Lo seguimos? —preguntó el otro hombre. La respuesta llegó de inmediato.
— No, aún no. No lo hagas. Nos están observando. Y si lo matamos habrá más problemas de los que estamos preparados para solucionar. Mejor dejamos que se acerque más a nosotros. Esto no es algo que debamos apresurar.
El sonido de sus voces se desvaneció cuando los hombres se alejaron del almacén, probablemente para coordinarse con otros miembros de la organización. Todo lo que había grabado el Den Den Mushi estaba almacenado ahora. Teníamos las pruebas necesarias para demostrar que la Mano Negra seguía operando en Kilombo, aunque de una manera diferente a la que nos tenían acostumbrados.
Miré a Mario y Juan quienes parecían igual de tensos que yo. A pesar de haber escuchado lo que necesitábamos no podíamos bajar la guardia. Los enemigos estaban cerca y todo indicaba que algo mucho más grande estaba en proceso.
— Volvamos al cuartel. —dije y mis palabras fueron seguidas de una rápida retirada. Sabíamos que si esperábamos mucho más podríamos acabar siendo descubiertos.
De regreso en la seguridad de la base G-23 miré el Den Den Mushi, revisando cuidadosamente lo que habíamos grabado. Teníamos suficiente información para alertar a los superiores, pero aún faltaba descubrir qué era lo que realmente planeaban. La idea de que Cullen estuviera esperando el momento justo para atacar seguía rondando mi cabeza. Sabía que la Mano Negra no estaba esperando por nada y cuando finalmente se movieran la isla entera podría temblar.
Si Cullen estaba tramando algo no iba a dejar que lo hiciera sin enfrentarse a mí...
Nos encontramos en una esquina oscura Mario, Juan y yo, observando el bullicio del puerto desde una distancia segura. No había rastro de Cullen, el general que se suponía debía haber hecho acto de presencia tras la pérdida de la fruta del diablo Raki-Raki no Mi. Parecía una broma cruel del destino, el hombre que había jurado tomar venganza y que ahora ni siquiera aparecía para cumplir su promesa de caos. Sin embargo, los rumores de la Mano Negra seguían creciendo, y era evidente que algo se cocinaba tras bambalinas.
— Nada todavía. —Mario murmuró vigilante, mientras ajustaba su abrigo grueso. A su lado Juan asentía, también atento a cada detalle del puerto.
— Vamos a ser pacientes. —les respondí en voz baja, observando los movimientos de los hombres que se encontraban a la distancia, cargando cajas en el almacén cercano. Había algo extraño en sus gestos, algo que no terminaba de encajar. Parecían ser demasiado desorganizados, poco precisos, y el lugar donde estaban trabajando… siquiera llegaba a ser un verdadero almacén, más bien parecía una carpa en donde guardar algunas pertenencias y ya.
Saqué el Den Den Mushi y empecé a grabar lo que estábamos viendo... cualquier prueba, por más pequeña que fuera sería suficiente como para confirmar que la Mano Negra se estaba volviendo a mover... tal vez reorganizándose luego de los grandes problemas que sufrieron en verano. Sabía que en algún momento esta información sería clave para los informes que necesitaríamos presentar a la Marina. No era solo una cuestión de capturar a los culpables sino de tener pruebas, pruebas claras y contundentes. La Mano Negra estaba jugando a un juego peligroso, y mi misión era asegurarnos de que tuviéramos todo lo necesario para cerrarlo de una vez por todas.
— Graba todo. —le dije a Mario, que se encargaba de mantener el dispositivo en su lugar mientras observaba a su vez el entorno.
El Den Den Mushi comenzó a grabar notándose cómo sus ojos se mantenían estáticos a donde apuntáramos. Cada conversación, cada sonido, cada detalle de esta operación debía quedar registrado. No podíamos permitirnos cometer errores. Podían estar observando o peor aún, esperándonos para que cayéramos en alguna trampa. Lo que más me inquietaba era el silencio de Cullen, su ausencia en todo esto. Tanto amenazaron de manera confiada de que Cullen se enteraría de esto y vendría a vengarse... y sin embargo aún no había hecho acto de presencia.
Todo esto olía mal.
A lo lejos, dos hombres vestidos con ropas oscuras se acercaron al almacén, conversando en susurros. No los conocíamos, pero su postura y la manera en la que se movían delataban su afiliación a la Mano Negra. No eran simples trabajadores. Se desplazaban con una intención específica. El lenguaje corporal lo decía todo. Con un gesto hice que Mario se acercara más, para asegurarse de que el Den Den Mushi captara todo lo que fuera posible. Juan permaneció a mi lado, vigilando el entorno en busca de cualquier señal de peligro.
Nos movimos entre las sombras sin hacer ruido, y nos escondimos detrás de una pila de cajas. Desde allí, podíamos escuchar lo que discutían los hombres. No estaba claro si se trataba de un intercambio común, pero lo que decían hizo que se me erizara la piel.
— ¿Estás seguro de que el cargamento está listo? —preguntó uno de ellos, con voz grave.
— Lo estará, no te preocupes. La distribución será rápida. El destino sigue siendo el mismo, aunque hay un problema que nos viene jodiendo desde verano. No sabemos si el viejo ya está al tanto de todo. —respondió el otro, en tono bajo, como si no quisiera ser escuchado.
— ¿Arthur Soriz? —preguntó el primero mencionando mi nombre, lo que me hizo tensarme instantáneamente. —Escuché que se está metiendo demasiado en nuestros asuntos. Nosotros nos encargaremos de él.
Esto confirmaba mis sospechas. La Mano Negra estaba observando nuestros movimientos y ya no solo estaban preocupados por la Marina sino también por mí. Esa mención a mi nombre era una clara señal de que estaban al tanto de que los había estado investigando. No podía subestimarlos. Este juego estaba lejos de terminar.
— ¿Lo seguimos? —preguntó el otro hombre. La respuesta llegó de inmediato.
— No, aún no. No lo hagas. Nos están observando. Y si lo matamos habrá más problemas de los que estamos preparados para solucionar. Mejor dejamos que se acerque más a nosotros. Esto no es algo que debamos apresurar.
El sonido de sus voces se desvaneció cuando los hombres se alejaron del almacén, probablemente para coordinarse con otros miembros de la organización. Todo lo que había grabado el Den Den Mushi estaba almacenado ahora. Teníamos las pruebas necesarias para demostrar que la Mano Negra seguía operando en Kilombo, aunque de una manera diferente a la que nos tenían acostumbrados.
Miré a Mario y Juan quienes parecían igual de tensos que yo. A pesar de haber escuchado lo que necesitábamos no podíamos bajar la guardia. Los enemigos estaban cerca y todo indicaba que algo mucho más grande estaba en proceso.
— Volvamos al cuartel. —dije y mis palabras fueron seguidas de una rápida retirada. Sabíamos que si esperábamos mucho más podríamos acabar siendo descubiertos.
De regreso en la seguridad de la base G-23 miré el Den Den Mushi, revisando cuidadosamente lo que habíamos grabado. Teníamos suficiente información para alertar a los superiores, pero aún faltaba descubrir qué era lo que realmente planeaban. La idea de que Cullen estuviera esperando el momento justo para atacar seguía rondando mi cabeza. Sabía que la Mano Negra no estaba esperando por nada y cuando finalmente se movieran la isla entera podría temblar.
Si Cullen estaba tramando algo no iba a dejar que lo hiciera sin enfrentarse a mí...