¿Sabías que…?
... el famoso anime One Piece, del año 1999, está basado en el también famoso manga One Piece. Otra curiosidad es que el autor de ambas obras es Eiichiro Oda.
[Diario] [D - Pasado] Energías extrañas
Daryl Kilgore
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El demonio deambulaba sigilosamente, haciéndose paso a través de la noche con un objetivo concreto. Se dirigía hacia un lugar donde los rumores llevaban un tiempo haciéndose eco, pintando un cuadro de piratas atrincherados, traficantes de esclavos y, más recientemente, el rastro de un objeto especialmente valioso que el Gobierno Mundial no podía permitir que cayera en manos equivocadas. Daryl desconocía el porqué, si algún requisito había para cumplir ese tipo de misiones, era que no debía hacer preguntas. La misión había recaído en las manos del CP, para ser llevada de forma discreta, y por supuesto, Daryl tendría que ocuparse una noche más. Iba vestido como un ciudadano normal, de paisano, dejando a un lado el uniforme y cualquier aspecto que pudiera delatarle. Lo que más destacaba de él era una capa oscura que portaba, cubriendo prácticamente toda su figura, además de las tres espadas que llevaba consigo, ocultándolas tras aquel manto con habilidad y recelo. Su altura y físico ya llamaban suficientemente la atención, pero la atmósfera en aquel lugar era tan sombría que nadie se atrevía a fijarse demasiado en él. Sabía que lo observaban desde las sombras, ojos desconfiados que evaluaban si era una amenaza o simplemente un forastero desorientado.

Su objetivo inicial era el mercado negro. Allí, entre puestos que vendían desde frutas exóticas hasta armas ilegales, encontraría al contacto que supuestamente lo guiaría hasta la ubicación de dicho objeto extraño. Sin embargo, Daryl no confiaba en nadie... los traidores eran moneda corriente en esos mares, en prácticamente todo el mundo, realmente. El demonio se movía como un depredador, lento pero seguro, cada paso calculado. Y es que Loguetown estaba lleno de peligro y de distracciones, siendo una isla tan grande, poblada y transitada. Mujeres y hombres intentaban atraerlo hacia callejones oscuros, llamando la atención con productos que a Daryl le hacían arrugar la nariz. Otros, gritaban ofertas por artilugios sospechosos y desconocidos para él. Pero Daryl los ignoraba a todos, concentrado en su objetivo, no por amor al arte ni al trabajo, sino por sus únicas ganas de terminar la faena cuanto antes. Si por algo era eficaz como agente, era por su motivación de impresionar a su compañera, de resultar ser lo suficientemente útil, y por volver rápido de vuelta a su cuarto. Finalmente, llegó a un puesto donde un anciano de rostro curtido fumaba un cigarro desgastado. Tras unos minutos de negociación tensa y algo de soborno monetario, el anciano accedió en darle al demonio las indicaciones que necesitaba, asintiendo en dirección a un callejón latera. Le dijo que debía tocar tres veces una puerta roja, que quizás podría encontrar lo que buscaba. Tras esto, el hombre se escondió rápidamente de nuevo entre las sombras.

Daryl siguió las instrucciones, cada fibra de su ser en estado de alerta. Las calles estaban oscuras, y el callejón por el que se introdujo, aún más, apenas iluminado por una lámpara de aceite colgada en una pared. El olor era especialmente nauseabundo, como si fuera una alarma acerca de los turbios asuntos que se daban en aquel lugar. Al llegar a la puerta roja, golpeó tres rápidas veces, como le habían indicado. Pasaron varios segundos antes de que se abriera una pequeña rendija y unos ojos lo evaluaran de arriba abajo. Tras unos segundos de inspección visual en completo silencio, la puerta se abrió lentamente, revelando un interior iluminado por velas y repleto de cajas y barriles. Un grupo de hombres y mujeres se encontraban reunidos alrededor de una mesa redonda, discutiendo en voz baja, mientras jugaban a las cartas. Al ver a Daryl, el murmullo cesó de inmediato. Uno de ellos, un hombre corpulento con una cicatriz que cruzaba su rostro, se levantó y se acercó, tratando de mostrarse intimidante, de achantar a un tio que medía el doble que él. A veces el orgullo era como un espejismo, engañando a las personas con sus ilusiones. Las tornas no tardaron en girarse, Daryl apenas necesitó un par de palabras para hacerle entender que él no se trataba de uno de esos homnres a los que se le podía vacilar, no era como cualquier esbirro de mierda. El demonio acabó cumpliendo su cometido, sacándole la información que necesitaba, el siguiente paso que debía seguir. Al parecer, dicho objeto estaba en manos de los piratas de Bloodfang, atrincherados en una serie de campamentos en la zona este de la isla, adentrados en el bosque. Satisfecho, el demonio dio media vuelta, no sin antes lanzar una última advertencia a aquel hombre, y es que cualquier información falsa obtendría su merecido castigo.

