Hay rumores sobre…
... que en cierta isla del East Blue, hubo hasta hace poco tiempo un reino muy prospero y poderoso, pero que desapareció de la faz de la tierra en apenas un día.
[Autonarrada] [Pasado] El joven tomado por el océano y un Lunarian peculiar
Alex D. Ryuu
Alex
27 de verano del año 722

Una tarde, casi de noche un joven caminaba por Loguetown, sus pies descalzos y quemados dejaban huellas en la arena, huellas que eran borradas rápidamente por el mar, su capa ondeaba al aire dejando entrever su cuerpo delgado y su katana desnuda, una lira de madera y cuerdas pendía de su cadera, junto a su katana, cada una de un lado de su cadera. 

El joven vagaba sin rumbo fijo, en ese mismo lugar, años atrás, era donde su hermana había despertado después de que el mar la tomara y reclamará como suya y lo alejara de su familia, sabía quea una locura, pero sin podía escuchar la lira de su hermana en ese lugar. El joven no recordaba mucho sobre su familia, pues en aquel entonces era joven, pero recordaba perfectamente esos ojos que combinaban con los suyos: una hermana melliza cuyo destino fue similar al propio, siendo tomados y separados por el mar, sin saber dónde estaba el otro, pero con la misión de encontrarse. 

El joven se detuvo, volteo a ver el océano y tomo su lira, una lira que el mar le entrego, o al menos eso creía, pues junto con la katana a su izquierda simplemente estaban a su lado cuando despertó. Esa lira había dicho una bendición, pues era su única forma de ganarse la vida, contaba cuentos en tabernas y plazas, un poco de entretenimiento barato que le permitia sobrevivir, viajando por la isla y alguna que otra vez como polizón de un barco para viajar a otras islas donde ganar más dinero, aún que a veces era descubierto. 

Tomo con delicadeza la lira, y empezó a rasgar suavemente las cuerdas, produciendo una melodía teñida de tristeza y añoranza recordando lo que alguna vez fue, e imaginando lo que pudo ser. Y en ese lugar, como únicos testigos el viento y el mar, las lágrimas del chico comenzaron a caer de sus ojos, incapaz de contenerlas por más tiempo, y en alguna otra parte del mundo una chica tocaba la misma melodía, al mismo tiempo y con los mismos testigos, separados por la distancia pero juntos en sangre y en sentimiento
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