¿Sabías que…?
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[Diario] [D - Pasado] Misiones en la noche
Daryl Kilgore
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La misión era clara: seguir, observar y eliminar si fuera necesario. Daryl, un agente del CP conocido tanto por su habilidad con las espadas como por su fría eficiencia, había sido enviado a rastrear a un grupo de piratas que operaban en el East Blue. Estos hombres, liderados por un tal Reed "el Zorro", habían robado información valiosa del gobierno. Se rumoreaba que estaban en posesión de documentos cifrados que podían comprometer la seguridad de varias operaciones encubiertas.

El rastreo había comenzado en Loguetown, donde los piratas habían atracado brevemente antes de zarpar. Gracias a contactos en el mercado negro, Daryl logró obtener información sobre su próximo destino: una pequeña isla deshabitada al norte, utilizada frecuentemente como punto de encuentro para tratos clandestinos. Era de noche cuando Daryl llegó a la isla en un pequeño bote de remos, sin luz para evitar ser detectado. La costa estaba rodeada de acantilados escarpados, con una única playa estrecha que daba acceso al interior. Desde las sombras, pudo ver la silueta de un gran barco anclado en la bahía, sus velas negras ondeando bajo la brisa nocturna. A unos cientos de metros, una hoguera parpadeaba entre los árboles, donde los piratas habían establecido su campamento.

Daryl se movió con la precisión de un cazador experimentado. Su tamaño, a menudo un obstáculo en situaciones que requerían sigilo, se volvía irrelevante gracias a su experiencia en misiones de infiltración. Con sus espadas aseguradas a la cintura, avanzó entre la maleza, deteniéndose periódicamente para observar y escuchar. Al acercarse al campamento, divisó al grupo. Había unos diez hombres, todos armados con espadas, pistolas o cuchillos. Reed estaba sentado cerca del fuego, un hombre alto y robusto con una cicatriz que le cruzaba el rostro. Tenía una bolsa a sus pies, probablemente conteniendo los documentos robados. Daryl analizó la situación: atacar frontalmente no era una opción. Necesitaba aislarlos, dividir su fuerza y eliminarlos uno a uno si era posible. Horas después, cuando los piratas comenzaron a dispersarse para dormir, Daryl actuó. Primero eliminó a los centinelas en silencio, cortándoles la garganta con movimientos rápidos y precisos. Luego, colocó trampas alrededor del campamento para evitar que escaparan cuando comenzara el caos. Sin embargo, no todo salió como planeaba. Uno de los piratas, un joven de cabello rizado que había salido a orinar, lo vio y gritó alarmado. En cuestión de segundos, el campamento entero se puso en pie. Reed gritó órdenes mientras desenfundaba una espada curva. — ¡Hay alguien aquí! ¡Encontradlo! — Gritó, lleno de odio. Daryl maldijo por lo bajo. Sabía que no podía retroceder ahora. Desenfundó sus tres espadas, una en cada mano y la tercera entre los dientes, adoptando su peculiar estilo de combate. La luz de la hoguera iluminó su figura, revelando su imponente tamaño y su intimidante presencia. Los piratas dudaron un instante, pero Reed los incitó a atacar.

El primer enemigo que se le acercó recibió un corte limpio en el pecho. Daryl giró sobre sus talones, bloqueando un ataque a su izquierda con una de sus espadas mientras con la otra cortaba a otro adversario por la cintura. Su estilo de combate era un espectáculo mortal de fuerza y precisión, cada movimiento calculado para maximizar el daño y minimizar su exposición. Los piratas, pese a ser numerosos, carecían de la disciplina y el entrenamiento de Daryl. Uno tras otro cayeron, hasta que sólo quedaron Reed y dos de sus hombres. El líder, viendo que no podía vencer en una pelea justa, se retiró hacia el interior del bosque junto a sus compañeros. Daryl los siguió sin dudar, sus sentidos en alerta. Finalmente llegaron a una pequeña cabaña de madera, oculta entre los árboles. Reed y sus hombres se atrincheraron dentro, bloqueando la puerta con muebles improvisados. Desde dentro, el líder gritó de nuevo, con una fuerza asombrosa. — ¡No te atrevas a entrar, maldito monstruo! ¡Tienes idea de con quién te estás metiendo? — Daryl ignoró la amenaza. De una poderosa patada, rompió la puerta y entró en la cabaña. El interior estaba iluminado por un farol, y lo que vio lo dejó momentáneamente sorprendido: la habitación estaba llena de jaulas. Dentro de ellas había gatos de todas las edades y colores, maullando desesperados. Algunos estaban heridos o visiblemente desnutridos. — ¿Qué demonios es esto? — Susurró, aunque no esperaba respuesta.

Uno de los hombres de Reed aprovechó su distracción para atacarlo, pero Daryl lo detuvo con un rápido movimiento de su espada, empalándolo en el acto. Reed intentó un golpe por la espalda, pero Daryl se giró justo a tiempo para bloquearlo. El combate fue feroz, pero breve. Daryl finalmente desarmó a Reed y lo atravesó con una estocada final. Con los enemigos derrotados, Daryl examinó el lugar con detenimiento. Las jaulas eran muchas, y los gatos parecían haber estado allí durante semanas. Encontró una libreta que detallaba transacciones de venta ilegal de animales, lo que explicaba la presencia de los felinos. Aunque su misión principal había sido recuperar los documentos del gobierno, no podía ignorar lo que había visto.

Uno a uno, abrió las jaulas, dejando que los gatos salieran. Algunos huyeron de inmediato hacia la libertad, mientras que otros se acercaron a él, maullando con timidez. Aunque no lo admitiría, sintió una extraña conexión con ellos. Eran criaturas que habían sufrido, pero que ahora tenían una oportunidad de vivir. Con los documentos recuperados y los gatos libres, Daryl se dirigió de vuelta a su bote. Algunos de los felinos lo siguieron, saltando dentro de la embarcación cuando él lo hizo. Mientras remaba hacia el barco del CP que lo esperaba en alta mar, miró a los gatos con curiosidad. — Me he vuelto un blando... — Admitió para sí mismo en voz baja, mientras los felinos se acomodaban cerca de él, agradecidos por su libertad.
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