
Horus
El Sol
26-12-2024, 07:50 PM
1 de Invierno, Madrugada
Costa de Loguetown
La vida de un aventurero es complicada, dura e impredecible. Nunca se sabe lo que nos depara el futuro ni dónde acabarán nuestros pasos. El mundo está plagado de los restos de mis predecesores, cuerpos olvidados que esperan ser descubiertos en las ruinas de antiguas civilizaciones o en los caminos hacia algún tesoro perdido. Un aventurero permanece fiel a su destino hasta el último aliento, persiguiendo un misterio tras otro, un tesoro tras otro, hasta que el destino se vuelve en su contra y encuentra su fin en la misma búsqueda que lo ha definido toda su vida.
Eso es precisamente lo que me impulsa a mí también, la eterna búsqueda de nuevas aventuras, el desafío ante lo desconocido. Solo pensar en ello me provoca una sensación de excitación que recorre todo mi cuerpo, como una corriente eléctrica que despierta todos mis sentidos. Aún queda tanto por descubrir de este vasto mundo, tantas leyendas y mitos sin desvelar. No puedo ni imaginar la cantidad de relatos que hablan de lugares olvidados y objetos misteriosos que esperan ser encontrados por alguien lo suficientemente valiente para enfrentarse a ellos.
El poder de estos mitos sobre la humanidad es tan grande que, a menudo, son capaces de cambiar el curso de las eras, de mover generaciones enteras de personas hacia nuevas metas. La simple mención de un secreto antiguo puede alterar el equilibrio del poder en el mundo, desatar conflictos y alterar el rumbo de toda una civilización. No es una exageración, sino una realidad palpable.
Sin embargo, mi situación actual es mucho más humilde de lo que cualquiera podría imaginar al escuchar hablar de un aventurero. No me malinterpretes, no es que no aspire a grandes logros ni a desvelar las mayores leyendas que este mundo pueda ofrecer. Pero sé que, para alcanzar esos grandes objetivos, primero debo conquistar pequeñas victorias. Necesito estabilidad, recursos y algo de fortuna para emprender esos viajes. Hoy me encuentro en una barca precaria, hecha con troncos de palmera atados con lianas, una construcción tan inestable que sería milagroso si lograra llegar a buen puerto. Mi objetivo es llegar a otra isla y establecerme allí.
Recientemente, estuve en Conomi, intentando conseguir algo de dinero para comprar libros y material que me ayudaran en mis futuras expediciones. Un barco de verdad es una de mis grandes metas, pero lamentablemente mis acreedores también llegaron a esa isla, y comenzaron a presionarme. Parecía que no iba a tener descanso hasta que saldara mis deudas. Maldigo el día en que me endeudé hasta las cejas, engañado para embarcarme en un barco del East Blue y alejarme de Arabasta. Fue una experiencia desagradable, pero a la vez necesaria.
No es que rechace mi hogar, ni mucho menos. Arabasta es una nación maravillosa, una de las más antiguas del mundo, y sin duda en sus tierras descansan secretos que aún no han sido desvelados. Pero la investigación de esos secretos puede ser peligrosa, y no quiero que mi familia o amigos se vean involucrados en algo que podría resultar más problemático que beneficioso. La historia de ciertos eventos está prohibida para su estudio, y es arriesgado intentar descubrir más de lo que se nos permite. A veces, es mejor dejar algunas preguntas sin respuesta.
Sin embargo, el verdadero riesgo que enfrentaba en ese momento no estaba relacionado con la historia ni los mitos. No, mi desafío actual era mucho más inmediato: estaba remando, a duras penas, en una barcaza que apenas se mantenía a flote. La estabilidad de la embarcación era más que cuestionable. Con cada ola que chocaba contra los troncos, temía que el barco se desintegrara. No entiendo nada de navegación ni de corrientes marinas, y mucho menos de cómo prever el clima cambiante. En pocas palabras, no sabía cómo navegar, ni cómo construir una barca adecuada. Mi única opción era esta locura improvisada o enfrentarme a mis acreedores, algo que, después de nuestras constantes confrontaciones, estaba seguro de que no sería nada agradable. De hecho, creo que alguno de ellos insinuó que podría "pagar" con algún órgano, y la forma en que lo dijo no dejaba lugar a dudas: no era una opción en la que pudiera elegir libremente.
Pero al final, algo de esperanza surgió. A lo lejos, pude divisar la silueta de una isla. Mi corazón se llenó de júbilo y emoción. Era un indicio de que podía haber algo nuevo esperándome, tal vez una nueva aventura. Hice todo lo posible por remar con todas mis fuerzas hacia ese lugar, pero el mar, como siempre, tenía otros planes. Un oleaje más fuerte, típico de las proximidades de una isla, hizo que las aguas se agitaran violentamente. Las olas golpearon la barcaza con tal furia que, con un poco de suerte, un navegante experimentado habría evitado esa zona. Yo, sin embargo, no tenía esa suerte. Mi frágil embarcación se rompió en pedazos, y yo me vi arrastrado por una corriente imparable, sin poder hacer nada para evitarlo.
Luché por mantenerme a flote lo que pude, pero la falta de oxígeno terminó por asfixiarme. Perdí la consciencia, entregándome a las frías y oscuras aguas del mar. No sé cuánto tiempo pasó antes de que despertara, pero cuando lo hice, me encontraba en un muelle de piedra, rodeado por marineros que me habían rescatado. Había llegado a Loguetown, un nuevo destino que podría ofrecerme nuevas oportunidades, y quizás, una nueva aventura.