Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Autonarrada] [Autonarrada T2] Casinos y fucsias
Drake Longspan
[...]
Loguetown,
Día 26 de verano del año 724


El mercado de Loguetown estaba tan vivo como siempre, pero esa energía apenas lograba distraer a Drake Longspan de su verdadera naturaleza. Había ido con la excusa de buscar materiales para reparar el Duck Duck Go nº1, pero en su interior, la idea de un desliz tentador y emocionante le llamaba como un canto de sirena. Y ese desliz estaba ahí, justo al final de la calle: el Casino Missile.

Era imposible no notarlo. Una fachada brillante con luces parpadeantes, columnas doradas que parecían demasiado ostentosas para un lugar como Loguetown, y un letrero que representaba un misil cruzando un naipe. Drake lo miró de reojo mientras calculaba los berries que llevaba en su mochila.

Todo al verde, ¿eh?.

Rió solo, un hábito que había heredado de las interminables historias de su capitán. Aquella era una frase común entre los jugadores, especialmente entre los que lo perdían todo, y aunque el carpintero no se consideraba un hombre de azar, la promesa de multiplicar su dinero lo tenía intrigado.

Drake comenzó revisando un puesto de herramientas en el mercado. Los martillos y clavos parecían de buena calidad, y el vendedor incluso tenía madera tratada que podría servir para reforzar la cubierta del barco. Tomó una tabla en sus largas manos, evaluándola mientras sus pensamientos seguían divididos.

Esto parece bastante sólido, ¿cuánto? — preguntó finalmente.

El vendedor, un hombre mayor con barba gris, mencionó un precio justo, pero el carpintero apenas prestaba atención. Su mirada se desviaba hacia el casino una y otra vez. Las luces, el murmullo de las personas entrando y saliendo, incluso el eco lejano de risas y monedas tintineando parecían un imán para su atención.

Pagó por la madera y algunos clavos, pero no compró nada más. La idea de gastar el resto de sus berries en herramientas de calidad palideció frente a la posibilidad de duplicar o incluso triplicar su dinero en un solo golpe de suerte.



Drake cruzó la calle y se encontró frente a las puertas dobles del casino. Dos hombres de traje negro y gafas oscuras, que probablemente eran los porteros, lo miraron con curiosidad. La sudadera de tamaño descomunal que llevaba, con las mangas ocultando sus brazos largos, le daba un aspecto inusual para alguien que buscaba entrar a un lugar tan ostentoso. Pero no dijeron nada; simplemente abrieron las puertas y lo dejaron pasar.

El interior del Casino Missile era un contraste absoluto con el mercado bullicioso de afuera. Allí, las voces se mezclaban con el sonido metálico de las monedas y el suave zumbido de las ruletas girando. Las mesas de apuestas estaban llenas de jugadores, algunos con expresiones serias, otros con sonrisas nerviosas. Las máquinas tragamonedas parpadeaban en una esquina, y el aroma a tabaco y licor impregnaba el aire.

El joven se dirigió hacia una de las mesas de ruleta. Era la más vistosa del lugar, con una multitud agolpada alrededor y un crupier que manejaba las fichas con destreza. Observó por un momento, tratando de entender la dinámica antes de tomar una decisión.

¿Algo para apostar, amigo? — preguntó el crupier, sin mirarlo directamente.

Drake sacó la bolsa de berries y tomó un puñado.

Todo al verde. — Su voz sonó más segura de lo que realmente se sentía. La estaba cagando, pero ya era tarde.

La mesa se quedó en silencio por un segundo. Apostar al verde no era algo que los jugadores hacían a menudo: la probabilidad era baja, pero el pago era altísimo. Algunos de los presentes lo miraron como si estuviera loco, mientras otros observaban con curiosidad.

El crupier asintió, colocando las fichas en el casillero correspondiente.

Drake apoyó los codos en la mesa y se inclinó hacia adelante, sus ojos rojos fijos en la ruleta mientras comenzaba a girar. El sonido de la bola rebotando contra los números lo puso más tenso de lo que esperaba. Era extraño cómo algo tan simple podía acelerar su pulso de esa manera.

La bola rebotó una última vez y se detuvo. Drake Longspan no pudo evitar soltar un leve resoplido cuando vio el resultado: negro. No había ganado, pero tampoco parecía demasiado afectado.

Bueno, al menos no fue al rojo. — Se encogió de hombros, mirando al crupier.

El hombre le devolvió una sonrisa educada y comenzó a recoger las fichas.

Drake se enderezó, sacudiéndose el polvo imaginario de la sudadera.

Mientras salía del casino, con los bolsillos más ligeros pero el ánimo intacto, miró hacia el mercado y luego hacia el puerto, donde el Duck Duck Go nº1 lo esperaba.

Supongo que las herramientas baratas tendrán que bastar esta vez. Espero que los chicos no se enteren de esto.

No había sido su día en el Casino Missile, pero eso no lo detenía. El riesgo, el momento de tensión antes del resultado, era lo que realmente lo había atraído allí. La reparación del barco todavía estaba pendiente, pero en su interior sabía que siempre habría una próxima vez para intentar su suerte. Mientras salía, algunos niños hablaban sobre una heroína de pelo blanco que había salvado la vida de uno de los pequeños. El pirata no les hizo el suficiente caso como para detenerse, pero el rumos había llegado a sus oídos.

Con una risa corta, se ajustó la capucha quíntuple XL y se perdió entre la multitud del mercado, listo para enfrentar cualquier cosa que le esperara en Loguetown.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!


Usuario Drake Longspan
  • Berries: 25.095.000 -> 25.395.000 (+300.000)
  • Experiencia: 4395.98 -> 4425.98 (+30)
  • Nikas: 5 -> 7 (+2)
  • Reputación: +10 Reputación Negativa

    [Imagen: 95fa77531754675c202aa20ac4047d602acade5e.gif]
#2


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