El camino resultó ser truculento y largo, tedioso, aligerado solo por los enormes pasos del demonio. Daryl avanzaba con cuidado a través de las ramas y las hojas, con los sentidos agudizados por años de experiencia, ya no solo como agente del gobierno, sino también como cazador en la mismísima jungla de DemonTooth. Mucho fue el tiempo que pasó entre animales, depredadores aún más grandes que él, contra los que debía luchar a diario por seguir sobreviviendo. Era duro, sí, pero en aquella época, a Daryl le resultaba más sencillo aquel tipo de vida que una vida "normal", rodeado de personas, de... civilización. De alguna manera, era un modo de vida más sincero. Finalmente, tras caminar unos minutos sin cesar, llegó hasta un claro donde pudo ver el campamento. Era más grande de lo que se imaginaba, una serie de tiendas de campañas y carpas, como una especie de complejo, custodiado por numerosos guardias. Sabía que infiltrarse no sería sencillo, pero también sabía que un ataque directo era demasiado arriesgado. Así que optó por el sigilo. Esperó hasta el anochecer, cuando la mayor parte de los guardias estaba relajada o distraída. Piratas de todas las clases caminaban por los alrededores, algunos borrachos, otros discutiendo sobre sus últimos botines. Daryl evitó el contacto con todos, moviéndose como una sombra hacia el corazón del lugar, donde suponía que el artefacto estaba guardado. Llegó a una carpa especialmente grande y ricamente decorada en el interior, un contraste sorprendente con el resto del campamento. En el centro, sobre un pedestal, estaba el susodicho objeto: una brújula que desprendía una energía... diferente, como luminosa, extrañamente dorada. Dio un par de pasos para acercarse al objeto, pero no llegó a alcanzarlo, pues una voz resonó a sus espaldas, llamando su atención e interrumpiéndole al momento. Daryl se giró rápidamente en aquel instante, desenvainando sus espadas. Frente a él estaba el capitán de los Bloodfang, un hombre alto y musculoso con una mirada feroz y una sonrisa cruel. En sus manos sostenía una enorme espada. No hizo falta palabras, su postura hablaba por él. El capitán cargó hacia él con un grito de guerra, dando así inicio al combate entre ambos.

Las espadas de Daryl se movieron con una velocidad y precisión de revelaban que aquella persona era efectivamente, algo muy lejano a un humano normal. Cada golpe era calculado, buscando puntos débiles en la defensa de su enemigo. Su propósito siempre era ser letal y rápido, aunque cuidadoso a la vez, pues sabía que un animal acorralado podía ser tremendamente peligroso. Pero el capitán no era un oponente cualquiera; su fuerza y resistencia eran impresionantes, y logró mantener a Daryl a raya durante varios minutos. El choque de las espadas resonaba por toda la sala, atrayendo la atención de los piratas. Pronto, la habitación se llenó de espectadores, todos observando con asombro la feroz batalla. Pero Daryl no tenía intención de dejar que esto se prolongara. Con un movimiento rápido y audaz, desarmó al capitán, lo tiró contra el suelo y asestó el golpe final. El silencio cayó sobre la sala. Los piratas, aterrorizados, comenzaron a retroceder, dándose cuenta de que no tenían ninguna posibilidad contra alguien como él. Daryl se acercó al pedestal y tomó la brújula. La energía que emanaba era casi palpable, pero lo ignoró. Su misión era clara: llevarlo de vuelta al Gobierno Mundial. Con el artefacto en su poder, Daryl salió del campamento, de la enorme cantidad de tiendas de campañas y carpas, dejando atrás un rastro de caos, confusión y sangre. En el interior de su ser, sabía que esto no había terminado, que los Bloodfang intentarían recuperar el artefacto, o en su defecto, vengarse por tal humillación, por haber vencido al que era su capitán en aquel momento. Pero eso no le preocupaba. Estaba acostumbrado a que lo persiguieran, y a matar.

Una vez de regreso a la base, entregó el artefacto al oficial al mando y se retiró a sus aposentos. Otra misión cumplida, otro paso en su interminable servicio al Gobierno Mundial. Pero mientras miraba la brújula una última vez antes de que se la llevaran, no pudo evitar preguntarse qué clase de poder contenía, y si realmente pertenecía a manos tan corruptas como las del Gobierno. Daryl cerró los ojos, ahogando esos pensamientos en el silencio. No era su lugar cuestionarlo. Él simplemente acataba órdenes, sin hacerse demasiadas preguntas inquietantes. También, en parte, es que le daba bastante igual lo que cada uno hiciera con su vida, en ese sentido, Daryl podía llegar a ser tremendamente egoísta. Si algo le llamaba la atención, era la naturaleza de aquel objeto extraño, y es que si había algo que al demonio le interesaba, por increíble que pudiera parecer, eran los artilugios, los artefactos de otras épocas.
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